Exclusivas de La Gaceta
-En tu discurso de aceptación del doctorado honoris causa de la UNT te definiste como “un hijo de la Universidad”. Fue allí donde tu padre conoció a tu madre y también es la institución que, bajo su paraguas, impulsó tu formación. ¿Cuáles fueron esos factores iniciales en tu formación?- Los chicos son creativos y curiosos. La educación, cuando está estandarizada, en cierto punto restringe la creatividad y la curiosidad. Mis padres las estimularon y también una estrategia de “manguera de bombero”, tirándome de todo para ver qué podía atrapar. Mi mamá era educadora de la ciencia y, en cierto sentido, experimentaba conmigo. Mi papá me conectaba con la filosofía, la literatura, la música –recuerdo cómo disfrutaba las sonatas de Beethoven o el concierto Brahms por Rubinstein-. Y reforzaba mi autoestima, transmitiéndome que el esfuerzo permitía lograr cualquier cosa. Estuve muy expuesto a la ciencia, el arte, los libros y la música desde chico. También debo mucho a los colegios. En el Gymnasium, en sexto grado, me hicieron un test vocacional, puse que quería ir al Balseiro y muchos años después esa aspiración fue rescatada de un archivo. Hubo una combinación virtuosa entre lo que aprendí en mi casa y fuera de ella.-Un lector de LA GACETA planteó respetuosamente que había un sesgo de supervivencia en el planteo indirecto de tu discurso. Según su interpretación, podía sugerir que quien siguiera tus pasos podría alcanzar los mismos logros, cuando tu caso era el de un “fuera de serie”.-Me esforcé desde chico a instancias de mis padres. Y todo lo que hice, desde tocar un instrumento a estudiar física, fue consecuencia de un gran esfuerzo. Los estudios muestran que en los logros hay mucho más de esfuerzo que de talento innato. Desalentarse antes de tiempo, la falta de carácter y la comparación con los demás son factores que explican muchos fracasos. Hay quienes son muy buenos al principio y luego no sostienen sus avances. Es necesario desarrollar tolerancia a la comprensión parcial. El esfuerzo es un gran igualador.-Esta idea de la valoración del esfuerzo parece contradecirse con ese componente lúdico que se registra desde muy temprano en vos. Esa madurez precoz que asimila la importancia de persistir por un camino se cruza con una aparente dispersión de disciplinas que finalmente se cruzarán pero que en los inicios parecen desvíos.- Pienso en Messi, obviamente sin pretender compararme con él, pero analizo los casos de aquellos en los que hay grandes logros y un gran esfuerzo. A Messi le encanta jugar el fútbol pero hay miles de horas de entrenamiento detrás. Se cruza el espíritu lúdico con la disciplina. Para hacer ciencia te tiene que gustar jugar. En mi caso, además de lo lúdico, había una inquietud espiritual por conectarme con los misterios del mundo. Mi propósito era entender más y ahí se combinaban las cosas que me gustaban. El arte, la ciencia, la música. También quise ser partícipe y no solo espectador de las cosas que me gustaban y que se conectaban. En el fondo la ciencia es un dibujo de la realidad. Los modelos científicos son representaciones mentales de la realidad. En el camino fui integrando mis inquietudes. Mi vida fue una exploración de distintas maneras de abordarla. Dibujo para ver mejor, hago ciencia para entender más y con la música me expreso. Y finalmente hay un aspecto entrepeneurial, cómo armar tu propia marca y llevarla al mundo. En el sentido de hacer algo que solamente yo puedo hacer. Pienso en Borges, Yupanqui o Mercedes Sosa. Además de crear se preocuparon por llevar su voz al mundo y es por eso que las pudimos disfrutar.-Lo que decís remite al falso antagonismo entre esfuerzo y placer. En tu libro Borges y la física cuántica señalás el falso antagonismo entre ciencia y literatura asociadas a inteligencia y emociones. Tomás Eloy Martínez hablaba del “mandato terrible de Borges” que implicaba impugnar el sentimentalismo en la literatura argentina. Sin embargo, decía, los profesores de Austin, donde Borges
había enseñado, recordaban cómo se le escapaba una lágrima mientras escuchaba un tango que decía despreciar.-Creo que una clave es encontrar placer en el esfuerzo previo al logro. Cuando Borges hablaba de sentimentalismo creo que hablaba de emociones superficiales. Cuando en el comienzo de “El Aleph” dice “La candente mañana de febrero en que Beatriz Viterbo murió, después de una imperiosa agonía que no se rebajó un solo instante ni al sentimentalismo ni al miedo” creo que se refiere a la sensiblería, a su frivolidad. Creo que Bach y Borges combinan el rigor con el lirismo de una manera única. Borges es un escritor de ideas, infinitamente citado por científicos, pero al mismo tiempo conmueve. No está desvinculado del sentimiento pero lo hace de una manera sofisticada, profunda o sutil.Distintas formas de buscar la verdad-En uno de sus diálogos con Osvaldo Ferrari, Borges dice que todas las artes aspiran a la condición de la música, que no es otra cosa que la forma. Y remata diciendo que el hecho estético es quizás la inminencia de una revelación que no se produce.-En “El fin” Borges dice: “Hay una hora de la tarde en que la llanura está por decir algo: nunca lo dice o tal vez lo dice infinitamente y no lo entendemos, o lo entendemos pero es intraducible como la música”. Hay un idioma abstracto en la música pero hay un isomorfismo con las ideas. ¿Qué fue lo que hizo llorar a Borges en Austin? ¿Fue el tango o fue la evocación de un momento en Buenos Aires? La música es anterior al lenguaje; había cantos antes de las palabras.-En tu experiencia personal en la que cruzaste tantas disciplinas, ¿pensás que hay jerarquías en ciertos aspectos o logros que solo pueden alcanzarse a través de la música, la física, la literatura o el arte?-Cada una tiene su rango de aplicación. Hay diagramas de Venn con territorios comunes. La ciencia tiene una manera de describir la realidad con precisión formulando regularidades y predicciones en lenguaje matemático. Pero hay estética en esa búsqueda de las verdades científicas. A veces el avance en la ciencia se produce en un afán de remediar características estéticas de teorías anteriores, buscando simetría, elegancia, simplicidad o belleza. Cada una tiene su técnica pero todas comparten la búsqueda de la verdad. Son diversos mapas para transitar a un mismo lugar. Y yo soy una suerte de decatlonista de todos esos mapas. No ganaría una medalla en ninguna de las disciplinas pero soy competitivo en ese decatlón.-En una entrevista decías que el ateísmo –y no las creencias religiosas- se oponía al pensamiento científico.-Hay una tendencia en el ateísmo que surge como reacción de los protestantes norteamericanos que leen la Biblia casi literalmente y que sostienen, por ejemplo, que la Tierra surgió hace 6.000 años. La pregunta sobre la existencia de Dios no es uniforme. No significa lo mismo para todo el mundo. El Dios de Spinoza no es el mismo que el del monoteísmo cristiano o el del politeísmo de una cultura africana. De modo que dar una respuesta negativa a una pregunta mal formulada es anticientífico. Se requiere una formulación correcta para una verificación y no tenemos esa formulación. Por otro lado, tenemos los misterios que persisten en nuestro conocimiento pero que no estoy seguro que persistan siempre. ¿Por qué Dios haría un universo que no sea inteligible para los hombres? La existencia de Dios es, finalmente, una pregunta abierta. Hoy no tengo manera de saberlo pero es una pregunta que no se puede clausurar. No sabemos si hay algo más allá del mundo físico. Lo que podríamos plantear y convertirlo en una pregunta contrastable, científica, es cómo actúa esa entidad en el mundo físico. Estoy bastante solo en mi posición pero creo que el ateísmo es una actitud anticientífica.-¿Es más difícil de concebir un universo infinito o uno con límites que deja abierta la pregunta sobre qué hay más allá de ellos?- Es una pregunta más próxima a la geometría. El infinito es difícil de concebir. Puede formularse matemáticamente pero es difícil de internalizar. Algo finito sin límites no es tan difícil de concebir. Pensemos por ejemplo en la superficie de una esfera. Es finita, cerrada, pero no tiene límites. La esfera tiene dos dimensiones y está en un espacio de tres. Si sos una hormiga que camina sobre ella, sin saber que hay una tercera dimensión, caminás sin llegar nunca a un límite. En el caso del universo podemos pensar en tres dimensiones embebidas en un espacio de cuatro dimensiones. Dios entra en una de las categorías de las incógnitas: la del misterio. Las otras son la de los acertijos y los problemas. El caso de los límites del universo es un problema. Cuesta entenderlo pero se puede. El misterio no admite encararse para ser transformado en un problema.-¿Cuáles son hoy los grandes problemas de la física?-Por un lado hay una, a mi juicio, exagerada tensión en torno a las computadoras cuánticas. Pero es un gran problema. Los bits de las computadoras son unos o ceros. En el caso cuántico podrían ser unos y ceros, simultáneamente, permitiendo hacer operaciones imposibles para una computación clásica. Por ejemplo la encriptación con el que se mueve el sistema financiero requiere siglos para ser desencriptada. La computación cuántica podría hacerlo en corto tiempo. Hay otros problemas fundamentales como los de la energía y la materia oscuras, que todavía no se sabe bien qué son. Y problemas de otro orden, como el del origen de la vida y la conciencia humana que se intersectan con otras disciplinas. También hay teorías, como la de las supercuerdas que, por su dificultad para hacer predicciones constatables, ha decaído en el interés de los físicos en los últimos años. Finalmente, tenemos otro problema transversal que es del desarrollo de la Inteligencia Artificial, que está reformulando la manera de hacer física.Riesgos y oportunidades de la IA-¿Te sentís más cerca del tecnoptimismo o del escepticismo frente a la IA?-La IA es una tecnología que se desarrolló muy rápido en comparación con nuestra velocidad de reacción pero creo que es un paso inevitable en el desarrollo de la inteligencia animal. Cierra algunas puertas –generando grandes problemas como el del desempleo- pero abre muchas. La IA para mí es una gran ayuda. Creo que es parte de la exploración del homo sapiens. Recordamos las fotos de los años 20 con legiones de operadores en los conmutadores telefónicos. Todo eso ya no existe pero tenemos los celulares en nuestras manos.-En tu último libro recordás a Funes el memorioso, quien podía recordar todo pero sin lograr procesarlo. Y se parece mucho a lo que nos pasa con el acceso infinito a información a través de la tecnología.-Samuel Johnson decía que hay dos clases de conocimiento: conocemos un tema por nosotros mismos, o sabemos dónde encontrar información sobre él. Ahora todos sabemos cómo. Pero es cierto que se pierde profundidad. Como un mar de una pulgada de profundidad.-Esa es una de las definiciones antipáticas de periodismo.-La gente surfea la información. La idea de leer un libro de principio a fin y de pasar de uno a otro parece caer en desuso. Pero esto no implica que la IA sea censurable. Es una herramienta que se puede usar bien, prolongándonos y enriqueciéndonos. Con el riesgo, también, de idiotizarnos. O de generar cosas tan molestas como la costumbre de interrumpir conversaciones para buscar respuestas a dudas en el celular, destruyendo el flujo de la charla.-Y el ejercicio de bucear en el archivo de nuestra memoria.-La conversación también implica un flujo que no requiere ningún “aclarador” de dudas sobre datos intrascendentes. También tenemos las adicciones y la desesperación de la gente cuando se olvida el celular. La Argentina se construyó cuando teníamos un sistema de correspondencia que demoraba meses en llegar de un lugar a otro. Y hoy no podemos esperar unos minutos para contestar un WhatsApp.-Beatriz Sarlo me decía que le sorprendía, en el transporte público, la velocidad con que los jóvenes pasaban –en décimas de segundo- de un contenido a otro en sus celulares. Se preguntaba qué pasaba en esos cerebros bombardeados por millares de impactos, qué quedaba en esas neuronas.-Estamos “funisados”, como el Funes de Borges, llenos de información que no sintetizamos. La serie Pluribus plantea que después de una catástrofe, excepto unos pocos, toda la gente piensa con un mismo cerebro. Siento que con la IA, en cierto modo, pasa algo parecido. Compartimos un mismo “cluster de neuronas” con los que se escriben trabajos, se corrigen, se buscan recetas, se redactan mails, etc. Con Google tenemos un motor de búsqueda. Con la IA tenemos un motor de pensamiento.Argentina y los “mejores”-Solés decir que es difícil entender nuestros tropiezos teniendo a los dos mejores futbolistas de la historia, el mayor escritor del Siglo XX y al mejor físico y la mejor pianista de la actualidad (Juan Martín Maldacena y Martha Argerich). Cuando se lo repitieron a Argerich en una entrevista con The New York Times ella dijo que no existe tal cosa.-Bueno, claro, todo es discutible. Algunos discuten si Messi o Maradona fueron los mejores. No hay una marca indiscutible como en el atletismo. Me hace acordar al caso de Judith Polgár, la ajedrecista preparada por su padre desde chica para ser la mejor. El padre elige el ajedrez porque si alguien le ganaba al campeón, lo que finalmente pasó con su hija, sería indudablemente la mejor. Y él quería demostrar que el esfuerzo era todo. A lo que apunto con mi frase es a la paradoja de que la Argentina, a pesar de sus dificultades a nivel colectivo, engendró estos individuos brillantes. Y hay una relación con los espacios de formación. Siempre digo, dentro de mi campo, que el Balseiro es el mejor instituto de formación de físicos del mundo. Cuando llegué a Estados Unidos y me encontraba con colegas de Princeton, que es el Barcelona de la física –en lo que hace a la investigación-, me di cuenta que yo había estudiado materias enteras que ellos no habían tenido.-¿Cuánto consenso hay en torno a la idea de que Maldacena es el número uno de la física?-Mucho. Fue el profesor más joven de la historia de Harvard y ganó todos los premios excepto el Nobel. Ed Witten, uno de los popes de las supercuerdas y uno de los nombres más prestigiosos de la disciplina, menciona constantemente a Juan Martín. Maldacena no tiene el Nobel porque su teoría no tiene verificación experimental, que es uno de los criterios prevalecientes en el premio.© LA GACETAPERFILAlberto Rojo nació en Tucumán. Se doctoró en el Instituto Balseiro y continuó su vida académica en los Estados Unidos. Fue investigador en la Universidad de Chicago y actualmente es profesor titular en la Universidad de Oakland. Publicó en coautoría con el premio Nobel Anthony James Legget. Es autor, entre otros libros, de El azar en la vida cotidiana y de Borges y la física cuántica, que lleva nueve ediciones. Grabó con Mercedes Sosa y tiene tres discos como solista. Es miembro colaborador de la Academia Norteamericana de la Lengua Española.