Mitos y más

¿Cómo recuerdas la historia de un imperio entero, sus leyes y sus batallas, sin escribir una sola palabra? 

En este último episodio extra del universo de Sundiata, viajamos a África Occidental para conocer a los Griots (o Jelis). No eran simples cuentacuentos, sino los notarios, jueces y archivos vivientes del Imperio de Malí. Descubre el increíble entrenamiento mental que les permitía memorizar siglos de historia, y por qué el escritor Hampâté Bâ dijo que "cuando un anciano muere en África, es una biblioteca que se quema".

Este es el audio original de nuestro nuevo video. Si quieres ver la versión completa con imágenes, encuéntralo en nuestro canal de YouTube: https://www.youtube.com/watch?v=3jG6T_Tpwdo

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  • (00:00) - ¿Y si internet desapareciera mañana?
  • (01:40) - El prejuicio contra la "tradición oral"
  • (02:41) - ¿Qué es realmente un Griot (Jeli)?
  • (04:49) - El disco duro humano: La música como hipervínculo
  • (06:30) - "Cuando un anciano muere, una biblioteca arde"
  • (08:05) - La supervivencia de los Griots en el siglo XXI
  • (08:51) - Cómo salvamos la historia de Sundiata Keita
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¿Qué es Mitos y más?

Un viaje alrededor de los mitos, leyendas y folclore de todo el mundo. Descubre las verdaderas historias que se esconden tras los cuentos que creías conocer. Desde los dioses de la mitología griega y nórdica, hasta los héroes olvidados de la mitología africana y las criaturas de pesadilla del folclore mundial, desenterramos sus orígenes y desciframos su profundo simbolismo.

Conducido por el Dr. David García, este podcast es un puente narrativo entre el pasado y el presente. Exploramos la mitología comparada y cruzamos fronteras para entender cómo la historia, la psicología, la filosofía y la cultura pop moderna se entrelazan con las antiguas creencias.

¿Qué tiene que ver el Viaje del Héroe con tus películas favoritas? ¿Qué lecciones ocultan los cuentos de hadas originales? Únete a nosotros y descubre por qué, miles de años después, seguimos necesitando estas historias para entender el mundo de hoy.

Haz un ejercicio de imaginación conmigo.

Piensa que de repente, mañana por la
mañana, todo el internet desaparece.

Los servidores se apagan.

No hay Wikipedia, no hay
discos duros en la nube.

No hay bibliotecas físicas porque
todos los libros del mundo se han

quemado en un extraño accidente global.

¿Cómo recordarías quién eres?

¿ Cómo recordarías la historia de
tu país, las leyes que te rigen?

O incluso quienes eran tus
bisabuelos y de dónde vinieron.

Para nosotros en pleno siglo XXI esa
idea es profundamente aterradora.

Dependemos casi por completo de soportes
externos para recordar cualquier cosa.

Nuestro cerebro ha delegado la
memoria en nuestros teléfonos en

Google y en los archivos digitales.

Pero durante miles de años, en el
corazón de África Occidental, existió una

red viva, humana y extraordinariamente
precisa de servidores de información.

Personas con un super poder
que hoy nos parece casi mágico.

Producto de la ciencia ficción.

La capacidad de memorizar y recitar
la historia completa de un imperio

entero linaje por linaje, batalla
por batalla tratado por tratado sin

escribir jamás una sola palabra.

Hoy en Mitos y Más, vamos a hablar
de los griots, las bibliotecas

andantes de áfrica, los guardianes
de la palabra, los maestros de la

memoria y los arquitectos del sonido.

Que hicieron posible que hoy,
800 años después de los hechos,

conozcamos con todo lujo de detalles.

La historia épica de Sundiata Keita
y la fundación del Imperio de Mali.

En Occidente en el mundo académico
tradicional, solemos tener un

prejuicio histórico muy arraigado.

Una miopía intelectual.

Si no está escrito en un papel o
tallado en piedra, no es historia

rigurosa es solo mito o folclore.

Durante mucho tiempo los historiadores
europeos del siglo XIX y principios

del XX desestimaron casi por completo
la historia del África subsahariana.

Precisamente por eso argumentando
que, al ser culturas de tradición oral,

carecían de un registro histórico fiable.

Pero llamar simplemente tradición
oral a lo que hacían los griots

es quedarse terriblemente corto.

No eran simples cuenta, cuentos de
aldea, trovadores errantes o abuelos

que improvisaban historias alrededor de
una hoguera para entretener a los niños.

Eran una casta profesional
altamente entrenada, estrictamente

regulada y absolutamente vital
para el funcionamiento del estado

y la supervivencia de la cultura.

En el imperio Mali y en esculturas
mandingas en general, el término

griot es realidad una palabra de
origen francés, probablemente acuñada

durante la época colonial en su
idioma original, se le llama jeli.

Y el jeli era una figura
indispensable en la corte del rey.

La sociedad estaba estructurada de
tal manera que cada familia noble,

cada linaje de reyes o guerreros,
tenía su propia familia de griot

asignada de forma hereditaria.

Era una simbiosis perfecta.

El noble el horon hacía la historia
con sus actos en el campo de batalla

o en el trono y el griot el nyamakala
registraba esa historia la hacía inmortal.

El trabajo del griot no era entretener
a la corte, era archivar, eran

los archiveros vivos del imperio.

Memorizaban los tratados de paz,
las complejas alianzas matrimoniales

entre tribus, las genealogías
intrincadas de las familias reales

y las leyes fundamentales como la
famosa constitución de Kurukan Fuga.

Imagina ser el consejero principal
del rey, el equivalente, un primer

ministro o un fiscal general moderno.

Pero en lugar de consultar un
enorme archivo de documentos en un

sótano, consultas tú propia mente.

Cuando el emperador necesitaba saber
exactamente qué términos de paz había

firmado su bisabuelo con una tribu vecina
50 años atrás para resolver una disputa

fronteriza actual, no llamaba un escriba
para que buscara un pergamino polvoriento.

Llamaba su griot y el griot de en
medio de la corte recitaba el tratado

palabra por palabra, cláusula por
cláusula con una precisión asombrosa.

Como señalá el académico S.A. Ebine en
su estudio sobre la tradición mandinga,

el Griot a menudo se refiere a sí mismo
como la fuente de la verdad histórica.

En una sociedad donde la palabra dada
tenía el peso absoluto de la ley.

El griot era el notario, el juez
y el historiador todo el uno.

Pero ¿Cómo era humanamente
posible desarrollar y mantener

este nivel de memoria?

El entrenamiento de un griot empezaba
en la más tierna infancia, normalmente a

los siete u ocho años y duraba décadas.

Al igual que un músico de conservatorio,
aprende a dominar un instrumento.

El aprendiz de griot aprendí
a usar su cerebro como un

disco duro de alta capacidad.

Utilizaban técnicas nemotécnicas
extremadamente avanzadas muy similares a

las que hoy estudian los neurocientíficos
asociaban información compleja la música

a ritmos específicos y repetitivos
tocados con instrumentos tradicionales

como el valón, una especie de xilofono
de madera, el ngoni un laud tradicional o

la majestuosa La melodía no era un simple
acompañamiento de fondo, actuaba como un

índice de búsqueda, como un hipervínculo
en una base de datos al tocar una cierta

progresión de acordes del cerebro del
griot desbloqueaba instantáneamente la

historia, la genealogía o el tratado
asociado a esa melodía específica.

Hoy sabemos por la neurociencia
moderna que la memoria humana

asociada la música y el ritmo.

El famoso efecto gusano musical
es significativamente más

profunda, resistente y duradera
que la memoria declarativa pura.

Los griots descubrieron y perfeccionaron
este hack neurológico hace casi 1000 años.

Además, la precisión era una cuestión
de vida o muerte profesional.

Un griot no podía inventarse los
datos ni adornarlos libremente.

Si alteraban los hechos históricos
su reputación, su estatus social

y su medio de vida dependían de la
exactitud milimétrica de su recitación

frente a otros griots mayores que
actuaban como auditores implacables.

Hay una frase famosísima pronunciada
en 1960 en la sede de la UNESCO en

París, que resume perfectamente todo
esto, la pronunció Amadou Hampâté Bâ,

un brillante historiador y escritor
maliense que dedicó su vida a defender

el rigor de la tradición africana
ante la comunidad internacional.

Dijo: "en áfrica cuando un anciano
muere, es una biblioteca que se quema".

Es una de las metáforas más
hermosas y dolorosamente precisas

de la historia de la antropología.

Porque a diferencia de un libro físico
que puede sobrevivir a su autor en un

estante durante siglos, el conocimiento
del griot de un organismo vivo.

Requiere una transmisión constante
activa y deliberada de maestro aprendiz

de padre a hijo de madre a hija.

Si esa cadena humana se rompe una
sola vez, si una generación no escucha

o no aprende la historia desaparece
para siempre en el abismo del olvido.

Y esa frágil cadena estuvo a punto
de romperse, muchas, muchas veces.

La brutal colonización europea
impuso a la fuerza la cultura escrita

occidental, menosprecio sistemáticamente
la tradición oral y le despojó a los

griots de su estatus oficial en las
cortes reales que fueron desmanteladas.

Más tarde, la implacable llegada de
la modernidad, la radio, la televisión

y ahora el internet y los smartphones
ha cambiado radicalmente la forma

en que las nuevas generaciones
de las sociedades africanas

consumen y almacenan información.

Sin embargo, contra todo pronóstico,
los griots han sobrevivido.

Han demostrado una resiliencia
extraordinaria adoptando su

arte milenario al siglo XXI.

Muchos de los músicos africanos más
famosos y aclamados a nivel mundial hoy

en día, como Toumani Diabaté maestro
absoluto de la Kora, y descendiente

de 71 generaciones ininterrumpidas
de griots, o Ballaké Sissoko

provienen de estos antiguos linajes.

Han llevado la tradición oral a los
escenarios de todo el mundo mezclando la

kora milenaria con guitarras eléctricas.

Colaborando con orquestas sinfónicas
occidentales, pero manteniendo viva la

esencia innegociable de su oficio, ser
los guardianes de la memoria de su pueblo.

Piénsalo bien, si hoy podemos contarte
la historia épica de Sundiata Keita,

el niño que no podía caminar y fue
humillado y que fundó el imperio de Mali.

Si podemos analizar la Kurukan Fuga y
entender cómo funcionaba la diplomacia

en el África del siglo XIII es única y
exclusivamente gracias a que durante 800

largos años, una cadena ininterrumpida
de griots memorizó y recitó ese

epopeya generación tras generación,
desafiando el tiempo y el olvido.

De hecho la Epopeya de Sundiata no se
transcribió a papel hasta la década de

1960 cuando el historiador Djibril Tamsir
Niane se sentó pacientemente a escuchar

y traducir las palabras de un griot
tradicional llamado Mamadou Kouyaté.

El libro comienza con la presentación del
propio griot que dice así: soy griot,

es yo Djeli Mamadou Kouyaté hijo de
Bintou Kouyaté y de Djeli Kedian Kouyaté

maestro en el arte de la elocuencia desde
tiempos inmemoriales, los Kouyaté están al

servicio de los príncipes Keita de malí.

Somos los sacos de palabras.

Somos los sacos que enseñan
secretos muchas veces seculares.

Hasta ese momento, el registro histórico
del mayor imperio de África Occidental

vivía exclusivamente en la mente
prodigiosa de estos hombres y mujeres.

La próxima vez que saques tu teléfono del
bolsillo para buscar un dato rápido en

Wikipedia o le pidas a una inteligencia
artificial que te recuerde algo.

Piensa en los griots de Mali, piensa
en la capacidad asombrosa, casi

infinita del cerebro humano, una
capacidad que nosotros en nuestra

comodidad digital hemos dejado atrofiar.

Y sobre todo, piensa en el inmenso
e incalculable valor de las historias

que no están escritas en papel ni
guardadas en la nube, sino grabadas a

fuego en la memoria viva de un pueblo.

Si quieres escuchar la historia que los
griots protegieron con su propia vida

durante ocho siglos, la increíble epopeya
de Sundiata Keita El León de Malí, te

invito a escuchar nuestro episodio.

Tienes en enlace en la descripción.

Gracias por acompañarme en Mitos y más.

Si te ha parecido fascinante, este
viaje a los límites de la memoria

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cuéntame en los comentarios ¿Qué

historia de tu propia familia?

¿Qué recuerdo de tus abuelos?

Te gustaría que un griot memorizara
para siempre para que no se pierda.

Nos vemos en el próximo video.