El Departamento de Energía de Estados Unidos anunció este jueves un levantamiento parcial y específico de las restricciones sobre el petróleo venezolano almacenado, en el marco de las negociaciones que la Casa Blanca mantiene con el gobierno venezolano. Según el comunicado oficial, esta medida permitirá que el crudo pueda comercializarse a precio de mercado a través de intermediarios internacionales y bancos supervisados, garantizando que los ingresos se utilicen para el beneficio del pueblo venezolano y no pasen por manos del régimen.
Para analizar el alcance y las implicaciones de este anuncio, el programa Cada Tarde entrevistó a Jorge Piñón, investigador del Instituto de Energía de la Universidad de Texas y experto con más de 30 años de experiencia en compañías petroleras como Shell y British Petroleum.
“Lo más importante es que ahora se permite vender ese crudo a terceros países, como España o Francia, siempre que los ingresos queden bajo supervisión de Estados Unidos. Inicialmente se pensaba que todo el petróleo debía llegar a Estados Unidos, lo que habría generado graves problemas logísticos y de capacidad en las refinerías estadounidenses, que operan con planes cerrados a 90 días y ya tienen comprometida su capacidad con crudo de Canadá”, explicó Piñón.
El experto señaló que actualmente existen entre 20 y 30 millones de barriles almacenados, tanto en buques frente a las costas venezolanas como en tanques en tierra. Para ponerlo en perspectiva, durante la época de mayor producción venezolana esa cantidad equivalía aproximadamente a diez días de producción nacional, cuando el país bombeaba tres millones de barriles diarios.
“Hoy ese volumen acumulado refleja no solo el colapso operativo del país, sino también las restricciones impuestas por sanciones y bloqueos”, agregó Piñón.
Impacto en los mercados y control de ingresos
Piñón subrayó que la venta de este petróleo no debería afectar significativamente los precios internacionales, con el barril de Brent rondando los 60 dólares, mientras la OPEP mantiene su política de estabilidad en la producción. El principal factor de incertidumbre sigue siendo la demanda china, que puede influir en los precios globales y el equilibrio de la oferta.
El comunicado del Departamento de Energía indica además que los ingresos de la venta del crudo se depositarán en cuentas bancarias supervisadas internacionalmente, garantizando transparencia y control en el uso de los recursos. Una parte de estos fondos se destinará a satisfacer necesidades básicas del país, incluyendo alimentos, medicinas y equipos médicos y eléctricos, adquiridos directamente en Estados Unidos. Según Piñón, esto convierte a EE. UU. en el principal socio comercial de Venezuela bajo este esquema.
“Este es un punto clave porque asegura que el dinero no pase por manos de la dictadura y se utilice para el beneficio del pueblo y para cubrir las operaciones básicas del país”, afirmó el especialista.
Reconstrucción de la industria petrolera: un desafío a largo plazo
Más allá de la venta del crudo almacenado, Piñón enfatizó que el verdadero desafío es la reconstrucción completa de la industria petrolera venezolana, que incluye pozos, oleoductos, terminales y plantas de procesamiento. Según su análisis, este proceso requerirá entre tres y cinco años y una inversión de miles de millones de dólares.
“Las compañías están dispuestas a asumir riesgos de mercado, pero no riesgos políticos. Nadie va a invertir miles de millones de dólares si existe la posibilidad de que las reglas cambien a mitad del proceso, ya sea por decisiones en Washington o por cambios en Caracas”, indicó Piñón.
El investigador señaló que, por ello, la reunión prevista entre el secretario de Energía estadounidense y los ejecutivos de compañías petroleras será crucial. En ese encuentro se definirán las condiciones de inversión, las garantías legales y las reglas del juego para operar en Venezuela, asegurando que las empresas puedan participar sin asumir riesgos políticos que comprometan su capital.
Contexto operativo y comercial
Actualmente, la participación de Chevron en Venezuela alcanza un 60% de la producción destinada a PDVSA, mientras el 40% restante corresponde a la compañía estadounidense. Este tipo de acuerdos, según Piñón, será fundamental para organizar la venta de crudo a terceros mercados y garantizar que los ingresos se utilicen de manera transparente y eficiente.
El experto también destacó que la flexibilización incluye el uso exclusivo de diluyente proveniente de Estados Unidos, sin involucrar a países como Cuba, Rusia, Irán o China, y se proyecta que parte de los ingresos petroleros se utilicen para la remodelación de la industria eléctrica del país, otro de los sectores más deteriorados en Venezuela.
“Estamos ante un esquema complejo pero con potencial de impacto positivo. Combina presión política, recuperación de ingresos y reconstrucción de la infraestructura energética, todo bajo supervisión internacional. Ahora falta que se definan las reglas del juego claras para los próximos años”, concluyó Piñón.