Notas con audio

Los premios a la ficción grabada en distintos rincones de la “Ciudad del Limón” despertaron alegría entre quienes convivieron con el rodaje.

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Mientras Adriana Adler acomoda cartones y escucha el ruido constante de las máquinas compactadoras, todavía recuerda el movimiento extraño que durante algunos días alteró la rutina de la planta de reciclaje de Tafí Viejo. Cámaras, técnicos, actores y pedidos de “naturalidad” se mezclaron entre bolsas, cintas de separación y fardos reciclables. En ese mismo lugar donde cada jornada se clasifican residuos para darles una nueva vida, también se filmaron escenas de “Tafí Viejo, verdor sin tiempo”, la serie que apareció entre las grandes ganadoras de los premios Martín Fierro.El lunes por la noche, la noticia recorrió la ciudad en un comentario compartido entre vecinos. En la plaza principal, entre personas que iban y venían a media mañana, varios comentaban con orgullo que aquella serie grabada en las calles taficeñas había sido premiada. En la Villa Obrera, donde también se rodaron escenas, algunos recordaban el movimiento de las filmaciones y otros buscaban identificar rincones conocidos en las imágenes que comenzaron a circular nuevamente por redes sociales.En la planta de reciclaje, Adriana sintió el reconocimiento casi como propio. “Todos pusimos ‘corazoncitos’ en las publicaciones y decíamos ‘ahí estamos nosotros’. Es como si el premio hubiera sido para todos”, cuenta.Tiene 52 años y trabaja allí desde hace dos. Su historia dentro de la planta comenzó en la cinta de separación de residuos, aunque rápidamente quiso aprender otras tareas. “Yo soy de las que quieren avanzar”, dice. Primero separó tapitas de botellas y después pidió que le enseñaran a manejar máquinas hasta llegar al sector donde hoy compacta cartón.Durante el rodaje ella participó como extra. Recuerda aquellos días entre nervios y curiosidad. “Sabíamos que estaban filmando y eso nos ponía nerviosos”, relata entre risas. “Para nosotros era un día más de trabajo, pero igual uno se sentía incómodo porque había gente mirando, cámaras… y aunque nos pedían naturalidad uno siempre quiere mirar lo que pasa alrededor”. Después se ríe de sí misma: “Somos curiosos”.EN VERDE. El mural con el que la planta de reciclaje recibe a sus trabajadores y visitantes. LA GACETA/ Foto de Analía Jaramillo. La serie dejó la sensación de verse representados. Adriana, que vive en Los Pocitos desde los 18 años, asegura que siente agradecimiento por la oportunidad laboral que encontró allí luego de atravesar dificultades económicas. Por eso ahora espera sentarse junto a su hija para buscar la serie en internet. “Ya le voy a pedir que la busque porque quizás aparezco ahí”.A pocos metros de ella trabaja María Orellana, que lleva casi cinco años en la planta y siguió el fenómeno desde otro lugar. No estuvo durante las grabaciones porque trabajaba en el turno tarde, pero igualmente sintió orgullo cuando vio la repercusión nacional que alcanzó la ficción.“Es un orgullo, la verdad. Para la ciudad y también para la planta”, resume.Para María, la visibilidad de la serie puede ayudar a mostrar una parte menos conocida de Tafí Viejo, como lo es el trabajo de la planta. “Esperemos que ahora se animen y vengan a conocer. Hay muchas cosas lindas acá”, afirma.La idea de una ciudad convertida en escenario también emocionó a Antonio Escobar, vecino de la zona de las vías ferroviarias desde hace cuatro décadas. Esta mañana escuchó el nombre de su ciudad en un canal porteño y por un momento creyó haber entendido mal.PASADO Y PAISAJE. Entre los paisajes aparece la historia del pueblo del noroeste capitalino, que supo ser la cuna ferroviaria más grande de la provincia. LA GACETA/ Foto de Analía Jaramillo. “Escuché que había ganado varios premios una serie y que se llamaba Tafí Viejo. ¿Será que es aquí?”, recuerda sorprendido. “Y me alegró por supuesto. Es lindo que se escuche hablar del pueblo de uno”.Mientras habla, hace un gesto amplio con las manos para describir cuánto cambió la ciudad desde aquellos años en los que, según dice, su ciudad era apenas “un pueblo pequeño”. Ahora, remarca, es “enorme”.Quizás allí esté parte de la emoción que despertó la serie. En ver cómo talleres ferroviarios, calles conocidas, viviendas obreras y espacios cotidianos aparecieron convertidos en imágenes capaces de viajar mucho más allá de Tucumán.