Mitos y más

Circe, la bruja de la mitología griega que convertía a los hombres en cerdos, fue la primera hechicera de la literatura. Su historia real es más rara de lo que crees.
Todo el mundo conoce la escena: la mujer sola en la isla, la copa, los marineros de Odiseo convertidos en cerdos. Pero mirada de cerca, Circe no es la villana de la Odisea, sino la primera mujer a la que Occidente convirtió en «bruja» por vivir sola, con poder y sin permiso de nadie.
En este episodio: su linaje imposible (hija de Helios, hermana de la madre del Minotauro, tía de Medea); por qué convertía a los hombres en cerdos —y por qué, mirado en frío, se parece bastante a la defensa propia—; la hierba moly de Hermes y el rhabdos, la primera varita mágica de la literatura; y cómo, tres mil años después, seguimos temiendo lo mismo: a la mujer que no necesita a nadie.
FUENTES
  • Circe en las fuentes antiguas (Theoi): enlace
  • Homero, «Odisea» X — Circe, el moly y los cerdos: enlace
  • Homero, «Odisea» XII — Escila: enlace
  • Hesíodo, «Teogonía» — linaje e hijos de Circe: enlace
  • Ovidio, «Metamorfosis» XIV — Glauco, Escila y el rey Pico: enlace
  • Apolonio de Rodas, «Argonáutica» IV: enlace
  • Diodoro Sículo 4.45 — la variante del destierro: enlace
  • Recepción: Madeline Miller, «Circe» (2018); Christopher Nolan, «The Odyssey» (2026).
EL EPISODIO DEL QUE HABLO AL FINAL
De Circe a las hogueras hay un hilo larguísimo, y lo tiré entero aquí: De brujas en la antigua Grecia y Roma y los orígenes de la brujería
Versión en vídeo: youtu.be/PebZgJoqGjc
Más mitología, por escrito: mitosymas.com
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¿Qué es Mitos y más?

Un viaje alrededor de los mitos, leyendas y folclore de todo el mundo. Descubre las verdaderas historias que se esconden tras los cuentos que creías conocer. Desde los dioses de la mitología griega y nórdica, hasta los héroes olvidados de la mitología africana y las criaturas de pesadilla del folclore mundial, desenterramos sus orígenes y desciframos su profundo simbolismo.

Conducido por el Dr. David García, este podcast es un puente narrativo entre el pasado y el presente. Exploramos la mitología comparada y cruzamos fronteras para entender cómo la historia, la psicología, la filosofía y la cultura pop moderna se entrelazan con las antiguas creencias.

¿Qué tiene que ver el Viaje del Héroe con tus películas favoritas? ¿Qué lecciones ocultan los cuentos de hadas originales? Únete a nosotros y descubre por qué, miles de años después, seguimos necesitando estas historias para entender el mundo de hoy.

Seguramente conoces a Circe, la bruja
que convertía a los hombres en cerdos.

La mujer sola en la isla,
la copa, el hechizo.

Lo que pocos dicen es que esta bruja
es el molde del que salieron todas las

brujas que vinieron después y que mirada
de cerca quizás no era la villana de esta

historia, sino la única persona dentro
de la isla que se estaba defendiendo.

En su isla vivía rodeada de
leones que no la atacaban.

Se le acercaban mansos y agachaban
la cabeza porque habían sido hombres.

Lo que sabemos de ella lo escribieron
Homero, Ovidio y Hesíodo, y este verano ha

vuelto a los cines con La Odisea de Nolan.

Pero la Circe del poema es mucho
más rara que la bruja de los cerdos

que casi todos tenemos en la cabeza.

En los próximos minutos te voy a
explicar por qué convertía a los

hombres en animales y cómo una mujer
que vivía sola acabó siendo el molde

de todas las brujas de Occidente

Para entender a Circe, mira a su familia.

Su sobrino era el Minotauro,
el monstruo del laberinto.

Su sobrina, Medea, la hechicera
más temida de todo el mito griego.

Su hermano, Eetes, guardaba el
vellocino de oro, el tesoro que

fueron a robar Jasón y los argonautas.

Y su padre era Helios, el titán que cada
mañana cruzaba el cielo tirando del sol.

Pero párate un segundo en esa
foto de familia, porque el

peligro no se reparte por igual.

Pasífae, la madre del Minotauro,
Circe y Medea son quizás las más

llamativas y peligrosas de esta familia.

Tres mujeres de la misma sangre y las
tres manejan hierbas, venenos y hechizos.

No es la maña de una, es un linaje, la
estirpe más peligrosa de Grecia y el

peligro viene entero por vía femenina.

Circe vivía apartada de todo
aquello, en una isla llamada Ea. Y

aquí va un detalle muy interesante.

Sus poderes no le cayeron del cielo por
ser hija de un dios, se los trabajó.

Se pasaba los días en el bosque recogiendo
plantas, probando, mezclando, aprendiendo

qué hoja hace dormir y qué raíz enloquece.

Una diosa, pero una diosa que
practicaba como una artesana.

Vivía sola con sus animales en una
isla que era suya, sin marido, sin

dueño, sin pedirle permiso a nadie.

Y para el mundo que escribió este
mito, una mujer así no era una postal

bonita, era una señal de alarma.

Todavía no ha pasado nada en la isla,
pero está a punto de atracar un barco

y en él vienen justo los hombres
que van a convertir ese miedo en una

leyenda y llegan hechos polvo El
barco que atraca en Eea es el de Odiseo.

Vienen de diez años de
guerra y de algo peor.

Acaban de perder once de sus
doce naves de golpe, aplastadas

por unos gigantes caníbales.

Están rotos, hambrientos,
con los nervios deshechos.

Un grupo se adentra en la isla a buscar
comida y encuentran el palacio de Circe

entre los árboles, con esos leones
y lobos mansos rondando la puerta.

Y ella lo recibe de maravilla.

Los invita a pasar, les sirve
queso, cebada, miel y un vino dulce.

Los hombres muertos de hambre
se lanzan sobre la comida.

Lo que no ven es lo que
Circe ha mezclado dentro.

Imaginémonos el instante exacto.

Un marinero nota la boca rara, quiere
levantarse y las piernas no le responden.

Se mira las manos y ya no son manos.

La piel se endurece, brotan cerdas,
la cara se le estira en un hocico.

Quiere gritar: "¿Qué me has hecho?" Y
de la garganta solo le sale un chillido.

Y aquí está algo que Homero hace muy bien.

Por dentro, el marinero sigue siendo él.

Cuerpo de cerdo, gruñido de
cerdo y la mente humana intacta.

Sabe perfectamente lo que le pasa.

El horror no es la magia, el
horror es la conciencia atrapada

Entonces todos los marineros
transformados en cerdos van al corral.

Solo se libra uno, Euríloco, que se
había quedado fuera por desconfiado

y corre a avisar a Odiseo.

Y fíjate en el patrón
porque se va a repetir.

Los hombres entraron confiados, se
fiaron de la hospitalidad, comieron.

Resultado, pocilga.

La confianza a pecho descubierto fracasa.

Odiseo hace justo lo contrario.

Camino del palacio se le aparece
Hermes, el dios mensajero, y le da una

planta, el moly, flor blanca y raíz
negra, tan difícil de arrancar que,

dice Homero, ningún mortal puede.

Un antídoto y un plan.

Bébete su pócima sin miedo, no te
hará nada, pero en cuanto veas que

no te hace efecto, saca la espada
y no bajes la guardia hasta que

jure que no va a traicionarte.

Y así pasa.

Odiseo bebe, Circe agita
la varita y no ocurre nada.

Y esa varita, por cierto, tiene
más historia de la que parece.

En griego se llama rhabdos, la
vara con la que Circe toca a sus

víctimas para transformarlas.

Más un bastón que la
varita fina que tú imaginas.

Es muy probablemente la primera
varita mágica de toda la literatura

occidental, la tatarabuela de la
que agita cualquier bruja de cuento

o el hada madrina de la Cenicienta.

Siglos después, baladas enteras
copiaban esta misma escena.

Una hechicera que toca a alguien
con su vara y lo vuelve animal.

Otro molde que nace aquí, en esta isla.

Pero con Odiseo, por primera
vez, la vara no funciona.

La magia de Circe se
estrella contra alguien.

Por lo tanto, ella hace lo único que
le queda, se rinde, jura por los dioses

y les devuelve a los hombres su forma.

Pero espera un momento, ¿quién
le ha dado a Odiseo justo la

planta que anula su veneno?

Un dios.

Todo el Olimpo se ha movilizado para
desarmar a una mujer sola en su isla.

Y ese detalle, quién arma a quién, es
el que en cuanto lo miras de cerca,

le da la vuelta a toda la historia

Retrocede a esa escena y mírala
otra vez, pero fría, sin la banda

sonora de malvada tentadora.

Una mujer vive sola en una isla.

Un día ve desembarcar a un grupo de
hombres armados, curtidos en diez años de

guerra, que la superan de largo en número.

No tiene ejército, no tiene marido que la
defienda, tiene sus plantas y poco más.

¿Qué hace?

Golpea primero.

Los deja fuera de combate antes de
que ellos decidan qué hacer con ella.

Contado así, lo de los cerdos deja
de ser un capricho cruel y empieza a

parecerse muchísimo a la defensa propia.

Y hay un detalle que lo dice todo:
el plan de Hermes para vencerla no

es una espada mejor ni un duelo,
es que Odiseo se acueste con ella.

La forma de domar a la mujer
poderosa es meterla en la cama.

A un griego le parecía el
orden natural del mundo.

A nosotros, tres mil años después, nos
dice muchísimo sobre quién escribió esto

y para quién, porque ese es el punto.

Circe no acabó siendo el
monstruo por hacer el mal, acabó

siéndolo por vivir sin permiso.

Mujer sola, con poder y
con conocimiento propios.

Eso era lo que asustaba y a eso
se le puso una etiqueta: bruja.

De ella salen las brujas de los cuentos,
las hechiceras de los cuadros, la vecina

rara a la que el pueblo mira de reojo.

Circe es la plantilla, el primer molde
del miedo a la mujer que se basta sola.

Y ojo, que no era ningún angelito.

Eso es lo que me parece más
atractivo de este personaje.

El mito le pone un lado
oscuro que incomoda.

Cuando el dios marino Glauco va a
pedirle un filtro para conquistar a la

ninfa Escila, Circe, que lo quiere
para ella, envenena la poza donde

Escila se baña y la convierte en un
monstruo de seis cabezas de perro.

Y al rey Pico, que la rechaza, lo
transforma en pájaro carpintero.

Le dices que no, te destruye.

No es una víctima de cartón, es algo
más interesante: un personaje completo,

poderoso, contradictorio, con toda
su sombra, al que aun así aplastaron

hasta que cupo en una sola palabra.

Por eso, cuando en 2018 la escritora
Madeline Miller reescribió su historia

desde dentro, en primera persona, y el
libro reventó las listas de medio mundo,

no estaba inventando nada, le estaba
devolviendo a Circe las dimensiones que el

mito ya tenía Y que veinticinco siglos de
repetir la bruja mala le habían borrado.

Y esto no es cosa de museo.

La mujer que vive sola y a su aire,
la que no necesita a nadie, la que

sabe demasiado, todavía hoy incomoda.

Ya no la llamamos bruja, claro.

Ahora hay quien llena estadios y suma
millones de seguidores explicando

exactamente lo contrario: que una
mujer que no te necesita es un

problema que hay que corregir.

Le hemos cambiado la varita
por un micrófono y una cámara,

pero la sospecha de fondo es la
misma que hace tres mil años.

Ese es, en el fondo, el destino que Circe
lleva todo este tiempo esquivando, que

la reduzcan a una sola palabra: bruja.

Cuando nunca fue el molde
que cubría toda su historia

Odiseo se quedó un año entero en su
isla y Circe fue la primera bruja

de la historia, pero no la última.

De aquí a las hogueras
hay un hilo larguísimo.

Ese hilo de Medea a Canidia lo tiré entero
en otro episodio con Circe de puente.

Te invito a escucharlo