La Parte 7 de El Credo del Liderazgo se centra en una de las cualidades más importantes del liderazgo bíblico: estar lleno del Espíritu Santo. Mientras que las lecciones anteriores analizaron las cinco características de los líderes potenciales —carácter, llamado, química, compromiso y competencia—, esta lección presenta una sexta característica que da vida y poder a todas las demás: el carisma, que significa estar lleno del Espíritu.
La enseñanza explica que, a lo largo del Nuevo Testamento, el requisito principal para el liderazgo no era el talento, la experiencia o la personalidad, sino una vida fortalecida por el Espíritu Santo. En Hechos 6, la iglesia primitiva eligió líderes que estaban "llenos del Espíritu y de sabiduría", y cuando Pablo llegó a Éfeso, su primera preocupación fue saber si los nuevos creyentes habían recibido el Espíritu Santo. Aquellos discípulos llenos del Espíritu se convirtieron en la base de una iglesia que impactó a toda una región y a muchas naciones, demostrando que los líderes llenos del Espíritu producen un impacto duradero para el Reino de Dios.
La lección destaca cinco evidencias visibles de una persona llena del Espíritu Santo. Está llena de humildad, reflejando el fruto y la libertad del Espíritu; llena de sabiduría, tomando decisiones piadosas basadas en la Palabra de Dios; llena de fe, viviendo con una confianza firme en Dios y siendo sensible a Su voz; llena de la gracia de Dios, mostrando misericordia y compasión hacia los demás; y llena del poder de Dios, utilizando sus dones espirituales para fortalecer y edificar el cuerpo de Cristo. Estas cualidades demuestran que el Espíritu Santo transforma tanto el carácter como la eficacia del líder.
La lección concluye con un desafío personal: los creyentes están tan llenos del Espíritu Santo como desean estarlo. Debido a que Jesús hizo posible la plenitud del Espíritu para todos los creyentes, los líderes son llamados a rendirse continuamente a Dios y a "beber del Espíritu" mediante la adoración, la oración, la Palabra de Dios y la obediencia. Al hacerlo, se convierten en líderes que reflejan el corazón, la sabiduría, la gracia y el poder de Cristo.