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Claudia Murphy (00:01)
Hola, gracias por acompañarnos el día de hoy. Mi nombre es Claudia Murphy y estás escuchando El País. Vamos a comenzar. Algo de economía. Los 27 reclaman medidas urgentes a Fonderleyen ante los precios disparados de la energía. Hay que reconocer que el invierno va a ser difícil en algunas industrias y familias, admite el comisario de energía Dan Jurgensen. Con el invierno a la vuelta de la esquina y una crisis energética que despunta,

y que puede inflamar aún más el descontento social, los líderes de la Unión Europea se reúnen en Bruselas para buscar soluciones. Reclaman a la Comisión Europea medidas urgentes para atajar los precios disparados de los combustibles fósiles. La crisis energética requiere urgentemente una respuesta europea coordinada basada en medidas específicas y temporales. Inciden los y líderes en un borrador aún confidencial de las conclusiones de la reunión de este jueves y viernes en Bruselas.

lo que ha tenido acceso el país mientras continuaba gestiándose. La urgencia es mayor en vísperas de un superciclo electoral que dará el pistoletazo de salida con España en noviembre. La comisión es consciente de que la situación no es fácil. La tasa de inflación está en el 3.8 % por el tirón de las cotizaciones energéticas y en los próximos meses no se prevé alivio. Nuestra situación es bastante seria. Los precios han subido significativamente desde febrero cuando empezó la guerra en el Golfo Pérsico.

Los estamos acercando al invierno, que obviamente será más difícil y no hay señales de que la situación en Oriente Próximo vaya a mejorar. Así que tenemos que ser realistas y reconocer que va a ser un invierno difícil para algunos sectores industriales y para los ciudadanos, advertía el comisario de energía Dan Jurgensen este miércoles en un encuentro con varios medios europeos, entre ellos este diario.

Los altos y volátiles precios de la energía están ejerciendo presión sobre los hogares y las empresas y están socavando nuestra competitividad, advertido un día antes de empezar la reunión el presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa, que además ha subrayado que la energía será un foco central para los líderes en el Consejo Europeo de mañana. Junto a la batalla por el presupuesto europeo para los próximos años, que está cada vez más encarnizada,

La energética será la gran pelea de las próximas semanas. Ya en 2022, en la situación que desató la invasión de Ucrania por Rusia y la reforma energética, hubo negociaciones difíciles en el club comunitario. En el punto de partida, los 27 están de acuerdo en que hacen falta más acciones además de las que Bruselas ha puesto sobre la mesa en los últimos meses. Pero a continuación, las posiciones se bifurcan, según explica una fuente diplomática al trance de las negociaciones para el texto

de conclusiones del Consejo Europeo. De un lado están los que piden acciones para el corto plazo y del otro, los que siendo conscientes de que hay que actuar, piden que eso no se desvía al conjunto de la Unión Europea del objetivo de electrificación y descarbonización. En este último grupo está España, acompañada normalmente de Portugal y los países nórdicos por su gran despliegue de energías renovables.

En frente suelen estar estados como Polonia, Italia y República Checa más dependientes de los combustibles fósiles y cuyos gobiernos, además, nunca han sido entusiastas de la transición energética. Así que también buscan aprovechar la coyuntura para diluir algunas medidas ambientales que ya están avanzando, como las del Regimen de Comercio de Derechos de Emisión de la Unión Europea, que fija un precio a las emisiones de gases de efecto hibernadero procedentes de las industrias y la generación de energía

sujetas a este sistema. Este sistema en Polonia, por ejemplo, supone en torno a 25 % del precio minorista de la electricidad, defienden fuentes diplomáticas. El motivo de la discordia también está en los precios. La producción eléctrica a través de renovables o reactores nucleares es más barata que con combustibles fósiles cuando se abren los conflictos bélicos. El propio Jorgensen explica cómo el kilowatio hora en Hungría o Italia está ahora en 130 euros y en Suecia.

o España entre 70 y 75 euros. Europa se encamina a una bajada de las temperaturas con las reservas de gas inusualmente bajas, aunque el comisario danés descarta problemas de escasez. No vemos problemas de suministro, pero los precios están muy altos y las medidas que ya ha puesto sobre la mesa del Ejecutivo Comunitario de Ursula von der Leyen no han evitado que la inflación rose el 4%. La comisión ya relajó las ayudas de Estado para que los gobiernos pudieran ayudar a las empresas

y las capitales aplauden que se prorrogue esta medida según puede verse en el borrador de conclusiones de la cumbre. La conservadora alemana también propuso este mismo miércoles aplastar un año los requisitos de notificación de emisiones de metano para las importaciones de petróleo y gas y el desarrollo de un marco para mejorar la capacidad y la eficiencia de las refinerías europeas. Y de nuevo, los Estados saludan la propuesta.

También gustan unas iniciativas como optimizar la capacidad y eficiencia de las refinerías de la Unión Europea e impulsar las compras conjuntas, pero no es suficiente porque piden respuestas para el corto plazo. Presupuestos europeos y China. Ahí, Jorgensen se muestra dispuesto a recoger el guante, pero siempre con la cautela de que las medidas que buscan aliviar la presión actual no pongan en riesgo el esfuerzo a plazo de descarbonizar la economía.

Por eso, el político socialdemócrata danés habla abiertamente de que se puede subsidiar el combustible fósil si es necesario, pero la medida tiene que ser temporal y específica. Es decir, tiene que tener fecha de caducidad y no puede ser indiscriminada. El debate y las conclusiones sobre energía figuran en los primeros puntos del orden del día del Consejo Europeo que se celebra este jueves y viernes en Bruselas. Los líderes también tienen previsto abordar los desequilibrios macroeconómicos globales, el eufenismo,

con el que la Unión Europea se verá la discusión sobre cómo reducir el agotado y creciente déficit comercial con China. Y también, en la primera jornada de cumbre, está previsto hablar en profundidad sobre los próximos presupuestos plurianuales de la Unión para el período 2028-2034. Irlanda, país que preside este semestre del Consejo de la Unión Europea.

Presentó el sábado su plataforma de negociación antes de ceder la tarea de aproximar las posturas al presidente del consejo, Antonio Costa, algo que formalmente va a suceder este jueves. Pero la base irlandesa no ha gustado a nadie a los llamados frugales como Alemania a la cabeza porque creen que el recorte planteado es escaso, a los amigos de la cohesión entre los que está España, por lo contrario a la Comisión Europea, porque apenas se avanzado en fuentes de financiación.

y al Parlamento Europeo porque se le han ignorado en sus demandas. La intención de la discusión de este punto no será aproximar posturas este jueves. Costa y su equipo tratarán sobre todo de identificar dónde están las líneas sobre las que se puede trabajar para avanzar en las próximas semanas y tener un presupuesto acordado antes de acabar el año para poder sortear las elecciones presidenciales francesas que se celebran el próximo abril.

y en las que parte como favorita en los sondeos la ultraderechista y euroeséptica Marine Le Pen.

Y ahora continuamos con algo de Chile. 40 años más, ¿para qué? Ya no basta preguntarnos cuánto viviremos. Tendremos que preguntarnos qué haremos con ese tiempo.

¿Qué seguirá importándonos? ¿A quién estaremos cerca? ¿Para quiénes estaremos disponibles? ¿Y qué mundo común seremos capaces de construir? Octubre, mes de las personas mayores en Chile, nos ofrece una cifra que merece más que una lectura demográfica. En Chile viven 3,665,028 personas de 60 años o más, casi el 20 % de la población. El censo no habla solamente de ellas, habla de una sociedad en la que vivir mucho está dejando de ser una excepción.

Hemos ganado muchos años. Nos conquistamos mientras combatíamos enfermedades, mejorábamos las condiciones sanitarias y conseguíamos que morir temprano dejara de ser el destino habitual de millones de personas. Y ahora están ahí. 30, 40 años que muchos vivirán después de esa frontera que todavía llamamos vejez. El problema es que no sabemos muy bien qué hacer con ellos.

Seguimos imaginando la vida con un guión escrito para otra duración. Aprender, trabajar, criar, producir, retirarse y descansar. Hemos intentado estirar sus etapas como quien quiere cubrir una cama más grande con las mismas sábanas. Quizás ese sea nuestro primer error. La longevidad no consiste en alargar la adultez ni en hacer interminable la vejez, mucho menos en permanecer jóvenes. Apareció un territorio nuevo de la existencia y tendremos que aprender a evitarlo.

volver a estudiar, cambiar de oficio, cuidar y dejarnos cuidar, enamorarnos, despedir personas, conocer otras y comenzar proyectos que tal vez otros terminarán. Y tendremos que hacerlo en una época sometida a una extraña tiranía de la felicidad. Hay que realizarse, pensar positivo, mantenerse activo, reinventarse y ahora también envejecer exitosamente. Ella y Luz y Edgar Cabanas han cuestionado esta cultura que convierte la felicidad en responsabilidad individual.

Si no somos felices, algo parece estar funcionando mal en nosotros. Pero la vida humana no funciona así. Habrá pérdidas que ninguna actitud positiva convertirán en oportunidad, enfermedad, cansancio y despedidas. Personas que amamos morirán antes que nosotros y probablemente alguna vez necesitaremos que nos cuiden. Y eso también será vivir. Quizás hemos confundido una vida feliz con una vida buena. Porque hacemos muchas cosas sabiendo que no necesariamente nos harán felices.

Cuidamos a alguien enfermo, acompañamos a un amigo, criamos, enseñamos, defendemos algo o cumplimos una progresa. No lo hacemos porque produzca bienestar. Lo hacemos porque importa. Viktor Frankl pensaba la felicidad más como una consecuencia que como un destino. Quizás la pregunta para esos 40 años no sea ¿qué me hará feliz? sino ¿qué seguirá importándome? ¿A quién cuidaré? ¿Qué aprenderé? ¿Y qué comenzaré aún sabiendo que quizá otro tendrá que terminarlo?

Eso se parece bastante al propósito, no a una misión extraordinaria, sino a seguir teniendo razones para vincular nuestra vida con algo que está más allá de nosotros mismos. Javier Llanguas lleva tiempo recordándonos desde sus trabajos sobre soledad que no basta con estar rodeados de personas, necesitamos vínculos significativos, pertenecer y sentir que nuestra vida mantiene una relación viva con la de los demás. Pero aquí aparece una paradoja.

Estamos conquistando una vida extraordinariamente larga precisamente cuando las familias se reducen y parecemos estar perdiendo algo mucho más antiguo, nuestra capacidad de vivir juntos. La soledad y el aislamiento ya no son asuntos de la bajés, atraviesan generaciones y golpean también a los jóvenes. Podemos estar permanentemente conectados y sentirnos profundamente solos. Somos series gregarios intentando resolver individualmente una vida cada vez más larga y quizás eso no sea posible.

Podremos ahorrar, hacer ejercicio, controlar colesterol y mantenernos digitalmente alfabetizados. Pero nadie puede prepararse solo para vivir 100 años. No podremos comprar a los 85 la comunidad que no construimos durante los 50 años anteriores. Eric Klineber llama infraestructura social a los lugares que permiten que las personas se encuentren bibliotecas, parques, plazas, organizaciones y centros comunitarios.

Quizás te vamos comenzar a considerar los también infraestructura para la longevidad. Una sociedad preparada para vivir 100 años necesitara hospitales, viviendas, pensiones y sistemas de cuidados, pero también lugares donde distintas generaciones tengan razones para encontrarse y tiempo para los demás. Hartmut Rosa habla de resonancia. Una vida plena no consiste en controlar el mundo, sino en conservar una relación con él, en la que algo

pueda tocarnos y nosotros podamos responder. Quizás envejecer sea también eso, no retirarnos progresivamente del mundo, sino conservar la posibilidad de ser tocados por él y seguir respondiéndole. Por eso, este mes de las personas mayores podríamos hacer algo distinto, acelerar a quienes ya llegaron a la vejez. Esos 3.7 millones de personas, que son solamente una población sobre la cual debemos diseñar políticas,

Son también el anticipo de la sociedad en la que viviremos quienes tengamos la fortuna de vivir muchos años. Los 40 años adicionales pueden ser una extraordinaria conquista o un larguísimo territorio de aslamiento. Ya no basta preguntarnos cuánto viviremos. Tendremos que preguntarnos qué haremos con este tiempo, qué seguirá importándonos, a quiénes tendremos cerca, para quiénes estaremos disponibles y qué mundo común seremos capaces de construir. Quizás

Esa es la conversación que este octubre nos propone las personas mayores. No una conversación solamente sobre ellas, sino sobre todos nosotros. Sobre la vida completa y sobre algo que ninguna estadística podrá resolver por nosotros. Con quién queremos vivirla y sobre todo, ¿para qué?

Ahora algo de moda. 5 camisetas blancas casi idénticas. ¿Por qué nos compramos siempre la misma ropa? Nuestras decisiones de compra son una mezcla de contexto, experiencia, refuerzo y validación. Así explica la psicóloga por qué compramos la misma prenda una y otra vez. Abrir el armario y ver ahí que ahí están 7 camisetas blancas. Son iguales, pero no exactamente la misma. Hay una de manga larga y otra oversized.

También hay perchas para cada color de vaquero, los ocho grises cualgan de dos, los azules oscuros de otra. La descripción de este armario seguramente suene familiar. Una creadora de contenido llamada Juana Coinfrimi se hace la misma pregunta en Instagram. ¿Cuántos vestidos lenceros son suficientes? ¿Vestidos lenceros? Dice mientras se prueba uno negro de lunares. Su cuestión en realidad aplica camisetas blancas, jerseys azules, vestidos negros,

Porque aquí lo de menos es la prenda. ¿Por qué tendemos a comprar siempre versiones de la misma prenda una y otra vez? ¿Es normal hacerlo? Al parecer sí. Y detrás hay algo que sucede, aunque no seamos conscientes de ello. Nuestro cerebro tiende a volver aquello que ya sabe que funciona. Ser tínos atraídos una y otra vez por determinados estilos puede ser completamente natural.

A veces hemos encontrado una silueta, un material o una estética que nos representa y a la que regresamos deliberadamente, explica Ángela Parra, psicólogo y especialista en branding personal y estilismo. Cuando no captura reiteradamente nuestra atención, el cerebro aprende qué esperar, qué resultado obtiene, cómo se siente y cuánto esfuerzo requiere. La familiaridad reduce la incertidumbre. Por eso, regresar a una prenda o fórmula conocida puede resultar más sencillo que exponernos a la posibilidad de equivocarnos.

Comprar ropa implica tomar muchas pequeñas decisiones. Me quedará bien, me la pondré, combina con lo que tengo, me sentiré cómoda, me antoja con mi vida. Repetir una fórmula elimina buena parte de estas dudas. Ahí entra el esfuerzo. Si una prenda nos queda como esperábamos, nos hace sentir bien. Recibimos aprobación, nos resuelve rápidamente qué ponernos o nos permite movernos con seguridad en determinado contexto. Esa experiencia acumula un historial de recompensa. La próxima vez, ya no partimos de cero.

El cerebro sabe que esa ruta funciona, responde Parra. Pero también aprendemos a través del castigo. Una crítica sobre nuestra apariencia, una comparación que nos hizo sentir fuera de lugar, una experiencia de rechazo o incluso la sensación de haber perdido una oportunidad por cómo nos presentamos pueden vincular ciertas formas de vestir con el error de la exposición. Entre ambas fuerzas se va configurando nuestra manera de vestir.

Nos acercamos a lo que nos ha dado seguridad y nos alejamos de aquello que nuestro cerebro aprendió a considerar arriesgado. Que una fórmula familiar ofrece algo mucho más sencillo. Ya sabemos cómo termina. Y todo esto sucede, añade esta psicóloga, antes de que seamos planamente conscientes de la decisión. Es el resultado de una conversación entre varios sistemas que valoran, anticipan y regulan lo que tenemos delante.

El estado ventral, por ejemplo, participa en la anticipación de la recompensa y en cuanto a valor la atribuimos a algo. La amígdala aporta información emocional y la corteza prefrontal integra aspectos como el valor, el contexto y las posibles consecuencias para orientar la decisión.

Por eso, cuando miramos una prenda, no estamos simplemente preguntándonos si nos gusta. Nuestro cerebro está procesando a gran velocidad. ¿Cuánto deseamos este objeto? ¿Qué nos hace sentir? ¿Qué creemos que puede aportarnos y qué podría costarnos? Comprar es en buena medida una negociación entre recompensa, emoción, experiencia y control. Por eso, aquella camiseta blanca que ya sabemos cómo nos queda, esos vaqueros que no fallan o el tipo de zapato que podemos llevar durante horas,

Tienen una ventaja difícil de competir. No exigen volver a empezar. La ropa también nos da seguridad. La repetición no solo ahorra tiempo.

puede hacernos sentir que tenemos control sobre una situación. Explica esta psicóloga que la relación con la seguridad de la autoestima puede darse en dos niveles. Por un lado, está esa sensación interna de soy capaz. La ropa puede ayudarnos a sentir que contamos con los recursos para afrontar una situación, a reconocernos en nuestra imagen y activar determinadas cualidades que necesitamos con el juego. No porque una prenda construye nuestra autoestima, sino porque la experiencia de vernos y actuar de determinada manera

puede alimentar nuestra percepción de autoeficacia. También está la dimensión social.

Vestirnos implica leer códigos, saber qué se espera en un determinado contexto, qué comunica autoridad, cercanía, formalidad o pertenencia. Cuando conocemos estas reglas, repetir una fórmula puede ser una manera eficaz de movernos por ellas sin tener que pensarlo demasiado. La dificultad puede aparecer ante lo nuevo. Un trabajo, una ciudad, un grupo social o una etapa vital diferente pueden modificar los códigos a los que estábamos acostumbrados y hacer que aquello

que antes nos daba seguridad ya nos produzca el mismo efecto. Podemos sentir que no encajamos, que nuestra imagen no tiene las credenciales necesarias para este contexto o incluso que todavía no sabemos cómo queremos aparecer allí. Ángela Parra imita observar qué ocurre cuando el contexto cambia. Si podemos adaptar nuestra imagen sin perder el sentido de quiénes somos o si necesitamos aferrarnos a una única fórmula para sentirnos validados, la ropa como forma de estar en el mundo.

¿Por qué ese vaquero me atrae tanto y a ti no? Hay otra pieza en este mecanismo, la memoria emocional.

La gente no recuerda tanto las especificaciones de un producto como la sensación que les produjo. La chaqueta de la suerte con la que conseguiste ese trabajo o los vaqueros que nunca te fallan una cita pueden acabar teniendo un valor que va mucho más allá de la prenda. Los recuerdos emocionales funcionan como atajos. Aunque exista otra opción más barata o objetivamente mejor, la conocida resulta desconfortante. En momentos de estrés o presión de tiempo, el recuerdo emocional suele prevalecer sobre la comparación racional.

Podemos sentirnos atraídos por determinadas siluetas, colores o estéticas porque forman parte de los códigos con los que crecimos, porque los asociamos con personas o grupos que admiramos, porque alguna experiencia nos mostró que funcionan para nosotros o porque responden a nuestra personalidad, cuerpo y manera cotidiana de movernos por el mundo", apunta la psicóloga. También influye la exposición. Aquello que vemos repetidamente puede volverse más familiar y con el tiempo más atractivo.

De ahí que dos personas pueden entrar en la misma tienda, mirar la misma chaquete y reaccionar de maneras completamente distintas. No estamos comprando solo una prenda, también estamos comprando todo lo que asociamos con ella. No siempre queremos algo nuevo. Entonces, ¿por qué tenemos cinco camisetas prácticamente iguales? A veces porque la necesitamos, otras porque hemos encontrado una fórmula que sentimos tan nuestra que queremos ir explorándola.

La clave está en distinguir entre repetir y duplicar. Esto explica por qué la repetición no siempre se percibe como duplicación. Desde la experiencia del consumidor, dos piezas pueden pertenecer a la misma categoría y sin embargo cumplir funciones distintas dentro del armario. Una responden a la rutina, otras a determinadas ocasiones y otras simplemente amplían la posibilidad de combinación. La acumulación empieza a resultar más significativa cuando esas diferencias

dejan de aportar una función real y las piezas empiezan a ser intercambiables entre sí. Tener tres camisetas blancas, por tanto, no significa necesariamente tener tres veces la misma prenda. La pregunta es, ¿qué aporta cada una? Salir del bucle. No empezarían tentando cambiarlo todo ni comprando ropa nueva. Para ampliar nuestro repertorio necesitamos, sobre todo, crear experiencias nuevas con lo que ya tenemos, recomienda Jalaparra.

Una forma me encanta en buscar inspiración fuera de la moda. Una fotografía de un lopardo puede convertirse en una paleta de verde, negro, marrón y beige. Un atardecer puede inspirar una combinación de colores. Una película, una canción o un lugar pueden convertirse en el punto de partida para construir una pinta. Cuando le damos una historia o una intención a la ropa, aparece una creatividad distinta. Otra estrategia es intervenir nuestro propio uniforme.

No necesitamos abandonarlo, podemos cambiar un elemento, alterar las proporciones, introducir un color inesperado o probar una combinación que normalmente no haríamos. Porque quizá el problema no sea que siempre compremos el mismo jersey, quizá sea que hemos olvidado cuántas maneras distintas hay que llevarlo.

Ahora algo de inteligencia artificial. Alquila a un humano. El futuro en el que las inteligencias artificiales contratan personas para hacer trabajos físicos ya está aquí. Rent a Human permite que agentes de inteligencia artificial ofrezcan pagos para labores que no pueden realizar, aunque por ahora su éxito es simbólico. El artista húngaro Peter Weiler quería probar una nueva plataforma llamada Rent a Human, literalmente. Alquila a un humano.

El lema de la web es mano de obra física para la IA, y es para que agentes de inteligencia artificial contraten a personas para hacer trabajos. Weiler quiso aprobar la plataforma y ofreció dinero para que unos humanos obtuvieran cartel en una plaza del centro de Budapest con este texto en hongarro e inglés. Una IA me contrató para este trabajo. El pasado jueves, una persona hizo su trabajo durante dos horas por 70 dólares.

Descubrí esta web por mi investigación y pensé que haría una acción interesante, explica este periódico. Weiler, que hace el doctorado en Universidad de Arte y Diseño de Budapest. Es la primera vez que la uso, añade. Hay más anuncios raros en Brenta Human.

Como esta oferta en Oporto, Portugal, cuya finalidad no está clara y empieza así. Ve a la plaza en frente del Ayuntamiento de Oporto, camina lentamente en círculos justo delante del edificio durante diez minutos seguidos. Se respetuoso con los demás y no bloquece el tráfico ni las entradas. Graba un video. Sigue. La oferta pagaba nueve euros y alguien la hizo porque no explica más sobre su motivo.

¿Es en el fondo cierto que la plataforma es sobre todo una herramienta para que máquinas de IA contraten a humanos? Por ahora no. La mayoría de las ofertas las publican humanos que dirigen y utilizan gente. Las distinguimos porque nuestros usuarios, agentes o humanos indican ellos mismos que son. Explica Alexander Lilleptro, fundador de Rentahuman, a este periódico por mensaje. La diferencia es enorme, según un estudio de

Ayman Yakinzade, investigador postdoctoral en el MIT y director de investigación de Startup Honor Education. De las 779 ofertas que ha analizado, 676, el 87%, llevaba la etiqueta del publicador humano, 72 de la gente o bot de la IA y 31 de la de otros. Las etiquetas las pone el propio usuario a la plataforma y nada en los datos públicos permite verificarlas, advierten.

Rentahuman surgió en febrero de 2026. Con la propuesta específica de agentes, pudieran buscar personas y asignar tareas a través de un servidor adaptado. En la práctica, los encargos son acciones cortas y concretas que requieren de un cuerpo. Ahora los trabajos son básicos porque nos estamos centrando en tareas que cualquiera puede hacer, dice Liteplo. Aún así,

Se publican muchas tareas cualificadas, como fotografía, auditorios de seguridad y pruebas de software. Solo la mitad de sus trabajos requieren de un cuerpo físico en el mundo. Los encargos más numerosos eran de campañas de marketing, labores creativas, trabajo de campo para investigación, contratación y tecnología de desarrollo. Los recados físicos eran 48.5%, lo que significa que la mitad no lo era, dice Jake Iksari.

El país ha hablado con cuatro personas que ofrecen sus servicios en Renta Human. Ninguno ha recibido ninguna oferta de una IA y su relación con la plataforma ha sido escasa. Por ahora no he hecho ningún trabajo a través de la plataforma y tampoco conozco a nadie que haya cobrado por uno, dice Manuel Vegas, ingeniero de software de la empresa Zinkea. De momento, para mí ha sido más una prueba y una forma de curiosear el concepto que una fuente real de ingresos añade.

Entré porque me interesa explorar la comunicación y la conexión humana, dice Yana Sadobaya, profesional de atención al cliente y hostelería. Fue sobre todo curiosidad y por ver cómo funciona exactamente una plataforma como esta señala. Mi experiencia es muy mala. Aparte de esta curiosidad, ya hay quien ha tenido experiencias malas después de varias pruebas. Mi experiencia es muy mala, dice Gustavo Pérez Tempranillo, investigador sobre IA y que llevó...

llegó a llevar un blog titulado Me Paga un Bot, donde contaba la crónica del fracaso de su presencia en Rentahuman. Acepté tareas que no me han pagado a pesar de ser cantidades pequeñísimas y las que cobré fue después de mucho insistir. En mi cuenta tengo tres dólares, dice. Jorge Armando Sánchez es cineasta y editor de video y tiene por tanto un perfil más audiovisual porque en Rentahuman hay más ofertas de grabaciones y fotos. Tampoco ha tenido suerte.

Me apunté a una oferta para hacer un video por unos $300, pero nunca recibí respuesta. Por lo que he visto, hay anuncios para probar videojuegos, responder cuestionarios, hasta ir a sacar una foto de la fachada de un restaurante. Pero al no haber avanzado en el proceso, no sé quién me habría contratado ni quién habría hecho finalmente el pago. Así que no me ha contratado ningún robot, explica. Aunque la idea de Rentahuman es atractiva, por el papel creciente que tiene la IA,

Hay muchas otras plataformas de contratación puntuales de servicios. El pasado 30 de septiembre cerró Mechanical Turk de Amazon, lanzada en 2005, en la que empresas e investigadores encargaban a miles de personas pequeñas tareas, como etiquetar imágenes, transcribir textos o responder encuestas, a cambio de unos céntimos. Fue clave para entrenar sistemas de inteligencia artificial porque sirvieron para etiquetar millones de imágenes y archivos para que los ordenadores fueran aprendiendo. Otros modelos como Rentahuman,

pueden tomar el relevo, aunque por ahora no lo hayan conseguido, incluso con bastante atención de medios por lo llamativo de su nombre y estar ya en un entorno donde parece que las máquinas lo harán todo. Depende de qué lado del mercado mires. Rentahuman ha demostrado que mucha gente está dispuesta a apuntarse para que la contraten agentes de IA. Lo que todavía no ha demostrado es que haya muchos agentes de IA contratando, dice. Según datos de la propia plataforma,

hay más de 750,000 humanos registrados en más de 100 países. ¿Quién cambiará esto? Las ofertas publicadas por agentes irán a más medida que los agentes de IA sean capaces de actuar y pagar por su cuenta, añade. Como en otros campos de la IA, es probable que este también vaya más. Hay ya otras plataformas con nombres similares, Human Pages o Go Hire Humans, pero también puede salir mal.

En lo de Renta Human, canta a la lengua que la mayoría de las ofertas son promovidas por humanos para publicitar algo, dice Peresta Empanillo. ¿Hay quien cree que por el hecho de disponer a la tecnología suficiente para que un agente pueda contratar a un humano ya demuestra algo? Eso no significa que lo hagan máquinas. Si yo le pido a mi agente que busque y contrate a un artesano para que me haga manualidades personalizadas, ese encargo lo he hecho yo, aunque la gestión se ha hecho por la IA.

Entiendo que sería distinto si fuese mi agente el que tomase la decisión. Por ejemplo, si le pido un logo y él contrata a un diseñador pakistaní porque es más barato que le costaría pedírselo a Claudia Fable. Añade.