Notas con audio

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“The first cut is the deepest” (“El primer corte es el más profundo”), dice una canción de 1967 escrita por Cat Stevens. Convertida en un clásico, ha sido interpretada por muchos otros cantantes, entre ellos Rod Stewart y Sheryl Crow. La letra sugiere que el primer desamor es el más doloroso, el que más nos marca y, por lo mismo, el más difícil de superar. Además de indagar en el dolor de esa primera desilusión, la canción se refiere al temor de volver a amar y salir otra vez lastimado.Lo de “corazón roto” es más que una metáfora para hablar de dolor emocional. Ocurre que, frente a una pérdida, se observan una serie de alteraciones a nivel biológico.En primer lugar, se disparan los niveles de cortisol (la llamada “hormona del estrés”), lo cual provoca un aumento de la actividad cardíaca y la constricción de los vasos sanguíneos. Por eso es que las personas sienten ansiedad y varias declaran que -literalmente- les duele el pecho.Incluso se ha descripto el llamado “síndrome del corazón roto” o miocardiopatía de takotsubo: una afección temporal y reversible que se presenta de forma repentina ante un episodio de estrés físico o emocional intenso.El desamor también suele producir cierta inhibición en el sistema digestivo, por lo cual es común no tener hambre o sentir que todo nos cae mal (de ahí que muchos bajan de peso luego de una ruptura). Producto de la acción de los sistemas nerviosos simpático y parasimpático que empiezan a activarse simultáneamente (y no por separado, como por lo general lo hacen, para regular algún desequilibrio), se ven afectadas diferentes partes del cuerpo, ricas en terminaciones nerviosas. Y esto lleva, entre otras cosas, a que nos sintamos cansados. Con pocas ganas.Cuando estamos sufriendo por amor, experimentamos una suerte de “síndrome de abstinencia”, como el que atraviesan los adictos en recuperación. Es el padecimiento -hasta físico- de desear ver a esa persona, pasar tiempo con ella, abrazarla, besarla y... no poder hacerlo (y tener que aceptarlo). Son momentos difíciles de atravesar, en los que se siente algo parecido a una depresión. Y no queda otra que atravesar el duelo.Dicen que nadie se salva de que le rompan el corazón al menos una vez en la vida. Y que, incluso, es bueno que esto ocurra. Porque la pérdida nos vuelve más humanos y responsables en lo afectivo. Esto es: más empáticos y considerados para cuando, alguna vez, nos toque estar del otro lado.