Disrupción contada por mujeres y hombres súper aventureros que no temen dar giros en su vida para mejorar su entorno y hacer negocios que a veces salen bien. Tecnología de punta hablada simple y en español, desde México. Jonathan Ruiz, columnista y directivo de El Financiero y autor de Parteaguas, es el host.
La hierba santa o la hoja santa crece incluso cuando no la riegan. Es por eso que así se llama el restaurante Yerba Santa de Nidia Sánchez. Ella pues se podría decir que creció casi sin agua, aunque claro sirvió mucho el agua de Delina, su mamá, quien incluso cruzó la frontera sin papeles con tal de que ella, Nidia, lograra su objetivo, el objetivo de ser chef, una de las mejores chefs que hay en México y que hoy justamente atiende a clientes como Luis Miguel en su restaurante Yerba Santa en Mérida. ¿Cómo te haces chef cuando tienes todo en contra? Cuando vives en un pueblo remoto y pequeño de Chiapas. Aquí Nidia Sánchez se los platica. Soy Jonathan Ruiz, esto es Parteaguas. Bienvenidas, bienvenidos. Ella es Nidia Sánchez, es una chef reconocida, es una chef conocida nacionalmente ahora y ella cocina en Yerba Santa. Yerba Santa es un restaurante del centro de esta ciudad de Mérida que está ubicado en Paseo Montejo y si ustedes caminan por Paseo Montejo es inevitable ver la casa del Minaret en donde está situada el restaurante Hierba Santa. Es ahí en donde ha cobrado relevancia la cocina de Nidia, quien está hoy aquí para contarnos su historia. Agradezco mucho que esté aquí porque este programa parteaguas partiendo de ese nombre lo que pretende es mostrarles a ustedes momentos relevantes en las vidas de las personas que gentilmente vienen a compartirnos aquí sus experiencias porque ustedes también están teniendo experiencias de vida ustedes en este momento están tomando decisiones algunas de menor relevancia y otras fuertes que pueden cambiarles el destino y escuchar esta noche a Nidia sus experiencias puede brindarles a ustedes pues un poco de oxígeno, entender que ella ha pasado por distintos momentos en su vida y ha tenido que tomar decisiones de las cuales yo todavía no sé francamente me ha contado un poco antes de comenzar el programa pero seguramente hay otras decisiones que ha tomado y de las cuales no tengo idea pero ustedes la van a escuchar junto conmigo Nidia nació en el estado de Chiapas en una pequeña población llamada Copainalá donde se hablaba o no sé si se sigue hablando, Soke, que me decía hace un momento también que Kopainala, el nombre de su pueblo, refiere en Soke un lugar de las víboras. El lugar donde corrieron las víboras. Tenemos un problema aquí en cabina porque luego nos regañan precisamente por la... el micrófono como que corre de nuestras bocas, entonces hay que acercarnos. Tenemos un problema aquí en cabina porque luego nos regañan precisamente por la... el micrófono como que corre de nuestras bocas, entonces hay que acercarnoslo. Entonces, ella, Nidia, pues ha sido entrevistada en distintos medios, ustedes lo pueden ver así con una googleada rápida en Internet, entonces será fácil quizás platicar con ella esta noche noche está acostumbrada a los micrófonos y Nidia te agradezco mucho en cualquier caso que aceptado venir aquí a Parteaguas a contarnos la historia no al contrario jonathan gracias por la invitación yo encantada de estar en este programa compartiendo micrófonos contigo pero el día compartamos pero sartenes en la cocina no sabes no sabes tengo mis secretos escondidos. Bueno, hay que explorarlos. Oye, Nidia, me gusta explorar aquí la vida de personas destacadas como tú. Y siempre procuro empezar desde su niñez. Uno va construyendo su conciencia, sus intereses desde muy temprana edad y tú la construías y no es poesía, es realidad, entre estrellas y tierra o sea, era una ciudad poco poblada, poco iluminada porque pues al estar lejos de una ciudad es decir, la capital de Tuxtla en este caso, o de San Cristóbal quizás pues no había mucha iluminación en las calles, ¿o sí? No, de hecho no había luz. Era una comunidad rural donde aún no llegaba la luz cuando yo todavía estaba en mi escaso seis, siete años. La verdad es que fue muy bonita. Te decía no hace rato que yo creo que recuerdo mi niñez. Yo sé que ahorita esto ha avanzado y los niños de ahora son más revolucionados, pero yo creo que mi niñez, cuando yo crecí, o sea, lo recuerdo muy real y fue de lo más bonito. ¿Por qué? Porque fue una comunidad rural donde no había una calle pavimentada, era terracería, no había luz, mis papás o los que vivíamos en esa comunidad usaban los candiles, los candiles que mi mamá misma nos ponía a hacer, que eran conseguir las botellitas de cristal con taparroscas, abrirle la parte de arriba, meterles un pedazo de tela, el petróleo y la noche para prenderlo, ¿no? O mi abuelito, que ya era un poquito, decía mi mamá, civilizado, ya tenía las lamparitas que eran con gas en la parte de abajo y con un capuchón y todo esto, ¿no? Entonces, yo creo que mi niñez fue una de las cosas más bonitas por decir como dijiste de inicio entre tierra y estrellas literal así fue. Recuerdo que también en mi adolescencia yo nací en la Ciudad de México pero con mis amigos nos escapábamos a hacer campamentos a las comunidades pues más alejadas pero al mismo tiempo cercanas a la Ciudad de México donde podríamos llegar en camiones a veces hasta de aventón y recuerdo estas poblaciones quizás en Puebla, que estaban en la cima de la montaña, donde sólo se podía llegar en coche o en burro, perdón, caminando o en burro. Burro yo, por no decir las cosas bien. Pero literalmente, no llegaban los coches. de nosotros sí, yo soy afortunada y doy gracias a mis padres de a Dios, siempre digo, ¿no? Porque pues yo creo que fue, fui muy afortunada en muchísimas cosas. Afortunada porque pues crecí en un ambiente familiar muy, muy correcto, para mi gusto muy correcto. Inicie, mis papás hicieron como que todo lo posible para que ellos siempre nos decían, su única herencia que les voy a dejar va a ser el estudio, así que aprovechenlo. Tienen que estudiar desde el kinder, desde la primaria, en el rancho y vamos a hacer el esfuerzo para que se vayan al pueblo y de ahí a su carrera, pero va a ser lo único que podamos hacer por ustedes, porque no hay dinero en el banco porque no hay tierras o hectáreas que darles lo único que tenemos es lo que trabajamos no en donde se sembraba el maíz como te decía el frijol y todo eso era lo único pero pues de ahí no hay más entonces ustedes tienen que ser inteligentes y estudiar y echarle ganas tu papá se dedicaba como tal a la siembra de alimento y tu mamá digamos estaba... Mi mamá a la casa, pues obviamente tenía tres chamacos. Los tres que somos, pues nos diferencia año y medio o dos años, o sea era muy consecutivo. Generalmente en el rancho se acostumbraba, ya tuviste primero, ten el otro, el otro, y hasta donde puedas. Entonces mi mamá decidió tener tres y dijo después de los tres, ya no quiero más. Yo creo que admiro mucho a mi mamá de decir no, porque el ambiente familiar yo creo que en ese tiempo era como que muy nulo la participación de una mujer. Entonces, era lo que el hombre quería ser, era mucho patriarcado. Entonces, admiro mucho de haber tomado la decisión y no haber dicho, van más hijos, más hijos, más hijos, más hijos, sino que se quedó con tres y dijo hasta ahí. Entonces, esos tres nos educó de esa manera de decir, no, es que tienen que ser, tienen que ser tenaz tienen que aprender a estudiar y aprender a defenderse ante el mundo real entonces fue muy bueno la verdad. Ok, entonces tú tenías acceso a vastos recursos naturales quizás no económicos pero si naturales, no? Eres muy joven o sea tampoco estamos hablando de que haya sido hace mucho tiempo no? y aún así me contabas antes de entrar a micrófonos que en tu casa no había tele. No, no teníamos tele. Llegó un tiempo cuando nosotros éramos muy chiquitos, pues nos entreteníamos. Yo era de las tres, soy la última. Tengo una hermana, un hermano eran más unidos y les encantaba salir a jugar fuera de la casa. Entonces yo era como que esa chamaca que siempre quería estar pegada bajo las nahuas de mi madre, decía, tú siempre quieres estar pegada bajo mis nahuas. Me encantaba estar con ella para todos lados, para todos lados. Si iba a hacer la tortilla, si iba a hacer la comida, estaba parada atrás, al lado. Si iba a hacer algo, yo estaba ahí al lado. Mi mamá llegaba a situaciones en que me decía, ya vete, ve a ser niña, ¿no? Casi me decía, ve a ser niña, juega con tus amigas, haz algo. Pero me encantaba estar dentro de mi casa. Entonces ya cuando yo fui creciendo, entendí que tenía que tener contacto humano con los niños. Con la humanidad a tu casa. Y ya tenía dos, tres amiguitas de la primaria con las que salía a jugar o si no, yo invitaba y les decía, vengan mejor a mi casa a jugar y jugamos en el patio de la casa. ¿A qué jugaban? Ay, nos encantaba jugar. Yo desde chiquita creo que era lo que yo siempre digo, me gustaba mucho el tema de la cocina, el tema de jugar como cualquier niño, de mamá, yo quería ser la mamá, yo quería cocinar, quería hacer todas estas labores, y siempre era tener una muñequita, porque yo tenía una muñequita nada más, y el tema de jugar. Mis amiguitas de igual manera les gustaba, creo que replica todo lo que ves, cuando es temporada de elotes en casa, mi papá siempre traía elote y nos ponía a limpiar y a cocer y a la cámara. Era parte también de tu juego, dijiste. Así es, y mi juego yo replicaba, había unas vainitas que se parecían mucho al elote, entonces nosotros hacíamos eso, hacíamos nuestrascía alcohol de barro. En la localidad donde nosotros vivíamos había un terrenito donde había barro. Entonces mi mamá hacía y yo iba con ella con mi cubetita y todo, y traía mi barrito para hacer mis utensilios. Nosotros hacíamos fogoncitos, nos hacíamos los hornitos, las cazuelitas. Entonces a eso jugábamos, cociamos chayotes porque en el rancho pues hay de todo, habían como brotecitos de chayotes chiquititos chiquititos, entonces lo cosíamos, hervíamos, hacíamos el juego con leñita y todo lo demás y a eso jugábamos, esa era como parte de mi juego, me acuerdo, jugaba siempre en la banqueta de mi casa y ahí hacíamos nuestra... pero le decía a mis amiguitas que venían a jugar en mi casa. Me costaba mucho salir fuera de casa. O sea, mis hermanos yo creo que también ahora las veces que platican y me preguntan cómo era, no, pues era bien llorona, no sé cómo decían, porque no podía salir porque siempre se la pasaba llorando, ay mamá me pegaron, ay esto. Y siempre quería estar con mi mamá, entonces como que tenía mucho apego y quería como que hacer las cosas que ella hacía. Ella siempre se la pasaba cocinando, pues era ama de casa, limpiar, cocinar, lavar y todo eso. Entonces me llamaba mucho la atención ese acto que le hace. Estamos platicando con Iria Sánchez, ella es chef profesional. Para quienes quieran entender cómo se hace o cómo se convierte una persona en chef, quédense aquí. Aquí vamos a indagar justamente en la memoria de Nidia y vamos a llegar al punto del restaurante que hoy dirige. Yo soy Jonathan Ruiz esto es Parteaguas. Vamos a un corte. Porque quiero saber cómo se forma una chef. He escuchado a muchas niñas, he escuchado a jóvenes que me dicen que quieren estudiar gastronomía o que están estudiando gastronomía y entiendo las dificultades de entrar a un mundo en el que muchos estudian pero al final hay un límite de cocinas disponibles, entonces no es fácil llegar a un buen restaurante y Nydia nos está contando su vida para entender cuáles son los vericuetos que llevan a una persona y decisiones, ojo, no solo vericuetos que puede poner la vida, las decisiones que toma cada persona para llegar al punto en donde quiere estar, en este caso, un gran restaurante con una gran cocina. Y eso es lo que nos está contando esta noche Nidia Sánchez, por lo cual agradezco su generosidad. Nidia, entonces estábamos con este pueblito, Copainalá, en Chiapas, en donde tú jugabas a producir comida, jugabas también a cosechar con tus papás, ¿no? Así te iba la vida antes de los 10 años, ¿no? Ibas a la escuela también, porque era lo que te procuraban tus papás, ¿no? Claro, claro. La primera preocupación, como dices, de mis papás era que estudiaran y buscaban la forma. O sea, te platicaba que nos mandaron a un albergue en Copaínala. Yo vivía en Morelos, en esa época. Nos llevaron a Copaínala, estuvimos en un albergue donde nos daban como comida y casa para poder seguir estudiando la primaria era, y regresábamos los viernes a casa, pasábamos los fines de semana y nuevamente el domingo regresar a la escuela. Pero hubo un momento en que eso, mi mamá le preocupaba, tres niños caminando por toda la selva, por el monte, porque eran veredas y caminos, lo que nosotros recorríamos cada inicio de semana y cada fin de semana. Entonces mi mamá se vio la necesidad y la preocupación de decirle a mi papá, tienes que hacer el esfuerzo de buscar una casa en el pueblo. Entonces mi papá hizo el esfuerzo, no sé cómo le hizo. Tuvimos una casa en el pueblo y ya mi mamá se fue a vivir al pueblo y dijo, pues aquí empiezo a trabajar y hago lo que sea para sacarlos adelante. Entonces, así es como iniciamos a vivir en Copa Inala ya estable, ya no regresar al rancho, aunque a mi papá le costó muchísimo migrar al pueblo porque estaba acostumbrado, pero pues ahí es donde empezó todo eso. Mi mamá se puso a hacer mil y un cosas, vendía en la primaria donde yo estudiaba y yo era la más feliz porque vendía en la primaria donde yo estudiaba y yo era la más feliz porque vendía cosas de comida y yo pues llegaba y yo ya sabía que saliendo del recreo, ya quería salir al recreo porque quería ver a mi mamá que me diera de comer, ¿no? Entonces fue, es bonito, muy bonito. Y pues de ahí nace el de estudiar gastronomía, el de querer, me nació esa necesidad o ese deseo de querer estudiar gastronomía cuando me enteré que había una carrera para poder cocinar, dije yo quiero ser, quiero cocinar, quiero hacer eso. Le veo toda la emoción, me parece que estoy viendo a esa niña emocionada en ese momento pero todo lo que dijiste lo dijiste muy rápido para la intensidad que seguramente viviste en esos días. A ver, tú vivías en una comisaría, debo decir, que era Morelos? Ranchería, se podría decir, sí. Y la cabecera municipal estaba en Copainala? Sí. Entonces, tú siendo de esta ranchería, donde no había escuelas que a ti te llenaran el ojo, ni a tus papás, pensaste en la escuela de Copainalá. Copainalá de la cabecera municipal. Y entonces a ti y a otros niños los mandaban el domingo en la tarde a atravesar la selva o la vegetación de ese lugar por veredas para llegar ustedes por su cuenta a Copainalá, instalarse en el albergue y estar ahí toda la semana en un lugar en el que los cuidaban empleados de gobierno. Así es, había una cocinera, había como cuatro personas que cuidaban, había un dormitorio de niñas y un dormitorio de niños. Entonces nosotros nos levantaban súper temprano, en lo que te bañabas, te cambiabas, pasabas al comedor a desayunar porque había siempre comida calientita, eso es lo bueno, eso es lo que agradece yo creo que todos los padres de que sus hijos lo atiendan. Y en la tarde que regresábamos de la escuela, nos ponían a hacer como que actividades. Había un corral donde había gallinas o había hortalizas que hay que ir a regar, había como que un rol, como que si estuvieras en un campo militar, yo creo, porque te decían, a estas horas se tienen que regar, a estas horas se tienen que ir a recoger los huevos, y todo, ¿no? Te daban actividades como niño, que sí pudieras realizar lo que sea como que al alcance que tú pudieras hacerlo, ¿no? Entonces, se iba a la semana. Ya había una hora de dormir a las 8 de la noche, ya tenías que estar en cama, bañado, porque al siguiente día tenías que... ¿A qué hora te levantaban? Nos levantaban, si no mal recuerdo, como a las 5 de la mañana, porque pues tenías que ir o si te tocaba en esa semana estar trabajando en el comedor porque ayudabas también a las señoras que hacían a limpiar los frijoles, a limpiar el arroz, a despegar tortillas, a cortar, no sé. Entonces era como que tenías actividades dentro dentro dentro de esa estancia de esa albergue. O sea, de alguna manera pagabas tu estancia con trabajo. Claro. Y eso, ¿qué edad tenías tú? Pues yo estaba en la primaria, como de segundo. Era la más chiquita. O sea, siete, ocho años. Siete, ocho años. O sea, chiquitita y flaquita y vamos rompiendo el... Pero me sentía como cómoda o a gusto, pues porque tenía dos hermanos. Tenía mi hermana mayor y mi hermano. Te cuidaban, de alguna manera te cuidaban. Dormías en el mismo cuarto con tu hermana, supongo. Con mi hermana. En literas, ¿no?, con otras niñas. Pero era también algo interesante, estar con otras niñas, donde no estábamos papás. Fue como una época muy bonita, claro. Te decía, era como el señor de las moscas. como si otros compañeritos de localidades muy cerca de la colonia donde yo vivía en Morelos, Cárdenas, San Pablo, habían varios que bajaban a estudiar, los mandaban a los papás, entonces conocía gente Es interesante eso, porque tu, ni idea de lo que era Tuxtla o sea, probablemente no veías muchos coches en esos días, ¿no? En mi pueblo, en la localidad donde vivía, conocía las camionetas, que eran estas camionetas grandes con radila y bancas de madera, que era la que nos transportaba de Morelos a Copayinalá. Se apaga tu pasaje y te van, y hay una hora de salida y una hora de llegada. No es a la hora que tú quieras. Ay, hoy se me olvidó comprar los tomates, y no fui, ya me voy. No. Si no, a patitas. Tienes que caminar. Y ese era lo único que conocí. Entonces, cuando llegué al pueblo, pues, era algo diferente, algo nuevo para mí. Hay que caminar para ir a la primaria. Estaba cerca, de hecho, estaba muy cerca al albergue, a la primaria. María, y era feliz. Los domingos, cuando nos quedábamos, había fines de semana que nos hacían quedarnos, los domingos nos daban como que un domingo, un predomingo le decían, que nos daban como que unas moneditas, no sé de dónde salía ese, no lo recuerdo muy bien, pero nos daban como un domingo que nos daban monedas, entonces a nosotros nos encantaba ir, había, cerquita de ahí había una señora que hacía pan, pan el casero, rico, y los domingos olía delicioso, delicioso en el dormitorio. Entonces nosotros íbamos con nuestros pesitos que nos daban a comprarnos siempre un pan caliente y un bolis, que el bolis son como, estas que las embolsan, ya sea de coco, de nacho y todo eso, estos son los congeladitos, entonces nos encantaba ir, éramos los niños más felices comiendo bolis con pan. Hace mucho que no escuchaba eso de que me daban mi domingo. Ah, esa, mi domingo. Yo me acuerdo que a mí de niño me daban mi domingo, pero años sin escuchar ese término, ¿sí? Así era. Sí, sí, sí. Y tú siempre relacionaste entonces todo, de alguna manera, siempre estuviste vinculada con la comida. O sea, me llama la atención que tu motivación era, en esos casos, irte a comprar tu pan caliente y tu boli. Sí, bueno, sí. Tú me decías entonces que en algún momento tu mamá le dijo a tu papá, a ver ya estuvo, ¿cómo se llama tu papá? Rodulfo ¿Rodulfo? Rodulfo ¿Y tu mamá cómo se llamaba? Mi mamá se llama Adelina, como el bar de arriba ¿Adelina? Adelina ¿Adelina? Como el Roof de Hierbas Santa El Roof de Hierbas Santa lleva su nombre de lina. Rodulfo le dice de lina tienes que llevarme allá a vivir con los niños y tu papá consigue esa casa en Copainala, se van de Morelos a Copainala y consigue la casa Rodulfo y ahí estaban ya entonces en familia, ¿no extrañabas el albergue? No tanto porque ya estaba mi mamá. O sea, yo era muy apegada a mi mamá. Entonces yo era la mujer más feliz o la niña más feliz ya teniendo una casa en el pueblo, ya sabiendo que sí voy a ir a la escuela, pero regreso y voy a ver a mi mamá y voy a comer con mi mamá o me va a dar algo de comer mi mamá. Entonces, sí fue una época bonita el albergue. No puedo decir que me dolió no estar o estar, porque lo disfruté. Yo creo que cada etapa de esa vida de niña lo disfruté. Puedo recordarlo. O sea, me llena todavía de alegría recordarlo. O sea, entonces, le di su tiempo a recordarlo, o sea, entonces... Claro. Le di su tiempo a cada tiempo, yo creo, de ese... Le sacosaste lo que tenías que gozar y ya está. Así es. Dijiste que en algún momento, y fue ahí, cuando tú dijiste, creo que quiero estudiar gastronomía. O sea, ya estabas en secundaria o... En secundaria, en preparatoria. Decía, bueno, escuchaba... Ahí mismo en Copainala había prepa, ¿de acuerdo? Sí, había prepa, porque yo estudié la preparatoria hasta ahí. Entonces, escuchaba que había esta carrera de gastronomía y que era para cocinar. Y yo decía, ay, quiero estudiar eso. ¿De dónde lo viste? No sé, yo creo que con compañeros, tenía muchos compañeros en la primaria, en la secundaria, que sí tenían el poder adquisitivo y tenían hermanos y han viajado a la ciudad de Uxtra Gutiérrez y decían que había una carrera y cualquier carrera va a suceder. Cuando te empiezas a preguntar, ¿qué vas a estudiar cuando te dicen? ¿Qué vas a estudiar en la universidad o que quieres ser. Entonces es como que yo en algún momento escuché y dije yo, ¿a poco hay una carrera? Porque ni idea, tenía que haber una, que se tenía que estudiar para poder cocinar. Entonces yo decía, me interesa, quiero, quiero porque me gusta, me llama la atención esto de cocinar. Aparte mi mamá siempre me decía, yo cuando era chiquita siempre decía, mamá quiero aprender a hacer el arroz, como te dije el otro día, ¿no? Y mi mamá siempre me decía, no, estás chiquita, te vas a quemar. Y cuando me dijo hacer el arroz, se me batió todo el arroz, pero bueno, ya viste. Se aprende más. Claro. Entonces, pues de ahí escuché, yo creo que en algún momento que se estudiaba y yo dije quiero estudiar. Pero cuando ya vas creciendo y investigas, pues ya vi que la carrera pues no era así porque así nada más presentas un examen y ya te quedaste, no, sino que eran en escuelas particulares y usted tenía que pagar una cuota o uno. Me decías que eran como 12 o 13 mil pesos. Como 13 mil pesos, había solo una escuela en la industria buteera de gastronomía. Entonces era como que los lugares peleados y... ¿Qué llegaste? ¿Dijiste, papá Rodulfo, dame 13 mil pesos mensuales para pagar mi colegiatura? Me dijeron, no se puede. No, yo sabía, o sea, tú como hijo yo creo que sabes en qué ambiente vives o cómo estás viviendo. Yo sabía que mi mamá pues hacía todo lo posible para poder llevar dinero a casa, igual mi papá comida a casa. Entonces, todos hacían como que esa tarea y a la vez también nosotros. Mi papá como vivía en el rancho, tenía naranjas, llevaba naranjas al pueblo, mi mamá las vendía o nosotros, nos hacía salir con las cubetitas a vender naranjas, recuerdo que un día, Copainala es una población, es una localidad muy quebrada, con sus calles muy quebradas. O sea, muy para arriba, para abajo. Sí, y nosotros vivíamos en una subida así hasta la cima, estábamos nosotros. Y un día a nosotros nos mandaron a vender naranjas. Y que se nos caían todas las naranjas. Y se cayó, y en la parte baja estaba el parque central. Entonces allá volaron todas las naranjas. Y nosotros llorando a casa, porque fuimos casi, los tres salimos a vender la naranja. Y ahora qué le decimos a mamá y cayeron las naranjas, como clásico de la noche. Yo creo que te lo imaginas en cámara lenta eso viendo rodar las naranjas que hay abajo. Es lloradera para nosotros y triste porque vamos a hacer ahora, era para las tortillas del día de mañana y ahora perdimos las naranjas y no llevamos dinero. Entonces fueron vivencias de todo esto y que lo recordamos siempre que nos juntamos con mis hermanos, siempre lo recordamos y decíamos ¿te acuerdas cuando nos cayeron las naranjas y se fueron? y todo eso. Y entonces tú querías, digo porque al final decías ok, pero ¿cómo le voy a hacer? o sea porque quiero estudiar eso, ¿no? Entonces dijiste, bueno, no se va a poder, voy a ser psicóloga, ¿no? Sí, pues era una escuela, era una universidad. Mi hermano estudiaba Historia en la UNICACH. Entonces me dijo, pues tienes que estudiar algo, si no hay gastronomía tienes que estudiar algo. Y pues dije yo, bueno, psicología como que me llama la atención, porque en la preparatoria nos dan como que una introducción a toda esa de las carreras, y decidí ver el tema de psicología. Y me gustaba, dije yo, bueno, pues podría hacer esto, si no hay una opción más económica de la gastronomía, pues puedo estudiar psicología. Entonces saqué mi ficha, mi hermano me llevó, me indujo todo porque ellos ya estaban estudiando en la Universidad de Tuxla Gutiérrez. Ellos ya habían emigrado de Copa Hidalgo a Tuxla Gutiérrez. Entonces, pues yo era la chiquita, les tocaba que me induciera, ¿no? Entonces ya me dijeron, pues, gastronomía, perdón, psicología. Fui y presenté el examen, en psicología se hacían tres exámenes, ¿me acuerdo? Pasé dos y el tercero no lo pasé. Y yo era un mar de llantos, y ahora, ¿qué va a ser de mi vida? ¿Qué voy a hacer? No, no tengo otras opciones porque no me llama la atención algo más. Y como te dije, ¿no? Entré en CONAFE, yo di clases un año y tenía tenía una beca pendiente que lo tenía que... tenía que entrar a la universidad para que me lo pudieran dar porque si no, lo perdía. Entonces, esa beca no la quería perder. Entonces mi hermano me dijo, pues métete a estudiar algo. Me fui a la otra universidad que es la UNACH y ahí había como que... había una carrera que no se llenaba el cupo que deberían de tener y dejaban como ingresar a los que quisieran, que quisieran estudiar. Entonces me metí a estudiar bibliotecología y era una carrera que yo decía, ¿qué es eso? No lo puedo pronunciar. Bibliotecología. Y luego me decía mi hermano, ¡ay, vas a ser rata de mi beca, voy a estudiar algo. ¿Qué andas tú que dices? Y me fui a estudiar. Estuve un semestre, dos semestres estuve en esta carrera. Iba porque tenía que sacar la carrera y todo eso, ya me sentía como con una obligación. Pero en eso, mi hermano se lleva a la UNICAT y me dice, oye negrita, ah porque me dice negrita, oye negrita que crees, se va a abrir la carrera de gastronomía, ¿cómo se llama tu hermano? Audomaro. Audomaro, que bonitos nombres tienen en Chiapas, uno en la Ciudad de México se llama bien simple o nombres medio gringos, pero ustedes tienen nombres bonitos, Rodulfo, Audomaro, Delina, en fin, midi. Entonces me dice mi hermano, Negrita se va a abrir la carrera 20, a ver si quedas. Y yo bien emocionada, me preparé un día antes, dije que tendré que estudiar para poder quedar en esa licenciatura. Me investigué poquito y todo eso, y yo emocionada y nerviosa a la vez, el día que fue mi examen saqué mi ficha, nos dieron fecha para examen, fui a mi examen y esperando los resultados dos días después que nos dan. Fui emocionada porque quería verme en la lista de que sí había quedado. Y cuando veo mi nombre ya yo era la mujer más feliz, feliz, feliz. Entonces yo fui parte de la segunda generación de la carrera de gastronomía en la Unicash, porque fuimos uno de los primeros grupos que se aperturó. Como fue mucha demanda, dividieron el grupo en dos. No podían iniciar el primer semestre con un salón llenísimo, sino que sí, sí, sí iniciaban lleno, pero se iban como que depurando mucha gente que decía, bueno, no es lo mío, no sé por qué estoy acá. Pero a mí me tocó en la segunda camada de decir, entras en este, en el siguiente semestre, porque pues ya este cupo está lleno, ¿no? Entonces ahí fue donde inició todo esto de la carrera de gastronomía. Para eso, entonces, mi mamá me dijo ¿Qué edad tenías ahí? Como 16, 18 Como 18, 18 Y tú, digamos al final de cuentas lo conseguiste también por la beca que conseguiste dando clases en el CONAF Así es O sea, todo te costó pues Así es Y bueno, perdón Llego yo un momento en que dije, yo hice estudio para ser maestra Pero no era lo que me llamaba, no era lo que me llamaba la atención, definitivamente amaba a los niños porque daba clases de preescolar a niños de preescolar, igual una comunidad muy rural, pero dije no, no quiero eso, yo quiero esto. Entonces cuando fui a estudiar también tenías que pagar como que una, pagabas como tus insumos, las primeras, como no estaba tan estructurada todavía la carrera, eran los primeros entonces te pedían como una cuota para los insumos y todo esto y aparte cada semestre ibas a hacer prácticas ¿Entonces eso implicaba dinero? Implicaba dinero entonces mi mamá tomó la decisión de irse a los Estados Unidos de mojada se fue 5 años a Estados Unidos de Mojada. Se fue cinco años a Estados Unidos de Mojada y mis hermanos se molestaron mucho conmigo en ese tiempo porque siempre decían ¿cómo es posible que por ti se fue a, o por tu culpa se fue a Estados Unidos de Mojada a trabajar? Y nosotros tuvimos que trabajar y estudiar. Entonces se fue cinco años, yo también le sufrí muchísimo en esa época de cinco años porque yo estaba muy acostumbrada a mi mamá, mi mamá iba por donde yo iba y siempre me cuidaba. Entonces fue como que el primer alejamiento de mi mamá que tuve, de decir no está en casa, ahora te tienes que hacer cargo tú de ti misma. Entonces se fue, me apoyó, yo justo cuando iba a terminar la carrera me faltaba, era mi último año, regresó mi mamá y super feliz, pero ya no había tanto dinero, entonces trabaja para terminar. Empecé a trabajar. En mis últimas prácticas, yo creo que mis prácticas, las prácticas profesionales, es como el campo real para decir esto es lo que vas a hacer siempre, no es como en la carrera de que te enseñan como que lo básico, vas y te la pasas bien con los amigos, cotorreas y todo, y en la cocina no, ya es totalmente diferente. Entonces yo trataba como que de aplicarme y ser como que muy responsable de mis prácticas profesionales. Entonces, vieron yo creo que parte de mi compromiso con la cocina o con lo que hacía, entonces me ofrecían trabajo y prácticas. Me dicen, pues te ayudamos con tus prácticas y a la vez trabajas. Para mí era un gran alivio entonces los últimos años ya te empezaron a pagar claro si entonces los últimos años yo ya empezaba a recibir un sueldo decir recibir seis mil pesos yo creo que me pagaban la primera vez que me pagaron seis mil yo era feliz y ya me estaba dividiendo para decirle no este le doy a mi mamá para que lleve cosas a la casa, comprar y todo, me quedo con esto para la semana y o sea fue bonito, fue bonito. ¿Cómo era el restaurante en el que te contrataron la primera vez? Estamos latigando con Nidia Sánchez, ella es hoy chef de Tierra Santa, pero digo, sigo conmovido con la historia de Lina, es una que sacrificó su tiempo en pos de darle una carrera y pagarle sus estudios en gastronomía, entonces me interesa mucho saber el tipo de satisfacción que le brindó el primer restaurante en el que trabajó y por eso pregunto, ¿cómo era ese restaurante? Era bonito, fíjate que yo haciendo recuentos, yo siempre había dicho que a veces los sueños se cumplen dependiendo de las ganas que le pongas. Yo cuando todavía inicié la carrera, yo siempre decía, era uno de los restaurantes más bonitos de Tuxtla Gutiérrez y era como que una cocina del mundo. Servían muchísimas cosas. Yo había visto como que la carta y todo eso, yo siempre decía, y pasaba en la combio por ahí para irme a la escuela, y me decía todos los días, en ese restaurante tengo que trabajar algún día, tengo que estar en ese restaurante. Y cuando fui a hacer mis prácticas, jamás pensé que me iban a contratar, pero vieron el interés que yo tenía, me contrataron y yo fui súper feliz. Entonces cuando empecé a creer como que los sueños se van cumpliendo, dependiendo de la intensidad o las ganas que le pongas. ¿Qué hacías en ese restaurante? Porque no te la dieron... inicié en el área de repostería. Hacía panecitos, me enseñaron a hacer panes, me enseñaron a hacer pastelitos, pero postres muy básicos, y yo era feliz. Y luego me pasaron uno de los chefs, que fue uno de mis grandes maestros en la cocina, me enseñó muchísimo Ulises González él vio, dice, me lo cuenta ahora, vi talento, vi que eras una guerrera y era un desperdicio tenerte en en la repostería en repostería, tú tenías madera para hacer otra cosa entonces él agarró y me cambió de puesto y me puso en la parrilla y yo le tenía tanto miedo a la parrilla porque teníamos una jefa que era como muy estricta, que cuidaba cada peso, cada centavo de su restaurante. Si te pasaba de término, no te salía bien, te regresaban, te los cobraba. Entonces yo tenía un miedo y yo le decía, es que no quiero estar ahí porque es mi primer trabajo, sé que la voy a cagar en algún momento, perdón por la palabra, y no quiero que me lo cobren, o sea, son mis primeros sueldos que tengo y no quiero, no quiero pagar algo que no me lo voy a disfrutar ni nada. Entonces me daba muchísimo miedo. Entonces él me dijo, no, yo voy a estar de tu lado enseñándote paso a paso, pero tienes que ser inteligente para aprender. Entonces fue como que el primer paso que di a la cocina, porque yo quería ser repostera anteriormente. Decía, era mi sueño. Pero cuando ya lo vi, dije, yo, no es mucho tiempo. Hay que esperar eso. Hay que ser, tener muy minucioso para decorar y no sé qué tanto esperar. y cuando yo conocí el lado del área de la caliente y los términos y correr adrenalina, que sales pero cansada pero satisfecha porque porque lo lograste hiciste un día, te fueron clientes felices, sacaste lo mejor de ti, te peleaste mandaste a alguien a su casa o no sé, era como esa adrenalina, entonces era lo bonito y ya ahí descubrí que yo estaba hecha para eso, yo decía yo quiero estar ahí, no me vuelan a sacar de acá, a mí no me vienen a contar de guerras y de trabajos duros, a mí no me vuelan a sacar de acá y de ahí empecé en la línea caliente de ahí me pusieron como para crecer rápido la verdad me dieron, ¿cómo se llamaba ese restaurante? El Giraldillo. El Giraldillo. De don César, don César lo recuerdo mucho, era un señor muy muy muy amable, pero su hija era la que siempre estaba al pendiente del negocio. Contándole los centavos. Sí, entonces de ahí estuve, terminé la carrera, fue mi graduación, culminación y todo, ya estaba mi mamá, se hizo la fiestecita, ya con lo que yo pude sacar de mi sueldo, invité a comer a mi mamá y unos amigos, entonces ya había, ya era otra cara de la moneda, ya tenía trabajo, entonces después de ahí me fui a otro restaurante, que fue uno de los restaurantes primeros que... ¿Por qué te fuiste? Porque me ofrecieron otro puesto. Y te ofrecieron otro puesto otro puesto más dinero el otro restaurante se llamaba Arboleda 135 que era la primera el primer restaurante con cocina de autor en Chiapas Ya cuando le ponen un número es porque hay algo de... sí muy muy bueno me fue muy bien y de ahí pues ya te había contado que yo hacía como estos stashes cada semestre. Entonces en algún momento viajé a la Ciudad de México también a hacer mis prácticas y ahí conocí a un chef que en algún momento abrió en Playa del Carmen, Paradisos, el hotel, cuando todavía se aperturó. Y también yo le echaba muchísimas ganas, me dijo que le gustaba mi trabajo y todo eso. Y de repente recibí una llamada, bueno, no llamada, un mensaje de Facebook que me dice, oye, Nidia, ¿qué crees? Voy a abrir, vamos a abrir un hotel en Playa del Carmen y estoy buscando personal. Y tú me gustó cómo trabajaste y quisiera que te vinieras a trabajar acá. Y yo, Dios mío, quiero irme a... Pero ya tu vida ya había cambiado. O sea, mencionaste la Ciudad de México muy rápido. Sí. Pero de Copainalá, Ciudad de México, hubo ahí un impacto seguramente. Vamos a ir a un corte regresando el corte vamos a ir con el cierre y el futuro de tu historia. De Sus Parteaduas yo soy Jonathan Ruiz y estamos con Nidia Sánchez. Regresamos. Ya cuando te ofrecen trabajo, digo trabajo fuera de Chiapas, es en Playa del Carmen. Y Playa del Carmen, me imagino que era ese momento de boom, ¿no? Sí, estábamos en ese momento de boom. Entonces me hablan y me dice mi mamá, le dije yo a mi mamá, me voy a ir a trabajar, mamá, porque es lo que quiero. Aquí no creo que crezca más de lo que ya tengo ahorita, ya me sentía yo la reina de todo entonces le dije necesito salir pero por un momento dije si me voy me voy a despegar de mi mamá y todo eso mi mamá lo primero que dijo es no, ¿por qué te vas? tienes casa, tienes comida, no te hace falta eso. ¿Por qué vas a ir a sufrir a otro lado? Yo le dije no, me tengo que ir. Me tomé, me compré mi... porque ahí me fui en camión, me compré mi boleto de camión porque ya tenía el dinero ahorradito, me compré mi boleto de camión de la DO, me llevó mi mamá y me dijo te voy a acompañar, pues si es tu decisión, adelante, me hicieron la maleta y todo eso y viajé a Cancún. En Cancún estaba una amiga que estudié con ella la primaria y la secundaria, entonces le hablé y le dije, oye, ¿qué crees? Me ofrecieron trabajo en Playa del Carmen, así, así, así, y me dijo, vente a Cancún y yo te llevo a Playa del Carmen. Ella vivía con su familia y todo esto. ellos me llevaron a Playa del Carmen y me decían, te vamos a ayudar a buscar una habitación, un cuarto donde te quedes, ¿cuánto tienes para pagar? Entonces, cuando yo digo, pues, tengo tanto, entonces lo que me alcanzaba era la colonia La Colosio, que era una colonia, pero fatal, que era donde estaban abriendo el hotel, pero pues el hotel estaba con vallas y todo esto, y sal, y era peligroso. Entonces, cuando me llevan a mí a dejarme a un cuarto, era un cuarto así, cuatro por cuatro, yo creo, había sólo un baño, una media estufita, y para él hay que contar. Entonces, yo cuando llegué y me acompañan a hacer las compras para limpieza, me compré una colchoneta, una almohada porque no llevaba. Y cuando ya se tuvieron que ir ellos, yo me puse a hacer limpieza y me quedé. Y entonces cuando ya me cayó el 20 de decir, bueno, ¿qué hago acá? Estoy sola, sola con una colchoneta y solo una almohada y la maleta. Entonces yo a partir de ese día, yo no paraba de llorar todos los días. Era todos los días llorar porque me sentía, ¿Quién soy? ¿Qué hago yo acá? Entonces, ahí es donde extrañé muchísimo mi casa y mi mamá me hablaba y me decía, regresa, regresa, voy por ti. Yo le dije, no mamá, voy a ser fuerte, me quiero quedar y me voy a quedar. Y ya me metí a trabajar, me hicieron la entrevista, pasé las entrevistas y me hice, y el que me hizo la entrevista del DRH me dijo, oye, ¿qué crees? No, iba a trabajar en un restaurante mexicano, totalmente mexicano. Entonces, pues yo dije, lo que sea, pero te quiero trabajar. Y iban a abrir en ese entonces un restaurante que era con Estrella Michelin, que era de Martín Berazategui, Passion, y el que me hizo la entrevista me dijo, oye, tú no tienes perfil para trabajar en esa cocina mexicana, te vas a este restaurante, es de Martín Berazategui. Yo claro que conocía, bueno, había leído de Martín Brasategui en la universidad, que era uno de los mejores chefes españoles, con Estrellas Michelin, no sé qué tanto. Me emocioné muchísimo. Yo dije, me están pasando cosas muy bonitas y buenas para lo que yo soy, para mi carrera. Entonces, me emocioné mucho, me quedé trabajando ahí con ellos, me pasaron a esa cocina, y pues hice el esfuerzo en moverme de la habitación donde estaba, donde me causaba muchísimo miedo. ¿Por qué? Porque todos los domingos había muchísimos albañiles haciendo fiestas y todo lo demás, hasta que llegaban patrullas y todo eso. Entonces ya me sentía como que con más confianza y ya estaba en un restaurante bien, aunque me la pasaba jornadas de trabajo larguísimas, pero pues uno cuando es joven no se siente ni nada, y yo era feliz, estoy en el mejor restaurante, presumía, ¿no? Entonces, fue como que la parte, lo primero que toqué, con algo que era de estrellas, de esto, lo bonito. Lo conseguí. Entonces fueron como satisfacciones de vida. Y después, pues ya pasaron ya muchas cosas buenas. Viajé a Los Cabos, también fui a Los Cabos, trabajé y cuando vino la pandemia, ¿no? Y la pandemia yo creo que nos cambió la vida a todos, a todos. Cerraron los restaurantes, no había trabajo, ¿qué pasó contigo, Anivia? Yo me quedé sin trabajo, pero antes mi mamá se contagió. Entonces vivían solos en el rancho mi papá y mi mamá. Y yo con mi hermano siempre he sido como que más apegado, ya ahora de grande, aunque no de chiquito. Ella me dijo, oye mamá, se infectó, pasó esto y esto, y pues están solos, vas o voy yo. Y justo en ese periodo a mí me habían suspendido, pues suspendieron a muchos más como los de sueldo más arriba. Les dijeron pues bueno, un poquito de, te damos como vacaciones, porque pues no hay movimiento, no hay movimiento, nos quedamos con poca plantilla. Y entonces decidí decirle a mi hermano, ok, me voy contigo, como teníamos eso. Pero en ese instante, después de una semana me dijeron, oye, ¿sabes qué? Ya te vamos, eres una de las indicadas que se va del trabajo, o sea me quedé sin trabajo, y dije bueno, me quedo a cuidar a mi mamá. Me quedo a cuidar a mi mamá, nos contagiamos todos, pasó, fue la primera oleada cuando no sabíamos qué hacer, ni qué tomar, ni a dónde ir, ni nada, y era como que si te veían como bichos raros y tú tenías un poco de COVID, Entonces, mi mamá tenía esa idea de no querer ir al hospital. Entonces, se nos complicó muchísimas cosas. Estábamos en el pueblo en ese instante. En Morelos. No, en Copainala. Sí, entonces teníamos que llevarlo a Tuxla Gutiérrez, a un hospital. Mi mamá no quería, entonces casi, casi lo obligamos a buscarlo, a irnos. Mi hermano se enfermó. Entonces yo ingresé a mi mamá, lo obligamos y me dijo sus últimas palabras que me acuerdo, que me dijo, es, hija, si algo pasa, recuerda que yo ya fui feliz y viví mi vida como lo tenía que vivir. Entonces me partió el corazón, la verdad, pero pues teníamos que ingresarlo. Lo metí a mi mamá y también a la vez mi hermano al hospital. Entonces, los dos y yo quedándome con mi papá. Y a los cuantos días, pues, mi hermano, él salió a flote. Teníamos que, yo lo iba a ver y también mi papá se enfermó, entonces yo estaba en Tuxtla Gutiérrez cuidando a mi papá y viendo la recuperación de mi hermano y de mi mamá. Pasó unas semanas cuando me dijeron, oye, necesitaban que vengas al hospital porque necesitaban los papeles de tu mamá. Yo fui y me dieron la noticia de que tu mamá falleció ayer. Fue un choque muy feo porque mi hermano estaba en el hospital, mi papá enfermo, y yo era la única que estaba viendo por ellos, entonces la psicóloga o el doctor que me dio la noticia me dijo, no puedes decirle ni a tu papá porque está enfermo, no puedes ni avisarle a tu hermano porque está ingresado, entonces llora tú solita, casi casi llora tú solita. Una prima que es de Copaynalá fue la que dijo, no me importa si me contagio, no me importa que pase, pero yo voy a estar contigo. Ella fue la que me ayudó a hacer como que todos los trámites, porque yo ingresé a mi mamá y me lo regresaron en una cajita de cenizas. Entonces, fue una época bastante, bastante, bastante fea, la verdad, que un día platicaba con una tanatóloga y me decía, es que tienes que sacarlo porque no viviste, no viste ese duelo, no hubo una despedida como tal. Entonces, es algo que yo siempre cargo todavía y en años pasados yo no podía contar esto porque me derrumbaba. Ahorita entendí, ¿no? Entiendes con el paso del tiempo vas entendiendo que es parte del proceso de vida. Duele pero es parte de un proceso de vida y siempre me dicen, no, pero ahorita tienes muchas bendiciones, pero a cambio de que siempre lo digo, ¿no? Si alguien me hubiera preguntado, oye, ¿vas a tener estas miles de oportunidades buenas que tienes ahorita, que te está pasando cosas muy buenas, a cambio de una vida o de perder a tu mamá? Obviamente yo hubiese preferido a mi mamá y no esto, ¿no? Pero ahora lo veo como esa parte bonita de decir, yo sé que suena muy trillada, ¿no? Esa que dices que tienes un ángel, que hay alguien que cuida de ti. Yo lo sigo sintiendo. O sea, en muchas ocasiones yo lo siento viva todavía en mi cocina mi mamá. Porque yo creo que después de eso, Adrián fue un ángel también bastante importante. ¿Quién es Adrián? Adrián Álvarez, mi socio. Tu socio en Yerba Santa. Así es. Él fue una parte importante, fue un angelote. Me acuerdo ese día viajó de la Ciudad de México manejando con lluvia. Ya lo habías conocido a él para poner el restaurante en la Ciudad de México. Así es, viajó con lluvia, llegó como, viajó casi toda la noche y llegó a mi casa y me ayudó con todo. Entonces, fue como que el único hombro que yo tuve real de llorar y que me escuchara. Y entonces después de eso, salió el proyecto de Hierba Santa. Dijimos vamos a abrirlo. Ellos tampoco eran restauranteros y dijeron vamos a experimentar, queremos ver cómo es este tema de alimentos y bebida. Y pues lo hicimos y miren lo que es ahora. Muy afortunados, muy felices, lo iniciamos en la Ciudad de México. En un lugar muy chiquito debo decir. Muy muy chiquados, muy felices, lo iniciamos en la Ciudad de México en un lugar muy chiquito, debo decir muy, muy chiquito que pensamos que no íbamos a pegar, decimos vamos a picar piedra desde cero y vamos a darle y yo me enfoqué en mi carta y a trabajar casi 24-7 me sirvió muchísimo también como terapia por el duelo que yo estaba pasando para no venirme abajo, dije yo me voy a poner a trabajar a producir, entonces de ahí nace y de ahí pasamos a Mérida, encontraron esta casa a ellos y dijeron vamos a hacer un restaurante, nos tardamos muchísimo pero como siempre lo digo agradecida con Mérida y con todo llegaron cosas buenas y creo que todo a su tiempo. Todo, todo a su tiempo. Celebro tu vida, de verdad, Miria, es un placer escucharte y además que haya sido yo el afortunado, pues como un ecólogo, en poder escuchar esta historia de corazón, de verdad aprecio mucho que hayas tenido la gentileza de contarlo y celebro lo que viene seguramente, percibo que vienen buenas cosas. Es un gran restaurante, Yerba Santa, y eso se debe en buena medida evidentemente a la cocina pero también al espíritu de Lina que está ahí en su terraza. Así es que felicidades por lo bueno, lo que está fuera de tu control está así, lejos de lo tuyo. Gracias por estar aquí. Quiero que me digas cuál es tu canción favorita. Mi canción favorita, uy tengo varias, no tengo una. Son varias, me encantan. ¿Cuál pondrías ahora mismo? Ahora mismo estoy escuchando una de Bumpy, se llama Bumpy de... Ay, de... La canción se llama Bumpy. Bumpy. Ok, a ver si la encontramos, pero gracias, gracias de verdad Nidia, y ojalá que luego nos cuentes lo que pasó con este futuro, esta historia de Hierba Santa. Yo soy Jonathan Ruiz, esto es Parteaguas, gracias a la producción, gracias Victoria Ruiz, gracias. No, gracias a ti, gracias a todos por escucharnos, por quitarles el tiempo un ratito. No, no, necesitamos mucha gente como tú y de verdad por quitarles el tiempo un ratito. No, no, necesitamos mucha gente como tú y de verdad es un privilegio escucharte. Gracias, esto fue Parteaguas. ¡Suscríbete!