Yo soy Jonathan Ruiz Torre y durante este siglo he investigado sobre personajes disruptivos en Norteamérica. Me leyeron en Milenio, Reforma, El Financiero... y ahora en El Economista.
Viernes siete de agosto de dos mil veintiséis. Soy Jonathan Ruiz y hoy me acompaña Juan Carlos García Barcala con una buena historia de negocios. Esto es Parteaguas. Bienvenidas, bienvenidos. I love it. Y en mi columna Parteaguas publicada hoy en El Economista, entramos en una nueva era nuclear un reactor nuclear podría llegar algún día flotando a México conectado a un barco instalado sobre una plataforma. ¿Creen que estoy bromeando? Ya sucede con barcos que nos pasan corriente con electricidad generada con gas. Pregunten ahí a los de la CFE. Lo que cambiará es la tecnología. Esta semana, Estados Unidos anunció que albergará el lanzamiento de ATLAS para todos los países. Es una iniciativa de la Agencia Internacional de Energía Atómica cuyo nombre significa Atomic Technologies License for Applications at Sea. El propósito es construir las reglas internacionales que permitirán utilizar reactores civiles en barcos, centrales flotantes y operaciones industriales en el mar. Ministros, reguladores y empresarios, entre los que más nos vale que haya mexicanos, se reunirán a partir del 25 de agosto en Washington. ATLAS contempla buques de propulsión nuclear, electricidad para comunicaciones costeras o aisladas, plantas desaladoras y energía para actividades petroleras y gaseras mar adentro. Los reactores pequeños ofrecen mucha energía, ocupan poco espacio y pueden operar largos periodos sin recargar combustible. Todavía no es un mercado consolidado. Es algo igual de importante, diseñar las reglas antes de que exista el mercado. ¿Cómo Rayos va a operar eso en un mundo en el que los países andan especialmente sensibles a chismes y amenazas? Estados Unidos tiene razones para hacerlo rápido. Su red eléctrica muestra señales de agotamiento justo cuando la inteligencia artificial, los centros de datos y la manufactura exigen cantidades extraordinarias de energía. El 3 de agosto, el Departamento de Energía extendió hasta el 10 de agosto una orden de emergencia para Southwest Power Pool, operador de una extensa red estadounidense. La instrucción permite despachar generación fuera de sus límites ordinarios y usar como último recurso plantas de respaldo de centros de datos y otros grandes consumidores privados. Es decir, el país que pretende encabezar la inteligencia artificial en el mundo recurre a los generadores de emergencia de sus grandes consumidores para evitar que el sistema se caiga. Y acá por Naucalpan o por Santa Catarina cómo andamos dos días después el gobierno estadounidense Cerró un préstamo de casi 500 millones de dólares para instalar 220 megawatts de baterías en Puerto Rico. Vaya, son suficientes para suministrar energía a la colonia del Valle, en la Ciudad de México. Las dos decisiones parecen contradictorias solo desde lejos. Estados Unidos usa generadores de emergencia para sobrevivir al verano, baterías para estabilizar la red, gas para garantizar potencia firme y reactores nucleares para construir la siguiente frontera energética. Es como quien se fue de juerga y saca filo a todas las tarjetas de crédito. Compra de todo. El Departamento de Energía también acelera reactores avanzados, fortalece el suministro de combustible nuclear financia componentes que tardan años en fabricarse y pretende reactivar plantas cerradas. Y México. La presidenta Claudia Sheinbaum anunció un plan de 739 mil millones de pesos, unos 40 mil millones de dólares, para incorporar más de 32 mil megawatts de capacidad eléctrica hacia 2030. Necesita centrales, líneas de transmisión, subestaciones, cables, transformadores, baterías, generadores. El problema es que Estados Unidos busca lo mismo, es decir, los mismos equipos, pero los quiere para ayer. La nueva era nuclear no elimina la competencia por la infraestructura eléctrica tradicional, la multiplica. Cada reactor flotante requerirá cables, transformadores, controles, respaldo, conexiones portuarias y personal especializado. Cada centro de datos necesitará generación propia, almacenamiento y probablemente acuerdos para desconectarse o usar sus propios plantas de emergencia cuando la red esté bajo presión. Eso anticipa lo que puede ocurrir en México. Fábricas o centros de datos que pretendan instalarse en Querétaro, Nuevo León, Jalisco o Yucatán difícilmente podrán llegar solo con una solicitud de interconexión firmada. Tendrán que considerar respaldo con baterías y posiblemente financiar parte de la infraestructura eléctrica que utilizarán. Todo eso, yo sé, suena a locura. Qué bueno que estamos tranquilos. Y ahora sí, vamos con Juan Carlos García Barcala y sus historias de negocios. Seguro te ha pasado. Vas manejando, ves una farmacia y ahí está, un muñeco gigante, sonriendo, con bata blanca. No sabes por qué, pero sonríes tú también. No compraste nada, no necesitas nada, pero ese personaje ya te generó algo. Imagínate ahora que esa misma sensación es la que te provoca un consultorio médico, una tarjeta de crédito o un festival de o la comida para tu mascota. Ahí ya no estamos hablando de un producto, estamos hablando de algo mucho más difícil de construir. Soy Juan Carlos García Barcala y esto es Estrategia en Tiempo Real para Parteaguas de Jonathan Ruiz. I love it. Grupo por un país mejor. Farmacia Central. Farmacias similares. El doctor Simi. Esto empezó hace casi 30 años, en 1997, cuando Víctor González Torres tuvo una idea que en su momento sonaba casi ingenua: vender medicamentos genéricos mucho más baratos, con un consultorio pegado a la farmacia y en colonias donde ir al doctor era un lujo. La industria competía con marcas y patentes. Él compitió con Precio bajo, cercanía y un consultorio de 20 pesos junto a la caja. No vendía medicamento, vendía acceso. Y ese acceso, sostenido durante décadas, construyó algo que ninguna patente compra: la confianza de millones de mexicanos. El Dr. Simi nació como un personaje publicitario para hacer memorable una farmacia distinta. Nada más. Pero algo que que casi ninguna estrategia de marketing logra planear. El personaje se salió del comercial. Empezaron a aparecer peluches, memes, el muñeco bailando en festivales y conciertos internacionales, niños que lo piden de regalos sin saber que es de una farmacia, adultos que lo cargan de cábala a un partido de fútbol. Cuando un personaje deja de necesitar el comercial para existir, dejó de ser publicidad se convirtió en otra cosa. Con el lanzamiento de la tarjeta Cine esta semana, la pregunta que circuló fue si farmacias similares están abriendo demasiados negocios, veterinaria, cafetería, festival y ahora una tarjeta de crédito. Visto así, parece dispersión. Pero hay otra manera de leerlo. En qué momento una marca deja de representar un negocio y se convierte en la base de la tarjeta se construyen muchos negocios. Ese cambio no se anuncia en un comunicado, se construye despacio, decisión por decisión, durante años. Hoy el grupo tiene consultorios, veterinarias SimiPet Care, un parque llamado Similandia, cafeterías, productos con licencia del peluche a la chamarra, un festival propio, el SimiFest, y programas ambientales bajo SimiPlaneta. Planeta. Y ahora, una tarjeta de crédito. Ninguno de esos negocios necesita al anterior para funcionar, pero todos dependen de lo mismo, del doctor Simi. Hace 20 años esa farmacia vendía medicamentos. Hoy es apenas una de las puertas de entrada a algo muchísimo más grande. Piensa en un centro comercial bien armado. El dueño no vende zapatos ni café ni ropa, lo que hace es atraer tráfico, cuantas mas tiendas buenas metan, mas gente llega y cuanta mas gente llega, mas tiendas quieren entrar, ahí nadie compite contra nadie, todos se necesitan. Ahora imagina ese modelo con una diferencia, el dueño del centro comercial también es dueño de la mitad de las tiendas, eso es lo que esta armando este grupo alrededor del Dr. Simi, un espacio donde cada Grupo alrededor del doctor Sim, un espacio donde cada negocio nuevo no compite por el cliente, lo comparte. Prahalad y Hamel hablaban de esto hace 30 años con el concepto de competencias centrales. Las empresas que ganan a largo plazo no dominan un producto, dominan una habilidad que se puede trasladar a productos que todavía no existen. Aquí, esa habilidad no es fabricar medicamento genérico, es administrar confianza a gran escala y la confianza se mueve a casi cualquier categoría Porter explicaba que la ventaja competitiva rara vez viene de una sola actividad viene de como varias se refuerzan entre si la farmacia le da tráfico al consultorio, el consultorio empuja a la veterinaria. La veterinaria y el festival generan contenido el contenido alimenta al personaje y el personaje vuelve a empujar tráfico a la farmacia Cada pieza jala a la siguiente". Jim Collins le puso nombre A esto: el flywheel, el efecto volante. No es una explosión, es un empujón constante en la misma dirección que va tomando velocidad con los años hasta que en algún momento gira solo. La tarjeta encaja en esa misma lógica. Cada vez que alguien la usa, la empresa aprende su comportamiento y esa información mejora las decisiones de crédito y abre la puerta a más productos financieros. No es un capricho, es un pieza más del volante. Los riesgos son reales. Meterse a servicios financieros no es lo mismo que vender medicamento genérico. Si el crédito se otorga mal, el golpe no se lo lleva un producto cualquiera, se lo lleva el doctor Simi, un activo que le costó 30 años construir a esta empresa. También está el riesgo de estirar demasiado el significado de la marca. Farmacia, veterinaria, festival, tarjeta de crédito, programa ambiental, en algún punto alguien tiene que preguntarse qué representa realmente el personaje, porque si representa todo, puede dejar de representar algo concreto. Y además está la competencia, que ya vio el modelo. La marca es difícil de copiar, la estructura del negocio no tanto. Esto aplica más allá de una farmacia con un muñeco de peluche. La mayoría de los negocios piensan su marca al revés. Primero deciden qué van a vender y después le ponen nombre y logo. Pocos se preguntan qué tan fuerte tendría que ser su marca para sostener algún día un negocio que todavía ni se les ha ocurrido. ¿Pregúntate para tu negocio: la marca existe para vender lo que ya vendes o podrías sostener algo que todavía no existe? Las marcas que más duran no son las que mejor explican lo que hacen hoy, son las que dejan espacio para lo que todavía no se ha hecho. Soy Juan Carlos García Barcala. Para más análisis y conversación directa, sígueme en wwwjcgbmx Si te gusta lo que escuchas, compártelo. Esto es Estrategia en Tiempo Real para Parteaguas de Jonathan Ruiz. Gracias por escuchar Parteaguas. Yo soy Jonathan Ruiz. A mí me encuentran como Parteaguas Club en redes sociales. Si les gusta lo que escuchan, denme un follow o suscríbanse. Hasta el lunes. I love it.