Notas con audio

La Navidad política en Tucumán tiene anfitriones, invitados y colados.

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La charla surge de la nada o después de observar de pasada una borla que sacude el inconsciente. “¿Quién lleva la bebida?, ¿qué falta de comida?, ¿cuál será el postre?”, pregunta uno de los interlocutores. “Vamos a casa de mi madre. Ella se encargará de la decoración y de lo ‘salado’; mi tía lleva lo ‘dulce’ y lo demás ya vemos”, responde el otro. Y ahí se arma el debate que oscila entre la postura de los cómodos, que se aprovechan de los más hacendosos con pretextos de ocupaciones diversas; los amarretes, que caen con unas tarteletas para aportar a la cena junto a tres hijos que comen por seis; los que no llevan bebidas y luego se toman hasta el vinagre... Y así mil situaciones más.La Nochebuena, y su previa, suelen estar rodeadas de polémicas, apuros, corridas y debates. De fondo están los buenos deseos y la intención de pasar el momento rodeado de afectos.¿Cómo sería la mesa navideña de la política? Metaforizando esas misceláneas propias de la efeméride con el quehacer de la cosa pública, se podrían hallar escenas y personajes similares a los de una familia convencional.Se podría decir que el gobernador puso la casa y oficia de anfitrión. Osvaldo Jaldo se adueñó de la iniciativa política, que no prestó en ningún momento a nadie más, ni a propios ni a extraños. De buena o de mala gana, los convidados se sentarán en su mesa. En ella instaló platos calientes, como el debate por la seguridad y el narcotráfico, y fríos, como la interna peronista. A regañadientes, peronistas en las antípodas de Javier Milei y dialoguistas con el Presidente se sentaron en el mismo tablón. Comieron calladitos lo que había servido, bajo amenaza de que “después en casa se arma”.Ambos sectores compartieron boleta y ganaron las elecciones en un escenario que parecía complejo ante un Milei con buena aceptación social. El anfitrión acertó con el menú y saboreó el manjar. Sin embargo, siguiendo con la analogía, en la comilona hubo “colados”. La Libertad Avanza se ubicó en el agasajo a los empujones y ubicó a dos comensales. No cayó bien la buena elección de los libertarios, que arrebató el regalo sorpresa que esperaba el oficialismo local: obtener tres de las cuatro bancas en juego.El resto de los partidos de la oposición fueron invitados de piedra: estuvieron, pero fueron más intrascendentes que la sidra sin alcohol.Jaldistas y libertarios quedaron enfrentados, como esos cuñados que hace años que no se hablan, pero que están obligados a compartir la mesa por la “familia”: Jaldo mantiene diálogo con Milei por obras y recursos para Tucumán; la LLA local, con el argumento de que la provincia recupere “institucionalidad”.Así, más o menos, podría ser la mesa política navideña.¡Llegó Papá Noel!Pasada la medianoche, llegará la hora de los regalos. El Niñito Dios ya habrá dejado los obsequios bajo el árbol y algunos mirarán de reojo a los que “invirtieron poco” y con envidia a los que “recibieron mucho”.La oposición radical (con sus aliados), Fuerza Republicana y CREO, por caso, parecen ser el resultado de esos “Papás Noel” que no cuentan con demasiados recursos o que directamente son mezquinos. Por ello, regalos no tendrán o serán tipo un par de medias o una billetera. Se portaron mal este año en cuanto a estrategia e iniciativa política. Los peronistas, con Jaldo a la cabeza, parecen niños obedientes que obtuvieron la gracia del barbudo regordete: ganaron las elecciones, obtuvieron recursos de la Nación (vía ATN), reactivaron obras (como las del Procrear) y encauzaron otras (como la del Aeropuerto). ¿Será que Jaldo es anfitrión y Santa al mismo tiempo?Podría ser, porque también hubo regalos rotos. El gobernador prometió reforma político-electoral a comienzos de este y del anterior año y, al mismo tiempo, la pisó. Parecía un lindo obsequio para ese vasto sector social que reclama dejar de ver tantas papeletas en el cuarto oscuro y más rapidez y transparencia en el sistema electoral. Dicen que el Papá Noel tranqueño realmente quería cumplir con ese deseo popular.Pero el frío del polo del interior congeló las buenas intenciones. En el medio, Miguel Acevedo quedó con ese regalo detrás de las manos: lo tenía listo y tuvo que “esconderlo” para que uno que otro “niño” no se ponga celoso. Cosas que suelen pasar en las mejores familias.Quien no participó de la fiesta fue Rossana Chahla. Ni llevó ni recibió regalos. O quizás festeje (o lo hagan a costa de ella) más adelante...Mientras en cada casa tucumana se discute si la mesa se pone “adentro” o “afuera”, en los despachos oficiales se cocina otra cosa.Es la magia de la Navidad política: transformar los juguetes rotos de una gestión o de una oposición pacata en relucientes promesas.