Exclusivas de La Gaceta
Mirar por el retrovisor, en la mayoría de las veces, genera enseñanzas para lo que puede ser el paisaje que se va dibujando, hacia adelante, en el parabrisas. El “modelo Jaldo” ha terminado este 2025 con poco más de la mitad del tanque lleno. El próximo surtidor está a no menos de un año y medio de distancia. En el camino, el gobernador de Tucumán tendrá que revalidar títulos. Osvaldo Jaldo se sienta en el sillón de su oficina privada en el primer piso de la Casa de Gobierno. Agarra el control remoto y mira los informativos. Locales y nacionales, con noticias tucumanas y también las que se generan en el resto de la Argentina. Está próximo a tomar sus vacaciones en familia. No quiere hablar de política;sin embargo, la realidad lo invade. Habla por el celular con el ministro del Interior, Diego Santilli. La liga de gobernadores norteños, que tiene entre sus filas al tranqueño, ha sacado ventaja respecto del resto de los mandatarios, desperdigados en frentes electorales y reclamos aislados. No hay probabilidad, en el corto plazo, de reflotar la Liga de gobernadores del Norte Grande, mucho menos de consolidar un bloque general con asiento en la sede porteña del Consejo Federal de Inversiones (CFI). Ese organismo, que en las tiempos de vacas gordas supo exponer a cada una de las 23 provincias en cuanto foro se organizó en el planeta, ahora no tiene presupuesto para sostener esa estrategia comercial, institucional y político. Cuentan que su tarea, en el presente, sólo se limita a contribuir al montaje de una feria de distritos argentinos, pero sin viáticos y sin financiamiento para grandes delegaciones. Sólo el stand y algo de logística. Es la clara muestra de lo que es el ajuste en tiempos presidenciales de Javier Milei.La mochila está llena de responsabilidades. Cargada con un 50,57% de apoyo electoral que es la base que sustenta la continuidad del proyecto jaldista, más allá de 2027. Hoy es el tiempo de la concordia y del dialoguismo. Jaldo no ha desaprovechado ni un minuto de este 2025 que se va en gestionar la asistencia nacional. Lo ha hecho con los $ 20.000 millones en Aportes del Tesoro Nacional (ATN) que la Casa Rosada le habilitó antes del tratamiento de las leyes más importantes que reclamó el Poder Ejecutivo Nacional en el Congreso (léase Presupuesto 2026) y también con la consolidación de un bloque propio en ambas cámaras del Parlamento. Independencia es lo que se proclama. Pero, en algún momento de la historia institucional, habrá que escaparle a la dependencia financiera y, consecuentemente, política. Jaldo sabe que los tiempos que se vienen serán de mayores ajustes. Las recaudaciones nacional y provinciales están cayendo mes a mes y eso implica menos disponibilidad de ingresos, con un gasto que crece, en el mejor de los casos, al ritmo de la inflación. Ya poco queda del Fondo Anticíclico que el mismo gobernador originó desde el mes siguiente de su asunción, a fines de octubre de 2023. Con esos recursos se encararon obras públicas a cuenta de futuras inyecciones dinerarias federales. “Llegó el tiempo de recuperar la plata”, afirma el titular del Poder Ejecutivo, que demanda acciones más allá de la licencia de los funcionarios que componen su minigabinete.Durante la semana trascendió que Tucumán incursionaría en el mundo financiero del endeudamiento público en el mercado global. Apenas surgió esa especie, el propio Jaldo se encargó de negar tal emisión de deuda en moneda extranjera, como lo hicieron varias provincias, como Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe o Entre Ríos, por mencionar algunas. “Lo dije antes y lo repito ahora: no vamos a endeudar a Tucumán, mucho menos en moneda extranjera”, enfatiza el gobernador ante la consulta de LA GACETA.Antes de tomarse licencia (y en las horas previas a la Nochebuena) fue el ministro de Economía, Daniel Abad, que realizó un viaje relámpago hacia la Ciudad Autónoma de Buenos Aires para acelerar las negociaciones de una de las fuentes alternativas de financiamiento para el año que viene: la refinanciación de la deuda que la Provincia arrastra con el Fondo Fiduciario para el Desarrollo Provincial, acumulada en tiempos de la administración de Juan Manzur. La cosecha ha sido exitosa, dicen en el entorno del gobernador, aunque todavía faltan algunas firmas para que el Banco Nación viabilice esa reprogramación de vencimientos.Según fuentes vinculadas a las tratativas con el Gobierno nacional, se trata de la extensión por 12 meses más del período de gracia del endeudamiento pactado a través de un convenio recíproco. Eso implicaría que la provincia podría disponer, cada mes, de unos $ 10.000 millones que servirían para compensar parte de las pérdidas registradas en los ingresos por efecto de la caída de la actividad económica y, por ende, de la recaudación. La otra gestión que el propio Jaldo reiteró ayer, vía telefónica, al ministro del Interior está relacionada con un plan de pago de la diferencia por las compensaciones de deudas entre la Nación y la provincia. En este aspecto, los cálculos oficiales dan cuenta que Tucumán tiene un saldo a favor de entre unos $ 200.000 millones hasta $ 300.000 millones por financiamiento federal no girado y por la creciente deuda que la obra social PAMI mantiene con los hospitales públicos tucumanos, por los servicios brindados a sus afiliados. Jaldo ha reiterado que no tiene previsto cortar aquellos servicios (fundamentalmente internaciones), y que tendrá paciencia para que la Nación gire las partidas correspondientes.La idea del gobernador es contar con otros $ 14.000 millones mensuales para cerrar el esquema financiero que garantice el equilibrio en las cuentas públicas provinciales. En el camino, el Gobierno aguarda que la economía encarrile su rumbo y que la macro derrame a la micro para que desde la ciudad más grande de la Argentina hasta el último rincón del país cambie el humor económico y la sociedad pueda sacar, definitivamente, la cabeza del agua. El problema para la administración Milei sigue siendo el mismo:un dólar escaso como para apuntalar el poder de fuego del Banco Central y, así, cumplir con las metas pactadas con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y una inflación que no encuentra un horizonte real de descenso paulatino. Las proyecciones de los 54 analistas y consultoras convocadas por el Banco Central para elaborar el Relevamiento de Expectativas del Mercado (REM) dan cuenta de que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) encontraría un piso en abril del año que viene, con un nivel mensual estimado en un 1,6%, Luego, si se mantienen las variables económicas en la senda positiva, la disminución sería gradual, pero muchos dudan de que se cumpla la pauta presupuestaria anual del 10,1%.En medio de todos estos indicadores, asoma un verano que se presenta tan cálido como los anteriores. Un período en el que la sociedad tendrá que controlarse al máximo para no llegar a marzo con más endeudamiento del que arrastró en este 2025 que se va. Un tiempo en el que le ahorro será, más que siempre, una moneda corriente porque, de otro modo, la plata no alcanzará siquiera para llegar a la mitad del mes y mucho menos se puede derrochar energía porque la boleta del servicio de electricidad ya no tendrá subsidios. Con todo, 2026 se presenta como el año del ahorro forzoso.