CHANGELOG

Hay correos que se escriben con todo el cuidado del mundo y aun así llegan mal. Porque no debían haberse escrito.

En este episodio, Pere Rosales se acerca a una de esas equivocaciones que rara vez se nombran en voz alta: delegar por email aquello que requiere una conversación.

Una escena reconocible, un domingo por la noche, una bandeja de entrada y todo lo que pasa en silencio cuando un mensaje importante llega sin nadie detrás.

Un episodio sobre la diferencia entre comunicar y estar presente, y lo que se pierde cuando las confundimos.

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Creators and Guests

Host
Pere Rosales
Fundador y CEO de INUSUAL

What is CHANGELOG?

Bienvenido a CHANGELOG, el videocast de INUSUAL para quienes entienden que el cambio no es una opción, sino una constante. En cada episodio, exploramos cómo el cambio impulsa el desarrollo profesional y organizacional, ofreciendo reflexiones, aprendizajes reales y estrategias que te inspirarán a crecer como líder y transformar tu entorno.

A través de historias del proyecto INUSUAL, compartimos nuestra evolución desde los inicios hasta nuestra visión de futuro. Recordamos experiencias que nos han marcado, imaginamos lo que está por venir y desvelamos herramientas prácticas para afrontar los desafíos del cambio con confianza e innovación.

Este espacio está diseñado para quienes quieren convertir la incertidumbre en progreso, liderar con propósito y marcar una diferencia real en su vida y en sus organizaciones. Si te apasiona el crecimiento, este es tu lugar.

Pere Rosales:

Es domingo por la noche, casi las 11, y Marta está en el sofá con el portátil sobre las piernas. Quiere dejar la semana ordenada antes de que empiece mañana de nuevo la rutina. Le suena el correo, y es de su jefe. El asunto es neutro ninguna pista, lo abre, y son 9 párrafos, 9 párrafos que están muy bien escritos, están cuidados, con ese tono pulido de quien ha revisado cada una de las comas que están ahí, en todo lo que dice. En el cuarto párrafo aparece la frase que lo cambia todo, a partir del próximo trimestre, dice, su área pasará a depender de otra dirección.

Pere Rosales:

No es un despido, no es un castigo. Sobre el papel, hasta podría leerse como una buena noticia, incluso, pero no lo es en absoluto. Y ella lo sabe desde la primera línea. Lo lee 3 veces. La tercera ya no está leyendo el correo, está leyendo entre líneas, busca el por qué, busca cuándo se decidió, busca si alguien más lo sabía antes de que ella se enterara, que es en este momento, busca la frase que le diga que su jefe peleó por ella, o que, al menos, lo intentó, y no la encuentra.

Pere Rosales:

Encuentra, eso sí, un cierre amable, un hablamos esta semana con calma y una firma. Apaga el ordenador, evidentemente, no duerme nada bien, Y el lunes, a las 9, entra en la oficina con una versión de sí misma que su jefe todavía no sabe que ha creado. Esta escena, con sus variaciones, la he visto un montón de veces. Cambia el sector, cambia el cargo, cambia el contenido del mensaje, la circunstancia, pero el patrón es siempre el mismo. Alguien decide con buena intención escribir lo que tendría que haber dicho cara a cara, Y al hacerlo, sin darse cuenta, convierte una conversación en un comunicado.

Pere Rosales:

Lo curioso es que casi nunca se hace por desidia, se hace por lo contrario. Se hace porque 1 quiere ser claro, y eso por escrito siempre es mejor. Quiere dejar las cosas bien concretas, por escrito. Quiere asegurarse de que no se malinterprete nada, de ahí, las comas cuidadas, se redacta con mucho cuidado, se relee, se borra una frase, se añade otra, se consulta el Chat GPT, hay un esfuerzo real, y, aun así, el mensaje llega mal, llega frío, tarde, llega solo, porque el problema no es lo que pone concretamente el email, más bien es lo que falta alrededor de ese email, falta la cara humana, falta el tono, falta la pausa entre frase y frase, esa que en una conversación permite que el otro respire, pregunte, lo encaje. Falta la posibilidad de decir, espera, repíteme eso un momento, o no estoy entendiendo bien lo que me estás diciendo.

Pere Rosales:

Falta, sobre todo, la presencia de quien lo envía. Y cuando alguien recibe una noticia importante sin la presencia de quien la transmite, lo que aparece en ese hueco rara vez es bueno. Hay quien justifica ese reflejo con argumentos prácticos, es que no tenía tiempo, es que estaba fuera, es que no me da la vida. Había de dejarlo por escrito por temas de trazabilidad, quería que ella lo procesara antes de hablarlo el lunes. Y todos esos motivos aislados pueden ser razonables, incluso lógicos, pero si rascas un poco, casi siempre hay otra cosa debajo.

Pere Rosales:

Hay incomodidad. Hay una conversación que da pereza emocional. Hay un conflicto pequeño que 1 preferiría no mirar a los ojos, y el email aparece, entonces, como una gran herramienta, aparece como un escudo. Eso es lo que más cuesta reconocer, que muchas veces escribimos para no tener que mirar a los ojos. El botón de enviar nos ahorra el silencio del otro lado de la mesa, que delegamos el texto, un trabajo que nos correspondería hacer con cuerpo presente.

Pere Rosales:

Y aquí conviene parar un momentito y pensar, ¿por qué no se trata de demonizar para nada el email? El email es una herramienta extraordinaria para muchísimas cosas de hace muchos años, para confirmar acuerdos, para dar registro de las cosas, dejar documentación, para coordinar agendas, para compartir información que el otro necesita procesar a su ritmo, en diferido. El email no es el problema para nada, el problema es usarlo como sustituto de aquello que pide otra cosa, de manera natural. Hay un test bastante simple que ayuda. Antes de enviar un correo importante, un email importante, basta con preguntarte una cosa.

Pere Rosales:

Si la otra persona tuviera dudas, sintiera algo incómodo o necesitaría matizar, ¿podría hacerlo aquí mismo, en este mismo canal, en este mismo momento? Si la respuesta es que no, entonces, ese mensaje no es un email, es una conversación disfrazada de email, y disfrazada, además, mal. Lo que más se pierde cuando 1 se equivoca de canal no es para nada la información. La información llega, lo que se pierde es el vínculo asociado a esa información. Y el vínculo en el liderazgo no es un adorno, es la infraestructura sobre la que se sostiene todo lo demás.

Pere Rosales:

Si no hay vínculo, no hay liderazgo. Cuando alguien siente que una decisión que le afecta de lleno se ha despachado con un correo, lo que registra no es solo el contenido, registra el gesto, registra que no merecía una conversación, registra que el otro prefirió ahorrarse la incomodidad, y ese registro deja huella mucho más allá del asunto en concreto. Vuelvo a Marta. El lunes por la tarde, su jefe le dedicó 40 minutos, le explicó el contexto, le pidió disculpas si había sido un poco brusco, le dio espacio para preguntar. Fue, técnicamente, una buena conversación, de aquellas que se recuerdan.

Pere Rosales:

Pero llegó después, y eso después ya no es lo mismo, porque la primera versión de la noticia ya se había instalado en ella, y las primeras versiones, cuando duelen, son tercas. Si miras hacia atrás, probablemente recuerdes correos que recibiste y que te marcaron durante mucho tiempo. Si te paras a pensar, lo que recuerdas no es el texto, es aquella sensación de haber estado solo leyéndolo. Quizá la pregunta no sea cuándo escribir y cuándo hablar. A lo mejor, la pregunta sea otra.

Pere Rosales:

¿De qué conversación estoy huyendo cuando elijo escribir, en lugar de dar la cara? ¿Qué incomodidad me estoy ahorrando yo? ¿A costa de qué incomodidad le estoy dejando al otro? Porque liderar, entre muchas otras cosas, es estar dispuesto a sostener la conversación que el momento pide, que cada momento pide, aunque sea más larga o más rara, aunque no quepa en una bandeja de entrada. Seguimos.