Ezequiel
36:26 “Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.”
Introducción: El peligro más silencioso
Una de las cosas que más nos debe asustar, y a la que más debemos temerle, es que nuestro corazón se endurezca. El corazón es un misterio; la Biblia dice que es engañoso, pero también nos enseña que de él mana la vida y que es el tesoro que determina lo que somos. Por eso la Escritura nos advierte de forma categórica: Proverbios
4:23 (RVR1960) "Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; Porque de él mana la vida."
Pero, ¿qué pasa cuando el corazón se endurece? Hoy nos enfrentamos a una generación indolente e insensible, que ha sido entrenada para endurecerse. Tú puedes ser muy cristiano, hablar en lenguas y tener años en la iglesia, pero si tu corazón está duro, le vas a hacer daño a todos los que están a tu alrededor. Dios quiere cambiar tu corazón de piedra por uno de carne, y para eso vamos a desenmascarar este enemigo a través de sus síntomas.
1. El síntoma de la discusión y el "Todavía" de Dios
El primer síntoma claro de un corazón duro es la discusión constante y la tendencia a tomarse todo de forma personal. En los evangelios vemos un ejemplo tremendo con los propios discípulos:
Marcos 8:14-17 (RVR1960) "14 Habían olvidado de traer pan, y no tenían sino un pan consigo en la barca. 15 Y él les mandó, diciendo: Mirad, guardaos de la levadura de los fariseos, y de la levadura de Herodes. 16 Y discutían entre sí, diciendo: Es porque no trajimos pan. 17 Y entendiéndolo Jesús, les dijo: ¿Qué discutís, porque no tenéis pan? ¿No entendéis ni comprendéis? ¿Aún tenéis endurecido vuestro corazón?"
El Maestro estaba ahí advirtiéndoles sobre cosas espirituales, y ellos discutiendo por un pan. El corazón duro tiende a hacerlo todo personal: "Esa indirecta fue para mí", "Esa mirada fue por mí". Puedes caminar al lado de Jesús, estar en su misma barca, y aun así tener el corazón endurecido.
Por eso Jesús les dice: "¿Aún?". Esto significa: "¿Todavía?". Cuando nos acercamos a Dios, es normal traer dureza, pero llegará un momento en el que Él te va a decir: "¿Todavía con ese enojo? ¿Todavía con esa maña? ¿Todavía discutes por cualquier tontería?". Alármate cuando de todo sales ofendido, porque es el síntoma claro de la dureza.
Esa misma insensibilidad es la que vemos en el Antiguo Testamento. Cuando Israel le pide a Edom (sus parientes lejanos) que los deje pasar por su territorio sin tomar nada prestado, Edom simplemente se cierra a las razones.
Números
20:18 (RVR1960) "Edom le respondió: No pasarás por mi país; de otra manera, saldré contra ti armado."
Cuando la gente tiene el corazón duro, no importa cómo le hables o cuántas razones tengas. El insensible no presta atención a los argumentos; su especialidad es pelear. Te transformas en alguien al que no se le puede decir nada.
2. El corazón de diamante, la terquedad y la soberanía
El segundo problema de un corazón duro es la terquedad de cerrarse a escuchar: Zacarías 7:11-12 (RVR1960) "11 Pero no quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y taparon sus oídos para no oír; 12 y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba..."
El diamante es excesivamente difícil de cortar; no lo trabaja cualquier joyero. Si se corta mal, explota. Así es el corazón duro: cierra sus oídos a la lógica. La dureza se nota cuando alguien no quiere escuchar consejos y dice: "No necesito que nadie me diga nada…". ¡Cuidado! Que tu dureza nunca te impida recibir un buen consejo.
Esta terquedad nos lleva a un punto muy peligroso: querer ocupar el lugar de Dios. Jeremías
18:12 (RVR1960) "Y dijeron: Es en vano; porque en pos de nuestros ídolos iremos, y haremos cada uno el pensamiento de nuestro malvado corazón."
La dureza te hace terco. Le pides consejo a alguien, te dicen "no lo hagas", y vas y lo haces de todos modos. La dureza te lleva a vivir como te da la gana. Y cuando vives exclusivamente siguiendo tu propia opinión y tus propios planes, estás intentando destronar a Dios para ser tú la máxima autoridad de tu vida.
3. La destrucción del diseño: Divorcios físicos y espirituales
Esta insensibilidad y terquedad destruyen lo más sagrado. Hoy vemos un problema crónico donde la gente cree que el matrimonio es desechable: Mateo 19:7-8 (RVR1960) "7 Le dijeron: ¿Por qué, pues, mandó Moisés dar carta de divorcio, y repudiarla? 8 Él les dijo: Por la dureza de vuestro corazón Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres; más al principio no fue así."
Jesús es tajante: el divorcio (fuera de las cláusulas graves que da la Biblia) no es el diseño original, es el resultado de un corazón endurecido. Es el fruto de decir "ya no nos entendemos" en lugar de tener la humildad para ceder. El ego se siente bien cuando logra manipular o poner al otro contra las cuerdas, pero a la larga, destruye la familia.
Y ojo, porque la dureza también causa divorcios espirituales. Hay quienes dicen: "Ya no voy a congregarme, en mi casa estoy más cómodo". Claro, en casa escoges lo que quieres oír, pero en comunidad tienes que tolerar. "Me voy porque hay mucha hipocresía", dicen otros. Quien busca excusar su ausencia señalando los errores de los demás, refleja un corazón de diamante. El evangelio no nos enseña a aislarnos a la primera ofensa, nos enseña a amar a pesar de las imperfecciones.
4. El antídoto: Ser "fáciles de amar" y el Espíritu Santo
La fe tiene dos dimensiones: nuestra relación con Dios y nuestra relación con los demás. ¿Eres tú una persona amable? Ser amable no es solo saludar; ser amable significa ser "fácil de amar".
Pregúntate: en tu hogar, ¿eres fácil de amar? ¿Tus hijos te honran solo porque es un mandamiento, o te has ganado su corazón con tu trato? Qué hermoso es cuando la gente te aprecia gratis, cuando relacionarse contigo no es pisar un campo minado.
Si reconoces que has sido duro, no todo está perdido. Dios prometió la solución de raíz: Ezequiel 36:26-27 (RVR1960) "26 Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. 27 Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu..."
Quizás digas: "Pastor, yo soy duro porque me crié sin amor, me han engañado y humillado, y me volví inflexible para que no me lastimen". A ti te digo hoy: son los corazones lastimados los que más lastiman a otros.
No permitas que tu corazón se quede como una piedra. Deja que el Espíritu Santo te dé un corazón de carne. Rinde tu orgullo y llévate esta verdad: Para todo corazón herido y endurecido, el amor de Jesús sigue siendo la respuesta.