El caso Kilmar Ábrego expone la narrativa de la izquierda: defender a un migrante que encarna lo ilegal, lo conflictivo y lo paralegal. No es la defensa del migrante en general, sino de un arquetipo funcional a un modelo de Estado que justifica excepciones y dobles estándares. Para Erick Fajardo, analista y consultor legislativo, este es el símbolo del migrante convertido en cliente político, movilizable en las calles y enfrentado a la República misma.
Ese es el migrante que sirve y que necesitan. Es el migrante que justifica leyes de excepción y valida la creación de dobles estándares. El Estado republicano clásico descansa en la igualdad ante la ley, en que no hay privilegios ni exclusiones. El Estado de lógica marxista, en cambio, comienza creando categorías especiales: la etnicidad, la ascendencia o la condición migratoria se convierten en excusas para suspender la aplicación igualitaria de la norma, explica Fajardo.