Charlas Iglesia ETP | Pastores Luis Salas y Jeannette Noguera, Iglesia ETP

El "Senaquerib" que te Acecha

En la vida espiritual, hay momentos donde, a pesar de nuestra fidelidad, enfrentamos ataques. El rey Ezequías era un hombre fiel, pero eso no evitó que Senaquerib, rey de Asiria, invadiera su tierra con la intención de conquistarla (2 Crónicas 32:1).

Hoy, Senaquerib representa esa enfermedad que no cede, esa deuda que te quita el sueño, el dolor de una pérdida o la falta de empleo. El enemigo no viene de visita; viene a "asentar su campo" contra tus muros para que te rindas.

2 Crónicas 32 “Después de estas cosas y de esta fidelidad vino Senaquerib, rey de los asirios, e invadió a Judá y acampó contra las ciudades fortificadas con la intención de conquistarlas”. 

El Mensaje al Corazón

El rey Ezequías, cuando ve que viene Asiria para destruirlo, reúne a todo el pueblo, los hizo reunir en la plaza de la puerta de la ciudad y habló al corazón de ellos, 2 Crónicas 32:7-8 “Esforzaos y animaos; no temáis, ni tengáis miedo del rey de Asiria, ni de toda la multitud que con él viene; porque más hay con nosotros que con él. Con él está el brazo de carne, más con nosotros está Jehová nuestro Dios para ayudarnos y pelear nuestras batallas. Y el pueblo tuvo confianza en las palabras de Ezequías rey de Judá”.

Además ejecutó varias acciones para frenar la acción del enemigo:

  • Cegar las fuentes de agua.
  • Restauró los muros caídos.
  • Hizo alzar las torres de los muros de Jerusalén.
  • Colocó capitanes de guerra.

La Estrategia del Enemigo

Senaquerib envió a sus siervos a Jerusalén para hablar al rey Ezequías y a todo el pueblo diciendo: 2 Crónicas 32:10-15 “Así ha dicho Senaquerib rey de los asirios: ¿En quién confiáis vosotros, al resistir el sitio en Jerusalén? ¿No os engaña Ezequías para entregaros a muerte, a hambre y a sed, al decir: Jehová nuestro Dios nos librará de la mano del rey de Asiria? ¿No es Ezequías el mismo que ha quitado sus lugares altos y sus altares, y ha dicho a Judá y a Jerusalén: Delante de este solo altar adoraréis, y sobre él quemaréis incienso? 1¿No habéis sabido lo que yo y mis padres hemos hecho a todos los pueblos de la tierra? ¿Pudieron los dioses de las naciones de esas tierras librar su tierra de mi mano? ¿Qué dios hubo de entre todos los dioses de aquellas naciones que destruyeron mis padres, que pudiese salvar a su pueblo de mis manos? ¿Cómo podrá vuestro Dios libraros de mi mano?  Ahora, pues, no os engañe Ezequías, ni os persuada de ese modo, ni le creáis; que si ningún dios de todas aquellas naciones y reinos pudo librar a su pueblo de mis manos, y de las manos de mis padres, ¿cuánto menos vuestro Dios os podrá librar de mi mano?".

2 Crónicas 32:16-19 “Y otras cosas más hablaron sus siervos contra Jehová Dios, y contra su siervo Ezequías. Además de esto escribió cartas en que blasfemaba contra Jehová el Dios de Israel, y hablaba contra él, diciendo: Como los dioses de las naciones de los países no pudieron librar a su pueblo de mis manos, tampoco el Dios de Ezequías librará al suyo de mis manos.  Y clamaron a gran voz en judaico al pueblo de Jerusalén que estaba sobre los muros, para espantarles y atemorizarles, a fin de poder tomar la ciudad. 19 Y hablaron contra el Dios de Jerusalén, como contra los dioses de los pueblos de la tierra, que son obra de manos de hombres”.


El Clamor y la Respuesta Divina

2 Crónicas 32:20-23 “Mas el rey Ezequías y el profeta Isaías hijo de Amoz oraron por esto, y clamaron al cielo. Y Jehová envió un ángel, el cual destruyó a todo valiente y esforzado, y a los jefes y capitanes en el campamento del rey de Asiria. Este se volvió, por tanto, avergonzado a su tierra; y entrando en el templo de su dios, allí lo mataron a espada sus propios hijos. Así salvó Jehová a Ezequías y a los moradores de Jerusalén de las manos de Senaquerib rey de Asiria, y de las manos de todos; y les dio reposo por todos lados. Y muchos trajeron a Jerusalén ofrenda a Jehová, y ricos presentes a Ezequías rey de Judá; y fue muy engrandecido delante de todas las naciones después de esto”. 


El Propósito del Registro Bíblico

El texto que acabamos de leer particularmente no solo lo registra el segundo libro de las Crónicas de los reyes, sino que también lo registra el segundo libro de los Reyes y también el profeta Isaías en el capítulo 36 y 37. (2 Reyes 19, Isaías 37; 2 Reyes 20, Isaías 38).

La intención del Señor es enseñar a Su pueblo de quién es realmente la batalla y cómo podemos vencer, tal como lo hizo Ezequías. Al principio, el rey intentó resolverlo con sus propias fuerzas; sin embargo, pronto comprendió, junto al profeta Isaías, que la victoria no dependía de su capacidad humana. Determinaron que la batalla no era suya, sino que la batalla es del Señor.

Ezequías ascendió al trono a los 25 años y la Escritura destaca que lo primero que hizo, apenas en el primer año de su reinado, fue abrir las puertas del templo. Restauró el lugar de reunión, devolvió la presencia de Dios al pueblo y restableció las ofrendas, la adoración y la lectura de la Palabra. Hizo que la nación entera volviera sus ojos al Creador, porque sabía perfectamente dónde residía su verdadera fuerza: en YHWH, el Dios de Israel.

La Palabra relata cómo el rey de Asiria avanzaba implacable, tras haber derrotado a múltiples naciones que no pudieron hacerle frente. Incluso Israel, el reino del norte, había sido ya arrasado por su poder. Con esa misma intención destructora, el monarca se dirigía hacia Jerusalén y el pueblo judío. Ante esta amenaza, el rey Ezequías fortaleció al pueblo con una palabra poderosa: "Esforzaos y animaos; no temáis, ni tengáis miedo del rey de Asiria, ni de toda la multitud que viene con él; porque más hay con nosotros que con él. Con él está el brazo de carne, más con nosotros está Jehová nuestro Dios para ayudarnos y pelear nuestras batallas”, 2 Crónicas 32:7-8.

Si el pueblo mantenía su fe, la victoria era posible; pero si permitían que se la arrebataran, la derrota era inevitable. Una de las tácticas principales de Satanás en tus batallas es intentar robarte la fe; por eso, no debes ceder ni un milímetro.

 El rey de Asiria comenzó a sembrar duda en el pueblo diciendo: "No confíen en Ezequías. Yo los llevaré a una tierra mejor". Al ver que el pueblo escuchaba, insistió: "¿Acaso no saben cómo mis antepasados y yo hemos vencido nación tras nación? Ningún dios ha podido librarlos de mi mano, y el Dios de Ezequías tampoco lo hará". Su objetivo era claro: despojar al pueblo de su confianza. Para lograrlo, les hablaba en su propia lengua, el judaico, buscando intimidarlos directamente, además de enviar cartas amenazantes. De eso quiero hablarte hoy: de esas "cartas" que intentan intimidar tu fe.

 

La Reacción de Ezequías ante la Amenaza

Cuando el rey Ezequías recibió las cartas, las leyó, rasgó sus vestiduras y corrió al templo para extenderlas delante del Señor. Me lo imagino postrado sobre ellas, clamando con el alma quebrantada. En ese mismo espíritu, envió a sus consejeros, sacerdotes y ancianos —todos vestidos de cilicio y en llanto— a buscar al profeta Isaías con un mensaje urgente: "¡Clama! Clama por este remanente, porque nuestras fuerzas se han agotado, como la mujer que no tiene aliento para dar a luz".

Mientras todos clamaban esa noche, Dios respondió con una palabra profética. Amo la palabra profética porque es la victoria antes de la batalla; es la certeza de que todo está resuelto aun cuando el panorama sea oscuro. La promesa fue contundente: "El rey de Asiria no entrará en esta ciudad, ni disparará una sola flecha. Yo la protegeré y él regresará por donde vino, para morir en su propia tierra".

Ezequías permaneció en el templo, no solo clamando, sino dando gracias por la palabra recibida. Esa misma noche, el Ángel de Jehová —una manifestación gloriosa de Cristo— salió al campamento enemigo y derrotó a 185,000 soldados, incluyendo capitanes y grandes guerreros. El rey de Asiria tuvo que huir avergonzado y, mientras se postraba ante su ídolo, sus propios hijos le quitaron la vida. Tras esta victoria, Ezequías fue honrado con regalos y el pueblo trajo ofrendas al Señor. ¡Prepárense! Porque esto no es solo historia antigua; es la promesa viva de que Dios peleará por nosotros mientras nosotros reposamos en Él.

2 Reyes 19:14-15, 35 "Y tomó Ezequías las cartas de mano de los embajadores; y después que las hubo leído, subió a la casa de Jehová, y las extendió Ezequías delante de Jehová. Y oró Ezequías delante de Jehová...”, “Y aconteció que aquella misma noche salió el ángel de Jehová, y mató en el campamento de los asirios a ciento ochenta y cinco mil; y cuando se levantaron por la mañana, he aquí que todo era cuerpos de muertos”.

2 Crónicas 32:21 "Y Jehová envió un ángel, el cual destruyó a todo valiente y esforzado, y a los jefes y capitanes en el campamento del rey de Asiria. Volvió, pues, el rey a su tierra lleno de confusión, y entrando en el templo de su dios, allí sus propios hijos le mataron a espada”.


Cartas Modernas de Intimidación

Existen cartas que hoy siguen intentando intimidar nuestro espíritu: un mal diagnóstico, el desempleo, deudas asfixiantes, leyes contrarias, gobernantes perversos o crisis familiares. Son "cartas modernas" diseñadas con un solo propósito: robarnos la fe. Mientras tanto, el enemigo susurra al corazón: "No confíes en las promesas que el Señor te ha dado, ni en la palabra que has recibido".

No sé cuántos están enfrentando hoy estos reportes de caos en su economía, su salud o su hogar, pero hay algo aún más peligroso: cuando Satanás te hace creer que la prueba es tu culpa o que es Dios mismo quien te la envió. Si llegas a creer esa mentira, ¿cómo podrías acudir a Dios por ayuda? Es un engaño. El ladrón solo viene para matar, robar y destruir; pero Jesucristo vino para darnos vida, y vida en abundancia.

Otra de sus tácticas para debilitar tu fe es señalarte a otros que él ha vencido. Te dice: "Mira a fulano, que era mejor que tú y fue despedido; tú eres el próximo", o "Tu familiar murió de esto mismo, tú tienes los mismos síntomas". Pero la Verdad dice otra cosa: Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición para darnos libertad. Toda herencia de maldad fue derrotada en la cruz. No te dejes confundir, aunque el enemigo intente usar lenguaje religioso para turbar tu mente; su única intención es que sueltes tu fe para poder vencerte. ¡Pero en Cristo somos más que vencedores!

Juan 10:10 “El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”.

Gálatas 3:13 “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero)”.

Romanos 8:37 “Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó”.

Estrategias para Vencer

  • No respondas al enemigo: Senaquerib gritaba en judaico para sembrar terror, pero la orden de Ezequías fue clara: "No respondáis". Hay batallas donde nuestra mayor fuerza es el silencio. No pierdas tiempo argumentando; la guerra es de Dios.
  • Busca el respaldo espiritual: Ezequías envió mensajeros al profeta Isaías. Si tienes una carta intimidante, únete en oración con nosotros, hagamos un solo equipo, en un mismo cuerpo “El cuerpo de Cristo”, en un mismo Espíritu “El Espíritu Santo”.
  • Espera una Palabra Profética: Ven a la IglesiaETP y siempre encontrarás una palabra Rhema para tu vida, una palabra profética en el momento preciso. Durante la predicación, el Espíritu Santo deposita esa certeza en tu espíritu. Una sola palabra de Dios es la victoria antes de la batalla.
  • La Ofrenda como arma de guerra: La generosidad y cumplir nuestros votos son armas poderosas. Sacrificar alabanza y honrar a Dios con lo que tenemos desata liberación en el día de la angustia.

El Altar de la Victoria: Presentando las Cartas

Cuando recibas una carta que intente intimidarte, lo que debes hacer es traerla a la casa del Señor. Extiéndela en el suelo y dile: "Señor, mira lo que el enemigo está diciendo. Levántate y pelea, porque esta guerra es Tuya y no nuestra". Presenta esas cartas en el altar y espera con paciencia hasta que Dios te dé una Palabra, porque con esa sola Palabra derrotarás a tu enemigo.

Hoy vamos a orar por todas las cartas que nos acechan. No sé qué te ha susurrado el diablo al oído, pero sé esto: debes entregarle esa petición a Dios. Confía, espera en Él, y Él actuará. Recuerda lo que dice la Escritura: "Encomienda a Jehová tu camino, confía en él, y él hará".

Hago un llamado a los que necesitan oración hoy, a los que tienen cartas que los intimidan. Identifica ese reporte que el diablo usa para decirte que estás derrotado. “Exámenes médicos, amenazas, cartas legales, palabras de maldición declaradas sobre tu vida, tus hijos, tu familia, para presentarlas formalmente; pero hoy, comenzamos a clamar por ello. Presenta esa carta al Señor ahora mismo:


Oración de Poder

"Padre, en el nombre de Jesús, te pido que tomes estas cartas. Tú conoces lo que el enemigo ha querido sembrar sobre su salud, su futuro, sus sueños y sus metas. Tú ves las enfermedades, las deudas, los problemas económicos y las crisis familiares. No importa si son problemas legales, divisiones o divorcios; Tú conoces cada lucha horrible que están librando.

Yo te pido en el nombre de Jesús: ¡Levántate, Señor, y ruge! Ruge contra la adversidad en el nombre de Jesús y dales una victoria poderosa a cada familia. Atamos ahora mismo todo plan que se proponga contra ellos y lo echamos fuera. Levántate, Señor, y concédeles triunfos contundentes. Como Ezequías, presentamos estas cartas delante de Ti, porque eres el único que puede pelear esta batalla por nosotros. ¡Dales victoria total hoy y en cada batalla por venir! Te lo rogamos en el nombre de Jesús. Amén".

 

 


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