Charlas Iglesia ETP | Pastores Luis Salas y Jeannette Noguera, Iglesia ETP

El orden no es una opción estética o de organización humana; es un principio de legalidad espiritual. La Biblia nos enseña que Dios no puede respaldar lo que está fuera de Su estructura, de Sus principios y Sus fundamentos. Cuando hay desorden, se rompe la fe y se pierde la credibilidad ante el mundo.

Cuando entregamos nuestra vida al Señor, Él se encarga de edificar, levantar, corregir y bendecir. Nosotros somos solamente Sus administradores; Él es el dueño de todo y nosotros seguimos Sus planes y propósitos.

Cuando pretendemos edificar por nosotros mismos, nuestro trabajo es en vano, pues sin el fundamento de Dios, que es Cristo Jesús en nuestras vidas, todo lo que construyamos se derrumbará; no permanecerá. Dice Su Palabra que separados de Él nada podemos hacer. Sin Su ayuda, una casa puede ser solamente el lugar donde la familia vive, come y duerme; pero un hogar es mucho más que eso: es un lugar donde la familia crece, se edifica, se fortalece, se reúne, convive, comparte, se ama y se es feliz. Es el lugar donde se honra a Dios, donde desciende la bendición sobre sus hijos y donde se sienten seguros, bien atendidos y amados. Para comenzar este proceso de restauración y restitución, se hace necesario que el carácter de Dios se impregne en nuestra vida, nuestro hogar y nuestra familia. Ese carácter no puede ser solo de labios; tenemos que accionar para lograrlo.

Quiero comenzar con un pasaje bíblico que me hizo reflexionar y se encuentra en Mateo 3:13-15: “Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado por él. Mas Juan se le oponía, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí? Pero Jesús le respondió: Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó”. En el tiempo de Jesús, Juan el Bautista predicaba y bautizaba, y el Señor toma la decisión de ir hacia él con el fin de ser bautizado. Este relato de la Palabra me impacta profundamente por varias razones; porque veo a Jesús que —siendo el Hijo de Dios, teniendo una misión asignada y concreta, y contando con el respaldo del Padre y la unción del Espíritu Santo— estuvo dispuesto a hacer las cosas de manera ordenada. Pudiendo actuar bajo Su propia voluntad, prefirió someterse al orden contenido en la frase: “Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia”.

Estoy seguro que, los peores problemas que nos hemos ganado en la vida han sido por hacer las cosas de manera desordenada, a nuestro antojo y parecer. He visto gente dañar hogares porque los manejaron como no debían; he visto personas quebrarse financieramente porque administraron sus finanzas sin orden; he visto a otros arruinar empresas por no seguir los principios correctos. Así podemos encontrar a muchos hombres y mujeres que tergiversaron el propósito de Dios porque no hicieron las cosas con orden, ni respetaron los procesos divinos.

Por tal razón, es necesario que aprendamos esta verdad como principio fundamental: Dios bendice el orden.

Dios es un Dios de orden; el enemigo es desorden. Todo lo que corresponde al Reino del Señor debe reflejar orden, mientras que todo lo que se aleja de Dios cae en el caos. Somos herederos de una naturaleza pecaminosa que tiende naturalmente al desorden:


  • Es más fácil caer en el pecado que buscar la santidad. Nuestra naturaleza es tendenciosa hacia lo pagano, la desidia y el desorden.
  • Esa es la condición del hombre sin Dios: el desorden, la maldición, la mentira, la hipocresía y la iniquidad.

¿Cuántas cosas en nuestras vidas están hoy en desorden? El Señor te dice hoy a través de Su Palabra: “Ordena tu vida”. Nuestra existencia, nuestra casa y nuestro hogar deberían estar ordenados; nuestra vida debería ser un ejemplo de Su luz.

Cuando examinamos nuestra vida, familia y descendencia, a menudo vemos el resultado de la "contaminación" que hemos permitido en nuestra tierra, y esa es la raíz de muchas crisis actuales. Pero Dios desea rectificar y enderezar todo lo que está torcido, todo lo que hemos desordenado con nuestros actos, Él siempre tiene un plan de redención, restauración y restitución; Cristo compró nuestra redención completa a precio de sangre, llevando en el madero nuestro pecado, nuestra maldad y nuestra iniquidad.

Cuando aprendes a caminar en orden, Dios te bendice. Cuando administras bien lo que se te ha confiado y aprovechas con integridad las oportunidades, Dios las multiplica. Muchas personas pierden bendiciones valiosas simplemente por falta de orden. Debes entender esto: “Las puertas más grandes que se abrirán en tu vida serán proporcionales a tu capacidad de ser ordenado. Cuando haces las cosas en orden, Dios te confía mucho más.”


Respetar el proceso

Cuando aprendes a ser ordenado, Dios te confía mucho más de lo que tienes; pero hay quienes han manejado su vida de una forma tan inadecuada que se hunden cada vez más en sus propios problemas. Antes de que Dios abra los cielos para bendecirte, Él te abrirá los oídos para exhortarte y decirte: "O te ordenas, o no verás Mi bendición".

¿Y por qué me apoyo en la historia de Jesús? Porque lo primero que veo en Él es que estuvo listo para respetar el proceso. Dios bendice a las personas ordenadas porque están dispuestas a someterse a los procesos, este mundo, cada día más rápido y afanado, nos ha vendido la idea de que podemos alcanzar cualquier meta en cuestión de minutos; pero las grandes cosas en Dios siempre demandarán un proceso.

Jesús era el Hijo de Dios, había sido ungido por el Padre, pero aun en Él hubo un proceso, Su autoridad no lo eximió de los pasos establecidos por Dios; En su bautismo, nos dejó el código de conducta para todo aquel que anhele caminar bajo el favor del cielo. Si Jesús se sometió al orden para "cumplir toda justicia", nadie puede pretender recibir la bendición de Dios saltándose las reglas, los tiempos o las autoridades. El orden es el lenguaje de la justicia divina.

Debemos entender que el proceso es lo que nos prepara para caminar en las bendiciones más grandes: es lo que nos quita lo malo y aumenta lo bueno en nosotros. El proceso forma tu carácter, te enseña a esperar, a confiar, a corregir y, finalmente, a tomar decisiones correctas.


La tentación de saltarse pasos

Hay personas que no han aprendido el valor del proceso y, por eso, tratan de omitirlo. ¿Y saben qué me he encontrado? Que todo el que intenta brincarse los procesos podrá lograrlo una vez, pero no dos. He visto gente escalar sin proceso, movidos por el afán, y algún día les toca devolverse para enfrentar lo que en su momento nunca quisieron hacer.

Por ejemplo, en una relación, el proceso normal debería ser enfocarse primero en la vida: saber qué quieres, trabajar, estudiar, proveer... en fin, ser un buen administrador. Pero veo gente que dice: “Pastor, encontré a mi ayuda idónea”. Están tan enamorados que no escuchan a nadie; se casan, y poco después esa persona les “sabe horrible”. Vienen y dicen: “Pastor, estoy arrepentido, no sé con quién me casé”. Yo les diré qué fue lo que pasó: usted nunca respetó el proceso, y ahora, metido en esa “vaca loca”, le va a tocar volver a empezar desde cero.

Lo mismo ocurre con las compras innecesarias con tarjetas de crédito; incluso mercados que terminan en el excusado a los pocos días, pero que se pagan en 3, 6 y hasta 12 cuotas. El mercado se acaba en dos semanas, pero la deuda permanece por meses. Eso es desorden.

A través del ejemplo de Jesús, podemos ver estas verdades:

  • Jesús aprendió a esperar: Los procesos nos enseñan que todo en la vida tiene un paso a paso. La Biblia relata que a los 12 años Jesús fue al templo con sus padres y comenzó a hablar de las maravillas de Dios, dejando a la gente admirada. Sin embargo, los 12 años no eran la edad para iniciar su ministerio. Según las Escrituras, Jesús comenzó a los 30 años. ¿Saben por qué? Porque solo a esa edad era considerado una persona con voz y voto dentro del Sanedrín. Así que, aunque ya poseía toda la sabiduría, entendía que era necesario esperar. La espera no es un castigo, es preparación. Si Dios nos entrega algo antes de que estemos ordenados, lo vamos a destruir.
  • Dios te hace esperar intencionalmente: Tal vez tú te sientes listo, pero lo que vas a recibir todavía no está listo para ti. Hay bendiciones que Dios decide "congelar" y te dice: "espera", porque cuando te entregue lo que te prometió, quiere que lo disfrutes de una manera efectiva. Cuando aprendes a esperar, en el momento que llega la bendición, podrás decir: "Señor, valió la pena la espera”.
  • Los procesos nos enseñan humildad: No solo aprendemos a esperar, sino a ser humildes. Miren el versículo de Mateo que estamos estudiando: cuando Juan se acerca a Jesús, intenta convencerlo de que no se bautice. Juan le dice: "¿Cómo te voy a bautizar yo a ti? Debería ser al revés". Pero Jesús no le dice: "Tienes razón, yo soy más importante". No. Jesús le responde: "Así debe hacerse".
Hay personas que están siendo destruidas por su propia soberbia. Mientras no aprendas a desarrollar humildad, nunca vas a crecer en el orden, porque el desordenado, además de serlo, suele ser orgulloso: no se le puede corregir porque se enoja. Entiéndelo bien: mientras no desarrolles humildad, nunca serás promovido por Dios. A veces, la mejor forma de ordenarnos es empezando de cero. Los procesos tienen como fin inclinar nuestra cabeza y recordarnos que la persona más importante no somos nosotros.

Mateo 3:15-17 dice: “Pero Jesús le respondió: Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó. Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi hijo amado, en quien tengo complacencia”. “Cielos abiertos para los que respetan los procesos, para los que saben esperar y para los que hacen las cosas en orden.”

Dios bendice el orden. ¿Qué cosas en tu vida tienes que desbaratar o reconstruir para empezarlas a hacer de manera correcta? No me pida oración para que Dios bendiga un negocio desordenado o una vida en caos. Haga las cosas en orden, ordene su vida y todo lo que en su vida hay, y, entonces, verá la bendición. Cuando Jesús se alineó al orden, los cielos se abrieron; lo mismo pasará contigo.


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