Diccionario sonoro que recoge los nombres, historias y lugares protagonistas de la emocionante aventura que representa la música contemporánea desde su creación a la actualidad. Más información: march.es/contemporanea
TOMÁS MARCO
Compositor, crítico y gestor musical, profesor y ensayista (Madrid, 12 de septiembre de 1942).
Nace en el seno de una familia sensible a lo musical, pero en la que no existe el precedente de la dedicación profesional a este arte. Él mismo apunta en otras direcciones: estudia Derecho, carrera que va a compaginar con sus estudios de composición y violín (que le imparte el concertino de la Orquesta Nacional, Luis Antón). Su sensibilidad hacia la música se ha revelado durante sus vacaciones familiares en Ochavarría, pueblo pirenaico donde escucha folklore vasco-navarro. En su adolescencia también se inclina por la literatura.
Da sus primeros pasos en el ambiente musical madrileño de la mano de Fernando Ruiz Coca, impulsor de actividades en el Ateneo, del crítico y teórico Enrique Franco, y de compositores como Luis de Pablo, Carmelo Bernaola y Cristóbal Halffter. Pronto empieza a viajar por Europa, y hacia 1960 ya estudia partituras de los clásicos, pero también de Varèse y Webern. En esos años despunta como compositor, con primeras obras como ‘Cuarteto con clave’ y ‘La muerte’, para voz y piano con tres poemas de Baudelaire. Aunque su catálogo arranca con ‘Trivium’ (1962), obra para trío de piano, percusión y tuba. El estreno de esta obra, junto con ‘Rouli-Tangage’, supone su presentación en el mundo de la composición capitalina, concretamente en el concierto inaugural de Alea.
Marco amplia su formación musical en Francia y Alemania, donde es alumno de Pierre Boulez, György Ligeti, Karlheinz Stockhausen, Bruno Maderna y Theodor Adorno, entre otros. En 1967 –año en que se estrena ‘Los Caprichos’, su primera obra para orquesta–, pasa a ser ayudante de Stockhausen. En esos años comienza a ganar premios como el Nacional de Música, la VI Bienal de París, y el Arpa de Oro. A su regreso es nombrado profesor de Nuevas Técnicas en el Conservatorio Superior de Madrid y de Historia de la Música en la Universidad Nacional de Educación a Distancia. Además, se ejercita en la crítica musical. Y publica varios libros.
Tomás Marco compone obras para diferentes conjuntos instrumentales y vocales, música orquestal y música incidental –para cine, teatro o radio–, ópera y zarzuela. Resuenan en sus piezas ecos de sus maestros. Utiliza a menudo recursos de la electrónica y otras disciplinas para explorar campos que enriquezcan su lenguaje compositivo.
Ahí está ‘Jabberwocky’ (1966), su primer teatro musical, obra basada en un texto de Lewis Carroll y concebida con cinta grabada, un piano, varios saxofones y platillos, así como un conjunto de transistores que suenan a la vez, produciendo lo que el compositor denomina un «galimatías vocal a 29 partes».
O ‘Necronomicon’, la obra de 1971 que ahora suena. Compuesta para Les Percussions de Strasbourg, explora las relaciones entre la música y las matemáticas. Los seis percusionistas llegan a utilizar casi dos centenares de instrumentos durante su interpretación.
El papel protagonista de la percusión en la música del siglo XX está justificado, según Marco, en la variedad tímbrica de instrumentos nuevos, poco escuchados, la facilidad con la que se pueden incorporar instrumentos de otras culturas, e incluso, la posibilidad de inventar nuevos instrumentos.
En su 50 aniversario, la Fundación Juan March –que le ha becado a principios de los 70– le rinde un homenaje en el que se interpretan, entre otras obras representativas de su catálogo, ‘Rosa-Rosae’ (1969) y ‘Albor’ (1970). La primera, obra para flauta, clarinete, violín y violoncello está dedicada a su mujer, María Rosa Cepero, y alude desde la declinación latina de su título a “empezar otra vez desde las mismas bases de la composición”. La obra encierra un estudio sobre el tiempo (físico y psicológico) y su percepción, y se acerca al arte minimalista y la música repetitiva americana.
‘Albor’ –la pieza que está sonando– es un homenaje a dos autores determinantes para Marco: contiene el “rigor formal de Webern y la expresividad métrica de Bartók”. El título de esta composición se acompaña del subtítulo ‘Noli tangere meos circolos’, frase pronunciada por Arquímedes al morir a manos de un soldado romano. Se trata de un guiño al asesinato de Webern a manos de un soldado estadounidense.
En 1972 termina su ‘Concierto para violín y orquesta’, subtitulado ‘Los mecanismos de la memoria’, obra en la que tiene muy en cuenta el proceso de percepción y aprehensión de la escucha musical. Marco genera puntos de referencia auditivos a lo largo de la partitura, que, sutilmente, actúan como pilares que sustentan la forma musical. De la recepción y capacidad de percepción y comprensión del oyente, nace la capacidad comunicativa de la partitura.
Su interés por aunar la tradición española con las nuevas tendencias se refleja en obras como ‘Escorial’ (1975), inspirada en el monasterio de El Escorial y sus proporciones equilibradas, ‘Ecos de Antonio Machado’ y ‘Paisaje grana’.
En noviembre de 2002 recibe el Premio Nacional de Música por el conjunto de su obra compositiva, y en 2003 el Premio de Música de la Comunidad de Madrid. ‘Pensamiento musical y siglo XX’ (de ese mismo año) y, sobre todo, la fundamental ‘Historia cultural de la música’ (de 2008), son muestras de su crucial labor como ensayista, a la que tanto debe este podcast, que siempre recaba en el conocimiento de Tomas Marco.
“Bueno, yo creo que uno debe estar satisfecho cuando lleva muchos años haciendo cosas, pero al mismo tiempo está insatisfecho, porque nunca ha llegado a hacer todo lo que quiere, y desde luego me quedan muchas cosas y bueno, Dios quiera que sea dentro de muchos años, pero me voy a morir sin hacer muchas cosas”.
El segundo movimiento de la Sinfonía Nº4 (“Espacio quebrado”) nos sirve para dar cierre a este espacio dedicado a la persona y obra de Tomás Marco. La Sinfonía –“gran trabajo formal sobre un mismo material visto desde cuatro ángulos radicalmente diferentes”, según su autor– fue compuesta por encargo de la Orquesta Nacional de España y estrenada en el Teatro Real de Madrid el 15 de abril de 1988, interpretada por dicha orquesta, dirigida por Jesús López Cobos, a quién está dedicada. El segundo movimiento es ‘Hiperborea: ritenuto e calmo’. Alude a Bóreas, el dios del viento en la mitología griega, y a sus hijos, los hiperbóreos, habitantes de las tierras septentrionales, oscuras y desconocidas del país de Hiperbórea.