En una extensa y reflexiva intervención en el programa Cada Tarde, el economista Tulio Rodríguez afirmó que el mundo atraviesa un punto de inflexión histórico comparable únicamente con el período posterior a la Segunda Guerra Mundial, en el que se está desmoronando el orden internacional basado en reglas, cooperación y hegemonía estadounidense, para dar paso a una etapa marcada por la confrontación, la fuerza y la disputa monetaria.
Rodríguez sostuvo que la reciente reunión del Foro Económico Mundial en Davos no fue una cumbre más, sino el escenario donde se hizo visible la fractura del sistema construido desde 1945. A su juicio, los discursos de los principales líderes europeos dejaron al descubierto una brecha profunda entre el lenguaje político y la realidad estructural del continente.
Europa: autonomía discursiva, dependencia real
Según el economista, la insistencia de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en la “autonomía estratégica europea”, así como las declaraciones del presidente francés Emmanuel Macron —quien calificó la postura del presidente estadounidense como intimidatoria y contraria al Estado de derecho—, reflejan una narrativa que no toma en cuenta la historia reciente.
Rodríguez recordó que Europa fue reconstruida y defendida durante décadas gracias al Plan Marshall, al respaldo político de Washington y a la protección militar de la OTAN, financiada en gran medida por Estados Unidos. “Europa ha vivido cómoda bajo ese paraguas y hoy pretende autonomía sin asumir los costos que eso implica”, señaló.
Asimismo, criticó lo que describió como una cultura política europea centrada en el bienestar, el confort social y la reducción del esfuerzo productivo y militar, lo que —en un contexto internacional cada vez más agresivo— limita seriamente la capacidad del continente para actuar como un actor autónomo.
Canadá y el deterioro de las alianzas tradicionales
Rodríguez dedicó parte de su análisis a Canadá, país que definió como uno de los aliados históricos más consistentes de Estados Unidos. En ese sentido, consideró un error estratégico la confrontación temprana de Washington con el nuevo primer ministro canadiense, Mark Carney, apenas asumido el cargo.
A su juicio, este tratamiento ha generado un efecto no deseado: el inicio de un acercamiento político y económico de Canadá hacia China. “En un momento en que Estados Unidos intenta contener la expansión china en América Latina y el Caribe, empujar a un aliado clave hacia Pekín es una contradicción grave”, advirtió.
Rusia: potencia debilitada y subordinada
En cuanto a Rusia, Rodríguez fue contundente al describirla como una potencia agresiva pero estructuralmente debilitada. Enumeró como factores determinantes la prolongada guerra en Ucrania, el desgaste militar, la fragilidad de su moneda, la dependencia casi absoluta de los ingresos petroleros y la pérdida de margen de maniobra internacional.
Según explicó, estas debilidades han colocado a Rusia en una posición de dependencia creciente frente a China, que aprovecha la coyuntura para expandir su influencia económica y territorial mediante inversiones estratégicas, acuerdos agrícolas y control indirecto de recursos.
Un mundo con solo dos protagonistas
Para Rodríguez, el resultado de estas tensiones no es un verdadero sistema multipolar. “En la práctica, el mundo se está reduciendo a dos actores con capacidad real de decisión: Estados Unidos y China. El resto de los países pasan a ser espectadores o zonas de influencia”, afirmó.
En este nuevo escenario, advirtió que las alianzas ya no se basarán en valores compartidos, sino en relaciones de poder, conveniencia y supervivencia estratégica.
La moneda como arma central del poder
El eje central de su análisis fue el sistema monetario internacional. Rodríguez subrayó que la hegemonía estadounidense ha estado sostenida no solo por su poder militar, sino por el dominio del dólar como moneda de reserva global, especialmente desde el abandono del patrón oro en 1971.
Con una deuda que ronda los 38 trillones de dólares, explicó que Estados Unidos no enfrenta un problema de pago inmediato, sino de sostenibilidad del sistema que permite refinanciar esa deuda. Históricamente, ese sistema se ha apoyado en la venta de bonos del Tesoro, la confianza internacional en el dólar y, sobre todo, en el esquema del petrodólar, que obliga a realizar en dólares las principales transacciones energéticas del mundo.
China, el oro y la estrategia indirecta
Rodríguez afirmó que China ha comprendido la vulnerabilidad de este esquema y por eso no busca derribar el dólar frontalmente. En cambio, ha optado por una estrategia gradual: acumulación sistemática de oro, establecimiento de corredores comerciales respaldados por activos reales y reducción del uso del dólar en el comercio bilateral.
En ese contexto, descartó un regreso al patrón oro clásico, pero anticipó la transición hacia un sistema monetario híbrido, donde convivirán monedas digitales, bancos centrales, plataformas privadas y activos tangibles como respaldo indirecto.
Un futuro digital, fragmentado y político
Finalmente, Rodríguez señaló que fenómenos como Bitcoin y otras monedas digitales no deben verse como anécdotas, sino como síntomas de una creciente desconfianza en los sistemas monetarios tradicionales. “No son la solución definitiva, pero sí una señal clara de que el modelo actual está siendo cuestionado”, concluyó.
Para el economista, el futuro del orden mundial no se definirá en cumbres ni en discursos, sino en la capacidad de controlar la moneda, la energía y la tecnología. “Cuando una moneda deja de ser incuestionable, el poder empieza a redistribuirse. Y ese proceso ya comenzó”.