Mitos y más

El 12 de julio de 1562, el fraile franciscano Diego de Landa ordenó encender una hoguera en la plaza de Maní, Yucatán. En pocas horas, miles de libros mayas —siglos de astronomía, matemáticas, historia y mitología— quedaron reducidos a cenizas.
Fue un acto deliberado de terrorismo cultural: si destruyes los libros que cuentan quiénes son y de dónde vienen, destruyes su identidad y su capacidad de resistir.
Pero la memoria humana es más terca que el papel de corteza.
En este episodio de Mitos y Más exploramos qué eran exactamente los códices mayas, por qué los mayas desarrollaron el único sistema de escritura fonética de toda América precolombina, y analizamos los únicos cuatro libros que lograron escapar del fuego: el Códice de Dresde (un almanaque astronómico de precisión aterradora), el de Madrid (la guía de la vida cotidiana maya), el de París (fragmentado y lleno de profecías) y el Códice Maya de México, el más antiguo y el único que se conserva en América.
Y descubriremos la historia de resistencia intelectual de los nobles quiché que, en la más estricta clandestinidad, salvaron el Popol Vuh de las llamas.

En este episodio:
  • La hoguera de Maní
  • ¿Qué eran los Códices Mayas?
  • Los únicos 4 que sobrevivieron
  • Por qué Diego de Landa los quemó
  • La resistencia secreta y el Popol Vuh 
  • La fragilidad del conocimiento
Referencias:
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  • (00:00) - El Auto de Fe de Maní
  • (01:55) - ¿Qué eran los Códices Mayas?
  • (04:40) - Diego de Landa y el Terrorismo Cultural
  • (05:35) - La Resistencia: El Popol Vuh
  • (07:21) - Los 4 Códices Supervivientes
  • (09:08) - Reflexión Final
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What is Mitos y más?

Un viaje alrededor de los mitos, leyendas y folclore de todo el mundo. Descubre las verdaderas historias que se esconden tras los cuentos que creías conocer. Desde los dioses de la mitología griega y nórdica, hasta los héroes olvidados de la mitología africana y las criaturas de pesadilla del folclore mundial, desenterramos sus orígenes y desciframos su profundo simbolismo.

Conducido por el Dr. David García, este podcast es un puente narrativo entre el pasado y el presente. Exploramos la mitología comparada y cruzamos fronteras para entender cómo la historia, la psicología, la filosofía y la cultura pop moderna se entrelazan con las antiguas creencias.

¿Qué tiene que ver el Viaje del Héroe con tus películas favoritas? ¿Qué lecciones ocultan los cuentos de hadas originales? Únete a nosotros y descubre por qué, miles de años después, seguimos necesitando estas historias para entender el mundo de hoy.

El 12 de julio de 1562 en la plaza
principal de la ciudad de Maní en

la península de Yucatán, se encendió
una inmensa hoguera, pero no fué

una hoguera para calentarse en la
noche fría ni para cocinar alimentos.

Fué un fuego alimentado por el
odio, el miedo y la ignorancia fue

un "Auto de Fe" organizado por el
fraile franciscano Diego de Landa.

A las llamas arrojaron más de 5,000 ídolos
de piedra y madera, 13 grandes altares

de piedra, vasijas sagradas y lo más
doloroso irreparable de todo decenas,

tal vez cientos de libros mayas códices
pintados a mano sobre papel de corteza

de árbol plegados en forma de acordeón
que contenían siglos de observaciones

astronómicas, cálculos matemáticos,
registros históricos, genealogía reales,

rituales médicos y mitología sagrada.

En unas pocas horas, la biblioteca de
una de las civilizaciones más brillantes

del mundo antiguo se redujo a cenizas.

Diego de Landa el arquitecto de esta
destrucción escribió más tarde en sus

crónicas con una frialdad espeluznante
hallamosles un gran número de libros

de éstas sus letras y porque no tenían
cosa en que no hubiese superstición

y falsedades del demonio se los
quemamos todos, lo cual sintieron

a maravilla y les dio mucha pena.

Mucha pena un eufemismo trágico para
describir el borrado sistemático

de la memoria de un pueblo entero.

Bienvenidos a Mitos y más, soy David
García y hoy vamos a hablar de uno

de los mayores crímenes culturales
de la historia de la humanidad y

de cómo contra todo pronóstico.

Y a pesar del fuego inquisitorial, una
chispa de ese conocimiento ancestral

logró sobrevivir en la clandestinidad.

Vamos a hablar de los códices
mayas perdidos y de la increíble

historia de resistencia que
salvó al Popol Vuh de las llamas.

Para entender la magnitud de lo
que se perdió en hoguera de Maní.

Tenemos que entender que eran
exactamente los codices mayas.

No eran simples dibujos.

Los mayas desarrollaron el único sistema
de escritura completamente funcional y

fonético de toda América Precolombina.

Su escritura basada en glifos o
logogramas era capaz de expresar

cualquier pensamiento, cualquier sonido y
cualquier concepto abstracto exactamente

igual que el alfabeto que estás leyendo
en los subtítulos de este video.

Los escribas mayas eran miembros
de la elite, a menudo príncipes, o

sacerdotes que dedicaban sus vidas
a dominar este complejo sistema.

Fabricaban su propio papel llamado
amate a partir de la corteza interior

de un tipo específico de higuera, lo
machacaban, lo alisaban, lo cubrían

con una fina capa de estuco blanco
para crear una superficie lisa.

Y luego pintaban sobre él
con pinceles finos utilizando

pigmentos naturales: rojo, negro,
amarillo y, el famoso azul maya.

Los libros se plegaban en forma de biombo
o acordeón y se protegían con cubiertas

de madera forradas en la piel de jaguar.

Eran objetos hermosos, sagrados
y venerados por la comunidad.

¿ Qué contenían?

De todo.

Los mayas eran astrónomos obsesivos.

Habían calculado el ciclo de Venus con
un margen de error de apenas dos horas en

500 años, habían predicho eclipses solares
y lunares con una precisión asombrosa.

Tenían tablas matemáticas complejas,
calendarios, rituales, registros de

las dinastías de sus reyes, relatos
de guerra, rutas comerciales y, por

supuesto, sus mitos de la creación.

Existían miles de estos libros
esparcidos por las grandes ciudades y

los centros ceremoniales de Mesoamérica
antes de la conquista española.

Eran el disco duro de la civilización
maya, hoy de todos esos miles

de libros de toda esa inmensa
biblioteca continental, solo

conservamos cuatro codices auténticos.

Sólo cuatro.

El códice de Dresde, el códice de Madrid,
el códice de París y el códice maya de

México antes conocido como códice Grolier.

Cuatro libros fragmentados dañados por
el tiempo para intentar entender una

civilización que duró tres milenios.

Es como si dentro de 1000 años de toda
la literatura europea de toda la ciencia,

la filosofía y el arte del continente,
a los arqueólogos del futuro, sólo les

quedaran cuatro folletos arrugados.

Imagina intentar reconstruir la
historia de Europa solo con un manual

de instrucciones de microondas,
un trozo de la biblia, un mapa

de metro y una receta de cocina.

Ésa es la tragedia la que se enfrenta
en los expertos en estudios mayas.

La quema de los códices por parte de
Diego de Landa no fué un accidente trágico

ni un exceso de celo evangelizador.

Fué un intento sistemático,
calculado y deliberado de

borrar la memoria de un pueblo.

Si quieres dominar a una cultura,
si quieres someterla y convertirla

a tu religión, lo primero que tienes
que hacer es destruir su pasado.

Si destruyes los libros que cuentan
quienes son, de dónde vienen y en que

creen, destruyes su identidad, destruyes
su capacidad de resistir intelectualmente.

Los dejas huérfanos de historia listos
para que tú les escribas una nueva.

lejos de la leyenda negra, es
importante realizar aquí un inciso.

Los conquistadores, siempre
trataron de tomar el control

de los pueblos conquistados.

Un ejemplo clásico es la manera en la
que los romanos destruyeron Cartago hasta

sus cimientos cuando la conquistaron.

Sin embargo, eso no quita que este acto
fué un acto de terrorismo cultural.

Pero la memoria humana es mucho
más terca y mucho más difícil de

quemar que el papel de corteza.

En las tierras altas de Guatemala lejos
de las hogueras de Yucatán, un grupo de

nobles de la etnia quiché decidió que su
historia no iba a desaparecer en el humo.

No iban a permitir que Diego de Landa
y los inquisidores tuvieran la última

palabra a mediados del siglo XVI.

Apenas unas décadas después de
la llegada de los conquistadores,

estos hombres cuyos nombres reales
desconocemos y probablemente nunca

lleguemos a conocer, hicieron algo
increíblemente peligroso y subversivo.

Habían sido educados por los frailes
españoles y habían aprendido a

escribir su propio idioma el quiché
utilizando el alfabeto latino.

En lugar de usar esa nueva herramienta
para asimilarse, la usaron para

resistir en secreto en la más
estricta clandestinidad a la luz

de las velas o escondidos en las
montañas, se sentaron a transcribir

sus antiguas tradiciones orales.

Probablemente tenían frente a ellos los
restos de algunos libros pictográficos

antiguos que habían logrado salvar
del fuego y tradujeron esos glifos,

y esas imágenes a letras latinas.

Escribieron el relato de
la creación del universo.

Escribieron la historia de los
héroes gemelos y su descenso

al inframundo de Xibalbá.

Escribieron las genealogías de sus
reyes para probar que seguían siendo

los legítimos herederos de la tierra.

Escribieron el Popol Vuh
el libro del consejo.

Si ya has escuchado el episodio
principal de nuestro podcast sobre

el Popol Vuh, y si no lo has hecho,
te dejo el enlace en la descripción.

Ya conoces la historia de cómo este
manuscrito clandestino sobrevivió

gracias a la desobediencia intelectual
de un fraile llamado Francisco Ximénez.

Pero hoy no quiero hablarte de Ximénez.

Hoy, quiero que miremos de cerca a esos
cuatro códices originales que lograron

escapar de las llamas de Diego de Landa
¿ Qué contienen exactamente esos cuatro

libros fragmentados que hoy se guardan
en bóvedas de cristal en Europa y México.

El códice de Dresde, considerado
el más hermoso de los cuatro, es

esencialmente un almanaque astronómico
y ritual de una precisión aterradora.

Contiene tablas para predecir
y calcular el ciclo de Venus.

Para los mayas, Venus no era la diosa
del amor, sino un cuerpo celeste

asociado a la guerra y la destrucción.

El códice indica exactamente que días
son propicios para ir a la batalla

basándose en la posición de ese planeta.

El códice de Madrid es mucho más
extenso, pero está peor dibujado.

Es como el "Almanaque del
Granjero" de la antigüedad maya.

Contiene horóscopos, rituales para atraer
la lluvia, guías para los apicultores,

la miel era sagrada para los mayas.

Técnicas de caza y
ceremonias de año nuevo.

Es un vistazo directo a la vida cotidiana
de la gente común, no sólo de los reyes.

El códice de París está
terriblemente dañado.

Los bordes de sus páginas se
han desintegrado lo poco que

podemos leer, habla de profecías.

Rituales de los k'atunes períodos de
20 años y lo que parece ser un zodiaco

maya, que involucra constelaciones
en forma de escorpiones y tortugas.

Y finalmente, el códice maya de México
antes Grolier el único que se conserva en

América es el más antiguo de los cuatro y
es un calendario de Venus desnudo y brutal

sin las florituras artísticas del Dresde,
muestra dioses armados y cautivos atados.

Es un libro funcional diseñado para usarse
durante la guerra o en tiempos de crisis.

La historia de los codices mayas
quemados es una lección amarga sobre

la fragilidad del conocimiento.

Nos recuerda lo fácil que es destruir
la sabiduría acumulada de siglos con una

simple cerilla o con el fanatismo ciego.

Nos recuerda que una civilización
es un barniz muy fino que puede

arder en cualquier momento.

Pero la existencia de esos cuatro
códices supervivientes y la transcripción

clandestina del Popol Vuh son
también una historia profundamente

inspiradora sobre la resistencia humana.

Es la prueba viviente de que por
más alta que sea la hoguera, siempre

habrá alguien dispuesto a esconder un
libro bajo la túnica o a transcribir

una historia en la oscuridad para
asegurarse de que la memoria de su

pueblo no se convierta en cenizas.

Soy David García.

Esto ha sido mitos y más un viaje
alrededor de los mitos, leyendas

y folclore de todo el mundo.

Recuerda, cuida tus libros,
defiende la memoria y nos

vemos en el próximo episodio.