Vestido con el uniforme de prisionero del MCC de Nueva York, Nicolás Maduro no entró a la corte como un acusado común. Entró como un político en campaña. Cada gesto, cada mirada y cada palabra parecían cuidadosamente calculadas para enviar un mensaje que iba mucho más allá del juez.
“No hablaba para la corte. Hablaba para Venezuela, para el chavismo que aún resiste y para sus aliados internacionales”, relató Maibort Petit tras cubrir la audiencia desde la sala.
La escena fue tan simbólica como tensa. “Llegó ‘contento’, entre comillas. Era su momento para decir: ‘Aquí estoy, no soy culpable, soy decente, soy el presidente constitucional’”, explicó la periodista.
“Este es un proceso largo, por etapas. No hay que desanimarse. Aquí avanzan dos procesos en paralelo”, advirtió Petit.
Uno se desarrolla en silencio, en los archivos judiciales, con abogados de altísimo nivel en Nueva York. El otro ocurre a plena luz pública: en los medios, en la calle y en el aparato de desinformación.
Ese segundo escenario ya se activó. Al salir de la corte, se registró la presencia de grupos que antes gritaban Free Palestine, Free Hamas o Free Alex Saab. Esta vez, las pancartas decían Free Maduro.
“Son las mismas caras, los mismos métodos. Cambian el nombre de la pancarta, pero no el libreto”, señaló Petit.
“Para ellos, protestar es un trabajo. Para el venezolano común, sobrevivir implica trabajar muy duro”, sentenció.
“No todo lo que grita es genuino. Y no todo lo que protesta es serio”, concluyó. El caso apenas comienza.