Diccionario sonoro que recoge los nombres, historias y lugares protagonistas de la emocionante aventura que representa la música contemporánea desde su creación a la actualidad. Más información: march.es/contemporanea
Beatriz Ferreyra
Beatriz Ferreyra, compositora (Córdoba, Argentina, 21 de junio de 1937).
[Beatriz Ferreyra]: “‘Taca-taca-taca-tica-taca-taca-taca-tá…pam-parampa-pa-tiri, tiríiiiira’… entonces desde chica, porque en la familia todos hablábamos con ruidos: ‘entonces, vino el tipo y páaa le pegó una patada y duuum y lo hizo...’. Hablábamos así entre los chicos, entre los primos… y tenía a mis primos, que todo era: ‘punk-cha-punk-ping’, pero nunca en relación con la música, ¿no? con la relación con la música solamente cuando entré en el GRM, cuando oí la música electroacústica”.
Eso fue en París, donde se muda con 23 años, es decir, en 1961. En los años anteriores ha estudiado piano en Buenos Aires con Celia Bronstein. Ahora va a cursar estudios en París con Nadia Boulanger, primero de armonía y análisis musical; después de electrónica y música concreta. Eso la retiene en Francia: ahí escucha ‘Violostries’, de Bernard Parmegiani, y descubre la música que quiere hacer.
“Yo no tenía idea de que algo así existía”, recuerda. “Solo había escuchado una pieza electrónica terrible en Buenos Aires”. Un día de 1963 Edgardo Canton, un compositor argentino que estaba en el Groupe de Recherches Musicales (GRM) de Pierre Schaeffer, la invita a un concierto del colectivo de este. “Allí estaba Luc Ferrari, Parmegiani, Ivo Malec y no se quienes más. Ahí descubrí esos sonidos raros, y de inmediato le dije a Cantón: ‘yo tengo que hacer esta música que tiene una visión muy lejos, algo extraordinario’. Le pedí si podía entrar y me dijo: ‘bueno, vamos a ver’”. Poco después empieza a colaborar con Schaeffer; participa de su legendario ‘Solfège de l’Objet Sonore’ [Solfeo del objeto sonoro].
Vive el Mayo parisino del 68 y atestigua cómo todos esos aires de cambio también modifican la música. Aprende todo lo que necesita: cómo cortar las cintas, cómo mezclarlas, coordinar sonidos. “Ahora lo s en una computadora y es muy fácil” –cuenta en una entrevista al Centro de Experimentación del Teatro Colón de Buenos Aires en 2015–, “pero en esa época tenías que poner una cinta de un color y empezar todo de cero, cortar justo donde querés, poner otro sonido y era un trabajo manual enorme, largo, difícil. Literalmente me tiraba al suelo con las piernas al aire” –dice entre risas– “así es como aprendí”. Ferreyra completa su formación con Earle Brown y György Ligeti en Alemania.
“Yo tenía un grabador que estaba completamente podrido, se lo había comprado a un italiano, Henri Chiarucci, que trabajaba en el GRM. Este grabador era mono, entonces vos dabas la vuelta y copiabas. Después dabas la vuelta a la cinta y copiabas otra cosa, y ni siquiera podías leerlo en estudio, tenías cosas distintas en las dos caras. Así hice, era algo super cansador. No tenía un mango. Una amiga mía que era cantante estaba con un americano que hacía música; él un día deja los Revox, ella se roba uno y me lo regaló. Después tuve que pasar uno por la aduana suiza sin que me pescaran: era contrabando. Y con eso me las arreglaba... tengo una cantidad enorme de cachivaches así. Con eso hice toda mi música de esa época”.
Música como ‘Mansiones Acuáticas’ de 1967; ‘Siesta Blanca’ de 1972 y, más adelante, ‘La rivière des oiseaux’ de 1998; piezas que desarrollan climas extraordinarios, evocadores paisajes sonoros. A lo largo de su carrera amasa un catálogo de entre 600 y 700 piezas, obras de naturaleza acusmática que nacen de sensaciones personales que convierte en sonido. Ferreyra compone también para películas, ballets y espectáculos. Parte de su trabajo, sobre todo en los 70, se enfoca en el carácter terapéutico: musicoterapia.
Preguntada por la música que más le ha gustado a lo largo de su vida, cita a Johann Sebastian Bach (“para mí el jefe. Es un capo total”). También a los románticos, los no-románticos, los posteriores... “Stravinsky y tantos más”. “Karlheinz Stockhausen, György Ligeti... qué sé yo. Son miles y miles. Además, me encanta la música japonesa, árabe... los indios del norte de Argentina, los tangos, Piazzolla... todo lo que suena me gusta”.
Ferreyra da clases en el Conservatorio Nacional Superior de Música de París. Trabaja con Bernard Baschet y sus ‘Structures Sonores’ en 1970. A partir de 1975 se adscribe al Colegio de Compositores del Grupo de Músicas Experimentales de Bourges. Se desempeña en la música electrónica en la universidad de Dartmouth en 1976 y en 1998. Veterana imparable, Ferreyra vive en Rouen, Francia, y sigue tocando en vivo con cuatro grabadoras de cinta abierta.
[Beatriz Ferreyra]: “Y te voy a mostrar una sesión de una pieza, que es esto, más esto, más esto, más esto… todo esto. La gente, en la música acusmática o electrónica son lo que son: tenés la misma música con uno que está en Italia, el otro que está en Japón… es lo mismo… Y empieza así:”. ‘Echos’ está grabado en su casa en plenos años 70. “Primero con un grabador, luego dos grabadores... Me ayudó mucho la gente del Grupo de músicas experimentales de Bourges. Lo creé cuando hacía la música de una película para Fiorella Mariani, ‘Homo sapiens’, donde necesitaba muchos sonidos distintos. Entonces llegó esta chica, una sobrina que quería ser cantante. La grabé un poco con la guitarra, la cual tocaba muy mal, y otras cuatro piezas ‘a capella’. Eso fue aproximadamente en el 72. En el 77 me entero de que ella falleció en un accidente de moto. Inmediatamente supe que tenía que hacer esta compleja pieza con su voz, que yo tenía grabada, para que ella pudiera seguir cantando. Y hace 40 años que sigue cantando. A la gente le gusta mucho ella, porque esta pieza es nada más que su voz y mis grabadores. Yo no tenía computadora ni nada por el estilo, algo imposible en esa época. Solo los micrófonos y grabadores, haciendo lo que podía”. De Beatriz Ferreyra, ‘Echos: In memoriam of Mercedes Cornu’.