Parteaguas Diario

Se acabó lo barato. México encarece importaciones asiáticas y Estados Unidos marca la línea: América para los americanos. En este episodio Jonathan analiza cómo esta maniobra abre ventanas para el 'nearshoring', cierra otras para el comercio y obliga al país a replantear su papel en la región. Una guía rápida para entender lo que ya empezó a cambiar.

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Yo soy Jonathan Ruiz Torre y durante este siglo he investigado sobre personajes disruptivos en Norteamérica. Me leyeron en Milenio, Reforma, El Financiero... y ahora en El Economista.

¿Quieren comprar algo chino? Les quedan 20 días. Los mexicanos dejaron claro este miércoles de qué lado están. Cada quien tendrá su propia opinión en torno a la decisión, pero es definitiva, y las dudas fueron borradas.

Lo ocurrido anoche aclara el sistema y el continente elegido por México para sus relaciones comerciales. Este país firmó su compromiso con Norteamérica, a la espera del acta de matrimonio: la renovación del tratado de libre comercio con Estados Unidos y Canadá, el TMEC, que debería firmarse en verano.

¿Qué pasó ayer? Diputados y senadores establecieron castigos a la importación de productos provenientes de regiones ajenas a América —especialmente China— que han llenado mercados, anaqueles, supermercados y las calles.

Nuevos impuestos entrarán en vigor para quien importe mercancía de países como China, Corea del Sur e India. Naciones sin tratados de libre comercio con México, país que sí ha firmado acuerdos con más de 50 naciones, siendo líder global en la materia.

Pero volvamos al punto: lo chino va a ponerse caro, y ahora los mexicanos serán orillados a comprar productos hechos en casa o en el continente. También suena a oportunidad para emprendedores nacionales, que tendrán una nueva protección frente a la competencia extranjera.

Ése es el giro que defiende la morenista Claudia Sheinbaum, cuya presidencia propuso la iniciativa. Legisladores mexicanos dieron la aprobación final a nuevos aranceles a importaciones asiáticas, en línea con los esfuerzos de Estados Unidos por reforzar sus barreras comerciales.

El proyecto impone aranceles de entre 5% y 50% a más de 1,400 productos de países asiáticos sin acuerdo comercial con México. La lista es demasiado larga para este podcast.

Los gravámenes entrarán en vigor al inicio del próximo año y afectarán productos que van de ropa a metales y autopartes, con la producción masiva de las fábricas chinas como foco de la legislación.

La aprobación ocurrió en medio de las negociaciones comerciales de Sheinbaum con Donald Trump y de la presión para ajustarse a sus prioridades. Él las dejó claras en su Estrategia de Seguridad Nacional, que recuerda que América es para los “americanos”, o para quienes él considera americanos.

Su Estrategia revive la Doctrina Monroe bajo un nombre menos diplomático: el “Corolario Trump”. América Latina vuelve a ser zona exclusiva de Washington. Y México, su frontera viva, es el tablero principal.

La estrategia promete oportunidades: un nearshoring más agresivo, inversiones para reconstruir cadenas industriales cercanas y un renovado interés por puertos, energía y manufactura regional. Si jugamos bien, México podría convertirse en el centro económico del Hemisferio, absorber industrias que salgan de China y obtener financiamiento para modernizar infraestructura crítica.

Pero no todo brilla. El documento plantea el uso de fuerza letal contra cárteles, presiona a México para blindar fronteras y abre la puerta a revisar —o vetar— inversiones de países “no alineados”. Eso implica tensiones diplomáticas, riesgo de intervenciones más profundas y un nivel de supervisión estadounidense que no veíamos en décadas.

Oportunidad sí hay. Pero también un mensaje claro: para EE.UU., la seguridad continental ya no es negociable. Y México deberá decidir si quiere ser socio estratégico… o territorio disputado.

Pero atención: yo no soy partícipe del miedo. Soy optimista de la relación entre ambos países por una razón simple: a ambos les conviene su vínculo, pero también mantener sus diferencias.

Estados Unidos buscará un socio en México, pero no uno cuya influencia económica y tecnológica crezca al punto de convertirse en competencia o amenaza.

El documento deja fuera la caída en la popularidad de Trump, cuyo gobierno enfrentará elecciones el próximo año, cuando los estadounidenses decidan si quieren más partidarios del mandatario en el Congreso o, por el contrario, más demócratas dispuestos a frenarlo. Las votaciones son en noviembre.

En esa estrategia también quedaron fuera los deseos de los empresarios más poderosos del país vecino, los miembros de la Cámara de Comercio de EE.UU., que solicitan desde hace años más tratados de libre comercio y más libertad migratoria para atraer talento y mano de obra. Habrá que ver si ese grupo apoya o no al presidente Trump en la elección.

Pero, para los mexicanos, la presión estadounidense derivó ya en un encarecimiento de productos asiáticos. Esto afectará a comerciantes importadores y a quienes buscan el Made in China para pagar barato.