Notas con audio

Susana González tiene 77 años y volvió a entrenar pese a sus dificultades físicas. Ejercicios que apuntan a sostener la independencia. Testimonios y opiniones de los especialistas. La evolución.

What is Notas con audio?

Exclusivas de La Gaceta

A los 77 años, Susana González volvió a hacer gimnasia sin salir de su casa. Antes, cada clase implicaba organizar quién la acompañaría, quién la esperaría y cómo regresaría. Tiene artritis, dolores en las rodillas, camina con bastón y arrastra una lesión en un hombro. Su marido, Roberto Córdoba, de 81 años, nunca había querido hacer actividad física. Seis o siete meses después, ella puede levantarse de una silla sin sujetarse de la mesa y él levanta pesas de ocho kilos.“Cuando empecé estaba dura como una madera. Ahora me siento más liviana. Me levanto sola de las sillas, ya no necesito agarrarme de la mesa ni de otra cosa para hacerlo”, contó Susana.El cambio parece pequeño hasta que se traduce a la vida cotidiana. Para ella, poder levantarse sola, caminar con mayor confianza o salir sin depender siempre de su esposo significa recuperar una parte de su autonomía. “Me siento más independiente”, resumió.Susana y Roberto forman parte de una población que empieza a encontrar propuestas cada vez más específicas para mantenerse activa después de los 50 años. Hay entrenamiento a domicilio, gimnasios destinados exclusivamente a ese grupo etario y rutinas que priorizan fuerza, equilibrio, movilidad y seguridad. El objetivo ya no pasa solamente por “hacer ejercicio”, sino por conservar capacidades necesarias para la vida diaria.CON FUERZA. Córdoba tiene 81 años y levanta pesas de ocho kilos. Cevero Nieva, psicomotricista e instructor de movilidad en adultos mayores, trabaja con sesiones personalizadas y adaptadas, principalmente en casas. Entre sus alumnos aparecen con frecuencia las mismas preocupaciones: pérdida de fuerza, dificultad para caminar, dolores o miedo a una caída.“Muchas veces buscan mantener su independencia. Me dicen: ‘Estoy perdiendo fuerza’, ‘me cuesta caminar’, ‘no puedo hacer algunas cosas sola’, ‘tengo dolores’ o ‘tengo miedo de caerme’”, explicó.Nieva rechaza una idea extendida: que una persona mayor solo puede realizar ejercicios suaves: “Un adulto mayor puede realizar trabajo de fuerza y progresar. Para mí, la palabra clave no es ‘suave’, sino ‘adaptado’”.Antes de comenzar, entrevista a cada persona y evalúa aspectos como movilidad, fuerza, equilibrio, coordinación, marcha y la forma en que resuelve movimientos habituales, entre ellos sentarse y levantarse. A partir de esa valoración define el trabajo.La fuerza, explicó, interviene en acciones tan simples como subir una escalera, cargar una bolsa, caminar o recuperar el equilibrio. Por eso, su desarrollo también puede traducirse en independencia. “Lo más significativo es que esos avances no quedan solamente en la sesión, sino que permiten recuperar actividades y espacios”, sostuvo.Eso es lo que experimentó Susana. Antes dependía de su esposo incluso para algunas salidas. Ahora siente más seguridad al caminar después de haber sufrido numerosas caídas. “Este chico me transmitió confianza y seguridad. Eso hace que uno vuelva a sentirse útil”, expresó.El cambio también alcanzó a Roberto. Según recordó su esposa, él comenzó las clases para acompañarla y hoy es quien espera al profesor. “Desde las cinco de la tarde empieza a decirme: ‘Vamos, que ya viene el profesor. Preparáte que ya va a venir el profe’”, relató Susana. Agregó: “Soy la admiradora número uno de mi esposo, porque nunca lo había visto hacer gimnasia y hoy levanta pesas de ocho kilos”.La pareja lleva 55 años de matrimonio y toma dos clases semanales de una hora. Para Susana, que había dejado el gimnasio por las dificultades que implicaba trasladarse, la posibilidad de entrenar sin salir resolvió un problema práctico y le permitió continuar con una actividad que necesitaba. “A veces parece que por ser grandes estuviéramos desahuciados, pero todavía estamos vivos, activos y presentes”, afirmó.Gimnasio especializadoLa personalización también está en el centro de Vivace, un gimnasio destinado a mayores de 50 años. Guillermo Soruco, docente de la Facultad de Educación Física de la UNT y profesor del espacio, explicó que la propuesta nació después de detectar que esa población no encontraba siempre respuestas adecuadas en los gimnasios convencionales.MÁS QUE UN GIMNASIO. En Vivace se forman grupos de amigos. “Las personas mayores de 50 años tienen necesidades muy particulares. Necesitan atención, acompañamiento y, fundamentalmente, personalización”, señaló. Algunos llegan con miedo o vergüenza, otros no saben utilizar las máquinas y también están quienes sienten que las rutinas no fueron pensadas para ellos. La propuesta busca invertir esa lógica. “Acá la persona no tiene que adaptarse al gimnasio; tratamos de que el entrenamiento se adapte a la persona”, afirmó. Tampoco todos los alumnos buscan lo mismo. Hay quienes llegan por indicación médica, otros quieren recuperar movilidad, ganar fuerza, bajar de peso o volver a sentirse seguros con su cuerpo.Soruco remarcó que la edad cronológica, por sí sola, no determina qué puede hacer una persona. “Podemos tener una persona de 75 años que esté en mejores condiciones para determinados ejercicios que otra de 55”, explicó. Luego sintetizó: “No entrenamos ‘edades’; entrenamos personas”.La experiencia de uno de sus alumnos muestra hasta dónde puede llegar ese proceso. Según contó el profesor, un hombre llegó con serias dificultades para desplazarse debido a problemas en la espalda y prácticamente no podía caminar. Después de avanzar con su entrenamiento, hoy puede trotar.Más que ejercicioPero la actividad física cubre solo una parte de lo que estas personas buscan. Emiliano Ramírez, médico gerontólogo y director de la Casa del Adulto Mayor, observa que el tiempo posterior a la jubilación también abrió nuevas necesidades vinculadas con el disfrute y la vida social.“Lo primero que ocurre con un adulto mayor jubilado es que tiene tiempo. Y lo segundo que veo, algo que no estudié en ninguna parte a pesar de ser gerontólogo, es la energía que tienen. Eso me sorprende. Es algo impresionante”, señaló. Según explicó, muchas personas eligen talleres y actividades por placer y no por obligación. Algunos estudian inglés porque quieren viajar o comunicarse con familiares que viven en otros países. Otros buscan simplemente un espacio donde compartir con pares. Para el experto, ese punto resulta central. Personas que viven solas, que perdieron amigos o que tienen poca familia cerca pueden encontrar nuevos vínculos en estos espacios.ADAPTACIÓN. Los trabajos se adecúan a las necesidades de cada uno. En Vivace ocurre algo similar. Los alumnos se esperan para entrenar, se quedan a conversar, comparten grupos de WhatsApp, celebran cumpleaños y hasta organizaron cenas con baile. “Cuando alguien consigue algo que antes no podía hacer, sus compañeros lo celebran. Ahí entendés que dejó de ser solamente un lugar al que vienen a hacer ejercicio”, contó Soruco.Fuerza, movilidad, autonomía y compañía aparecen así como partes de una misma búsqueda. No se trata de entrenar para volver a tener 30 años. Para muchos, el desafío es otro: conservar la posibilidad de caminar, levantarse, salir de casa, encontrarse con otros y decidir cómo quieren vivir los años que vienen.