Yo soy Jonathan Ruiz Torre y durante este siglo he investigado sobre personajes disruptivos en Norteamérica. Me leyeron en Milenio, Reforma, El Financiero... y ahora en El Economista.
Viernes 24 de julio de 2026. Yo soy Jonathan Ruiz. Esto es Parteaguas y hoy me acompaña Juan Carlos García Barcala, quien, para variar, tiene una historia de negocios interesante, esta vez de Cinépolis. Y a propósito de Cinépolis, les cuento que estuve en Davos en algún momento me topé en un restaurante de ese pequeño pueblo suizo a Alejandro Ramírez. Él es el director desde hace muchos años de Cinépolis y en esa ocasión era un año de crisis, muy dura porque era 2009, lo recuerdo bien, y era el año de la crisis financiera de los Estados Unidos. Y en esa ocasión le pregunté a Alejandro cómo le estaba yendo con los cines, es decir, si pensaba cerrar cines o cuál era la circunstancia. Me dijo, no, hombre, para nada. Estos son los mejores años a veces, porque la gente que no tiene para salir de vacaciones, pues va al cine. En fin, esa fue la anécdota de aquel año, y ahora estamos viendo otra circunstancia. De eso les habla Juan Carlos García Barcala. Y yo, yo les hablo de otra cosa. Vamos, estos parteaguas, bienvenidas, bienvenidos. I love it. En mi columna parteaguas, que ustedes pueden leer en El Economista, nos estamos haciendo chiquitos dos. Somos como el perrito de Pablo. El presidente de Estados Unidos habla sobre el tratado comercial de Norteamérica e inmediatamente gruñimos y formamos una ola de especulaciones, casi por instinto. ¿En esencia, qué ha cambiado? Llevamos ya 19 meses pensando en la catástrofe que supondría el fin del TMEC y, poderoso y todo, el presidente Donald Trump no se manda solo. No porque no quiera, sino porque hay mucha gente que hace negocios más grandes que los que él hizo o hace. Y esa gente no está inmóvil. Ayer, su gobierno impuso nuevos aranceles a México. ¿Y cuál fue la repercusión? El termómetro del dólar marca 1750 pesos. Las medidas y los golpes que han venido del norte durante estos meses no afectan el gran intercambio comercial entre las dos naciones. El arancel de 10 impuesto ayer a México y a otros países sí puede tener impacto sobre negocios específicos aquí. Automóviles que no cumplan con el porcentaje mayoritario de fabricación regional, por ejemplo, son una minoría acaso, pero no tiene efecto sobre la base en la que descansa el grueso de las exportaciones nacionales. Porque no hay borracho que coma al hombre. Vaya, hasta los grandes planes de inteligencia artificial de los vecinos dependen, al final de cuentas, de electricidad conducida por cables y transformadores fabricados en buena medida en México. He venido aquí contándoles desde hace tiempo al respecto. La esencia de las relaciones comerciales no va a cambiar en un periodo tan corto como el que ha planteado el presidente Trump. Incluso antes del TMEC y del TLCAN, existía comercio binacional. En el pasado, las barreras las ponía principalmente México. El TMEC difícil. Principalemente México. El TMEC difícilmente va a desaparecer, aunque puede cambiar de nombre. Incluso podría ser cancelado en un caso extremo. Pero el sistema de bajos o nulos aranceles en Norteamérica no puede ser sustituido por un modelo complicado de intercambio de impuestos. No por buena voluntad, sino porque eso encarece la operación de las empresas. Y los ricos dueños de las compañías no quieren costos, los evitan y los combaten de manera visible o profunda debajo de la mesa. Ayer dije aquí que, por comernos la narrativa de Trump o por nuestra propia decisión, andamos distraídos y somos cada vez menos relevantes en la agenda norteamericana y global. Naciones que son o fueron más pobres que México, como Corea, China e India, que de hecho sigue siendo más pobre en términos per cápita, hoy resuelven problemas espaciales o tecnológicos para proveer a Europa y a Medio Oriente. La energía mexicana y a veces toda la latinoamericana está enfocada en mantener negocios antiguos y poco rentables, acero, aluminio, coches, porque ahí nos tienen, bajo esa metralla de declaraciones. Por esa falta de visión tecnológica y la consecuente pérdida de relevancia y protagonismo, asumí que Jamison Greer ya de plano no vendría a esta tercera ronda de negociaciones con sede en México que se celebra esta semana y así lo dije aquí este jueves. Pero tarde y todo, el representante comercial de Estados Unidos sí llegó el miércoles para encontrarse con la presidenta Claudia Sheinbaum la mañana de ayer. En el fondo, mi misión es reducir su preocupación, la de ustedes, para que podamos enfocarnos en lo importante. La denuncia en la que el gobierno de Estados Unidos basó el arancel de 10 divulgado ayer sí es relevante. ¿Quién sufre y quién enfrenta condiciones de trabajo forzado en México? ¿Qué argumentos existen en contra de la acusación formulada por nuestros socios? Y luego está aquello en lo que insisto: la apremiante necesidad de una política industrial tecnológica, una que nos permita tener algo que ofrecer a cambio ante la creciente oferta de productos nuevos, incluso inimaginables, que ya están en el mercado y que van a llegar por montones. Si no lo tenemos, lo que ofrecemos será trabajo humano en labores de bajos salarios. Y eso genera estancamiento en el mejor de los casos. Acá seguimos aspirando a crecimientos que apenas rebasen el 1 anual. Eso no debe ser. En fin, vamos con Juan Carlos García Balcal y su historia de cine. Tienes Netflix, tienes Disney+, tienes HBO. Todo el catálogo del mundo en tu sala, sin pagar boleto, sin pagar estacionamiento y sin aguantar el tráfico. Y aún así, hay un viernes al mes en que agarras las llaves y sales de tu casa a ver una película que en ocho semanas probablemente ya vas a poder ver en streaming. ¿Por qué? Soy Juan Carlos García Barcala y esto es Estrategia en Tiempo Real para Parteaguas de Jonathan Ruiz. I love it. Cinépolis lleva más de 50 años en el negocio del cine y en ese tiempo ha hecho de todo: salas VIP, IMAX, 4DX, boletos digitales, dulcerías rediseñadas. Visto uno por uno, cada movimiento parece una mejora operativa más. Visto en conjunto, cuenta otra historia. Fíjate en esto: llegó Cinemex con un modelo nuevo, llegó la digitalización, llegó Netflix, llegó Disney+, llegó una pandemia que cerró las salas durante meses y que muchos analistas dieron por fin el fin del negocio. Y Cinépolis sigue aquí, no sólo sobrevivió, siguió creciendo. ¿La pregunta obvia es: cómo se volvió la cadena más grande de México? ¿La pregunta que realmente importa es: cómo siguió siendo relevante cuando el mundo empezó a ver películas sin pisar un cine? Christensen lo explica con una idea simple. Netflix resuelve un trabajo: quiero ver una película. Cinépolis resuelve otro: quiero vivir una experiencia. Se parecen por fuera, pero por dentro son completamente distintos. Y en el momento en que Cinépolis entendió esa diferencia, dejó de competir de frente contra el streaming. Eso no es suerte. Imagínense un restaurante familiar con 30 años abierto. No sobrevive por tener las mejores sillas. Sobrevive porque sabe entrenar meseros nuevos sin que baje el servicio. Porque ajusta el menú sin perder identidad. Porque abre una segunda sucursal sin que se le caiga la primera. Eso no se compra en una tarde. Se construye durante años, decisión por decisión. Con Cinépolis pasa igual. Las pantallas se compran. Las butacas se compran. Lo que no se compra es saber operar miles de salas con el mismo estándar, entrenar a decenas de miles de colaboradores, negociar con estudios, abrir en India sin perder consistencia. Ahí está la ventaja. No en el edificio, en la organización que aprendió a construirlo, operarlo y reinventarlo una y otra vez. Ahora bien, siempre hay riesgos y hay que decirlos. Los estudios Acortan cada vez más el tiempo entre estreno y streaming. La generación más joven consume distinto y el cine ya no compite solo contra otro cine, compite contra videojuegos, contra TikTok, contra un concierto. Compite por el tiempo libre de la gente y esa pelea es mucho más grande de lo que parece. Súmale esto: no es un problema exclusivo del cine. Cualquier negocio que dependa de un solo producto para justificar su existencia corre el mismo riesgo que corrió Cinépolis frente a Netflix. Pregúntate esto en tu negocio: lo que vendes de verdad es el producto o es lo que ese producto le resuelve a tu cliente. Porque las empresas que aguantan 30, 40, 50 años casi nunca lo hacen defendiendo un producto, lo hacen defendiendo lo que ese producto representa para la gente y construyendo alrededor de eso una organización capaz de reinventarlo cuantas veces haga falta. Soy Juan Carlos García Barcala. Para más análisis y conversación directa, sígueme en wwwjcgbmx Si te gusta, por favor, comparte este podcast. Esto es Estrategia en Tiempo Real para Parteaguas de Jonathan Ruiz. Gracias por escuchar Parteaguas. Eso fue todo por esta semana. Soy Jonathan Ruiz y a mí me encuentran en redes sociales como Parteaguas Club. Hasta el lunes. I love it.