Federico Waltz, fue uno de sus asistentes más jóvenes, y se convirtió en amigo de Francisco, lo recordó no por su investidura, sino por su humanidad. "Nunca cambió. Seguía siendo el padre que conocíamos en Buenos Aires: sencillo, cálido y presente".
Hace cuatro meses, tuvo la oportunidad de verlo en el Vaticano, donde Francisco lo recibió junto a su esposa y sus cuatro hijos. "A cada uno los esperó con una bolsa de caramelos y una pregunta especial". Francisco no se olvidaba de nadie, contó.
Federico destacó que seguramente "hay cuestiones que le podemos cuestionar como hombre y como Papa, pero él quería que se le recordara como el punta pie de aire fresco en la Iglesia… la inclusión de las mujeres, la participación de laicos en altos cargos, es decir, cómo todo ese legado será honrado y llevado a adelante", puntualizó.