La Paradoja de la Vida
A esto se le conoce como la paradoja de la vida: el hecho de que todos nosotros, aunque tenemos muchas cosas buenas, también tenemos cosas malas. Es una realidad que debemos aceptar. Gloria a Dios por lo bueno que hay en nosotros, pero a veces también sale lo malo, y eso termina complicándonos la existencia y trayendo tristeza a nuestro corazón.
Cuando nos damos cuenta de que actuamos en contra de nuestros principios bíblicos, de nuestros valores, sentimos un peso en el alma. Ese sentimiento de tristeza es útil, porque nos avisa que algo anda mal. Sin embargo, no basta con sentirnos mal o reflexionar por un momento; tenemos que ir más allá. La verdadera reflexión sirve para conocernos a fondo y detectar qué cosas debemos sacar de nuestra vida de inmediato. Hay cosas que nadie va a quitar por nosotros; nos toca a nosotros mismos removerlas.
La Biblia dice que seamos transformados en nuestra manera de pensar por medio del Señor, Romanos 12:2 (RVR1960): "No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta." Entonces, la transformación genética que va a ocurrir hoy es que Dios va a empezar a darle forma a tu genética de acuerdo a cómo Él la diseñó para cada uno de nosotros.
Romanos 5:12: "Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron."
El diseño de Dios para ti era que no tuvieses enfermedad; Dios no diseñó la enfermedad. La enfermedad es el resultado de la rebeldía, del pecado y de la desobediencia. Dios diseñó un hombre inmune a todo, en condiciones perfectas, que no conocía la muerte. Pero la enfermedad y la muerte entraron al hombre y se modificó la genética.
El Diagnóstico Genético
Tus hijos son el resultado de lo que tú eres y ellos heredan lo que tú cargas, la genética que hay en tus hijos es tuya, cada embarazo tiene una consulta obligatoria de genética. Te sientas con un genetista y empieza a hacerte un cuestionario de vida: mamá, papá, abuelo, tío... El médico no pregunta por tus gustos, pregunta por tu árbol: "¿Hay diabéticos? ¿Asmáticos? ¿Hipertensos?”. El médico sabe que tu hijo, por ser tu hijo, es proclive a padecer todo lo que hay en el historial familiar, buscan hasta el grupo sanguíneo y el factor.
La Bíblia registra la crisis en el ADN, tres generaciones enfrentaron exactamente el mismo muro para que la promesa no naciera: El Pueblo de Israel.
- Sara: "Mas Sarai era estéril, y no tenía hijo." (Génesis 11:30)
- Rebeca: "Y oró Isaac a Jehová por su mujer, que era estéril; y lo aceptó Jehová, y concibió Rebeca su mujer.” (Génesis 25:21)
- Raquel: "Y vio Jehová que Lea era menospreciada, y le dio hijos; pero Raquel era estéril." (Génesis 29:31)
No era cuestión de medicina, era un ataque a la promesa que Dios dió, el enemigo no ataca a la mujer, sino a la semilla. Tres generaciones con el mismo problema no es coincidencia, es un "patrón de bloqueo”.
Si en tu familia los proyectos se mueren o nada da fruto, estás ante este ADN. ¡Pero la intercesión de un Isaac rompe el ciclo! Esa expresión sale de un momento clave en el libro de Génesis que marca la diferencia entre simplemente "heredar un problema" y "decidir cambiar la historia" a través de la oración. Génesis 25:21: "Y oró Isaac a Jehová por su mujer, que era estéril; y lo aceptó Jehová, y concibió Rebeca su mujer.”
La Raíz que te Sustenta y el Refrán del ADN
Tu pasado está saturado de errores, pero la pregunta hoy no es lo que hiciste, sino qué le vas a dar a tus hijos, por eso te digo que no seas arrogante con tus raíces porque, mira lo que dice Romanos
11:18 (RVR1960): "no seas arrogante para con las ramas; pero si eres arrogante, recuerda que tú no eres el que sustenta la raíz, sino que la raíz es la que te sustenta a ti".
Somos el resultado de lo que nuestros padres fueron, y a veces miras a tu familia y piensas si te hubieran dado el derecho a elegir qué sacar de cada uno, como los ojos del abuelo o el cuerpo de la abuela, pero la realidad es que no puedes cambiar lo que te sostiene y muchas veces queremos corregir cosas que no se pueden corregir de manera normal. Queremos cambiar a nuestros hijos a golpes, a gritos o a maltratos, y no se puede, queremos que sean de una manera y no lo logramos porque lo que los sustenta a ellos es su genética.
Dime, ¿a cuántos se les ha ido la mano corrigiendo?, porque a veces empiezas hablando y terminas golpeando o gritando, pero ten cuidado cuando tu alma desea matar algo, porque queremos cambiar la genética a golpes pero hay una herencia no escrita que se activa en ellos. A veces odiamos lo que vemos en nuestros hijos porque sabemos que nosotros fuimos los que se lo dimos, y en el fondo odiamos lo que dimos, pero escucha bien: la única manera de transformar los genes es a través de la sangre del Cordero inmolado, porque Él es quien mete en nosotros la genética divina y destruye la humana.
Nadie era más experto en genética, cuando esta ni siquiera era una ciencia, que la Palabra de Dios, y por eso en Ezequiel
16:44 dice: "He aquí, todo el que usa de refranes te aplicará a ti el refrán que dice: Cual la madre, tal la hija”, de tal palo, tal astilla, y mira lo que sigue en Ezequiel
16:45 (RVR1960): "Hija eres tú de tu madre, que desechó a su marido y a sus hijos; y hermana eres tú de tus hermanas, que desecharon a sus maridos y a sus hijos; vuestra madre fue hetea, y vuestro padre amorreo".
Aquí la Biblia habla de una genética de rechazo familiar, de decir "no quiero esposo, no quiero hijos", lo cual es una herencia de irresponsabilidad y abandono, pero debes entender que casarse es igual a ser responsable.
Tus hijos no van a ser responsables viendo a un padre irresponsable, porque atender a un hijo no es solo darle ropa y comida, sino que es sentarte a dialogar, es jugar, es llevarlo a la cama para arroparlo y enseñarle que antes de dormir hay que orar, para que ese niño se duerma con el último recuerdo del día, el beso de su padre.
La Elección Personal: Rompiendo el Ciclo
A veces el enemigo usa tu genética en tu contra, pero tú eres responsable de cambiar la historia, si en tu familia vienen de divorcios, pelea por tu matrimonio. Si en tu familia nadie está casado, sé tú el primero que en marcar la diferencia haciendo un hogar conforme a los principios que el Señor enseña en Su Palabra.
José decidió no ser el mismo mentiroso que su papá Jacob, su abuelo Isaac y su bisabuelo Abraham. Abraham mintió en Egipto, Isaac mintió en Egipto, Jacob fue un engañador. Pero cuando José llegó a Egipto, no mintió, recuerda que la integridad es una decisión, no una herencia: Génesis 43:33: "Y los sentaron delante de él, el primogénito conforme a su primogenitura, y el más joven conforme a su juventud; y los hombres se miraban unos a otros con asombro.” José sentó a su familia a la mesa y le dijo al Faraón: "esta es mi familia”., rompió el ciclo de la mentira por elección.
La Importancia de Arrancar el Problema de Raíz
Para que un cambio en nuestra vida sea real, no podemos conformarnos con arreglar solo lo que se ve por fuera; tenemos que ir a la profundidad y "desarraigar" lo malo. Si hay algo en nuestra raíz que nos está alimentando con veneno, eso terminará afectando nuestro crecimiento espiritual, nuestra paz y nuestra unción. No sirve de nada solo cortar una rama seca o quitar un fruto podrido; si la raíz sigue ahí, el problema volverá a brotar. No basta con cortar el tronco y dejar la raíz escondida bajo tierra, porque la Palabra de Dios nos enseña un principio en Job 14:7-9: "Porque si el árbol fuere cortado, aún queda de él esperanza; retoñará aún, y sus renuevos no faltarán. Si se envejeciere en la tierra su raíz, y su tronco fuere muerto en el polvo, al percibir el agua reverdecerá, y hará copa como planta nueva."
Este pasaje nos dice que, mientras la raíz esté viva, el árbol tiene la capacidad de volver a desarrollarse y crecer con una copa inmensa al sentir el "olor del agua". Esto, que es una promesa hermosa para nuestra restauración, también nos advierte sobre lo malo: si no sacamos la raíz del problema por completo, tarde o temprano volverá a tomar fuerza en nuestra vida. Por eso es vital que entendamos la importancia de desarraigar aquello que nos detiene.
Herencia Vertical y Horizontal: ¿De dónde viene lo que nos afecta?
Quiero compartirles algo que me impactó mucho en la Biblia: existen dos formas en las que somos influenciados. Por un lado, tenemos la herencia vertical, que es la que recibimos directamente de nuestros padres y abuelos. Pero también existe la herencia horizontal, que representa a esos acciones que ejecutamos por nosotros mismos o por lo que recibimos a través de nuestro recorrido por la vida con los que nuestras raíces se han amarrado y entrelazado a lo largo del tiempo.
A veces, lo que nos está afectando no viene directamente de nuestros progenitores, sino de esas conexiones horizontales, ya que muchas veces no es lo que traes en la sangre de tu s ascendientes, sino con quién has 'enredado' tus raíces en el camino. Sin embargo, tenemos una promesa poderosa en la que podemos descansar, pues nuestro Señor Jesús nos dice en Mateo 15:13: "Pero respondiendo él, dijo: Toda planta que no plantó mi padre celestial, será desarraigada.”
Esta es una garantía para cada uno de nosotros: Todo aquello que no fue puesto en nuestra vida por la mano de Dios —ya sea que venga por herencia directa o por influencias de otros— tiene que ser arrancado de raíz por el poder del Padre.
El Poder de la Sangre de Cristo sobre nuestra Herencia
Cuando hablamos de nuestra vida, estamos hablando de semillas que han sido sembradas en nosotros. Cada semilla lleva una información, una especie de "código" que define cómo nos comportamos o qué cargamos. Si miramos nuestro árbol genealógico, podemos ver lo que nos heredaron nuestros padres directamente (lo vertical), pero también aquello que se sembró en nosotros a través de otras influencias o vivencias (lo horizontal).
Aunque el enemigo ha intentado atacar esas semillas a través de la contaminación, la mezcla o la manipulación de nuestra naturaleza, hay una verdad mucho más grande: el Señor Jesús tiene el poder de cambiar nuestra genética espiritual. Su sangre no es como la nuestra; es una sangre limpia, pura y perfecta que trae la información directamente del cielo. Esa sangre es el recurso legal que Dios usa para limpiarnos por completo. Al aplicar la sangre de Cristo, recibimos una nueva naturaleza que tiene el poder de anular cualquier herencia negativa y transformarnos desde lo más profundo de nuestro ser.
Hoy la ciencia habla de cromosomas y enfermedades genéticas, pero nosotros hablamos de fe. El pecado y las enfermedades pueden intentar perseguirnos a través de los genes, pero tenemos una promesa mayor: el Señor de los cielos garantiza que toda semilla que Él no sembró será arrancada de raíz. ¡Esa herencia ya no tiene derecho legal sobre tu vida ni sobre la mía!
El Momento de la Verdad: Ministración y Ruptura de Cadenas
1 Pedro 1:18-19: "Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación. "Hoy toma la elección de hacer cambios radicales. Toma de la mesa del Señor y dile a tu genética: "Tú vas a ser transformada por la obra del Espíritu Santo”.
Cierra tus ojos un momento y mírate en el espejo de la Palabra, porque hoy Dios no te confronta para avergonzarte, sino para liberarte.
Mírate a ti mismo y mira a tus hijos, y si has identificado ese patrón o ese ciclo repetitivo de divorcio y de destrucción familiar, de ruina y de escasez, ese ADN de enfermedad, esa lengua mentirosa que cargaba tu abuelo o ese espíritu de abandono que marcó a tu madre, hoy es el día de detenerse. Hoy no vamos a pelear a gritos ni a golpes en nuestro hogar, en nuestra familia ni con nuestros hijos, sino que vamos a ir a la raíz, porque hoy se levanta un intercesor en esta casa que decide que la historia familiar cambia para siempre.
"Padre Celestial, hoy me pongo en la brecha por mi linaje y por mi descendencia, reconociendo que mi pasado ha estado saturado de errores y que he portado una genética de pecado que no te agrada. En este momento, bajo la autoridad de Tu Palabra, yo renuncio a toda herencia de vana manera de vivir que recibí de mis padres y de mis antepasados.
Corto de raíz, por el poder de la Sangre de Cristo, toda cadena de esterilidad, todo ciclo de divorcio y toda marca de abandono que ha perseguido a mi familia por generaciones. Declaro que el 'refrán' de Ezequiel se rompe en mi casa, y que ya no se dirá más 'cual la madre, tal la hija', porque ahora mi familia tiene un nuevo diseño, el diseño de la Gloria de Dios.
Señor, mientras nos preparamos para Tu Mesa, te pido una transfusión espiritual de Tu Sangre en nuestro ADN. Limpia nuestras venas del orgullo, de la lascivia y de la irresponsabilidad, y deposita en nosotros la genética de la santidad, de la verdad y del amor. Yo bendigo a mis hijos y declaro que ellos no cargarán con mis deudas espirituales, sino que ellos son de bendición, con sus hogares íntegros y sus corazones encendidos por Ti.
¡Se rompe el código del pasado y se establece el Reino de Dios en mi genética! En el nombre poderoso de Jesús, ¡Amén!"