Notas con audio

Formado en Universitario y parte del plantel de Tarucas, el tucumano fue convocado al Rugby Championship M-20 tras un proceso de crecimiento marcado por la frustración, el trabajo y una motivación que lo empuja a ir por más

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A los ocho años, cuando finalmente pudo acercarse al club, Benjamín Farías Cerioni encontró algo que ya no soltó más. Venía de probar distintos deportes sin demasiado entusiasmo, pero ese primer entrenamiento en Universitario fue distinto. Algo hizo clic. Tanto, que al día siguiente ya tenía ropa nueva para entrenar. Su papá, exjugador del club, no dudó: lo llevó y lo acompañó desde el primer momento. No era un detalle menor. Su papá había sido pilar derecho. Un espejo cercano, inevitable. “Siempre lo miré con admiración”, cuenta Benjamín, hoy pilar izquierdo. No ocupa exactamente el mismo lugar en la cancha, pero sí parece transitar el mismo camino. Y eso, para él, tiene un valor especial: la posibilidad de vivir algo que alguna vez vio desde afuera.Ese recorrido, sin embargo, no fue lineal. El año pasado quedó a las puertas del Rugby Championship y del Mundial M-20. Fue un golpe. “En el momento es una sensación fea, uno se enoja o se bajonea”, admite. Pero no se quedó ahí. Con el apoyo de su familia, transformó esa frustración en motor. “Lo tomé como que me quedaba una vara más y tenía que estar a punto para aprovecharla”, explica.El resultado de ese proceso es el presente. Hoy forma parte de la convocatoria de Los Pumitas para disputar el Rugby Championship M-20, un torneo que reúne a las grandes potencias del rugby juvenil. Y aunque el sueño del Mundial está en el horizonte, el tucumano elige ir paso a paso. “Quiero concentrarme por completo en el Championship. Después vendrá lo otro”, dice, con la cabeza puesta en el presente. Su pensamiento es simple: paso a paso.Su crecimiento también se refleja en Tarucas. Si bien ya había tenido minutos el año pasado, siente que esta temporada lo encontró distinto. “El año pasado lo viví más tranquilo. Este año me siento más preparado y con ganas de jugar”, explica. Ese cambio de mentalidad no es menor: ahora ya no se ve lejos, sino parte y, sobre todo, con posibilidades de pelear el puesto.El contexto también ayuda. A diferencia del inicio de la franquicia, hoy el equipo tiene una base consolidada. “El año pasado costó acomodarse, había muchos jugadores de distintos lugares. Ahora ya hay más experiencia, nos conocemos y eso se nota”, analiza. Esa evolución colectiva también impulsa su desarrollo individual.El desafío que se viene no será menor. Sudáfrica, Nueva Zelanda, Australia, el máximo nivel juvenil. Farías Cerioni nunca se midió ante equipos de ese calibre, pero no lo intimida. “Es un sueño. Desde chico soñé con ponerme la camiseta y cantar el himno”, confiesa. La exigencia, en todo caso, lo motiva. Cree que la experiencia en el Súper Rugby Américas le dio herramientas para estar a la altura. Mientras tanto, Universitario sigue siendo su lugar en el mundo. Allí debutó en Primera a los 18 años y allí mantiene un objetivo claro: salir campeón. “Jugar con la camiseta del club, con tus amigos en la tribuna, es algo muy especial”, dice. Es otra historia, otro plano, pero igual de importante.Hoy, entre Tarucas y Los Pumitas, Farías Cerioni empieza a construir su propio nombre. Con raíces firmes, con un legado que lo empuja y con una certeza: lo que alguna vez fue un sueño compartido, ahora empieza a ser una realidad propia.