Exclusivas de La Gaceta
En una extensa jornada judicial, las licenciadas Mirna Mara Tolaba y Mónica Descals, responsables del informe socioambiental sobre José Eduardo Figueroa, fueron cuestionadas por la falta de profundidad y equilibrio en su trabajo. Las profesionales reconocieron que el relevamiento se centró casi exclusivamente en el entorno del imputado y dejó fuera a la familia de la víctima, Mercedes Kvedaras.“No es capaz de pedir perdón": la hermana de la mujer asesinada en el country rompió el silencio y desarmó la fachada del "esposo perfecto"Un "recorte" que indignó a la querella y la fiscalíaDurante su declaración, las profesionales admitieron que el informe no fue integral. Reconocieron que la recolección de datos fue “parcial” y que no incluyó la triangulación con otras fuentes ni el contacto con el entorno educativo o familiar de Mercedes Kvedaras.La admisión quedó en el centro de la polémica. Para construir el perfil de Figueroa, entrevistaron al imputado, a su madre, su hermana, sus jefes y compañeros de trabajo, e incluso al encargado del estacionamiento donde dejaba el vehículo. Sin embargo, no consultaron a ningún allegado de la víctima.Ante los cuestionamientos, las licenciadas se ampararon en el oficio judicial: “se nos ordena la intervención con respecto al imputado exclusivamente”. También argumentaron que evitaron contactar a la familia para no revictimizar a los menores. La fiscalía, en cambio, advirtió que esa decisión derivó en una mirada sesgada de la dinámica familiar.El "machismo" según FigueroaUno de los puntos más controvertidos de la audiencia surgió al analizar la crisis conyugal de 2017. Según el informe socioambiental, Figueroa apeló a una particular lectura para explicar su comportamiento y el manejo de los conflictos dentro de la pareja.En una de las citas incorporadas al documento, el imputado le dijo a su madre: “Salta es una sociedad machista; a los hombres se les perdona una infidelidad, a las mujeres no. La protegí mucho de esa situación”.En ese mismo sentido, sostuvo que en aquel momento “asumió la culpa” porque ella “estaba descuidada de atención”. Según su versión, buscaba “resguardar la imagen” de Mercedes, presentándose como un protector frente a un entorno que —según afirmó— sería más severo con la mujer.El informe también señala que Kvedaras contaba con margen para “emanciparse y desarrollarse personalmente”, al poder estudiar, trabajar y tomar decisiones propias. Las profesionales indicaron que asistía a actividades personales y que había contado con apoyo del imputado para emprender un negocio.Sin embargo, el propio documento introduce un matiz: describe esa situación como una “independencia dentro de una dependencia económica”, dado que Figueroa era el principal sostén del hogar. Además, ante las preguntas de la fiscalía, las licenciadas aclararon que esa caracterización se basaba fundamentalmente en el relato del propio imputado."Él la zamarreó y la empujó": el revelador relato de la empleada doméstica que trabajaba en la casa de José Figueroa y Mercedes Kvedarasncluso los testimonios de su entorno laboral, como el de su jefe Enrique Juncosa, describieron a Figueroa como un hombre que en el último tiempo estaba “destruido” por una separación que, según su versión, ya estaba consensuada. De acuerdo con lo expuesto por las profesionales, nunca utilizó descalificativos hacia Mercedes y solía referirse a ella con “cariño” o por su nombre.Sin embargo, para la querella, esa imagen de “hombre protector y padre ejemplar” —que el informe también presenta como alguien que asumía la mayor parte de las tareas vinculadas a sus hijos— responde a un enfoque parcial. Sostienen que el estudio omitió por completo el posible contexto de violencia en el que vivía la víctima.