Notas con audio

En este espacio procuramos revivir el pasado por medio de imágenes que se encuentran guardadas en ese tesoro que es el Archivo de LA GACETA.

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Exclusivas de La Gaceta

Por Roberto Delgado y Gustavo GrupalliEl 4 de octubre de 1922 el gran escritor español Jacinto Benavente (1866-1954) vino a Tucumán con la compañía de comedias de la actriz argentino-española Lola Membrives. Se quedaron 11 días. Dos meses después, en diciembre de 1922, la Academia Sueca le daría el premio Nobel de Literatura “por haber continuado dignamente las tradiciones del teatro español”.El autor de “Los intereses creados” y “La malquerida” fue recibido en la estación del tren Central Córdoba por una multitud, sobre todo de la colectividad española. Según el diario “El Orden”, “los andenes rebosaban materialmente de público” y el auto que lo trasladaba recorrió con dificultad la calle Las Heras (hoy San Martín) hasta el Plaza Hotel. Ese día paseó la ciudad, visitó la Casa Histórica y los edificios públicos.A la noche se puso en escecena en el teatro Alberdi “Los intereses creados”. Al final el público le pidió que hablase y él recitó “No hay burlas para el amor”, de Calderón de la Barca.El día 5 visitó LA GACETA, donde conversó con Alberto García Hamilton y dejó por escrito un “afectuoso saludo a LA GACETA de Tucumán por la acogida que me ha dispensado”.EN LA GACETA. El dramaturgo visitó el 5 de octubre la Redacción, junto al agente consular de España, Adrián Álvarez, y fueron recibidos por el director, Alberto García Hamilton, y un grupo de periodistas. El escritor dejó un afectuoso saludo con autógrafo. En los días siguientes se representarían varias obras, entre ellas “Señora ama” y “La hora de los hombres”El 8 de octubre en el Savoy Hotel se realizó un gran banquete ofrecido por la colectividad española a Benavente, con discurso de Juan Serra Bernabé y también “improvisacions” de Víctor Herranz y Rafael Padilla, este último, un tucumano muy españolizado desde su casamiento con una sobrina de Alfonso XIII, María Pía de Borbón. El vicecónsul Adrián Álvarez le entregó una medalla de oro con cuatro brillantes con la leyenda “los españoles de Tucumán a don Jacinto Benavente” y un pergamino. Él agradeció diciendo que los aceptaba “no tanto por mí, sino por España... orgulloso de ser la ocasión, más que la causa, de haberos reunido”.Benavente iba a dar dos conferencias en esos días, pero se enfermó. El 10 hubo un raro episodio. Debía ir a cenar en el Savoy con el gobernador Octaviano Vera, pero esperó 20 minutos y nadie llegaba, de modo que él se fue al teatro Alberdi, a donde lo fueron a buscar después los enviados del Gobernador para llevarlo de regreso al Savoy. Benavente se rehusó a ir, según detalló “El Orden”. El 11 fue a una recepción en la Sociedad Española donde estaba lo más granado de los españoles tucumanos. Allí también se encontraba Adela S. de Remis, cuya casa de la calle 25 de Mayo al 400 (hoy la Facultad de Derecho) visitaría el dramaturgo el 14.El 12 de octubre, Día de la Raza, Benavente y el gobernador Vera apadrinaron la bendición de las banderas argentina y peninsular ordenadas a Valencia por la Sociedad Española de Socorros Mutuos y Beneficencia.EN CASA REMIS, DE 25 DE MAYO AL 400. Jacinto Benavente junto a Adela S. de Remis. Entre otros, están de pie Guillermo Remis y Pablo Álvarez. En las ventanas, Luisa Remis y Sara Collado. El 15, víspera de la partida, se ofreció “La gobernadora” y “Los intereses creados”, con el atractivo de que el mismo Benavente actuaba, interpretando al personaje de Crispín. Por la mañana había dictado su conferencia sobre “La moral en el arte” antes de ir a almorzar en la quinta de Juan Escribano, en Marcos Paz.Carlos Páez de la Torre (h) reseñó la visita en “Benavente en Tucumán: 1922” (07/08/1988) y señaló un dato curioso: que ningún intelectual ni literato notorio de Tucumán trabó contacto con él, y guardaron extraño silencio tanto la Universidad como la Sociedad Sarmiento.