Un viaje alrededor de los mitos, leyendas y folclore de todo el mundo. Descubre las verdaderas historias que se esconden tras los cuentos que creías conocer. Desde los dioses de la mitología griega y nórdica, hasta los héroes olvidados de la mitología africana y las criaturas de pesadilla del folclore mundial, desenterramos sus orígenes y desciframos su profundo simbolismo.
Conducido por el Dr. David García, este podcast es un puente narrativo entre el pasado y el presente. Exploramos la mitología comparada y cruzamos fronteras para entender cómo la historia, la psicología, la filosofía y la cultura pop moderna se entrelazan con las antiguas creencias.
¿Qué tiene que ver el Viaje del Héroe con tus películas favoritas? ¿Qué lecciones ocultan los cuentos de hadas originales? Únete a nosotros y descubre por qué, miles de años después, seguimos necesitando estas historias para entender el mundo de hoy.
Cada vez que abres una cuenta sin
tu nombre real, repites el truco
más antiguo de la literatura.
Hace dos mil ochocientos años, un hombre
atrapado en la cueva de un monstruo
descubrió que el arma más poderosa
no era la espada, era llamarse Nadie.
Lo que sabemos viene del canto nueve
de Homero y, sorprendentemente, de un
artículo de psicología del año 2004.
Te voy a contar cómo Odiseo cegó un
gigante, por qué su truco es idéntico a
tu anonimato en Internet y por qué ese
mismo truco terminó siendo su condena.
Al final, vas a mirar tu
propio perfil de otra manera.
En el video anterior recorrimos
la Odisea entera, el mapa completo
del viaje, de Troya a Ítaca.
Hoy hacemos zoom en una sola de
sus paradas, quizá la más famosa
de todas, para mirarla con lupa.
Terminada la guerra, Odiseo navega con
doce naves y una sola meta: volver a casa.
Y en una de sus primeras escalas
encuentra una isla que Homero
describe con un cuidado enorme.
Un pueblo que no ara la tierra,
no navega, no celebra asambleas,
no tiene leyes ni tribunales.
Cada uno dicta la norma en su propia
cueva y no le importa el vecino.
Los cíclopes.
Para un griego del siglo octavo antes de
Cristo, esto era un detalle importante.
Era el retrato del horror, la
anti ciudad, lo contrario a todo
lo que hacía humano a un humano.
Odiseo, curioso y ambicioso a partes
iguales, entra con doce hombres en
una cueva enorme llena de quesos y
corderos y cae en la trampa más obvia.
Se queda a esperar al dueño para pedirle
un regalo de huésped, porque esa era la
ley sagrada, la xenia, la hospitalidad.
Recibes al extranjero, lo alimentas,
lo despides con un regalo.
Es el pegamento invisible
de todo el mundo griego.
El dueño de la cueva llega,
Polifemo, un gigante de un solo ojo,
hijo del dios del mar, Poseidón.
corre una roca gigantesca que sella
la salida, una piedra que ni veinte
carros moverían, y pregunta quiénes son.
Cuando Odiseo le recuerda educadamente
la ley de la hospitalidad, Polifemo
se ríe y en vez de dar de comer a
su huésped, se come a su huésped.
Agarra a dos hombres y
los devora ahí mismo.
La ley que sostiene la
civilización está hecha pedazos.
Y aquí es donde el rey de Ítaca
demuestra por qué Homero lo
llamaba el de muchos ardides.
No puede matar a Polifemo mientras duerme.
Si lo hace, quedan todos atrapados
para siempre detrás de esa roca
que solo el gigante puede mover.
Necesita que el cíclope
siga vivo, pero ciego.
Necesita un plan y el plan empieza
por una mentira sobre su nombre.
Porque lo que Odiseo hace a continuación
no es solo escapar de la cueva, es
inventar, sin saberlo, la lógica exacta
que muchos usan cada día detrás de
una pantalla y tiene un fallo mortal
Odiseo le ofrece a Polifemo
un vino purísimo, sin rebajar
con agua, que traía del barco.
El gigante, que nunca ha
probado algo así, bebe y bebe.
Y agradecido, borracho, le
concede un regalo de huésped.
Le pregunta su nombre para honrarlo.
Odiseo responde: "Mi nombre es Nadie.
Nadie me llaman mi madre, mi
padre y todos mis compañeros".
Aquí hay una joya que se
pierde en la traducción.
En griego, nadie se dice outis y suena
casi igual que metis, astucia, ingenio.
La misma palabra que forma el
epíteto de Odiseo, Polímetis,
el hombre de muchas astucias.
O sea, cuando Odiseo dice soy nadie,
en griego, está diciendo con un
guiño: "Soy la astucia en persona".
Polifemo cae rendido por el vino.
Odiseo y sus hombres toman una estaca de
olivo, la afilan, la endurecen al fuego
y la clavan en el único ojo del gigante.
Polifemo despierta rugiendo de dolor
y grita a los otros cíclopes de la
isla, que acuden a su cueva y preguntan
desde afuera: "¿Quién te ataca?
¿Quién te está matando?".
Y Polifemo, cegado, aúlla la verdad:
"Nadie, nadie me está matando".
Los otros cíclopes se encogen de hombros.
Si nadie te ataca, será cosa
de los dioses, y se marchan.
El truco funcionó a la perfección.
El anonimato lo volvió invisible.
Y ahora piensa en esto, porque
es del corazón de este video.
En el año 2004, el psicólogo John
Suler publicó un artículo hoy
clásico sobre lo que llamó el
efecto de desinhibición online.
Describió seis razones por las que
la gente se comporta en Internet
como jamás lo haría en persona.
¿Y cuál es la primera de todas?
La llamó anonimato disociativo.
La sensación de que, como no
pueden identificarte, eso que
haces online no eres del todo tú.
Un escudo.
Polifemo tiene delante un
hombre que le acaba de reventar
el ojo y no puede nombrarlo.
Odiseo se convirtió en un usuario
anónimo tres mil años antes de Internet.
El no nombre lo protege y lo envalentona
exactamente igual que a quien
escribe desde una cuenta sin foto.
Pero el truco de nadie tiene un precio.
Y Odiseo, el hombre más listo
de la literatura, lo paga por
la peor de las razones humanas
La misma por la que un troll
anónimo termina delatándose solo.
A la mañana siguiente, Polifemo, ciego,
aparta la roca para sacar su rebaño
a pastar y se sienta a la entrada
palpando el lomo de cada animal para
que ningún hombre escape montado.
Pero Odiseo ya lo había previsto.
Ha atado a sus compañeros bajo el vientre
de los carneros, agarrados a la lana.
El gigante acaricia los
lomos y no toca nada.
Salen uno a uno colgando por debajo.
Suben al barco, reman con todas sus
fuerzas y se alejan de la costa.
Lo consiguió.
Nadie los ha visto, nadie
sabe quién estuvo ahí.
El anonimato perfecto.
Y entonces Odiseo comete el error que
le costará diez años más de sufrimiento.
No puede soportar que el
gigante no sepa quién lo venció.
Con la nave ya en el agua, se levanta
y le grita burlándose: "Cíclope,
si alguien te pregunta quién
te dejó ciego, no digas nadie.
Di que fue Odiseo, hijo de
Laertes, el que reina en Ítaca".
Acaba de tirar el escudo.
En una sola frase le ha entregado
a su enemigo las tres cosas que
jamás debió nombrar: su nombre,
el de su padre y su dirección.
Y Polifemo, que era hijo del dios del
mar, levanta las manos hacia el cielo
y le pide a su padre, Poseidón, una
maldición exacta: que ese Odiseo de Ítaca
no llegue nunca a casa, y si el destino le
obliga a llegar, que llegue tarde, solo,
deshecho, en una nave que no sea la suya
y que encuentre desgracias en su hogar.
Poseidón lo escucha y esa maldición
activada por un nombre gritado por
orgullo, es literalmente el motor
de todo lo que queda de Odisea.
Cada tormenta, cada naufragio, cada
año perdido, todo nace de ese segundo
en que necesitó firmar su obra.
Párate a pensar en lo perfecto de esto.
El anonimato le funcionó
sin un solo fallo.
El plan salió perfecto,
estaba libre y aun así habló.
¿Por qué?
Porque un plan perfecto que nadie
te atribuye no le basta al ego.
Odiseo no necesitaba escapar,
eso ya lo había hecho.
necesitaba que el mundo supiera que
el genio detrás del truco tenía nombre
y que ese nombre era el suyo.
Y aquí es donde el mito toca la actualidad.
Vuelve al efecto de
desinhibición del que hablamos.
El anonimato te suelta, te
envalentona y te vuelve invisible.
Pero ese mismo escudo tiene una grieta con
forma humana: el hambre de reconocimiento.
Los estudios que continúan el trabajo
de Suler muestran que buena parte de la
agresión online se dispara precisamente
por esa distancia anónima que envalentona.
Y una y otra vez, quien actúa
protegido por el anonimato termina
dejando la huella que lo delata.
Porque esconderse es fácil.
Lo difícil es esconderse y
renunciar a que te aplaudan.
Piénsalo un momento.
El troll que aguanta oculto durante
meses y un día suelta el detalle
que lo identifica solo por rematar.
El anónimo que filtra algo y
no resiste insinuar que fue él.
El que comete el hackeo
perfecto y presume en un foro.
Todos repiten punto por punto
el error de Odiseo en la playa.
Por eso, este mito de hace casi
tres mil años entiende Internet
mejor que muchos de sus usuarios.
Homero ya sabía que el arma más
poderosa no es el ataque, es
el silencio sobre quién eres.
Odiseo tenía las dos mitades del genio:
la astucia para ganar y la disciplina
para callar, y solo le falló la segunda.
Ser nadie no era su debilidad.
Su debilidad era no aguantar siéndolo.
Así que la próxima vez que te escondas
detrás de un nombre que no es el tuyo,
acuérdate de Odiseo en esa playa.
Ser nadie es un superpoder, pero el día
que necesitas que el mundo sepa que fuiste
tú, ahí, exactamente, empieza tu maldición
Porque el siguiente monstruo del viaje no
te quita el nombre, te quita la voluntad
con una flor, con un canto, con una
droga que hoy tiene forma de pantalla.
Pero antes de eso, si aún no has visto el
mapa completo del viaje, empieza por aquí.
El resumen de toda la odisea que
subí esta semana para que entres al
cine de Nolan sabiendo más que nadie.
Te dejo el enlace y nos
vemos en la próxima parada.