Charlas Iglesia ETP | Pastores Luis Salas y Jeannette Noguera, Iglesia ETP

Transmutación

El secreto de la gracia radica en una frase: Aun con todo lo que soy, Dios sigue siendo Dios. Aun cuando merecemos su ira, Dios sigue extendiendo misericordia. Y aunque cada día necesitaríamos corrección por todo lo que hacemos, aun con todo eso, Dios todas las mañanas hace nueva su misericordia. Lamentaciones 3:22-23 (RVR1960) "Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad."

Significa que todo lo que experimentamos todos los días de parte de Dios es por encima de todo lo que somos, Dios no obra porque nosotros lo merezcamos, no nos ganamos nada por mérito propio, esto es porque muchas veces construimos y nosotros mismos lo destruimos; realmente somos la peor materia prima que existe. Así que no hay manera de entender la gracia y el favor de Dios si no entendemos lo que significa la frase: "aun con todo lo que somos, Dios sigue siendo Dios”.

Dios no obra porque yo me lo merezca, sino porque Él es bueno. La mayor evidencia de que Dios es bueno es que, aun siendo lo que soy, tengo todo lo que tengo.

Y puedo colocar varios ejemplos de lo que somos y de lo que hacemos: Cuántas veces dejamos de diezmar y Dios nos sigue prosperando; Cuántas veces dejamos de ofrendar y Dios sigue proveyendo; Cuántas veces hemos dejado de venir al culto y Dios viene a todos los cultos a esperarnos, para tener un encuentro con nosotros; Cuántas veces dejamos de buscar a Dios, y sin embargo, Dios nos sigue buscando. Porque por encima de todo lo que somos, Dios sigue siendo Dios. Dios no actúa como yo lo hago, porque Él no es igual que yo. Aun con todo, Dios es bueno. 


Aun con nuestras infidelidades, Dios es fiel

2 Timoteo 2:13 (RVR1960) "Si fuéremos infieles, él permanece fiel; Él no puede negarse a sí mismo."

Por encima de nuestra infidelidad, Dios sigue siendo fiel. En más de una ocasión hemos sido infieles, y de muchas, muchas maneras, somos infieles el día que le dijimos: "A partir de hoy, todos los días voy a orar", y ese día te acostaste a dormir. Fuiste infiel a tu palabra, fuiste infiel a lo que le dijiste a Dios; Dices: "Señor, a partir de hoy, todos los días voy a leer la Biblia”, y resulta que ese día estabas demasiado cansado, pero estabas en tu celular, en tus redes sociales, de modo que no tuviste tiempo para cumplirle a Dios con tu palabra, y fuiste infiel; Sin embargo, al día siguiente, Dios en su fidelidad siguió cumpliendo su promesa contigo, ¿Cuál? "Todos los días te irá bien", y ese día siguiente te fue bien; Aun con tu infidelidad, Dios sigue siendo fiel, porque Él no puede negarse a sí mismo.

Piensa en Pedro; Imaginemos la escena de la última cena: Jesús les está diciendo a sus discípulos que a donde Él va, ellos no pueden ir, en ese momento salta Pedro, impulsivo, lleno de buenas intenciones, pero confiando demasiado en sus propias fuerzas. Pedro se pone de pie, y lanza una promesa: Juan 13:37 (RVR1960) "Le dijo Pedro: Señor, ¿por qué no te puedo seguir ahora? Mi vida pondré por ti."

Pero Jesús, que conoce nuestra humanidad mejor que nosotros mismos, lo aterriza de golpe; Él sabe que somos la peor materia prima, que prometemos mucho y cumplimos poco, Juan 13:38 (RVR1960) "Jesús le respondió: ¿Tu vida pondrás por mí? De cierto, de cierto te digo: No cantará el gallo, sin que me hayas negado tres veces."

Cualquiera se quedaría callado ante una reprensión directa de Dios, pero a veces nosotros somos demasiado orgullosos. Pedro no se quedó callado, se sintió ofendido y decidió discutirle al propio Maestro, se pone de terco e insistente: Marcos 14:31 (RVR1960) "Mas él decía con mayor insistencia: Si me fuere necesario morir contigo, no te negaré…”

Pedro le está porfiando a Dios, le está diciendo: "Tú te equivocas, yo soy más fuerte de lo que crees”; ¿Cuántas veces hacemos nosotros exactamente lo mismo? ¿Cuántas veces le discutimos a Dios nuestras capacidades y juramos: "Señor, yo jamás haré eso, yo jamás caeré”? Y aquí viene lo más hermoso, la verdadera transmutación, Jesús escucha a este hombre terco que le está discutiendo, Jesús sabe que en unas pocas horas ese mismo hombre lo va a abandonar y lo va a negar con maldiciones ¿Y qué hace Jesús? ¿Le voltea la cara? ¿Le dice "pues quédate solo por orgulloso"? ¡No! Inmediatamente después de anunciarle su caída, en la misma conversación, Jesús suelta una de las promesas de consuelo más impresionantes: Juan 14:1 (RVR1960) "No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí."

Y pasó exactamente lo que Jesús dijo. Llegó la noche, la presión subió, el miedo lo invadió y Pedro, el mismo que horas antes gritaba que daría su vida, negó a su Maestro con maldiciones y juramentos; Cantó el gallo y Pedro salió a llorar amargamente, rompió su promesa, rompió su palabra, sintió que lo había arruinado todo.

Cualquiera de nosotros, en el lugar de Jesús, habría dicho: "Hasta aquí llego contigo, Pedro. Me fallaste en mi peor momento". Pero mira lo que pasa el día de resurrección  cuando las mujeres van al sepulcro vacío y se encuentran con el ángel, allí reciben un mensaje directo del cielo: Marcos 16:7 (RVR1960) "Pero id, decid a sus discípulos, y a Pedro, que él va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis, como os dijo."

"Y a Pedro" Dios desde el cielo se aseguró de mandar a buscar con nombre propio al que había fallado. El mensaje era: "Díganle a los discípulos, pero especialmente asegúrense de decirle a Pedro, que no me he olvidado de él, que mi cita sigue en pie".

Y no solo le mandó a avisar, sino que Jesús mismo fue a buscarlo a la orilla del mar, al mismo lugar donde lo había llamado la primera vez. Pedro, sintiéndose indigno y fracasado, había vuelto a su vieja vida de pescador y allí se le aparece el Señor resucitado. 

Cuando lo tiene frente a frente, Jesús no llega a reclamarle: "¿No que ibas a morir por mí? ¿No que eras muy valiente? ¡Mírate ahora!". ¡No! Jesús llega a prepararle el desayuno y a restaurar su corazón roto: Juan 21:15 (RVR1960) "Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que estos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Él le dijo: Apacienta mis corderos."

¡Esa es la verdadera gracia en acción, esa es la transmutación! Jesús no lo desechó por su error. Aun con todo lo que hizo Pedro, aun con sus mentiras, sus negaciones y su cobardía, a Jesús le plació ir a buscarlo, sentarlo a su mesa, perdonarlo y devolverle su propósito.

Si hoy te sientes como Pedro, avergonzado por lo que prometiste y no cumpliste, quiero que sepas que el Señor te está buscando a ti también, Él sabe exactamente dónde estás escondido en tu culpa, y viene a buscarte porque, aun con todo lo que has hecho, Dios sigue siendo Dios.


Aun con nuestros pecados, Él nos limpia

1 Juan 1:9 (RVR1960) dice: "Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad".

Aun con mis pecados, Dios sigue estando dispuesto a perdonarme. Todos los días fallamos de una u otra manera en nuestra mente, en nuestra manera de pensar y de actuar, en nuestro corazón. El crecimiento no te lleva muchas veces a la perfección, sino al reconocimiento del error. Crecer no es dejar de fallar, porque nuestra naturaleza humana nos va a hacer fallar, pero crecer es pelear contra el pecado, por tal razón aun cuando fallamos, Dios siempre está dispuesto a limpiarnos. 


Por encima de mis fallas, Dios sigue siendo Dios

Hablemos de Salomón. El hombre más sabio sobre la faz de la tierra, el hombre que construyó el majestuoso templo de Dios, el que vio la gloria de Jehová descender como fuego. Cualquiera pensaría que alguien con ese nivel de sabiduría jamás se equivocaría. Pero al final de sus días, el corazón de Salomón se desvió, sus mujeres inclinaron su corazón tras dioses ajenos, y el hombre sabio terminó construyendo altares a la idolatría.

Dios se enojó, por supuesto, Salomón había roto el pacto, había fallado de la manera más dolorosa, merecía que Dios le quitara todo en ese mismo instante. Pero mira la respuesta de Dios, mira lo que le dice: 1 Reyes 11:11-12 (RVR1960) "Y dijo Jehová a Salomón: Por cuanto ha habido esto en ti, y no has guardado mi pacto y mis estatutos que yo te mandé, romperé de ti el reino, y lo entregaré a tu siervo. Sin embargo, no lo haré en tus días, por amor a David tu padre; lo romperé de la mano de tu hijo."

¡Qué impresionante es la transmutación de la gracia de Dios! Dios le dice: "Merecías que te arrancara el reino hoy mismo, pero por amor a tu padre David, voy a detener mi mano en tus días". ¡Yo dije: Dios mío, Dios no dejó de tener misericordia! Aun cuando le había fallado de esa manera, Dios se acordó del pacto que tenía con su padre David, porque aun cuando David también había fallado una, dos y tantas veces, Él "amaba a David”.

La fidelidad de Dios no depende de nuestro buen comportamiento, sino de su propia naturaleza y de sus promesas eternas. Por encima de la idolatría de Salomón, por encima de su desobediencia, Dios decidió sostenerlo durante toda su vida sencillamente porque Dios es fiel a Su palabra.

¿Tú crees que Dios es como nosotros? Que cuando alguien se equivoca, volteamos la cara como todos unos inmaduros y no queremos hablarle. "No me hables, deja que se me pase". ¿Tú crees que Dios es como tú, que a veces te pones bravo y dices: "interpreta mi silencio”  ¡No! El Dios al que servimos es un Dios de pacto y  a veces tú estás de pie, no por lo bien que tú lo has hecho, sino porque hay oraciones de tus padres, pactos de tus abuelos o promesas que Dios te hizo a ti mismo en el pasado que te están sosteniendo. La misericordia te está cubriendo porque, aun con todos tus errores, aun con todas las veces que tu corazón se ha desviado, Dios sigue siendo Dios y Él no rompe sus promesas.

Aun en nuestras caídas, Él nos levanta

Proverbios 24:16 (RVR1960): "Porque siete veces cae el justo, y vuelve a levantarse; Mas los impíos caerán en el mal".

Veamos la historia de Sansón. Si alguien lo arruinó por completo, fue él. Tuvo el llamado, tuvo la fuerza sobrenatural, tuvo el propósito... pero se dejó enredar. Tomó malas decisiones, jugó con su llamado en las piernas de Dalila, le cortaron el cabello, le sacaron los ojos y terminó atado, siendo la burla de sus enemigos. Sansón tocó fondo.

Cualquiera diría: "Dios ya desechó a este hombre". Pero Dios estaba ahí, esperando una sola cosa: que Sansón abriera la boca. Y entonces, en medio de su miseria, Sansón hace esta oración: Jueces 16:28 (RVR1960) "Entonces clamó Sansón a Jehová, y dijo: Señor Jehová, acuérdate ahora de mí, y fortaléceme, te ruego, solamente esta vez, oh Dios…" ¿Y qué hizo Dios? ¡Aun con todo lo que Sansón había hecho! Por encima de sus malas decisiones, de su desobediencia y de su caída, Dios lo escuchó. Dios le devolvió la fuerza para terminar de cumplir Su propósito. Dios no le dijo: "Ah, ahora sí me buscas". ¡No! Dios respondió a su clamor.

Hoy, Dios está esperando que tú abras tu boca y confieses de la misma manera. "Señor, caí. Señor, fallé. Señor, ya no oro. Señor, ya no leo Tu palabra. Señor, soy un hipócrita, hablo de cosas que no vivo. Señor, caí en la frialdad".

Cuando tú abres tu boca y le dices: "Señor, caí, devuélveme la fuerza", así como el Señor le devolvió las fuerzas a Sansón, Dios quiere levantarte. Aun con tus caídas, Dios dice: "Confiesa, arrepiéntete y te levantaré".

Dice Dios: "Porque yo sé que te vas a caer, porque tienes que aprender del error, pero tengo una promesa para ti y es que, aunque siete veces caiga el justo, Dios lo va a levantar". Porque aun con mis fallas, Dios sigue siendo Dios. Porque por encima de mis fracasos, Dios sigue siendo Dios. Porque aun con mis errores, Dios siempre está ahí.

Salmos 138:8 (RVR1960) "Jehová cumplirá su propósito en mí; Tu misericordia, oh Jehová, es para siempre; No desampares la obra de tus manos."

Por encima de tus errores, Él cumplirá su propósito en ti. Aun cuando te hayas caído, el propósito de Dios contigo sigue vigente. Dios no cierra la agenda para olvidarse de los planes. Dios está esperando que te levantes, porque aun siendo lo que somos, Dios sigue siendo Dios.


Un Amor Eterno que Supera Todo

Jeremías 31:3 (RVR1960) "Jehová se manifestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia."

¿Sabes qué es un amor eterno? Que nunca se acaba.

Hoy vengo a hablarte de un Dios que, aun siendo lo que somos, nos sigue amando. Quiero hablarte de un Dios que, aun con todas tus grietas, sigue estando ahí; que aunque falles, está dispuesto a perdonarte y a limpiarte; que aunque te olvidas de Él, Él no se olvida de ti; que aun cuando muchas veces te olvidas de darle gracias, Dios sigue recordando tu nombre; que aunque muchas veces ni siquiera te acuerdas de agradecerle su bondad, Dios sigue prolongando su misericordia, no sé si alguna vez has dicho: "Señor, ¿por qué te fijaste en mí?; Señor, ¿qué viste en mí?" Aun con todo, Él decidió prolongar su misericordia sobre tu vida. Esto no se trata de lo que eres, se trata de lo que es Dios; Esto no se trata de cuánto hemos logrado, esto se trata de cuánto Él ha hecho por nosotros. Cada vez que te levantes, usa esta frase: "Aun siendo lo que soy, Tú sigues siendo Dios; por encima de las cosas que hago, Tú sigues siendo fiel". Dios es bueno todo el tiempo, aun con todo lo que somos.

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