Parteaguas Diario

México vive atrapado entre dos gritos: el del desastre absoluto y el de la perfección impostada. En medio del ruido, Jonathan se niega a elegir bando y propone algo más incómodo: pensar. Aquí no hay consuelo fácil ni alarmismo rentable. Hay preguntas incómodas sobre corrupción y estabilidad, violencia y trabajo, pobreza real y bienestar cotidiano que conviven en el mismo país. Este texto desmonta a quienes viven de narrativas a medias —unos con votos, otros con likes— y se planta en un territorio menos popular: el de la madurez. Reconoce riesgos, pero también oportunidades; errores graves, pero también señales de fortaleza. Propone control personal en un mundo desordenado: información, educación, creatividad, tecnología y alianzas. Un manifiesto para quienes no gritan, pero tampoco se resignan. Para los que viven en medio, construyen todos los días y saben que el verdadero parteaguas no está en el discurso, sino en lo que cada quien decide hacer.

What is Parteaguas Diario?

Yo soy Jonathan Ruiz Torre y durante este siglo he investigado sobre personajes disruptivos en Norteamérica. Me leyeron en Milenio, Reforma, El Financiero... y ahora en El Economista.

México no está bien, México no está mal

Fue difícil tragar eso. La escena de mujeres, hombres, individuos lastimándose en un edificio histórico, como enemigos. Ahí, en donde deberían trabajar para crear leyes que mejoren a la Ciudad de México.

Fastidia también la constante presencia de la corrupción en un país gobernado por quienes juraron abatirla. Su descuidada estrategia para motivar inversiones, particularmente en la energía urgente. La violencia que todavía azota a ciudades de México. Eso es suficiente para quitar la calma.

Pero los otros, los que se dicen salvadores del país y buenas conciencias, se van a la esquina contraria. Recién observé un video en donde dos maduros colegas analistas de México enlistan los problemas de la nación, argumentando que no hay nada que este gobierno esté haciendo bien. Escupen cifras que asustan a quienes no buscan la fuente, como la supuesta superioridad económica de Turquía sobre México —un dato falso—, y celebran la buena estrategia de El Salvador para atraer capitales, sin mencionar el costo de la “hazaña”.

Me parece que las voces que más suenan en México hoy no develan la realidad completa. Cada grupo pronuncia con estruendo frases que les permiten dividir a la audiencia, capturar una parte de ésta y sacarle dinero. Unos con votos, otros con likes.

Perdón, pero tengo el vicio de buscar razones. Si este país vive en un escenario de perfección, ¿por qué a muchos les falta el celular que les robaron, un familiar asesinado, una casa propia y medicinas básicas? Y si estamos en el caos, ¿por qué mucha gente goza de una ocupación fija y de la felicidad relativa de un viaje o de la convivencia con la familia en estas fechas?

Sucede, a mi juicio, que, como siempre, los más gritones cuentan la historia. Y la cuentan a la mitad.

El gobierno divulga que acertadamente subió rápidamente los salarios más bajos, pero no admite públicamente una corrupción que llega a las oficinas de burócratas; los otros critican merecidamente el desdén por las empresas, pero no reconocen que este país mantiene una estabilidad económica reflejada en el tipo de cambio o en el disparo a niveles récord de las exportaciones.

No se atreven a reconocer al otro. Punto. Porque, de hacerlo, pierden su audiencia y la oportunidad de exprimirla.

Unos perderán votos, otros a sus seguidores que les brindan likes. Ambos significan dinero para los unos y para los otros.

Algunos quedamos en medio. Ustedes, si escucharon hasta aquí, probablemente están en ese lugar. ¿Y nosotros, qué?

Para ustedes, un mensaje: México no está bien, México no está mal. México es un caldo de riesgos y de oportunidades.

Me preocupo como todos, pero apelo a la madurez. ¿Qué sí puedo hacer yo, solo? ¿Qué puedo hacer yo con mis aliados o qué puedo hacer con mis socios? Hasta ahí llega lo que controlo, y hoy puedo controlar un montón de cosas.

Puedo controlar la información que consumo. También el curso educativo que me fortalezca. Puedo usar la creatividad y decenas de herramientas para crear un servicio o un producto.

A diferencia de mi abuelo, no necesito una camioneta ni carreteras para buscar insumos y clientes.

A los incompetentes los va a rebasar una ola que desdibujará aún más la relevancia de los gobiernos que no se actualicen. Guste o no, ya encontramos tecnología para conectarnos y pagarnos sin intermediarios inútiles.

Prometo avisarles aquí de los ajustes semanales de la inteligencia artificial de agentes, de la infraestructura que la hace funcionar y de las empresas y las personas que la aprovechan.

Me comprometo a estudiar y entrenarme para no ofrecer humo. Invertiré en eso el tiempo que ustedes no pueden dedicar. Porque eso es lo que puedo hacer, solo, con mis aliados y con mis socios.

No puedo parar a quienes se sirven de narrativas viciadas y sesgadas para hacerse de bienes, malintencionadamente. No voy por ahí.

Camino con ustedes, quienes se quedan en medio, quienes van por los niños a la escuela, comen de vez en vez con quien les es fiel y visitan a su madre al menos una vez por semana. Con ustedes, quienes pretenden usar su talento y no las mañas. Para eso busco y expongo los Parteaguas a diario. Hasta mañana.