Exclusivas de La Gaceta
En audiencia judicial de este miércoles, los licenciados Darío Duce y Enriqueta Aranda, integrantes del servicio de psicología del Poder Judicial, brindaron detalles cruciales sobre la psiquis de José Figueroa, imputado por la muerte de su esposa, Mercedes Kvedaras. A través de cuatro entrevistas realizadas en agosto de 2023, los expertos desglosaron una personalidad marcada por un intenso control emocional y una historia de vida atravesada por carencias afectivas durante su infancia que habrían detonado en el fatídico hecho.Un control emocional llevado al límiteSegún el informe conjunto, Figueroa no presenta "psicopatologías de tipo psicótico" y "mantiene su capacidad de realidad conservada". Sin embargo, los profesionales destacaron una característica distintiva: el uso de mecanismos como la racionalización y la intelectualización para "acallar" sus sentimientos."Ejerce un fuerte control sobre sus emociones... busca como acallar la parte emocional, como dejarla guardada", explicó el licenciado Duce ante el tribunal, definiéndolo como un esfuerzo consciente para evitar el contacto con aquello que le genera malestar. Esta estructura le permite mostrarse ante la sociedad como una persona formal, respetuosa y colaboradora, valorando profundamente las formas sociales.“No es capaz de pedir perdón": la hermana de la mujer asesinada en el country rompió el silencio y desarmó la fachada del "esposo perfecto"El "disparador" y la frase del conflictoUno de los puntos más tensos del testimonio fue la reconstrucción del momento del crimen basada en el relato espontáneo del imputado. Figueroa describió una mañana de discusiones por la rutina de sus hijos, en un contexto de crisis matrimonial por una infidelidad descubierta.De acuerdo con los peritos, la frase de Kvedaras —"En algún lugar tengo que pasarla bien"— actuó como un potente disparador emocional. Al respecto, la licenciada Aranda señaló que esta expresión habría conectado con "experiencias pasadas no elaboradas vinculadas a vivencias de no reconocimiento y o anulación por parte de otros significativos", específicamente de sus figuras materna y paterna durante la infancia.Crimen en el country: lo que descubrió una perito detrás de la funda del celular de Mercedes KvedarasAnte este estímulo, Figueroa manifestó haber sentido que se "nubló". Los expertos interpretaron este fenómeno como una "invasión de lo emocional" donde la capacidad reflexiva del imputado quedó anulada momentáneamente. "El disparador activa este objeto emocional... y esto hace que el cerebro vaya a aquellas experiencias no elaboradas", precisó la licenciada.¿Decisión voluntaria o impulso irreprimible?La fiscalía y la defensa debatieron intensamente sobre la voluntariedad del acto. Los psicólogos explicaron que, bajo una perturbación emocional intensa, se produce un "cortocircuito" donde el tiempo deja de transcurrir normalmente y el autocontrol disminuye significativamente."La capacidad reflexiva queda en un segundo plano cuando ocurre la acción. Por eso hablamos de conductas impulsivas", afirmaron los profesionales. No obstante, ante la pregunta directa de si se podía descartar la voluntad, fueron cautos al definir los límites de su ciencia: "No estamos dentro de la poder dar cuenta de si en un caso concreto una persona actuó o no con voluntad... lo que podemos afirmar es que la capacidad de pensar queda en segundo plano".Intento de suicidio y falta de mendacidadEl informe también abordó el comportamiento posterior de Figueroa, quien tras el hecho intentó quitarse la vida cortándose los brazos y el cuello. Los peritos descartaron que este acto, o su relato de los hechos, fuera fingido o producto de una fabulación. "No se advierten en las técnicas de exploración psicológica administradas indicadores compatibles con mendacidad", concluye el reporte, sugiriendo que el intento de suicidio fue una respuesta al "darse cuenta" de la realidad de lo sucedido.Crimen en el country: ¿qué dicen las pericias genéticas y toxicológicas realizadas a Figueroa y a Kvedaras?Este estado de vulnerabilidad emocional se vio agravado por un cuadro de insomnio y angustia que Figueroa intentaba tratar médicamente en los días previos al suceso. Según relataron los peritos, el imputado asistía al psiquiatra Alejandro Botini tras haber sufrido lo que describió como un "ataque de algo" —identificado por los expertos como un ataque de nervios con palpitaciones— mientras se dirigía a su trabajo. Figueroa manifestó que llevaba varios días sin poder descansar adecuadamente y que "no podía con el sueño", por lo que se encontraba tomando Tranquinal, "que le convidó su mamá". De hecho, el acusado ya contaba con antecedentes de consultas psicológicas y psiquiátricas previas durante otro periodo de separación ocurrido durante la pandemia. Finalmente, los licenciados ratificaron que Figueroa tiene capacidad de comprensión de sus actos y de lo socialmente reprochable, a pesar de la vulnerabilidad y dependencia emocional que presentaba hacia la figura femenina, a quien buscaba para obtener el afecto y reconocimiento que sintió negado desde su niñez.