Diccionario sonoro que recoge los nombres, historias y lugares protagonistas de la emocionante aventura que representa la música contemporánea desde su creación a la actualidad. Más información: march.es/contemporanea
Arte sonoro
Su aceptación para la Historia del Arte es del todo complicada: la arquitectura de los museos y las salas no está concebida para la experiencia de escucha. Su definición es acumulativa –comprende la instalación sonora, la escultura interactiva, la poesía experimental, la fonografía y un largo e imprevisible etcétera– y la conformidad por parte del resto de artistas es escasa. Para hacerlo más difícil, el arte sonoro se confunde a menudo con la música misma (sobre todo cuando hablamos del terreno experimental o electroacústico). Como factor final, pero primordial, está la prevalencia de la mirada sobre el hecho artístico.
Aunque la historia del sonido en el arte podría llevarnos tan atrás como estuviéramos dispuestos a viajar, convengamos –con el artista sonoro y compositor José Iges– que hay antecedentes en los últimos decenios del siglo XIX (con la expansión de los instrumentos de percusión no afinados, la primera poesía fuera de la página o la experiencia sinestésica).
Ya bien entrado el XX hay más señales a considerar: Luigi Russolo y su ‘Intonarumori’;
la escucha planteada por John Cage (por la cual toda música no es sino “sonidos planteados en el tiempo”); el cine experimental; la práctica del intermedia dentro y fuera de Fluxus; el nacimiento de la música concreta a finales de los años 40, cuyo trabajo con todo tipo de sonidos del entorno –no necesariamente musicales– abre nuevos horizontes estéticos; la propia música electroacústica, que propicia ámbitos fecundos para el arte sonoro y la poesía sonora, que se expande dentro y fuera de esos marcos, que explota la acción y una nueva expresividad corporal y vocal.
“El infinito es el espacio interior de una columna de aire cuya base es un círculo de espejos situado sobre el suelo”.
De gran importancia es el radioarte, que evoluciona en las emisoras europeas de servicio público desde finales de los años cuarenta, en parte ligado a los laboratorios de experimentación creados en ellas, donde convive con la naciente música electrónica.
También son cruciales la instalación sonora; el paisaje sonoro; todo lo que se ha dado en llamar “otros comportamientos artísticos”; la expansión de diferentes disciplinas que toman el sonido como material expresivo.
En todos esos casos, o en la mayor parte al menos, la evolución de la tecnología electrónica de audio tras la Segunda Guerra Mundial es un factor decisivo, aunque no lo es menos el prestigio creciente que rodea y protege a la experimentación con los nuevos recursos tecnológicos durante estos años.
Con todo esto, el arte sonoro se reafirma como etiqueta recurrente desde al menos la última década de los 80, momento en que videoartistas, poetas experimentales, performers, compositores y artistas visuales empiezan a reconocerse en el término ‘sound art’.
“El arte sonoro participa o se sirve del sonido y de lo sonoro, esa es una de las características que está implícita en su título, pero no se basa en los principios compositivos que caracterizan a la música en su larga tradición, sino que, atendiendo a la otra palabra que conforma su título, se sitúa en la constelación del arte o, para ser más precisos, en el ámbito de las artes plásticas”. (Javier Maderuelo, ‘Escuchar con los ojos’).
En España, los centros de producción destinados a la música electroacústica –señala José Iges– han sido imprescindibles para el arte sonoro. Son de obligada mención los laboratorios Alea, Phonos y Actum en Valencia, el GME en Cuenca y el LIEM. En los 80 es trascendental la autoedición en casetes, que da visibilidad a autores y grupos como Rafael Flores, Esplendor Geométrico, Comando Bruno o Francisco Felipe. No deben quedar fuera las actividades de Radio PICA, la serie de emisiones de Ars Sonora (en RNE Radio 2) y otros programas como Fluido Rosa (Radio 3), Vía Límite (de José Manuel Costa en Radio Clásica), La Casa del Sonido (José Luis Carles en Radio Clásica), Chorro de Luz o Undae Radio (en Radio Círculo). Ni las más recientes en la web del MACBA (RWM) y del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (RRS).
‘Magnetic Flights’, Vuelos Magnéticos, está producido íntegramente con grabaciones de campos electromagnéticos de aeropuertos internacionales, y dentro de los aviones. Las grabaciones de esta pieza están realizadas por Christina Kubisch en sus viajes en 2007 desde y hacia los aeropuertos de Bucarest, Manchester, Chicago, Seúl, Múnich, Ámsterdam, Zúrich, Frankfurt, París, Lisboa, Berlín, Pisa, Milán y Londres. Los sonidos no están alterados electrónicamente ni modificados en modo alguno. La única herramienta utilizada, y sólo en parte, es un programa de filtrado llamado DINR. La pieza termina con el parpadeo eléctrico de un campo electromagnético de origen desconocido.