Notas con audio

En este espacio de “Recuerdos” procuramos revivir el pasado por medio de imágenes que se encuentran guardadas en ese tesoro que es el Archivo de LA GACETA. Esperamos que a ustedes, lectores, los haga reencontrarse con aquellos momentos y que puedan retroalimentar con sus propias memorias esta sección que les brindamos día a día.

¿Qué es Notas con audio?

Exclusivas de La Gaceta

Leda Valladares participó el 28/09/1972 en el XIII Septiembre Musical con el espectáculo “Folklore de rancho y rascacielo”. La poeta y artista, que vivía en Buenos Aires, vino acompañada por el instrumentista campesino Anastasio Quiroga; la cantante, arquitecta y cineasta Susana Lago y el guitarrista y cantante Henry Nelson. El escenario fue el teatro San Martín. Leda llevaba años recopilando material folklórico y llevando su mensaje musical a teatros y universidades. Ya había recibido un premio “Martín Fierro” por los “Cuentos de nunca acabar” (que había presentado en Tucumán en 1964 con el grupo “La Taperola”) y antes había integrado un dúo con María Elena Walsh con la que había recorrido Europa y nuestro país en los años 50-60.“Folklore de rancho y rascacielo” llegaba luego de largo tiempo de experimentación sonora y visual. En 1963 había publicado su libro “Mutapetes” que calificó como “dibujos novelados”, o poesías lúdicas con ilustraciones, que recuerdan a los cronopios y las famas de Julio Cortázar. Después, en 1964, el disco experimental “Solamente” con sonido ambiente y músicas variadas que contenían, según ella misma describió, “desde una gota de agua que imanta al oyente hasta un aullido que sube por la nada estridente”. En 1971 se lanzó una reedición del disco, titulada “Canciones de Leda Valladares” con una tapa con tipografía hippie. En el libro “Leda Valladares. El latido de las cosas”, editado por Fabiola Orquera y publicado por Edunt, se incluye la descripción de la autora: “La música de las cosas y los rumores de la tierra me han enseñado a oír la vida, a entrar en profundidades audibles. Un quejido de puerta, un volido o un vuelo de pájaro pueden herirme como una melodía desgarrante. Y esa avalancha me vuelve una oyente encarnizada. Y como si fuera poco este mar, el mundo gutural me ha sometido a todos sus misterios”. En 1972 grabó el disco “Folklore de rancho”, uno de cuyos temas, “Cantores de la vida”, testimonia -dice Orquera- “el acercamiento a las ideas del movimiento hippie e incluso asoma la idea de la música como arma de una batalla cultural”: “Una guitarra es un escudo de nobleza, / un arma para lanzar el alma al viento. / Y la guitarra hippie va a la guerra quieta / como un emblema, / como un lírico estruendo”.