Charlas Iglesia ETP | Pastores Luis Salas y Jeannette Noguera, Iglesia ETP

Gálatas 4:29 "Pero como entonces el que había nacido según la carne perseguía al que había nacido según el Espíritu, así también ahora. "


 Quiero invitarlos a analizar la historia y meternos en la intimidad de una de las familias más conocidas de la Biblia: La familia de Abraham y Sara:

Dios les había dado una gran promesa, pero los años pasaban y nada que se cumplía. Así que, en medio del desespero, decidieron hacer lo que muchos de nosotros hacemos hoy en día: intentar "ayudarle" a Dios con una solución puramente humana.

De esa decisión nace Ismael. Fue un hijo producto de la carne, del afán y de la lógica humana, no del diseño del Espíritu. Sara y Abraham armaron una solución que, por encima, parecía resolver el problema, pero que en el fondo era frágil y trajo mucho dolor tanto en la vida de Sara como también en la vida a Agar. Construyeron una solución "de cartón". Y las consecuencias de intentar forzar las cosas en sus propias fuerzas, en lugar de esperar la promesa de Dios, generaron conflictos familiares tan profundos que aún en el día de hoy podemos ver las consecuencias.

Precisamente sobre este contraste entre lo que hacemos en nuestras fuerzas y lo que Dios hace a través de su Espíritu, es que el apóstol Pablo nos habla hoy en su carta a los Gálatas: "Pero como entonces el que había nacido según la carne perseguía al que había nacido según el Espíritu, así también ahora." — Gálatas 4:29 (RVR1960)

Es interesante ver los dos planos que el apóstol Pablo propone para llevar a los gálatas a reflexionar; los lleva a analizar cuándo algo proviene del Espíritu y cuándo algo proviene de la carne.

Por eso, me centré en este pasaje para estudiar un poco a esta familia, ya que el apóstol Pablo la trae a colación. Vamos a revisar los peligros que amenazan a las familias, esos desafíos por los cuales todos atravesamos en estos tiempos.

A menudo nos enseñan cómo construir una familia, cómo formarla y cómo convivir en ella, pero solemos perder de vista los errores que nosotros mismos generamos. A veces queremos que nuestras familias mejoren y sean transformadas, pero los cambios que proponemos son meramente humanos; y cuando son de origen humano, lastimosamente no son permanentes, sino pasajeros.

Lo explico de esta manera: si intentas imponer reglas en tu hogar motivado por la ira, el resentimiento o el mal carácter, tal vez consigas resultados temporales, pero no lograrás un cambio real. Podrás infundir temor, pero nunca una verdadera transformación. Y cuando escudriñamos la Palabra para entender por qué sucede esto, descubrimos una gran verdad que hoy quiero compartir contigo y con todas las familias que me escuchan: la única forma de que un hogar sea verdaderamente transformado es a través del Espíritu Santo.

Podemos acumular riquezas, alcanzar un alto nivel educativo, tener prestigio social o mucho reconocimiento, pero hoy vengo a decirte que la única manera de edificar una familia sólida es mediante el poder del Espíritu Santo.

Si deseas tener una buena familia, necesitas a Cristo. Todo lo demás es bienvenido (los recursos económicos, que tus hijos estudien en un excelente colegio o en una gran universidad), pero absolutamente nada podrá reemplazar la presencia de Dios en un hogar. Cuando permites que la presencia de Dios reine en tu casa, tendrás una familia bendecida para Su gloria. Si Cristo está en la casa, la familia avanza. Cuando Cristo gobierna el hogar, este trasciende hacia el propósito que Dios ha trazado para él. 


A la manera de Dios o a mi manera

Ahora, ¿qué pasa cuando los cambios y la transformación en una familia no nacen del Espíritu? Entonces provienen de tus opiniones, provienen de tu crianza. Muchas veces decimos: "Es que así me criaron a mí". Entonces, como tu papá cogía un palo, tú ya también tienes un palo; y como tu mamá tenía una chancla, tú también andas por ahí armado con una chancla en la cintura porque así te criaron. 

Hoy no vine a hablarte de tu crianza, hoy vine a hablarte del poder del Espíritu de Dios para que transforme a la familia. No vine a hablarte de lo que viviste en los tiempos de tus abuelos, vine a decirte que Dios está interesado en tu familia para traer una transformación a través del Espíritu, y no por métodos humanos.

Cuando permites que Cristo intervenga en tu familia, entonces ya no serán tus opiniones ni tus emociones las que manden, porque actuar bajo nuestras emociones hace que, en lugar de arreglar las cosas, empeoren mucho más. Lo que nace de la carne se daña, pero lo que es del Espíritu permanece. Por eso te decía que esos cambios que hacemos en nuestra carne, si son normas, están muy bien, pero hay que ungirlas con el Espíritu Santo en oración, hay que pedir que Dios nos guíe y nos hable para que las cosas realmente puedan mejorar, porque cuando lo haces solo a tu manera, el hogar va por un camino en cierta temporada y por otro muy distinto en otra.

Veo en la Biblia que el apóstol Pablo menciona a Isaac y a Ismael para hacer el paralelo entre cuando Dios mete la mano y cuando el hombre mete la mano. Si hemos traído al psicólogo para que nos ayude en casa, no está mal. Si hemos acudido al médico, no está mal; o al arquitecto... Hacemos tantas cosas por nuestra casa en lo físico, en la estructura, en lo mental y en lo emocional. Pero hoy vine a decirte: invita a Cristo a que viva en tu casa, no solo a que la visite. Cuando Cristo vive en la casa, a la casa le va bien, es bendecida, los hijos son bendecidos, el matrimonio es bendecido. No a tu manera, sino a la manera de Dios.

Como un ejercicio pedagógico y para que lo recuerdes, quiero que lo pienses así: vamos a definir si en nuestra casa estamos haciendo las cosas a la manera de Dios o a tu manera. Tenemos la tendencia a querer hacerlo a nuestra manera, nos gusta, entonces nos imponemos y decimos cosas como: "¡Aquí se va a hacer así!". Ese tipo de actitudes demuestran que en esa casa se están haciendo las cosas a tu manera. Y hoy te estoy hablando de hacerlas a la manera de Dios. 

 

El Gobierno del Espíritu en el Hogar

Cuando estaba estudiando un poco la historia de Isaac e Ismael, yo decía: "Señor, ¿cómo es posible que estos dos nunca pudieron estar en paz?". Ismael venía de un actuar de la carne, y ese actuar siempre terminó persiguiendo a lo que venía del Espíritu. Cuando en una casa no se le entrega el gobierno a Dios para que el Espíritu de Dios la gobierne, entonces otras cosas comienzan a gobernar: no gobierna el Espíritu de Dios, gobierna tu temperamento; no gobierna el Espíritu de Dios, gobiernan tus ideas o lo que tú quieres.

Hoy vengo a decirte que, cuando el Espíritu Santo está en tu vida, lo que va a gobernar no son tus deseos, sino los frutos del Espíritu Santo. Podrás tener amor por tus hijos, habrá gozo y paz en el entorno. Ve, estudia los frutos del Espíritu, y te darás cuenta de lo que es una verdadera familia y una verdadera casa. Porque cuando una familia se construye sin Dios, termina luchando contra lo que viene de Dios.

A una familia que no está construida por el Señor no le gusta orar, porque eso viene del Espíritu. No le gusta hacer el devocional, porque eso viene del Espíritu. No le gustan las normas ni hacer lo correcto, porque eso viene del Espíritu. Entonces los hijos quieren entrar a la hora que les da la gana a la casa, porque eso no viene de Él, viene de cómo se está manejando nuestra casa según la carne. "Es que todos los amiguitos en el colegio...", para ahí. "Es que en la universidad se hace...", pero es que nuestra casa no puede estar diseñada bajo los rudimentos de la carne, sino bajo la guianza del Espíritu Santo.

¡Mete a Dios a tu casa, por favor! Mete a Dios a tu dormitorio, a tu habitación, a la cocina y en el entorno. "¿Pastor, pero cómo hace uno eso?". Entras a la cocina y, en lugar de estar renegando por el pescado que te toca hacer, dale gloria a Dios por esa sardina que estás pelando ahí. En lugar de estar renegando en el ropero diciendo "no tengo nada que ponerme", dile: "Señor, gracias por estos trapos que me diste". Te pones lo que Dios te dio, y busca en internet cómo combinar 58 veces esa blusa, y empiezas a disfrutar en cada rincón de tu casa la presencia de Dios.

Si tu casa está gobernada por el Espíritu de Dios, te vas a dar cuenta de que ahí hay bendición. Si tu casa está gobernada por la carne, es una casa llena de peleas, de envidias, de malos comentarios y de hacer lo que no se debe hacer. Lastimosamente, el estar en familia no significa que estás construyendo familia. Hay personas que piensan que porque todavía viven juntos, entonces son familia; a veces viven juntos, pero hace mucho tiempo dejaron de serlo ...hogar hay, si se ha roto y se ha deshecho, ¿qué hay que hacer? Clamar por la presencia del Espíritu Santo, porque Él puede hacer que nazca del Espíritu lo que un día la carne mató. 

Escúchame bien: si tu hogar está sostenido por principios que están meramente en la carne, lo que tú tienes es un Ismael en la casa. Y si tú quieres, hoy mismo el Señor puede intervenir para que no sea Ismael, sino Isaac; es decir, la bendición de Dios sobre tu casa, tu matrimonio, tus hijos y tu entorno. Pero tienes que obedecer la Palabra de Dios. 

Pregúntate hoy:

  • ¿Cómo está mi casa, bajo parámetros humanos o parámetros espirituales? Cuando una familia se construye correctamente, va a tomar como manual de construcción la Palabra de Dios. 
  • ¿Qué tanto ama tu familia la Palabra de Dios, cuántas veces nos han visto los hijos declarando la Palabra de Dios o han visto que oramos por ellos, colocando las manos en sus mentes y proclamando la bendición de Dios? Esos son los principios espirituales.
Pensando un poco en la familia, veo cómo el yugo desigual que había entre Isaac y la vida de Ismael empezó a dañar todo. A veces pensamos que yugo desigual es simplemente casarse con una persona que no es cristiana; Si hoy estás viendo que en tu casa hay rivalidades, problemas y tristezas, te tengo la solución: mete a Cristo en tu casa y te darás cuenta de que mejora, porque donde está Cristo hay bendición. Dice la Palabra que donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad. 2 Corintios 3:17 (RVR1960).

"Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad." 

¿Quieres libertad para tu casa? Pídesela a Cristo. Si quieres que a tu casa le vaya bien, necesitas que Cristo esté en ella.


El Esfuerzo Humano vs. La Promesa de Dios

Lo primero que encuentro en este paralelo es que, si se construye con esfuerzo humano, no nos va bien. Una familia construida de forma incorrecta solo se genera desde el esfuerzo humano, desde el trabajo, y por eso decimos: "Es que tú no ves que yo trabajo".

Vamos a ver un poco qué fue lo que pasó en la Biblia. En Génesis 16:2 (RVR1960) dice: "Y dijo Saraí a Abram: Ya ves que Jehová me ha hecho estéril; te ruego, pues, que te llegues a mi sierva; quizá tendré hijos de ella. Y atendió Abram al ruego de Saraí". Abraham ni corto ni perezoso aceptó la propuesta. Pero el Señor había hecho una promesa, y la promesa se llamaba Isaac, no Ismael.

¿Qué me muestra esto? Que nosotros en la familia podríamos tener esta tendencia de hacer las cosas a nuestra manera. A veces queremos alcanzar con esfuerzo humano lo que solo es posible con la bendición de Dios, y cuando intentas eso, sale mal. Si quieres en tus fuerzas tener una buena familia, sale mal. Si quieres tener buenos hijos pero solo con tu conocimiento ("yo sé cómo criar hijos"), eso no sale bien. El Señor les dice a Abraham y a Sara que les dará una descendencia como la arena del mar, pero veo que Sarita se desespera.

¿Qué me enseña esto? Si hay algo que debemos aprender como familia, es a esperar. A tener paz en la promesa que Dios nos ha dicho, y paciencia en los procesos que Dios ha establecido. Debemos enseñarles a los hijos a tener paciencia y a que aprendan de los procesos, no les podemos dar todo ni cumplirles los caprichos, los hijos tendrán que aprender en algún momento lo que es el "no", porque si no se lo enseñas tú en la casa, la calle se lo va a enseñar de forma incorrecta, no criemos a nuestros hijos con esfuerzo humano, si lo hacemos, todo termina mal.

Vamos a enseñar a nuestra familia que hay procesos de Dios. Mira lo que pasó por no esperar: llega Sarita, manda al esposo a que cometa adulterio, él va y se acuesta con la muchacha, ella tiene un hijo y se forma un despelote. Ya la sierva miraba mal a la patrona, la patrona pide que saquen al niño de ahí, Abraham no sabe qué hacer y los tira al desierto. Todo se vuelve un problema porque metieron solamente el esfuerzo humano. 

 

Ríndete al Proceso de Dios

No fuimos llamados a buscar en nuestras propias fuerzas lo que solo Dios puede hacer. ¿Cuántas veces quieres cambiar a un hijo y no es posible? ¿Cuántas veces quieres cambiar al esposo? Y entonces alegas, peleas, le dices, lo comparas, le mandas prédicas, videos y frases. En el fondo, no quieres que él se admire, sino que alguien le diga lo que tú no le puedes decir. Eso no va a cambiar a ningún esposo, porque a un esposo solo lo cambia el poder del Espíritu Santo.

En lugar de estar cantaleteando, ve, arrodíllate y pídele al Espíritu Santo que toque esa vida. "Pastor, es que mi esposa es muy difícil, muy celosa". ¿Crees que la vas a cambiar con indiferencia, sin hablarle o estando enojado todo el día? Eso no cambia a nadie, solo crea heridas más profundas. Cuando vas a la presencia de Dios y le dices: "Señor, ya no me aguanto a (coloca el nombre)... pero Tú me enseñaste en la Palabra que no es con esfuerzo humano", las cosas cambian. De hecho, la Biblia dice en: 

Zacarías 4:6  "No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos".

¿Quieres que a tu familia le vaya bien? Tienes que permitir que no sea con tu esfuerzo, que sea Dios colocando la mano y guiando el camino. Sarita guio el camino y todo se dañó, porque Dios ya había trazado una ruta. No te salgas de la ruta que Dios trazó para ti y para tu familia, no fuimos llamados a mirar si el plan de Dios nos gusta; debemos seguir Su plan, habrá momentos en los que tendremos que llenarnos de paciencia, momentos donde Dios permitirá que en casa no solo vayamos a reír sino también a llorar, esos son procesos en los que Dios nos permite entrar para que desarrollemos carácter.

No permitamos que lo de la carne venga e invada al Espíritu, lo de la carne es como una maleza que va creciendo y, sin darnos cuenta, va llenando terreno y nos lleva a actuar de forma incorrecta. Abraham y Sara se desesperaron, querían la promesa ya, pero te recuerdo algo: todo lo que no nace de esperar en Dios, termina mal, para que Dios obre, debes dejar que Él sea el que actúe, ya que cuando tratas de hacerlo a tu manera, recurres a tu humanidad. 

 

Cierra la Puerta a la Carne

El Espíritu de Dios quiere entrar a tu casa, pero a veces hay tanta humanidad y orgullo en nosotros que le hemos cerrado la puerta a Dios y se la abrimos al egoísmo y a la pelea. Cierra la puerta a la carne y abre la puerta al Espíritu. Que tu casa no sea un Ismael, producto de un esfuerzo humano. Que no pienses "todo esto lo alcancé yo", sino que en casa puedas decir: "Todo lo que tengo es gracias a Dios". 

¿Será que nos hemos confiado del esfuerzo humano y estamos queriendo forzar a nuestra familia a un ritmo que Dios no ha colocado? No se trata de imponer algo, se trata de construir juntos.

Sé que tal vez aquí hay hombres que crecieron con muchísima hostilidad, y mujeres que fueron maltratadas y enseñaron a través de la fuerza a defenderse. Pero te digo: cuando naces del Espíritu, es otra cosa. Cuando intentas imponer fuerza, el Espíritu se aleja, pero cuando tomas los principios y le pides al Señor que te dé sabiduría, eso no hiere ni daña, eso forma y bendice. Dios te va a dar la sabiduría para levantar hijos y tener un buen hogar, pero que no sea de la carne, sino del Espíritu de Dios. Lo que viene del Espíritu trae vida, salvación y paz. 

 



La Gracia para Volver a Construir

Un hogar no se construye sin el poder del Espíritu de Dios. La palabra dice que Isaac fue perseguido por Ismael (de allá viene el conflicto que ves hoy en Palestina e Israel),  Ismael, nacido del esfuerzo humano, empezó a perseguir a Isaac, que había nacido del Espíritu.

  • Abraham empezó construyendo bien en el Espíritu, y terminó construyendo en la carne, no te confíes porque empezaste bien; se trata de seguir construyendo bien. 
  • En el camino, Abraham se desvió, le metió la carne: “su idea y el consejo de Sara”, y ahí fue donde todo se echó a perder. En mi esfuerzo humano puedo iniciar cosas, pero si no vienen de los planes de Dios, no podré sostenerlas. 
  • A Abraham se le volvió insostenible en su familia ese desarrollo que él creyó que sería la forma de alcanzar la promesa:
     
    • ¿Cuántas cosas en nuestra casa se están saliendo del foco porque insistimos en que se van a hacer a nuestra manera? 

    • ¿Qué estoy haciendo en mi casa: Un Ismael o un Isaac? ¿La promesa de Dios o el esfuerzo humano? 

    • ¡Cuidado que tu noviazgo o tus resultados no den a luz un Ismael por sacar a Dios de la ecuación!
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Una buena familia no es el resultado de tu capacidad, sino del poder de Dios en ti. Si crees que una buena familia es resultado de ser muy inteligente, te cuento que he conocido grandes hombres de Dios, predicadores santos con esposas bellas, que tienen hijos perdidos. Así que no pensemos que es mérito propio. La única forma de ver hijos que caminan bien es diciéndole: "Señor, eso solo es gracias a Ti".

Y si tal vez tú dices: "Mis hijos se apartaron, fallé, siempre lo imponía a mi manera y con mi fuerza", no importa, aquí está el Señor hoy para decirnos que nunca es tarde para volver a empezar a construir. Tal vez cometimos errores y no lo hicimos bien en muchos momentos, pero el Señor siempre nos da otra oportunidad. Con Abraham lo hizo: "Ya hiciste tu rollo en tus fuerzas con Ismael, ya vi al muchacho llorando en el desierto, a él también lo voy a bendecir". 

Te tengo una buena noticia: todo lo que hicimos creyendo que estaba bien pero fue un error, la misericordia de Dios es tan grande que hoy te dice: "También te voy a echar una mano y te voy a mostrar mi gracia". El amor de Dios alcanza aún para nuestros errores. 

¿Cómo estás construyendo tu familia? Isaac representa lo que Dios hace, pero Ismael representa lo que el hombre produce. Cuando Dios no es el centro de una familia, el caos no es una posibilidad, es su destino.

No sé si vas rumbo al caos porque lo estás haciendo solo a tu manera, bajo tus propios rudimentos, El Señor viene y te dice: si quieres, lo sigues haciendo a tu manera, causando estragos y distanciando a los tuyos; o si gustas, me entregas tu familia, me dejas gobernar, te enseño cómo es y podrás tener una familia que me honre. Y entonces, terminaremos diciendo como la Palabra: "…pero yo y mi casa serviremos a Jehová." Josué 24:15.


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