Iglesia, hoy nos paramos frente a un nuevo ciclo, no basta con celebrar que un año comienza; lo que necesitamos es discernir el tiempo en el que estamos pisando y todas las promesas que Dios nos entregó para afrontarlo.
Dios nos ha entregado tres promesas, las cuales las hemos llamado “las 3 erres”:
- Restauración: Zacarías 9:12 "Volveos a la fortaleza, oh prisioneros de la esperanza; hoy también os anuncio que os restauraré el doble”.
- Restitución: Joel 2:25 “Y os restituiré los años que comió la oruga, el saltón, el revoltón y la langosta, mi gran ejército que envié contra vosotros”.
- Recompensación: Jeremías 31:16-17 (TLA) “Pero Dios le dice: «Sécate las lágrimas, ya no sigas llorando ni pierdas la esperanza. Tus hijos serán restaurados y restituidos; volverán del territorio del enemigo, y tu sufrimiento se verá recompensado. Te juro que así será”.
Entre las promesas que Dios nos entrega para enfrentar un nuevo año y el día en que esas promesas se materializan, hay un proceso en el cual debemos estar libres de la terquedad y la obstinación, libres del orgullo y la inmadurez espiritual; Te voy a dar ejemplos claros de personajes bíblicos que recibieron la promesa y tuvieron que afrontar procesos:
- A José le dijeron que sus hermanos se inclinarían ante él. Esa fue la promesa. Pero el proceso incluyó el frío de una cisterna, el abandono, la injusticia de una cárcel y el silencio de años.
- A David lo ungieron con aceite frente a su familia. Esa fue la promesa. Pero el proceso lo llevó a dormir en cuevas y a ser perseguido como un criminal por aquel a quien él servía con amor.
- A Abraham le prometieron una nación. Pero el proceso lo obligó a caminar años contra su propia lógica y su propia vejez.
¿Por qué? Porque el proceso es lo que te forma para que, cuando llegue la promesa, no te destruya el orgullo, sino que te sostenga el carácter.
Veamos el libro Nehemías 9:16-17 "Mas ellos y nuestros padres fueron soberbios, y endurecieron su cerviz, y no escucharon tus mandamientos. No quisieron oír, ni se acordaron de tus maravillas que habías hecho con ellos; antes endurecieron su cerviz, y en su rebelión pensaron poner caudillo para volverse a su servidumbre. Pero tú eres Dios que perdonas, clemente y piadoso, tardo para la ira, y grande en misericordia, porque no los abandonaste."
Israel es el espejo de nuestra propia realidad, y en este pasaje Bíblico Nehemías estaba orando, los muros se habían levantado, la ley se había leído... había una libertad física aparente. Pero al mirar atrás, se dan cuenta de que puedes salir de Egipto, pero Egipto no siempre sale de ti.
El pueblo de Israel vio el mar abrirse y comieron maná, pero en el momento de la victoria, apareció la terquedad. Caminaban hacia la promesa, pero con el corazón anclado al pasado. ¿De qué sirve tener una economía sana o una familia que "parece" estar bien, si por dentro la mente sigue cautiva?
Empezaron a experimentar problemas de identidad, ya que aunque salieron físicamente, Egipto no había salido de sus corazones. Caminaban hacia la libertad, hacia la promesa dada por Dios, pero sus corazones seguían encadenados al pasado; prácticamente llenaron su corazón de rebeldía, soberbia y obstinación.
Nehemías revela una insurrección espiritual planificada: "pensaron poner caudillo para volverse a su servidumbre".
- La esclavitud no exige tomar decisiones; ofrece comida y techo a cambio de la voluntad. El pueblo prefirió un "dictador" conocido antes que un Dios que los llevaba a la conquista de la promesa.
- Recordaron con nostalgia las ollas de carne y olvidaron los latigazos; Éxodo 16:3 “y les decían los hijos de Israel: Ojalá hubiéramos muerto por mano de Jehová en la tierra de Egipto, cuando nos sentábamos a las ollas de carne, cuando comíamos pan hasta saciarnos; pues nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda esta multitud”. La ingratitud convirtió la promesa en basura.
- Fue un plan trazado para abandonar a Dios, Números 14:3-4 "¿Y por qué nos trae Jehová a esta tierra para caer a espada, y que nuestras mujeres y nuestros niños sean por presa? ¿No nos sería mejor volvernos a Egipto? Y decían el uno al otro: Designemos un capitán, y volvámonos a Egipto”.
El pasaje de Nehemías nos confronta con una de las tragedias más grandes del ser humano: la incapacidad de abrazar la libertad. Nehemías relata que nuestros padres "fueron soberbios, y endurecieron su cerviz". Esta imagen de la "cerviz endurecida" no es solo una metáfora de terquedad; es la descripción de un buey rebelde que pone rígido el cuello para rechazar el yugo del labrador. Es el orgullo que se resiste a ser guiado por Dios.
La esencia del problema radica en que, aunque Dios los había sacado físicamente de Egipto, el corazón del pueblo seguía encadenado allá. Nehemías revela que "en su rebelión pensaron poner caudillo para volverse a su servidumbre". El pueblo no solo se quejó, sino que planificó su propio retroceso. Estaban dispuestos a elegir un nuevo jefe, un caudillo humano, con tal de regresar a las cadenas de la esclavitud.
El problema de la libertad y de abrazar promesas es que exige fe, responsabilidad y conquista, mientras que la servidumbre solo exige resignación. El pueblo olvido el dolor de los latigazos y solo recordaban el sabor de las cebollas y los ajos. Su soberbia les hizo creer que el plan de Dios era un error y que su pasado como esclavos era un refugio.
Esta es la gran lección para nosotros en este inicio de 2026: No se puede conquistar la Tierra Prometida con los ojos puestos en Egipto. La terquedad es, en el fondo, un acto de ingratitud que borra las maravillas de Dios y nos hace preferir la falsa seguridad de nuestras viejas cadenas. Sin embargo, el pasaje cierra con la esperanza más grande: "Pero tú eres Dios que perdonas, clemente y piadoso, tardo para la ira, y grande en misericordia". A pesar de nuestra "cerviz dura" y nuestra insistencia en volver atrás, Dios no nos abandona; Su misericordia es el único lazo que nos impide regresar al abismo de nuestra antigua esclavitud.
- La autosuficiencia es como un virus silencioso; no sabes a qué hora entró ni cómo creció. Es la "mala praxis" de la vida espiritual porque, aunque no niega a Dios, lo desplaza.
- Es más difícil levantarse del éxito que del fracaso. Cuando eres bendecido, sientes que ya no necesitas de Dios.
- El orgullo es como el mal aliento: el único que no se da cuenta de que lo tiene es el que lo porta.
- Hay orgullosos muy generosos y arrogantes que parecen muy evangélicos, pero por dentro son esclavos de su propia imagen ya que confunden “bendición” con “orgullo disfrazado”.
La Biblia dice que se volvieron arrogantes y tercos.
¿Cómo sabemos si el orgullo y la arrogancia nos atrapó?
- Olvidamos lo que otros hicieron por nosotros y, sobre todo, lo que Dios hizo. Dejamos de ver la bendición como un milagro y empezamos a verla como "lo normal”.
- Pensamos que nuestras manos lo hicieron todo. Decimos "yo sé", "yo tengo", "yo puedo", olvidando que separados de Él, nada podemos hacer.
- El arrogante no acepta instrucciones. Cree que su experiencia reemplaza la obediencia.
Nos volvemos “Tercos como una mula”:
- La terquedad es "rigidez interna". Es decidir voluntariamente a no escuchar.
- Terquedad no es falta de conocimiento, es exceso de ego.
Dios mira al humilde de cerca, pero al soberbio lo mira de lejos. La arrogancia es tan desagradable que provoca el alejamiento de la presencia de Dios. Hay gente que fracasa una y otra vez en lo mismo, y por puro orgullo sigue tropezando con la misma piedra, haciendo incluso el ridículo antes que humillarse.
Ministración:
Israel llegó al punto de querer nombrar un líder para volver a la esclavitud. A veces, nosotros extrañamos las "parrandas", los chismes o los pecados del ayer porque no hemos terminado de rendirnos.
Hoy la invitación es a entender que:
- La obediencia no se entiende, se practica.
- Entre más arriba nos ponga Dios, más arrodillados debemos estar.
- Si el orgullo entra a la casa, la bendición sale por la ventana.
Quitemos la altivez antes de la caída y reconozcamos que, sin Su misericordia, no somos nada, el salmista declaraba en Salmos 1
39:23 ”Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos".
Nehemías 9 termina recordando que Dios es "perdonador, clemente y piadoso". No importa cuán terco hayamos sido, si hoy reconocemos el orgullo, las promesas de la Restauración, Restitución y Recompensación de este año empezará desde adentro hacia afuera.
Lo más hermoso es la respuesta de Dios ante nuestra "cerviz de mula":
- El Dios de los muchos perdones.
- Clemente y Piadoso: Siente el dolor de Su pueblo a pesar de la soberbia de ellos.
- Misericordia Inagotable: El lazo que nos impide regresar al abismo.
Dios nos llamó a conquistarlas promesas, para avanzar, hay que soltar Egipto y confiar en Aquel que nunca nos abandona.