SofÃa vivÃa en una pequeña casa al borde de una inmensa selva. Cada noche, soñaba con explorar el exuberante bosque verde que se extendÃa hasta donde alcanzaba la vista. Una mañana, SofÃa se despertó sintiéndose especialmente valiente y curiosa. Preparó una pequeña mochila con sus bocadillos favoritos y un brillante bastón de caramelo para la buena suerte. Con un profundo suspiro y una sonrisa decidida, se adentró en la selva. Los imponentes árboles parecÃan susurrarle a SofÃa mientras se adentraba en el bosque. Coloridos pájaros surcaban el cielo, llenando el aire con sus alegres canciones. De repente, SofÃa escuchó un suave crujido. Se dio la vuelta y vio un rostro amistoso asomando detrás de una gran hoja. ¡Era un hermoso delfÃn, deslizándose por el aire como si fuera agua! "¡Hola!"dijo SofÃa, saludando emocionada."Soy SofÃa. ¿Cómo te llamas?"El delfÃn sonrió y respondió,"¡Mucho gusto, SofÃa! Me llamo Dalia. Bienvenida a la selva encantada". SofÃa y Dalia se hicieron mejores amigas rápidamente. Exploraron juntas la maravillosa selva, maravillándose con las mágicas criaturas y los centelleantes arroyos. Mientras el sol comenzaba a ocultarse, pintando el cielo con cálidos tonos naranjas y rosas, SofÃa se dio cuenta de que era hora de volver a casa. Se volvió hacia Dalia, sintiéndose un poco triste. "Me divertà mucho hoy", dijo SofÃa, "pero vivo tan lejos. ¿Cómo nos mantendremos en contacto?"Dalia pensó por un momento y luego respondió con un brillo en sus ojos,"No te preocupes, SofÃa. En esta selva mágica, los verdaderos amigos nunca están lejos". Dalia le entregó a SofÃa una pequeña y suave piedra que brillaba tenuemente. "Cuando me extrañes", dijo Dalia, "solo sostén esta piedra cerca de tu corazón y piensa en nuestras aventuras. La sentiré, sin importar dónde esté". SofÃa sonrió, su corazón lleno de felicidad. Abrazó fuertemente a Dalia y susurró, "Gracias. Siempre la llevaré conmigo". Con un último saludo, SofÃa emprendió el camino de regreso a casa, con la piedra mágica guardada de forma segura en su bolsillo. Desde ese dÃa, cada vez que SofÃa extrañaba a Dalia, sostenÃa la brillante piedra y recordaba los maravillosos momentos que pasaron juntas. Y aunque estaban lejos, SofÃa y Dalia sabÃan que su amistad siempre las mantendrÃa conectadas, sin importar la distancia. Cada noche, mientras SofÃa se quedaba dormida, sonreÃa, sabiendo que en algún lugar de la mágica selva, Dalia también estaba pensando en ella. El suave resplandor de la piedra era un recordatorio constante de que los verdaderos amigos permanecen cerca del corazón, incluso cuando están a kilómetros de distancia.