A cuatro años de la invasión a gran escala, el presidente Volodemir Zelensky aseguró que, pese a la devastación, Rusia no ha logrado quebrar la resistencia ucraniana. En un discurso acompañado de imágenes del conflicto, reiteró que el país continúa firme en su defensa. Desde Moscú, el vocero del Kremlin reconoció que los objetivos iniciales no se han cumplido, lo que confirma que la guerra se prolonga mientras continúan contactos diplomáticos sin avances concretos.
El coronel retirado Manuel Superville contextualizó que el conflicto no comenzó en 2022, sino en 2014 con la anexión de Crimea tras la salida de Viktor Yanukovych. Señaló que la guerra ha reconfigurado el equilibrio global: fortaleció a la NATO, incorporó a Finlandia y Suecia, y aceleró la fragmentación en bloques de poder. También generó impactos severos en energía y seguridad alimentaria, especialmente en Europa y África.
En el plano militar, Rusia apuesta al desgaste prolongado, mientras Ucrania ha mostrado capacidad de adaptación con el uso intensivo de drones y nuevas tácticas. Superville advirtió que el desenlace sigue siendo incierto y que el conflicto podría extenderse, con altos costos humanos y económicos para ambas partes. La posibilidad de un acuerdo depende no solo del campo de batalla, sino de presiones internas y del equilibrio estratégico internacional.
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