Mateo
15:13 “Pero respondiendo él, dijo: Toda planta que no plantó mi Padre celestial, será desarraigada”.
El Proceso de Desarraigar el Alma
La Biblia nos habla de un proceso profundo y transformador: el proceso de desarraigar, de arrancar la raíz. Muchas veces nos desgastamos trabajando en lo externo, enfocándonos en podar las ramas visibles, pero descuidamos lo interno.
Para entender esto, debemos reconocer nuestra naturaleza tripartita: somos espíritu, alma y cuerpo. Es muy común ver que todo el mundo busca beneficios para su cuerpo: queremos ser sanos, sentirnos bien, prosperar físicamente. De igual forma, buscamos constantemente la bendición para nuestro espíritu: anhelamos recibir de Dios los dones espirituales, los milagros, sanidades y prodigios, pero, ¿cuántos buscan realmente bendecir y sanar su alma? Sanar el alma no se logra con pañitos de aguas tibias, por lo que la verdadera prosperidad está íntimamente ligada al alma, recordemos que el indicador de nuestra prosperidad integral comienza en el interior, está escrito en 3 Juan 2 “Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma.”
Es precisamente allí, en el terreno del alma, donde muchas veces fallamos al no trabajar la raíz de nuestros problemas, Jesús fue tajante en Mateo 15:13: "Pero respondiendo él, dijo: Toda planta que no plantó mi Padre celestial, será desarraigada."
Este pasaje es impresionante y revelador, la Palabra declara con firmeza que todo aquello que Dios no sembró, irremediablemente será desarraigado. Piensa en esto: tu vida es como un campo; en ese campo siembra Dios, pero también siembra tu familia, tus experiencias y la sociedad; y con el tiempo, empiezas a dar fruto de todo aquello que ha sido depositado en ti.
Sin embargo, hay raíces oscuras que no provienen de Dios y que operan en "modo incógnito" bajo la tierra de nuestra alma. Es imprescindible que miremos profundamente, porque quizás hoy, dentro de ti, existan raíces oscuras que Dios jamás plantó, raíces que hasta el día de hoy no has logrado identificar ni erradicar.
El mayor peligro de las tinieblas es cuando operan en modo incógnito, escondidas bajo la tierra de nuestra alma, donde no reconocemos lo que hacen ni podemos identificar sus obras destructivas. Hoy es el día para examinar nuestro interior: ¿Hay en ti alguna raíz de mal que deba ser arrancada?
Brotando desde lo Oculto: La Raíz de Amargura
"Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados." (Hebreos 12:15, RVR1960)
La Biblia nos enseña que brotar es aquello que sale desde adentro hacia afuera. Brotar es crecer, producir, germinar, es emerger de lo profundo hasta que se hace visible.
Traduzcamos esto a nuestra realidad: Muchas veces leemos este versículo y creemos que el problema radica en que alguien se amargó por una situación reciente, pero la Palabra no habla de gente que se amargó de un día para otro; la Biblia nos advierte sobre personas que siempre llevaron esa amargura por dentro, solo que aún no se había evidenciado. La palabra clave y reveladora en este pasaje es que "brotó" una raíz que ya estaba allí pero que no se veía. ¿Cuántas raíces tenemos guardadas en el interior que no se ven, pero que de vez en cuando brotan, emergen y salen a la luz?
A veces escuchamos decir: "El hermano se amargó en la iglesia". ¡No! No se amargó en la iglesia; siempre fue un amargado, pero la raíz no había brotado, aún no se había manifestado lo que realmente llevaba en su interior, el Señor te está diciendo que hay cosas dentro de ti que todavía no has arrancado y que, en el momento menos pensado, salen a la superficie.
Vemos personas que llegan a la iglesia, le entregan su vida a Cristo y reciben de Dios, pero nunca empiezan el trabajo de desarraigar las raíces que traen, la raíz sigue ahí, escondida bajo la tierra y escuche bien esto: aunque lo que estaba afuera se haya quemado, se haya dañado, se haya deteriorado, o incluso se haya podado y cortado... mientras quede raíz, siempre habrá el peligro de que algo vuelva a brotar.
Podar el Carácter vs. Desarraigar la Raíz
Tristemente, vemos que la iglesia vive modificando el comportamiento, pero no se ocupa de desarraigar el carácter, nos hemos acostumbrado a ocultar los traumas, pero jamás los arrancamos de raíz, y es por eso que, en algún momento de nuestra vida, algo inesperado nace.
Es entonces cuando decimos: "Pero yo creía que ya había sido libre", "Yo pensé que había resuelto mi problema", la dura realidad es que solo se podó; se cortó la maleza superficial, pero el mal jamás se desarraigó, y en el momento menos pensado, la raíz de lo que realmente llevamos por dentro volvió a brotar.
El peligro más grande de la raíz es su naturaleza: está diseñada para aferrarse, para agarrarse de algo y evitar ser arrancada. Podemos intentar arrancar una mata por encima, pero es casi imposible sacar todas las raíces de un solo tirón, porque allá en lo profundo, en lo oscuro de la tierra, se agarraron de las piedras, se enredaron en los troncos e incluso se entrelazaron con otras raíces para hacerse más fuertes.
Muchas veces venimos a la congregación y los pastores empiezan a corregir, a podar nuestro exterior: "Hermano, no hable así", "Baje el volumen", "Hermana, no le grite a su esposo", "No vuelva a maltratar a su familia". Pasamos todo el tiempo simplemente podando, pero inevitablemente llega el momento donde esa raíz brota, renace y reaparece. ¿Por qué? Porque aunque cortaste lo aparente, jamás erradicaste el problema de fondo.
Hemos permitido que se levante una generación que vive de apariencias, pensamos: "Mientras yo me vea bien por fuera, no importa qué raíz tenga por dentro, no importa lo que lleve en el alma ni quién soy realmente en mi casa", llegamos al extremo de encubrirnos unos a otros: "Mi esposa va a cubrir mis raíces malas porque no podemos dañar la reputación que tenemos como familia".
Vivimos de apariencias, olvidando que las raíces, tarde o temprano, siempre salen a la luz. Atrévase hoy a confrontar su realidad. "¿Qué raíz tienes escondida que está a punto de brotar?"
La Contaminación de la Raíz
Dice la Palabra que la raíz no solo te estorba cuando se evidencia, cuando finalmente brota, sino que además empieza a contaminar a otros. Tienes que entender una verdad espiritual muy seria: cuando lo que está oculto en tu corazón se manifiesta, tus hijos y tu familia es contaminada.
¿Qué sucede cuando lo que está adentro empieza a evidenciarse afuera? Alguien dice: "Yo no sé qué me pasó que me puse violento, ¡si yo soy un hombre pacífico!", la realidad es que la raíz de la ira siempre estuvo ahí; nunca la quitaste.
Nos acostumbramos a culpar a la gente y a las circunstancias, pero en el fondo el problema soy yo, que tengo una raíz que no he logrado arrancar; miremos el fundamento a través de Deuteronomio 29:18: "No sea que haya entre vosotros varón, o mujer, o familia, o tribu, cuyo corazón se aparte hoy de Jehová nuestro Dios, para ir a servir a los dioses de esas naciones; no sea que haya en medio de vosotros raíz que produzca hiel y ajenjo." (Deuteronomio 29:18, RVR1960)
Dios le advirtió esto al pueblo de Israel justo cuando estaban a punto de entrar a la tierra de Canaán. El verdadero problema de contaminación para el pueblo no estaba en los gigantes que habitaban la tierra, ni en las religiones de Canaán, el problema real estaba en la raíz que ellos ya traían en el corazón, una raíz que, si la dejaban crecer, los llevaría irremediablemente a la idolatría y a la apostasía.
Hoy vemos el mismo patrón, hay gente que tiene una raíz de inestabilidad: no son estables en el matrimonio, no son estables en un trabajo, no son estables emocionalmente, ni mucho menos en la iglesia, y lo más triste es que le echan la culpa a todo el mundo de sus fracasos. El problema real no es el entorno; el problema es que hay una raíz escondida que, de pronto, brota y hace que sean personas inestables.
Miremos Apocalipsis 8:10-11: "El tercer ángel tocó la trompeta, y cayó del cielo una gran estrella, ardiendo como una antorcha... Y el nombre de la estrella es Ajenjo. Y la tercera parte de las aguas se convirtió en ajenjo; y muchos hombres murieron a causa de esas aguas, porque se hicieron amargas." (Apocalipsis 8:10-11, RVR1960)
Cuando la Palabra de Dios nos habla de una raíz que produce hiel y ajenjo, nos está revelando que hay personas que primero se amargan profundamente por dentro antes de evidenciar su amargura por fuera. Esto significa que detrás de muchas sonrisas en la iglesia, hay amargura.
Y el mayor problema, es que a ti nadie te amargó; tú ya traías la amargura por dentro, sigues siendo el mismo de siempre, la única diferencia es que aprendiste a comportarte frente a los demás: Simplemente, activaste el modo hipocresía.
Raíces Entretejidas
En el libro de Job encontramos una revelación; Job
8:17 "Se van entretejiendo sus raíces junto a una fuente, y enlazándose hasta un lugar pedregoso." (Job 8:17, RVR1960)
Todo el mundo habla de la importancia de sembrar, pero casi nadie te dice que, antes de sembrar, a la tierra hay que quitarle todas las raíces viejas para poder abrir bien el surco. El gran problema de que hoy la iglesia da fruto de lo que siembra, radica en que nunca quitó la raíz que termina ahogando la semilla nueva.
Queremos que la Palabra dé fruto, clamamos para que las profecías den fruto, pero escúchame bien: si tú no has sacado las raíces de tu tierra, no va a haber fruto.
Esto explica algo que vemos a menudo, cuando alguien se va de la iglesia, casi nunca se va solo, ¿Sabe por qué? porque se entretejió con gente de espíritus afines. Un amargado siempre va a buscar estar rodeado de amargados; un victimista siempre encontrará consuelo entre victimistas. Nos entretejemos naturalmente con aquellos que tienen nuestra misma raíz. Y es ahí donde el enemigo hace su trabajo silencioso: el diablo empieza a entrelazar raíces para que, cuando uno se mueva o caiga, arrastre consigo a todos los que se le unieron.
Raíces Generacionales: El Peso de la Herencia
Hablemos del grave problema de las raíces cuando pasan a las siguientes generaciones. Pensemos en Abraham, el padre de la fe. Abraham tuvo un desliz y fue mentiroso: por miedo, le dijo a su esposa que dijera que era su hermana, Dios se enojó tanto con esa actitud que tuvo que hablarle a un rey impío para intervenir, pasan los años, su hijo Isaac va a Egipto y... ¡miente exactamente igual! Luego viene Jacob, la tercera generación, y su propio nombre significa "usurpador y engañador". La raíz de mentira que el abuelo no cortó, ahora era la identidad de la tercera generación; Escuche esto con atención: cuando tú no cortas una raíz, esa raíz se vuelve la identidad de tu familia.
Vemos otro ejemplo trágico: Viene Dios y le dice a Saúl: "Saúl, te puse por rey, pero necesito que me destruyas una raíz, y esa raíz se llama Amalec, no quiero que lo podes, no quiero que lo cortes, quiero que lo desarraigues, que no quede absolutamente nada". ¿Qué hizo Saúl? Saúl va, poda, pero no desarraiga; y para colmo, se trae vivo al rey de Amalec.
Escuche bien cómo termina esta historia: Saúl muere en el campo de batalla, rematado por las manos de un amalecita, la raíz que no cortó fue exactamente la raíz que le provocó la muerte. Si tú no arrancas la raíz, la raíz termina matándote.
Más adelante viene David, y tiene que pelear contra los amalecitas, esa guerra no le tocaba a él, esa guerra le tocaba a Saúl; pero como Saúl no cortó la raíz, David tuvo que enfrentarlos y no pudo derrotarlos, pasan los años y llega al palacio del rey una mujer llamada Ester, y Ester tiene que librar una batalla a muerte con un amalecita (Amán), que planeaba exterminar a todo el pueblo de Dios. ¡Todas esas generaciones sufriendo, batallando y a punto de morir, a punto de ser exterminados, fueron las consecuencias de un solo hombre que no quitó una raíz a tiempo!
Si tú no entiendes lo que es la responsabilidad espiritual, jamás vas a quitar las raíces de tu vida. Hoy puede haber cosas que están destruyendo a tus hijos simplemente porque tú no has sido lo suficientemente responsable para trabajar tu propia raíz, y lo más doloroso es que eso que tú no lograste arrancar, ahora se ha convertido en la identidad y el carácter de tus hijos.
Miremos la vida del rey David. David peleó contra el rechazo, peleó contra la depresión, batalló contra enfermedades físicas e incluso luchó contra la promiscuidad. Peleó contra muchas cosas: Físicas, emocionales, económicas, sexuales, espirituales; en fin todas las áreas de su vida fueron afectadas, hasta que Dios le quita el velo y le revela: "Tu problema de raíz viene de tu concepción". Es entonces cuando David declara: "He aquí, en maldad he sido formado, Y en pecado me concibió mi madre." (Salmos 51:5, RVR1960)
Dios le tuvo que revelar a David su verdadera raíz, porque él estaba desgastándose peleando contra todo sin conocer la causa original. No nos engañemos: La raíz que sostiene todo nuestro dolor, nuestras enfermedades, y todo lo que vivimos en nuestras vidas, sigue ahí, esperando a ser arrancada.
Pero las raíces ocultas van mucho más allá de lo material; muchas veces se esconden en los rincones más dolorosos de nuestra historia, hay muchas mujeres hoy en día que aún no han descubierto que la raíz de todos sus divorcios, de su continuo sufrimiento matrimonial y de su constante insatisfacción en la vida, fue un abuso sexual cuando apenas eran unas niñas. Quizás ya perdonaron al agresor de dientes para afuera; Pero hay una raíz escondida, y esa raíz brota, y le hace tener crisis inexplicables, le hace rechazar la intimidad y le roba la paz.
Tenga mucho cuidado, porque cuando las raíces crecen en la oscuridad, deforman hasta lo más duro, Si miras un árbol grande con raíces expuestas, veras que levantan el concreto y parten los cimientos más sólidos; Así mismo pasa en nuestra vida: aún tu mayor fortaleza es destruida si una raíz amarga llega a brotar, por eso vemos gente que, de la noche a la mañana, echó por la borda todos sus principios, sus valores y su fe; no fue de repente, fue porque una raíz que nunca arrancaron creció en silencio y lo deformó todo.
Tu Origen, Tu Raíz: La Declaración de Ezequiel 16
En el libro de Ezequiel, capítulo 16, Dios le habla de frente a Jerusalén y le revela, sin anestesia, cuál es su verdadera raíz:
"Y así ha dicho Jehová el Señor sobre Jerusalén: Tu origen, tu nacimiento, es de la tierra de Canaán; tu padre fue amorreo, y tu madre hetea." (Ezequiel 16:3, RVR1960)
Y un versículo más adelante, Dios le da en el punto exacto de su herida: "El día que naciste no fue cortado tu ombligo" (Ezequiel 16:4). Dios le está diciendo que todos sus fracasos, sus dolores y sus problemas radicaban en su raíz, en que nunca se cortó el cordón que la ataba a su pasado, a su cultura y a sus viejas costumbres.
A pesar de eso, Dios la encontró arrojada en el campo con menosprecio de su vida. Él la limpió, la resucitó, hizo un pacto eterno con ella, la vistió con hermosura y la prosperó en todo. ¿Y qué pasó? Que ella confió en su propia belleza y se prostituyó (Ezequiel
16:15). Multiplicó sus fornicaciones, entregando al mundo los dones preciosos que Dios le había confiado, llegando al extremo de pagarles a sus amantes en lugar de recibir paga.
Luego de mostrarle todo esto, Dios le da el diagnóstico final y lapidario:
"He aquí, todo el que usa de refranes te aplicará a ti el refrán que dice: Tal la madre, tal la hija." (Ezequiel 16:44, RVR1960)
Eres exactamente igual a la madre que te desechó. El problema nunca fue el entorno, el problema siempre estuvo en la raíz, en ese origen de dolor y pecado que nunca fue verdaderamente cortado.
Escuche bien iglesia: tú puedes jugar al evangelio 10, 15 o 20 años; puedes saberte la Biblia, servir en los ministerios y tener apariencia de piedad. Pero si no cortas la raíz, en cualquier momento esas raíces brotarán y producirán daños irreversibles en tu vida, tu familia y tu descendencia. Llegó el momento de dejar de podar las ramas y enfrentarnos a lo profundo, “Nuestras raíces”.