Notas con audio

El ejercicio del poder lleva a tomar posturas que, en algunos casos, desconcierta a propios y extraños. El gobernador manda mensajes de alineamientos estratégicos y de ajustes necesarios.

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Exclusivas de La Gaceta

El filósofo, sociólogo y psicólogo francés Michel Foucault  solía exponer que “el poder no se detiene, sino que se ejerce”. Ese pensamiento refleja su visión acerca de que el poder no es una propiedad que se posea de manera estática por unos determinados individuos o grupos privilegiados. Más bien se trata de un conjunto de relaciones dinámicas y cambiantes que atraviesan todas las esferas de la vida social. En cierta medida, Osvaldo Jaldo aplica esos conceptos para pasar, tal vez, el año más complicado de un mandato. Terminó 2025 con la sensación de que puede haber continuidad porque, en la actualidad, dentro del Partido Justicialista es el referente con mejor imagen. Sin embargo, él sabe que alrededor del partido que lo llevó al poder institucional de la provincia, hay dirigentes que –de a poco- cuestionan sus decisiones, exteriorizan sus diferencias y, a la vez, ocultan sus intenciones. Consideran que el “síndrome del pato rengo” es una probabilidad en tanto el tranqueño no exteriorice su deseo de reelección en el cargo.El poder se ejerce. Antes de tomarse unos días de licencia, el gobernador ha dejado en claro que la administración no se detiene y que la mejor manera de comunicar acciones a la sociedad es la presencia  con hechos. Estuvo en San Pedro de Colalao y ayer en Tafí del Valle inaugurando obras y entregando equipamiento. Repartió críticas a aquellos que lo cuestionan. “Somos pocos los que laburamos y muchos los que critican”, arengó el mandatario, que el fin de semana pasado descolocó hasta a sus propios funcionarios.Frente a la operación “Resolución Absoluta”, montada por Estados Unidos para detener, en propio territorio venezolano, al presidente Nicolás Maduro, el gobernador tucumano dio su parecer. Dijo que la gestión de Donald Trump sacó “un dictador de Venezuela”. Y fue más allá. “Ojalá EEUU pueda seguir avanzando con esta decisión, que significa limpiar al mundo de dictadores, limpiar el mundo de terroristas y limpiar el mundo de narcotraficantes, que tanto daño hacen a la Argentina, a nuestros hijos y a nuestros nietos”, continuó.Las declaraciones descolocaron a varios miembros del Poder Ejecutivo, pero también tuvieron un alto impacto en la Casa Rosada. Los colaboradores del presidente Javier Milei celebraron el alineamiento del tucumano respecto de la política exterior. Lo llamativo, en este aspecto, fue también que no hubo otros pronunciamientos de sus pares de otros distritos en tal sentido, salvo la oposición del bonaerense Axel Kicillof. Para esto, el mismo Jaldo ratificó su postura. “Por ahí algunos no opinan o no se quieren jugar, o tienen miedo. Pero no hay que tenerle miedo al terrorismo, ni a quienes comercializan droga, como es el caso de este dictador que hoy está preso en los Estados Unidos. Y está preso no porque se invadió un país”, remarcó.La posición de Jaldo, en el contexto nacional, sobre una mirada internacional es coyuntural y pragmática, interpretan en Buenos Aires. No le suma ni le resta, pero lo mantiene dentro del escenario político. Los analistas consultados por LA GACETA, no obstante, coinciden en un sentido claro del mensaje jaldista: lo diferencia rotundamente del kirchnerismo. Es precisamente eso lo que el gobernador de Tucumán busca, que el Partido Justicialista deje de lado la impronta K y que de paso a lo que ha sido esa fuerza tradicionalmente.En el análisis general, hay quienes sostienen que la cautela es el principal activo que un jefe de Estado puede acumular en estos tiempos tormentosos en la región. De allí que muy pocos presidentes de la región han opinado respecto de la invasión estadounidense a Caracas. Incluso piensan que Trump también ha sido demasiado pragmático con Venezuela, al encarcelar solo a Maduro y a su esposa, Cilia Flores, y no avanzar con el resto del elenco del chavismo.Los mensajes encriptados de Jaldo, hoy considerado el “señor enigma” también tienen que ver con las cuestiones administrativas. Mediante un Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU), el mandatario dispuso la prohibición de nuevas designaciones de personal y contrataciones bajo relación de empleo público, tanto en organismos centralizados como en entes autárquicos y descentralizados. El argumento es evitar que el gasto público se dispare, en un año considerado difícil para el desenvolvimiento de las finanzas en tanto no lleguen partidas extra federales que mejoren el nivel de ingresos provinciales. La interpretación de la norma es extendida. Por un lado, la disposición está en línea con lo que las provincias acordaron con el Gobierno nacional en el marco del Pacto de Mayo. Por el otro, tiende a ser un elemento ejemplificador para que otros poderes del Estado se sumen a la prohibición de las designaciones. En otros términos, hay una “invitación” a sumarse al ajuste y que nadie escape a la poda financiera para sostener el equilibrio fiscal en Tucumán. La medida incomoda, pero nadie dice nada, por aquello de la cautela. De todas maneras, abre cierta desconfianza respecto de las verdaderas razones y los fundamentos de la medida, tomando en cuenta que las restricciones han sido una moneda corriente en los años de gestión libertaria.El gobernador no ha descuidado las gestiones ante la Casa Rosada. En los últimos días ha fortalecido la comunicación con el ministro del Interior, Diego Santilli, con quien ha cosechado una relación similar a la que tuvo, en su momento, con el ex jefe de Gabinete de la Nación, Guillermo Francos. El Gobierno nacional necesita de Tucumán como polo de contención dialoguista que ahora se afianzará con las giras que el propio Presidente hará por distintas jurisdicciones subnacionales, como el caso de Córdoba. La territorialidad ha sido una de las materias pendientes de la actual gestión. Las salidas serán más constantes y no se descarta la posibilidad que, durante el primer semestre de este año, Milei desembarque en Tucumán, con la institucionalidad como bandera, en el año previo a las elecciones. Por más que no se diga, todos están pensando en 2027.Tucumán necesita recuperar los fondos que la Nación todavía adeuda. Con esos casi $ 220.000 millones (ese sería el crédito en favor de la provincia por viejas deudas y por prestaciones sanitarias acumuladas), la administración provincial podría transitar este año sin grandes sofocones financieros, hasta tanto la recaudación impositiva se reactive si es que la actividad económica lo permite.La tercera incógnita dentro del poder se plantea con el regreso de Jaldo de sus vacaciones. Hasta ahora el gobernador ha decidido sostener al elenco de funcionarios. Los cambios que se preanunciaron no sucedieron porque el propio mandatario ha considerado que 2025 ha sido un año en el que su administración pasó el test de resistencia electoral, alcanzando casi el 51% del apoyo ciudadano en las urnas. De todas maneras, siempre estará latente la idea de renovación. Es cuestión de tiempo; nadie puede quedarse dormido. “El peor Jaldo es el que regresa con la cabeza fresca de las licencias”, reza un dicho que, este tiempo, ronda por los pasillos de la Casa de Gobierno.En los tiempos que corren, la doctrina Foucault es aplicable, ya que, dentro de sus características, el poder busca fines, pero no hay un “dueño” de es poder; es un juego de estrategias en el que gana aquel que consolida su gestión y su fuerza política.