Charlas Iglesia ETP | Pastores Luis Salas y Jeannette Noguera, Iglesia ETP

Romanos 8:28 “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados”.

Todos, en algún momento, nos enfrentamos a esa pregunta que nos quema por dentro: ¿Qué propósito tiene el dolor o el sufrimiento?¿Qué relación puede tener el sufrimiento, la crisis económica, el vacío emocional la enfermedad, con la posibilidad de tener una “vida en bendición"?

A veces el dolor es tan agonizante que nos sentimos perdidos. Y es que, si somos honestos, algo dentro de nosotros nos dice que no fuimos diseñados para padecerlo; no fuimos hechos para la violencia, ni para la escasez, ni para la enfermedad. Por eso nos duele tanto. Pero quiero decirte algo fundamental: aunque el sufrimiento sea inevitable en este mundo, no tiene por qué ser en vano.

Hay una diferencia enorme entre sufrir a la deriva y sufrir en las manos de un Padre que es experto en redimir historias. Hoy no quiero darte respuestas fáciles, quiero invitarte a considerar que tu crisis no es el final del camino, sino el lugar donde Dios está trabajando el diseño de tu vida. Quizás hoy te sientes como un pedazo de madera que está siendo cortado y golpeado, o un pedazo de barro en las manos del alfarero, pero no olvides que solo la madera que ha sido ahuecada con cuchillos puede convertirse en un instrumento capaz de emitir la música más dulce y que un pedazo de barro moldeado en las manos de un alfarero puede convertirse en un hermoso jarrón portador de las mas hermosas flores.

Vamos a descubrir juntos cómo transformar esa crisis en un canto de esperanza, mirando al único que puede convertir una cruz de tortura en un trono de gloria.

  1. Dios no ignora tu dolor y tu sufrimiento, Salmo 34:18 “Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; Y salva a los contritos de espíritu.”
  2. La crisis es una herramienta de formación, no de destrucción, Jeremías 18:6 “No podré yo hacer de vosotros como este alfarero, oh casa de Israel? dice Jehová. He aquí que como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano, oh casa de Israel”
  3. El paso de "por qué a mí" al "para qué, Señor”, Romanos 8:28 “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.”
Quiero contarte una historia que registra la Bíblia en el libro de Génesis y que va e enseñarnos lo que hace Dios para transformar nuestras crisis en canto de esperanza:

Génesis 37:4 (RVR1960) "Y viendo sus hermanos que su padre lo amaba más que a todos sus hermanos, le aborrecían, y no podían hablarle pacíficamente."

Si hiciéramos un manual sobre lo que no se debe hacer al fundar un hogar, el primer capítulo del manual tendría que llamarse "El Método Jacob". Con todo el respeto que el patriarca nos inspira, su árbol genealógico era muy cuestionable.

Jacob se casa con la mujer que no eligió, ni amó; y tuvo que esperar 7 años más de arduo trabajo para un total de 14 años, para casarse con la mujer que amaba: Raquel.

Como Raquel no podía tener hijos y Lea sí, los hijos empezaron a crecer bajo la presión de la envidia. Para no quedarse atrás, Jacob terminó sumando a la mezcla a las criadas y concubinas, hasta que su casa se llenó de hijos que crecieron bajo la sombra de la rivalidad.

Cuando por fin nace José, hijo de Raquel, la que amaba, Jacob no ve a un hijo más, ve a un favorito que etiquetó frente a sus hermanos con una túnica de colores. El final es bastante triste: Benjamín (Benoní) llega al mundo, pero Raquel muere, dejando a un Jacob viudo, con el corazón en pedazos y una bomba de tiempo llamada "familia”.


“Cierra la boca”

Hay una línea muy delgada entre ser un visionario y ser el hermano que nadie quiere y que todos envidian, y José cruzó esa línea delgada. Una mañana cualquiera, José llega a contar que tuvo un sueño, donde los manojos de trigo de todos sus hermanos se arrodillaban ante el suyo; Al poco tiempo vuelve con el segundo sueño: ahora el sol, la luna y las estrellas también le hacían una reverencia. José cometió el error de creer que sus hermanos eran hermanos especiales, cuando en realidad eran sus más grandes rivales.

Génesis 37:4 (RVR1960) "Y viendo sus hermanos que su padre lo amaba más que a todos sus hermanos, le aborrecían, y no podían hablarle pacíficamente."

A veces, en el afán de compartir nuestras victorias, olvidamos una verdad incómoda: la mayoría de la gente tiene la empatía suficiente para llorar contigo en el medio del dolor, pero muy pocos tienen la madurez para aplaudirte cuando estás obteniendo éxito.

Como bien dice el axioma: "Planifica en secreto y celebra solo cuando el éxito hable por ti". Porque a veces, compartir el sueño antes de tiempo solo sirve para despertar la envidia al enemigo.

Proverbios 21:23 (RVR1960) "El que guarda su boca y su lengua, su alma guarda de angustias."


“El favorito”

Si lo de los sueños fue el detonante, el regalo que Jacob dio a José fue la pólvora. Jacob no solo amaba más a José, sino que se encargó de que el favoritismo tuviera una túnica de mil colores.

Mientras los diez hermanos mayores se partían el lomo bajo el sol, con la piel curtida y las manos llenas de callos, José se quedaba en la carpa bajo la sombra. Jacob lo trataba como a al niño mimado de su casa, mientras los demás se sentían rechazados por un padre complaciente.

En un mundo donde la ropa de trabajo era rústica, Jacob decide vestir al hijo número once con una prenda multicolor, esta prenda de vestir era una declaración de nuevos principios. Jacob estaba nombrando "primogénito" al penúltimo hijo, saltándose todas las reglas de la época. Cada vez que los hermanos levantaban la vista del arado y veían ese destello de colores a lo lejos, el menosprecio en sus corazones no solo crecía sino que la envidia carcomía sus almas.

El favoritismo es una forma silenciosa de sembrar odio, Jacob pensaba que estaba honrando a un hijo, pero en realidad estaba pintando un blanco en la espalda de José.

Proverbios 18:19 (LBLA) "El hermano ofendido es más difícil de ganar que una ciudad fortificada, y las contiendas son como cerrojos de fortaleza"


De color a monocromático

La tensión que Jacob sembró y que José alimentó, finalmente explotó en el lugar más peligroso: lejos de la mirada del padre. En pleno campo abierto, los hermanos pasaron de los pensamientos oscuros a la acción maquiavélica.

José, un muchacho de apenas diecisiete años, es emboscado por su propia sangre, le arrancan esa túnica que tanto odiaban, lo atan y lo lanzan al fondo de una cisterna vacía. Mientras José, allá abajo, luchaba contra la claustrofobia y el terror de ser abandonado, arriba sus hermanos se sentaron a comer ignorando los gritos de auxilio de su hermano, eran crueles hasta tal punto que decidieron inventar una mentira manchada de sangre: "Diremos que una mala bestia lo devoró". Lo que no sabían es que la verdadera "mala bestia" era la envidia que ya se los había devorado a ellos por dentro.

Para José, el foso era un agujero físico en la tierra. Para ti, el foso puede tener otros nombres: Un diagnóstico médico nefasto, un despido con créditos al tope, una traición de alguien que cercano, en fin.

Solemos pensar que el foso es el final del camino, el lugar donde nuestros sueños mueren, el momento en que pensamos ¿Por qué a mí? Pero aquí está el secreto exclusivo de la fe: Dios utiliza tu foso como el inicio de un propósito grande. 

A veces, el lugar donde parece que te enterraron es, en realidad, el lugar donde te plantaron para algo mayor. Solo cuando pase el tiempo y logres trazar la línea de puntos hacia atrás, entenderás que cada golpe y cada traición fueron las piezas para armar el rompecabezas de tu propósito en Dios.


Algo se esconde detrás del desastre

¿Garantiza Dios que no pasaremos por dificultades? La respuesta es no. No en este mundo, no en esta vida. Pero aquí está la promesa que lo cambia todo: “Dios no evita el foso; Él toma tu dolor, tu crisis y ese "¿por qué a mí?", y los convierte en la materia prima para un propósito superior”.

El problema es que nuestra visión es limitada, cuando estás allá abajo, en la oscuridad de la cisterna, y tratas de proyectar tu vida hacia adelante, lo único que ves es más tierra y más encierro. Te preguntas: "¿A dónde voy a ir desde aquí?” Nadie puede ver el “Per Aa” o “La Gran Casa” desde el fondo de un pozo. “Per Aa = Palacio de Faraón”.

Pero hay algo especial que solo ocurre cuando te atreves a mirar hacia atrás; Al trazar la línea de puntos desde el presente hacia el pasado, el caos empieza a cobrar sentido, de repente, te das cuenta de que no fueron accidentes, fueron eslabones necesarios para subir escalones. Cada situación adversa te trajo exactamente hasta aquí, a este propósito. Y no te equivoques, este sigue siendo el modus operandi de Dios para tu futuro. Lo que hoy te parece un foso oscuro, mañana será solo un capítulo de tu historia.

Romanos 8:28 (RVR1960) "Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados."


Mercancía Humana con Destino Divino

La salida del foso no fue la libertad que José esperaba; fue el inicio de una transacción: Los mercaderes madianitas lo examinan como si fuera un animal de carga, mientras tanto sus propios hermanos contaban las veinte piezas de plata y se marchaban riendo con los bolsillos llenos y la conciencia anestesiada.

Génesis 37:28 (RVR1960): "Y cuando pasaban los madianitas mercaderes, sacaron ellos a José de la cisterna, y le trajeron arriba, y le vendieron a los ismaelitas por veinte piezas de plata. Y llevaron a José a Egipto."

José llega a Egipto con las manos vacías. En un instante, su familia dejó de ser relevante y no tenía un solo amigo. Una cosa es nacer sin nada, pero otra muy distinta es perderlo todo a los diecisiete años.

Sin embargo, en esa caravana hacia lo desconocido, José llevaba algo que no cabía en las alforjas de los mercaderes: sus sueños. Él recordaba lo que Dios le había mostrado. Podían quitarle la túnica y la libertad, pero no podían tocar su propósito.


Un propósito blindado

Hoy te hablo a ti, que sientes que la vida te ha empujado hacia abajo una y otra vez. Tal vez perdiste el empleo, las finanzas, la salud o incluso esa familia que juró cuidarte. Pero quiero lanzarte una pregunta directa al alma: ¿Qué tienes hoy que nadie te puede robar?

Romanos 11:29 (RVR1960): "Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios."

Dios no se arrepiente a mitad del camino ni dice: "Uy, me equivoqué de persona" cuando nos ve en el foso; Sus promesas no dependen de tus circunstancias.

Hay un dolor que quema más que cualquier otro: el que se vive bajo el propio techo. José fue víctima de quienes debían ser su refugio. Si hoy me escuchas y llevas las cicatrices de la traición, del maltrato físico, verbal, sexual y emocional de los tuyos, si has padecido violencia donde debería haber amor, entiende esto: La crueldad de tu familia no anula el plan de tu Padre Celestial.

Ellos pudieron lanzarte al foso, pero no pudieron detener el camino hacia “La Gran Casa” que Dios ya diseñó para ti, lo tienes todo porque Dios no ha cambiado de opinión sobre ti.

Es muy fácil hablar de propósito cuando estamos en la cima, pero cuando estamos en el foso o encadenados camino a Egipto, la memoria se nos nubla. En ese momento, cometemos un error fatal: nos definimos por la magnitud de nuestra tragedia.


Dios nunca quebranta sus promesas.

Dios no es bipolar. Él no te dice: "Tengo un plan contigo", para luego cambiar de opinión, porque metiste la pata o porque tu fe es pequeña. El propósito de Dios no está sujeto a tu estado de ánimo, pero lo que Dios puso en tu ADN espiritual es irrevocable. Lo que Él dijo que iba a hacer, lo va a hacer, aunque hoy solo hables el idioma del dolor y aquí está la firma de Dios en Su Palabra: Génesis 28:15 (RVR1960) "He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres, y volveré a traerte a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho."


“La Gran Casa” no Sana las Cicatrices

Trece años se pasan rápido, José pasó de la cisterna a la esclavitud, de la esclavitud a la celda, y finalmente de la celda al trono de Egipto. Ahora es el segundo hombre más poderoso de la tierra, pero Dios tenía un interés que iba más allá de su fama: A Dios le interesaba su restauración.

Puedes estar sentado en un trono y seguir viviendo en un foso emocional. La verdadera sanidad del corazón siempre requiere que vayas a recoger los pedazos de tu pasado.

José siempre guardó silencio, enterrando los recuerdos de su casa en el fondo de su memoria. Pero Dios tiene formas curiosas de traernos el pasado de vuelta. Vino una hambruna mundial y, de repente, los diez hombres que lo vendieron están parados frente a él, mendigando trigo.

José los reconoció al instante. Los años no borran el rostro de quien te traicionó, de quien te maltrato o de quién te violó. Y aquí viene el lado humano: José les dio "un poco de su propia medicina". Les habló con dureza, los puso a prueba y los encerró tres días. No era solo una estrategia; era el dolor de aquel muchacho de diecisiete años que todavía latía bajo la ropa faraónica.

El desafío más grande de José fue mantener el corazón puro frente a su propia sangre. Estaba a un grito de distancia de mandar a ejecutarlos a todos y cobrar la deuda con intereses.

Dios no puede confiarnos Su propósito, si primero no curamos nuestras heridas, no puedes ser el administrador de la bendición de Dios si todavía eres esclavo de tu resentimiento. Sanar no es olvidar lo que te hicieron. 


Cuando el Pasado Te Rompe

El proceso de restauración no es una receta de cocina; es cocinar a fuego lento. En la Biblia, el perdón de José hacia sus hermanos ocupa dos capítulos enteros, Dios no tiene prisa cuando se trata de reconstruir un corazón.

José seguía en su papel de primer ministro implacable. Soltó a casi todos, pero se quedó con uno como rehén. Les dio un ultimátum: "No vuelvan a ver mi rostro si no traen al hermano menor".

Los hermanos, pensando que ese egipcio sofisticado y serio no entendía ni una palabra de hebreo, empezaron a confesar sus pecados ahí mismo, frente a él: "Estamos pagando lo que le hicimos a José", se decían entre ellos. "Vimos su angustia, oímos sus gritos desde el pozo y no nos importó. Por eso estamos metidos en este lío".

José había pasado años convencido de que a nadie le importó su dolor, de repente escucha que sus hermanos nunca lo olvidaron. Ese "fantasma" de José los había perseguido por trece años. Cuando oyó que sus hermanos cargaban con el peso de su recuerdo, se tuvo que dar la vuelta. Buscó un rincón privado y lloró como un niño, y la Biblia dice que lo hizo siete veces, lo que lo desarmó no fue la venganza, sino saber que, después de todo, seguía siendo parte de ellos.

A veces pensamos que la sanidad llega con la bendición, pero la verdadera sanidad llega cuando el pasado deja de ser un secreto y sale a la luz.

Génesis 42:21-24 (RVR1960) "Y decían el uno al otro: Verdaderamente hemos pecado contra nuestro hermano, pues vimos la angustia de su alma cuando nos rogaba, y no le oímos; por eso ha venido sobre nosotros esta angustia... Y se apartó José de ellos, y lloró..."

¿Habrá alguien hoy que necesita oír un "perdón" para finalmente soltar sus "siete llantos" y sanar? El perdón verdadero no es una disculpa rápida; es un proceso que puede tomar mucho tiempo. 


Una decisión llamada “Perdón”

Después de recibir a sus hermanos con un acto de gracia, llenando sus sacos de grano, José se queda en Egipto con Simeón como rehén. Mientras tanto, en Canaán, el viejo Jacob se desmorona.

Imaginen a Jacob, con la voz quebrada, diciendo: "¡Me han privado de mis hijos! José no está, Simeón es preso, y ahora quieren llevarse a mi Benjamín". Para Jacob, Benjamín era el último hilo que lo unía a Raquel. Perderlo era, simplemente, morir en vida.

Pero aquí ocurre el milagro de la transformación: Judá, el mismo que tuvo la idea de vender a José, el que negoció el precio de su hermano como si fuera ganado, ahora da un paso al frente. Judá le dice a su padre: "Yo respondo por él. Si no te lo traigo de vuelta, seré el culpable para siempre". El mismo hombre que destruyó a una familia, ahora ofrece su propia vida como garantía. Dios tiene una forma asombrosa de tratar con quienes nos dañaron.

Los hermanos vuelven con Benjamín y José los invita a cenar. Aquí es donde vemos la humanidad de José en todo su esplendor. Los sienta por orden de nacimiento y empieza a servir. Pero como todavía no había perdonado del todo, a Benjamín le sirve cinco veces más. Génesis 43:34 “Y José tomó viandas de delante de sí para ellos; mas la porción de Benjamín era cinco veces mayor que cualquiera de las de ellos.”

Luego viene la jugada maestra, esconde su copa de plata en el saco de Benjamín y manda a la caballería tras ellos. José los somete a una artimaña, a una jugarreta psicológica. ¿Por qué? Porque el perdón no es una decisión sencilla de tomar. José estaba en medio de una guerra interna: "¿Los perdono o no? Me quitaron mi juventud, me quitaron a mi padre, me robaron años de vida". No fue una simple pelea; fue un secuestro que le cambió el destino.

En esto de perdonar, todos somos principiantes. La gracia no es nuestra especialidad; nosotros preferimos que el otro "aprenda la lección". Pero el perdón no tiene que ver con cambiar al otro, tiene que ver con liberarte a ti de la cadena que te une a quien te hirió.



¿Por qué a mí?

Llegó un punto en que José ya no pudo contenerse, entre alaridos y un llanto profundo que se escuchó en toda  “La Gran Casa”, soltó la bomba: "¡Yo soy José! ¿Vive todavía mi padre?".

Once gargantas atragantadas y veintidós ojos abiertos, los hermanos se quedaron fríos, empezaron a tragar saliva mientras el terror los invadía. Pero José, les dijo: "Acérquense. No tengan miedo. Soy yo, su hermano".

Aquí es donde la teología se vuelve vida. José les dice: "Ustedes pensaron hacerme mal, pero Dios lo cambió todo para bien". En el hebreo original, la palabra para "trama" o "plan" se relaciona con  tejer.

Satanás es un experto tejiendo tragedias, tramando nudos de dolor y trenzando traiciones. Pero Dios es el más grande Tejedor. Él va creando un diseño que nosotros no podemos ver desde el foso. Al final, los tiranos y las crisis terminan obedeciendo el diseño de Dios. ¡Satanás teje, pero Dios siempre teje dos veces para nuestro bien!

Cuando el Faraón se enteró, les dio las llaves del reino: "Tu familia será mi familia". El hambre seguía afuera, el mundo seguía siendo un lugar hostil, pero ellos estaban a salvo. ¿Por qué? ¿Porque eran santos o buenos? ¡No! Estaban a salvo porque el que gobernaba la nación casualmente era su hermano.

Génesis 45:4-5 (RVR1960) "Entonces dijo José a sus hermanos: Acercaos ahora a mí. Y ellos se acercaron. Y él dijo: Yo soy José vuestro hermano, el que vendisteis para Egipto. Ahora, pues, no os entristezcáis, ni os pese de haberme vendido acá; porque para preservación de vida me envió Dios delante de vosotros." 

No importa si eres hombre o mujer, Satanás no te ataca por quién eres hoy, sino por lo que será tu propósito en Dios.

Yo sé que los tiempos que pasamos en el foso huelen a podrido, el olor de la traición y la humedad de la soledad carcomen nuestra alma, pero, a pesar de todo, el foso tiene una sola ventaja: te obliga a mirar hacia arriba, por eso, las oraciones más poderosas de nuestra vida no han nacido en la “Gran Casa”, sino en la soledad de nuestras crisis.

Hoy puedes sentirte encarcelado en tu propia versión de Egipto, rodeado de fracasos y frustraciones familiares. Pero escucha bien: Dios ve al José que hay en ti, incluso cuando tú solo ves barro.

Tu familia necesita un José, esta generación agrietada y llena de revanchas, necesita desesperadamente mensajeros de gracia. Tus hijos y tus nietos necesitan que seas ese enlace robusto en la cadena de la fe que no se rompe por los problemas y dificultades.

Afuera hay hambre, hay hambre de esperanza, hambre de perdón, hambre de un mañana diferente y nosotros somos ese canal que puede traer bendición a miles y miles de familia de la tierra.


Ministración: 

El dolor no es virtuoso por sí solo; de hecho, sin Dios, puede convertir a las personas en agentes de daño. La diferencia radica en poner ese dolor en las manos de Aquel que se hizo uno de nosotros. Jesús no fue ajeno al rechazo, al hambre o a la soledad; Él abrazó nuestra condición para transformarla.

"Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados." (Isaías 53:3-5 RVR1960)

Llega un punto en nuestra crisis donde las palabras humanas se agotan y solo nos queda mirar hacia arriba. Añoramos ese día en que estaremos mirando al Señor cara a cara, en ese reino eterno que nunca va a dejar de ser. Debemos entender que las cosas de la vida, por dolorosas que sean, son solo eso: las cosas de la vida. Pero hoy, tú y yo tenemos una esperanza que es oro puro dentro de nosotros; respiramos esa esperanza y es lo que nos mantiene luchando, porque sabemos que nuestros pasos no van hacia el vacío, sino hacia ese día de gloria.

Hay quienes hoy caminan por valles de sombra muy profundos, valles que nosotros apenas alcanzamos a imaginar. Mi oración es que esa esperanza sea un fuego que los levante y los fortalezca. Te animo a poner tu fe en el Señor, porque incluso en la crisis más oscura, hay bendiciones disfrazadas que solo se revelan cuando corremos hacia un encuentro con Él, así como está escrito: “Porque esta leve tribulación pasajera produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.” (2 Corintios 4:17-18 RVR1960)


Oración de Rendición y Gloria

Padre, te damos gracias en este día por Tu presencia y Tu amor. Bendito Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos amaste hasta la cruz y hasta la muerte; que nos amaste tanto que levantaste a Jesús de entre los muertos para sentarlo en gloria.

Señor, nos acercamos a Ti con la confianza de encontrar consuelo en Tu Palabra y en el testimonio escrito en tu Palabra. Te pedimos que nos ayudes a confiarte estas batallas y estas crisis que hoy nos sobrepasan. Sé Tú el Alfarero de nuestros corazones; toma estas vasijas que hoy se quiebran por el dolor y conviértelas en vasos nuevos que reflejen Tu gloria. Solo Tú, Señor, puedes hacer esto.

Ayúdanos a no amargarnos en el proceso, a no alejarnos de Ti cuando no entendamos el camino. ¡Aviva la esperanza dentro de nosotros! Que nuestro corazón descanse en Tu promesa: “Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.” (Romanos 8:18 RVR1960)

Escucha: No te vayas sin rendirle tu corazón a Jesucristo. La clave para pasar del sufrimiento a la gloria es entregarse en las manos del Padre, tal como lo hizo nuestro Salvador. Si hoy caminas a la deriva de tus propias fuerzas, Jesús te llama a un encuentro personal. Él murió en tu lugar para darte vida nueva. Si crees que Él es poderoso para transformarte, haz esta oración conmigo:

“Señor Jesús, hoy me rindo a Ti. Toma mi vida y mi corazón; soy Tuyo para siempre. Lávame de mis pecados, Señor, y dame una vida nueva en Ti. A partir de hoy te confieso en mi corazón y con mis labios: Tú eres Jesucristo, mi Señor y mi Salvador. Toma las riendas de mi ser; te seguiré por toda mi vida y por la eternidad. Gracias por recibirme. Amén.”

Confíale hoy esa encrucijada a Dios. Quizás hoy no veas el regalo, pero si te rindes a Él, ya has obtenido la ganancia más grande: una amistad inquebrantable con tu Salvador. No busques respuestas fáciles, busca al Dios que está detrás de la tormenta.


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