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En 1853, el por entonces presidente Domingo Faustino Sarmiento encargó al viticultor francés Michel Pouget la misión de traer esquejes de variedades europeas para revalorizar la viticultura nacional. Aquel 17 de abril, sin saberlo, se sembraba la semilla de lo que hoy es la cepa insignia de la Argentina. 172 años después, el malbec no solamente se ha convertido en el varietal más plantado de nuestro país país (47.000 hectáreas sobre un total de 210.000), sino que se ha ganado un lugar en el mundo. Así lo entiende Alma Cabral Arrieta, elegida mejor sommelier nacional en 2025, quien habló con LA GACETA por el Día Internacional del Malbec.No fue un camino sencillo, pero la oriunda de Asunción (Paraguay) demostró estar a la altura. El año pasado, en una final intensa que reunió a 48 participantes de todo el país, se coronó como la Mejor Sommelier de Argentina 2025, un título que reconoce su excelencia técnica y sensibilidad. El concurso, organizado por la Asociación Argentina de Sommeliers (AAS) es una prueba de temple, precisión y carácter bajo presión. Y allí, Alma brilló. Detrás de ese logro hay años de estudio, pasión por el vino y una mirada fresca que ya empieza a dejar huella en una profesión en plena expansión. Su consagración es, también, el reflejo de una industria que celebra cada vez más el talento femenino.Se formó en el Centro Argentino de Vinos y Espirituosas (CAVE). Trabajó en vinotecas y pasó por restaurantes emblemáticos como Sucre, Tegui y La Bourgogne. Luego dejó atrás el servicio y se volcó a la enseñanza y al área comercial. Actualmente se desempeña como ejecutiva de cuentas y docente, combinando una visión integral del sector que abarca la cocina, el salón, la góndola y el aula. Esa mirada completa, que pocos tienen, se hizo evidente en el concurso de la AAS, donde mostró toda su experiencia tras no poder conseguirlo en las ediciones de 2019 y 2022.DESTACADA. La oriunda de Asunción podría competir para ser la mejor sommelier del mundo este año. Malbec y más malbec"El malbec representa identidad y proyección internacional", afirma Cabral Arrieta, que pese a ser paraguaya de origen se siente "más argentina" por su formación y trayectoria profesional en el país. “Se ha convertido en una herramienta única para expresar la diversidad de nuestros terroirs. Está plantado en Jujuy, a más de 2.600 metros sobre el nivel del mar, en la Patagonia y en toda la costa atlántica. Tenemos muchas expresiones en función del comportamiento climático, la exposición solar, la intensidad lumínica, las pendientes y la altura", explica.La pregunta parece inevitable: ¿por qué el argentino se adueñó de esta variedad? "Porque fue una de las que mejor se adaptó a nuestra diversidad de terruños", responde la profesional de 37 años. A diferencia de su tierra de origen, Cahors (en el sudoeste de Francia), donde no se le prestó mayor atención y se usaba principalmente para dar color a otros vinos, en Argentina encontró condiciones ideales: suelos pobres en materia orgánica, climas semiáridos, altura y radiación solar. "Acá encontró, según mi opinión, el lugar en el mundo", sentencia la sommelier.Consultada sobre cómo distinguir este varietal del NOA de uno patagónico o cuyano, Cabral Arrieta comenta que la diversidad es tal que incluso dentro de una misma región los perfiles pueden variar notablemente. "En zonas más frías vas a tener malbecs con perfil más floral, fruta roja fresca y vinos más vivos. En zonas más cálidas, vas a encontrar más concentración de color, fruta más negra, notas especiadas y taninos más pulidos y redondos", detalla. Y agrega un dato clave: "En 200 metros de un mismo viñedo podés encontrar expresiones totalmente distintas".Maridaje y tendenciasSobre la tradición argentina de acompañar el asado con malbec, la especialista sostiene que la cepa es "muy plástica", pero advierte que el maridaje depende del estilo del vino. "Un malbec con mucha estructura de taninos y mucho paso por madera puede tapar completamente un pescado de río, por más graso que sea", ejemplifica. En cambio, uno más fresco, sin madera y con buena acidez puede combinarse perfectamente con esas preparaciones, especialmente si la cocción es a la parrilla.La sommelier también destaca la versatilidad de la cepa: "Ahora se elaboran rosados de malbec, espumosos de malbec, e incluso vinos blancos de malbec fermentados sin pieles. Tenemos una diversidad realmente muy amplia".Una crisis que se hace sentirHoy, el malbec es la variedad tinta más plantada del país, con más de 46.000 hectáreas distribuidas en 19 provincias, y representa el 71,9% de las exportaciones de vinos varietales argentinos, con destinos que incluyen 114 países. Sin embargo, la industria vitivinícola nacional atraviesa un momento complejo.Cabral Arrieta señala con preocupación la fuerte retracción en el consumo de vino: "Estamos consumiendo 15,7 litros por año per cápita, una locura comparado con la década del '70, cuando se consumían más de 90. Es un récord histórico de baja, no solo a nivel nacional sino mundial".Frente a este escenario, la sommelier confía en la capacidad de los productores para seguir afinando las interpretaciones de la bebida nacional y destaca el rol clave de la comunicación. "Los sommeliers y profesionales de la industria tenemos que poner en valor la diversidad de expresiones que tenemos y jugar con eso. También a nivel servicio en los restaurantes, hay que avanzar hacia un trato más flexible y descontracturado, con una comunicación más directa y accesible para el consumidor", concluye.