Diccionario sonoro que recoge los nombres, historias y lugares protagonistas de la emocionante aventura que representa la música contemporánea desde su creación a la actualidad. Más información: march.es/contemporanea
NUEVA COMPLEJIDAD Y NUEVA SIMPLICIDAD
La “nueva complejidad” musical se refiere a una escuela de especulación intelectual surgida en el último cuarto del siglo XX. Aparece en el Reino Unido de los años 80, aunque se propaga en Darmstadt, vórtice de las vanguardias de las décadas anteriores. Se distingue por proponer obras disonantes y atonales, densas y abstractas, y se rige por técnicas que llevan hasta el límite las posibilidades de la escritura musical. No faltan quienes lo consideran “ininterpretable”.
Dice el periodista y escritor estadounidense experto en la teoría del caos James Gleick que la nueva complejidad está asociada a dicha teoría “al estar basada en factores no lineales que hacen que simples sistemas exhiban comportamientos complejos”.
Microtonalidad. Ruido. Dinámicas extremas. Técnicas extendidas. En la praxis compositiva, se busca realizar transiciones entre secciones o bloques sonoros que se generen de manera discursiva y no sean abruptas. Las obras, por tanto, tienen una estructura jerarquizada que el compositor define a través del comportamiento y significado de cada evento sonoro que la conforma.
Estamos escuchando a uno de los compositores más relevantes en este campo, el británico Brian Ferneyhough quien –mientras suena su ‘Time and Motion Study No. 1’– argumenta que “A veces un gesto que tiene timbre, contorno, dinámica, muestra una tendencia a escapar de este contexto específico para volverse independiente, libre de recombinarse, de solidificarse en otras formas gestuales”.
Según el compositor y ensayista Tomás Marco, la complejidad de Ferneyhough pone al intérprete en situaciones límite que le provocan comportamientos y emociones fuera de lo convencional. En su obra para flauta ‘Unity Capsule’ (1971), el intérprete tiene que elegir qué tocar, ya que la obra se presenta en varios pentagramas simultáneos y muy tupidos de los cuales hay que seleccionar una pequeña parte. Otro compositor característico de esta tendencia es el también británico Michael Finnissy.
La «nueva simplicidad» se opone a la generación anterior y surge tras la aparición de una nueva estética en todas las disciplinas artísticas, y también en la música. Nos referimos al minimalismo. Sin embargo, aunque simplicidad y minimalismo comparten muchos puntos, no pueden identificarse como una misma tendencia.
Una parte de la simplicidad recupera elementos tonales olvidados como las triadas perfectas mayores y menores; sin embargo, el minimalismo recupera elementos modales, métricos y contrapuntísticos.
Esta tendencia se desarrolla con compositores como Wolfgang Rihm –que es el autor de la pieza que suena ahora, ‘Et lux: Requiem aeternam’– y Hans-Jürgen von Bose. «En las obras de estos compositores”, escribe el también compositor, artista sonoro y musicólogo Miguel Álvarez-Fernández, “una expresividad propia del romanticismo conecta con frecuentes apelaciones a la tonalidad y, en general, a contextos consonantes, todo ello enmarcado en géneros y formas tradicionales».
En “La nueva simplicidad” se insertan, nos dice nuevamente Tomás Marco, una serie de «“neos” que van desde la neotonalidad al neoimpresionismo, neoexpresionismo y neoimpresioexpresionismo»; así pues, la simplicidad, como parte del postmodernismo, recicla a su antojo elementos del pasado y los usa destacando las características que considera interesantes en un contexto nuevo.
Para terminar, nos sumergimos en ‘Funerailles: For Harp, Percussion and Strings, No. 1’, obra en la que Brian Ferneyhough expresa de modo paradigmático la primera de las tendencias que aborda este episodio: la nueva complejidad.