“Un nuevo censo que identifique la ciudadanía frenaría el abuso permanente de las ciudades santuario”, afirmó Erick Fajardo, Máster en Comunicación y Gobernanza, en el programa Cada Tarde, donde analizó el trasfondo político de la propuesta de Donald Trump sobre el censo nacional.
Durante la entrevista, Fajardo subrayó que el objetivo de Trump no es solo demográfico, sino profundamente estratégico: “La intención de Trump está dirigida a la dimensión política. El censo define la población, pero también cuántos representantes, senadores y autoridades locales tiene un estado. Sus efectos multiplicadores son infinitos.”
Fajardo advirtió que el manejo poco riguroso del registro poblacional en las ciudades santuario permite que personas sin estatus migratorio claro accedan a documentos que luego pueden ser utilizados para votar: “Hay ciudades que han entregado identificaciones incluso a personas que no tienen ni permiso de trabajo ni parole. Eso abre la puerta a sufragar, a veces sin saber en nombre de quién.”
El experto también hizo una diferenciación crítica entre los verdaderos “indocumentados” y las personas en transición migratoria: “No todo el que está en Estados Unidos sin estatus definido es ilegal o indocumentado. Hay ciudadanos en transición con documentos legales como el I-130, el parole, solicitudes de asilo o refugio. Solo una parte entra en la categoría EWI: quienes entraron sin inspección y no figuran en ningún registro.”
Respecto a los riesgos para la democracia, Fajardo fue contundente:“¿Qué impide que una ciudad que ya permitió votar en elecciones locales a personas sin estatus migratorio regular lo amplíe a elecciones estatales o federales? Nada. Ahí entra la necesidad de un censo que determine con claridad quién es ciudadano y quién no.”
Finalmente, trazó un paralelo entre estas prácticas y las estrategias del socialismo en América Latina:
“El socialismo del siglo XXI se especializa en recartografiar el territorio electoral. Donde hay menos, hacen ver que hay más. Inflan zonas donde saben que tienen control ideológico. Lo vimos en Venezuela, Bolivia… y eso es lo que Trump quiere evitar.”