Exclusivas de La Gaceta
Hace años que circula en las redes sociales un meme que dice: "Si el equipo pierde... pierde la familia". La frase suele compartirse con humor. Es una exageración que juega con la imagen del hincha incapaz de tolerar una derrota y dispuesto a convertir la frustración futbolera en un drama doméstico. Pero, detrás de la ironía, hay una realidad que desde hace tiempo estudian organismos internacionales, investigadores y organizaciones que trabajan contra la violencia de género.No es un mito. Los grandes eventos deportivos suelen estar acompañados por un aumento de los episodios de violencia intrafamiliar. Y no ocurre únicamente cuando el equipo del agresor pierde. También puede suceder después de una victoria. El resultado del partido no explica la violencia, pero determinados factores que rodean esos eventos pueden aumentar el riesgo: el consumo excesivo de alcohol, la intensidad emocional, las tensiones acumuladas y, en algunos casos, problemas de salud mental que ya existían.Durante un Mundial, todo parece girar alrededor de una sola historia. Las conversaciones, las pantallas, las redes sociales, todo se concentra en la pelota. Se habla de formaciones, estadísticas, goles y festejos. Millones de personas viven durante noventa minutos una emoción compartida. Pero mientras la atención colectiva apunta hacia un mismo lugar, otras historias siguen ocurriendo.El domingo 19 de julio, mientras Argentina disputaba la final del Mundial 2026, cuatro mujeres fueron asesinadas en distintos puntos del país. Rocío Gómez, Lara Carballo, Norma Tula y Sandra Beatriz Bilau murieron en contextos de violencia de género y violencia familiar.Los casos ocurrieron en Córdoba, Rosario, Catamarca y Misiones. Rocío fue asesinada por una expareja que ya tenía antecedentes por violencia de género. Lara murió tras recibir un disparo efectuado por su pareja, quien luego sostuvo que había sido un hecho accidental. Norma fue asesinada presuntamente por su hijo, que registraba antecedentes de violencia familiar. Sandra fue víctima de un femicidio cometido por su pareja, quien después se quitó la vida.No hay elementos para afirmar que el Mundial provocó esos crímenes. Sería una simplificación. Pero tampoco parece casual que, cada vez que se celebra un torneo de semejante magnitud, organismos especializados vuelvan a advertir sobre el mismo fenómeno.Andrea Cházaro, vocera de ONU Mujeres México, lo resume con claridad: el fútbol no crea la violencia. Lo que hace es generar contextos en los que determinados factores de riesgo pueden intensificarse. Entre ellos menciona el abuso de alcohol y las crisis de salud mental que atraviesan muchos varones. La violencia ya estaba presente; el partido no la origina, pero puede convertirse en un detonante.La advertencia no busca cuestionar al deporte ni a quienes lo viven con pasión. Por el contrario, parte de reconocer que el fútbol moviliza emociones profundas y convoca a millones de personas. Justamente por eso, distintos países aprovechan los grandes torneos para reforzar campañas de prevención y recordar que la violencia de género es un problema público que no puede quedar reducido al ámbito privado. Porque mientras un estadio entero celebra o lamenta un resultado, hay hogares donde esas emociones se traducen en miedo.Hay un detalle que quizás explique por qué el viejo meme sigue circulando desde hace tantos años. Funciona porque todos entienden la referencia. Porque existe una idea instalada de que el fútbol puede cambiar el humor de una casa. Lo que muchas veces queda fuera del chiste es que, en algunos hogares, esa alteración del clima no termina con el pitazo final.Tal vez por eso dejó de ser solo un meme hace tiempo. Detrás de una frase que parece exagerar el fanatismo hay una advertencia que distintos organismos vienen repitiendo desde hace años: el fútbol no genera la violencia, pero puede crear condiciones que aumenten el riesgo allí donde esa violencia ya existe. Recordarlo no le quita lugar a la pasión por el deporte. Apenas amplía el foco para no perder de vista una realidad que, incluso en los días en que un país entero mira hacia la misma cancha, sigue ocurriendo puertas adentro.