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Exclusivas de La Gaceta

Cuando hablamos de un Plan de Pago de Deuda Previsional, muchas personas se quedan con una sola palabra: deuda., y, quizás allí esté el primer error. Porque para un trabajador que todavía está en actividad y sabe que al llegar a la edad jubilatoria no alcanzará los años de aportes necesarios, regularizar hoy esos períodos faltantes puede ser visto desde otro lugar: como una inversión en su propio futuro.La pregunta no debería ser solamente: “¿Cuánto tengo que pagar?”… la verdadera pregunta es: en qué estoy invirtiendo ese dinero de aportes. Lo que se paga en concepto de Plan de deuda previsional, es el pasaporte a una jubilación de por vida y una cobertura médico asistencial.  En el régimen general, para acceder a una jubilación ordinaria se requieren, como regla, 30 años de servicios con aportes y la edad correspondiente.Pero muchas personas llegan a los 50 o 55 años y descubren que tienen períodos sin aportes: años en los que trabajaron informalmente, estuvieron fuera del mercado laboral, realizaron tareas de cuidado o simplemente no efectuaron aportes al sistema.El Plan de Pago de Deuda Previsional para trabajadores en actividad permite anticiparse a ese problema y comenzar a completar determinados períodos faltantes antes de alcanzar la edad jubilatoria. Por eso siempre insisto: no hay que esperar a cumplir 60 o 65 años para preguntarse cómo está nuestra jubilación. Hay decisiones que deben tomarse mucho antes.¿Gasto o inversión?Pensemos en una persona a la que le faltan algunos años para completar los 30 requeridos. Naturalmente, cuando conoce el monto necesario para regularizarlos puede pensar: es mucho dinero.Pero falta hacer la otra cuenta: ese dinero no se destina a comprar algo que mañana pierde valor o desaparece. Se utiliza para completar años de aportes que pueden resultar determinantes para acceder, llegado el momento y cumplidos los demás requisitos legales, a una prestación previsional que se percibirá mensualmente durante toda la vida, y, junto con la jubilación aparece otro aspecto fundamental de la seguridad social: la cobertura de salud durante la etapa del retiro, conforme al régimen que corresponda al beneficiario. Entonces cambia la perspectiva, ya no analizamos solamente cuánto cuesta regularizar aportes, sino, qué puede significar no hacerlo.El costo de no planificarLlegar a la edad jubilatoria sin los aportes suficientes puede significar encontrarse con opciones mucho más limitadas, en el caso de las mujeres la imposibilidad de acceder a una prestación previsional a los 60 años de edad y, necesariamente tener que esperar cumplir los 65 años para percibir una PUAM.A los 50, 52, 55 o 58 años todavía estamos trabajando, generando ingresos y tomando decisiones económicas, es justamente allí cuando debemos preguntarnos:¿Cuántos años de aportes tengo realmente?¿Cuántos me faltan?¿Qué períodos puedo regularizar?¿Cuánto puedo ir cancelando hoy?¿Con qué situación quiero llegar a mi retiro?No todos necesitan comprar todos los períodos posibles ni hacerlo de la misma manera. Por eso, antes de pagar, es indispensable realizar un análisis previsional integral.Primero se revisa la historia laboral. Después se determina qué años están efectivamente acreditados, cuáles pueden probarse aunque no aparezcan registrados, cuáles podrían regularizarse y cuántos serán necesarios para alcanzar el derecho jubilatorio y, recién ahí, se diseña una estrategia.La jubilación se construye mientras estamos activos. Durante muchos años pensamos la jubilación como un trámite que comenzaba cuando cumplíamos la edad, hoy debemos cambiar definitivamente ese concepto y sobre todo comprender que los aportes que no realizamos durante la etapa activa, no se podrán completar con una moratoria luego de cumplir la edad… el sistema cambió: ahora pagamos, completamos los años de aportes y luego nos jubilamos, así que tratado el tema con tiempo, siempre habrá solución.La jubilación empieza mucho antes. Cada aporte realizado, cada período reconocido y cada año regularizado forma parte de la construcción de nuestro ingreso futuro, por eso, cuando una persona utiliza parte de sus ingresos actuales para completar aportes faltantes, no debería mirar únicamente el dinero que sale hoy de su bolsillo, sino también mirar hacia adelante y pensar en la seguridad del ingreso futuro de por vida.Planificar el retiro no significa pensar que nuestra vida laboral está terminando, todo lo contrario, significa aprovechar los años en los que todavía estamos activos para construir con anticipación la tranquilidad que vamos a necesitar después.El aporte que hacemos hoy no debería verse solamente como una deuda con el pasado, sino como una inversión en nuestro futuro y, si a esos aportes les añadimos un seguro de retiro, entonces habremos construido realmente el retiro que necesitaremos para los últimos 20, 25, 30 años o más.