La nutricionista advierte que los alimentos ultraprocesados con aditivos tóxicos afectaron por décadas la salud de niños y adultos en EE. UU.
La doctora y nutricionista Montserrat Rodríguez reaccionó en el programa Cada Tarde de Actualidad Radio con una mezcla de satisfacción y frustración ante la decisión de las autoridades de eliminar progresivamente los colorantes artificiales en alimentos, especialmente aquellos dirigidos a niños. Aunque celebra la medida, lamenta que haya llegado tan tarde.“Mi primera reacción fue de alegría, pero no puedo dejar de pensar en todo el daño que ya se hizo. Era tan fácil como que alguien con poder dijera: ‘se acabaron los colorantes tóxicos’”, expresó Rodríguez en una entrevista reciente.
Especializada en nutrición terapéutica, la doctora ha denunciado por años la toxicidad de los colorantes artificiales, muchos de ellos derivados del petróleo, y su fuerte presencia en productos infantiles: “Son ingredientes diseñados para llamar la atención con colores, formas y texturas, y lo más grave es que están dirigidos a los más vulnerables: los niños”. Según Rodríguez, la situación en Estados Unidos era crítica en comparación con otros países: “En Europa y Asia hace tiempo que no se usan estos aditivos, pero aquí decían que el consumidor no aceptaba alimentos ‘paliduchos’. Un argumento insultante que sirvió para mantenernos intoxicados por años”.
La eliminación total de estos colorantes será obligatoria a partir del 1 de enero de 2027, pero la especialista advierte que la industria buscará formas de eludir la ley: “Van a cambiar el nombre de los químicos, ahora serán ‘azul intenso’ o ‘morado enamorado’ en lugar de azul número 1 o rojo número 40. Pero el veneno sigue siendo veneno”.La doctora también alertó sobre las enfermedades asociadas al consumo de alimentos ultraprocesados y colorantes, especialmente en niños: “Hay estudios que los vinculan con hiperactividad, autismo, obesidad infantil, diabetes tipo 2, alergias y hasta cáncer. Son enfermedades que están apareciendo a edades cada vez más tempranas”.
“Un niño enfermo es un consumidor cautivo de la industria farmacéutica. No lo curan, pero tampoco se muere. Lo mantienen dependiente desde pequeño. Eso es lo verdaderamente alarmante”, afirmó. Para Rodríguez, esta medida no es suficiente: hace falta educación nutricional y lectura crítica de etiquetas. “Cualquier cosa que suene a fantasía o que no puedas identificar como un alimento real, déjalo en el estante. Nuestra salud empieza por lo que ponemos en el plato”.