Exclusivas de La Gaceta
Entre la felicidad por un título universitario que sentía al alcance de la mano y el llanto escondido en el asiento de un auto: así era la realidad que Mercedes Kvedaras enfrentaba puertas adentro. En una audiencia clave, las empleadas domésticas de José Figueroa y Mercedes Kvedaras declararon ante el tribunal y expusieron episodios de violencia y tensiones en la intimidad del hogar. Sus relatos reconstruyeron una historia de tensiones invisibles y episodios de violencia física que sitúan a José Figueroa en el centro de una dinámica de control que terminó en un crimen.“No es capaz de pedir perdón": la hermana de la mujer asesinada en el country rompió el silencio y desarmó la fachada del "esposo perfecto"La radiografía del horror: El testimonio de Rita CostillaRita Gabriela Costilla, quien trabajó con la familia desde 2015, brindó el testimonio más extenso. Describió un contraste marcado en la pareja en los días previos al hecho: mientras él se mostraba “como si no hubiera dormido, con los ojos rojos o hinchado”, ella atravesaba un buen momento personal. “Estaba bien, contenta... estaba por recibirse. Yo estaba feliz por ella”, recordó.El antecedente de la "casa vieja"Costilla también incorporó un episodio de violencia ocurrido años atrás, en la vivienda anterior de la pareja, que no había detallado en instancias previas. “Él la zamarreó y la empujó... la llevaba del brazo, nervioso”, declaró. Aseguró que la situación la sorprendió y que, desde entonces, comenzó a advertir señales de angustia en la víctima.“La vi muchas veces llorar... a veces se quedaba sentada en el auto antes de entrar. Yo me daba cuenta de que estaba llorando”, relató. Según indicó, Kvedaras intentaba sostener una imagen de fortaleza, aunque no siempre lograba ocultar el malestar."Solía dormir en otra cama": el informe social que reveló el perfil de la mujer asesinada en el countryLa testigo también mencionó indicios de una ruptura inminente: sostuvo que, en la semana previa al crimen, la mujer dormía en el cuarto de uno de sus hijos. Además, describió a Figueroa como una persona que podía ponerse “muy nerviosa” y ejercer una disciplina estricta en el ámbito familiar.Crimen en el country: qué revelaron los psicólogos que evaluaron a Figueroa tras el asesinatoAnte los cuestionamientos de la defensa sobre por qué no había mencionado antes ciertos episodios, Costilla fue directa: “En ese momento había mucho dolor... mucha angustia. Con el tiempo, uno recuerda”. Luego, al mirar al acusado, afirmó: “Él sabe que no estoy mintiendo”.Alicia: el silencio de la rutina y un reproche desgarradorEl tribunal también escuchó a Alicia Aurora Carrazano, quien trabajó en la casa durante un año y medio. Su declaración permitió reconstruir la mañana del crimen. Señaló que la jornada comenzó con aparente normalidad, aunque detectó una primera anomalía: la ausencia del desayuno familiar. “Era raro... siempre quedaban tazas, cosas para limpiar”, explicó.A medida que avanzó la mañana, otros elementos comenzaron a romper la rutina: la presencia de la camioneta de Figueroa y una serie de visitas inusuales. Primero, un hombre que lo buscaba; luego, la madre de Kvedaras, preocupada por no poder contactarla; y más tarde, una colega del imputado que advirtió que no se había presentado a trabajar.La situación se esclareció recién cerca del mediodía, cuando Carrazano fue alertada por un efectivo policial.Crimen en el country: lo que descubrió una perito detrás de la funda del celular de Mercedes KvedarasSobre la relación de la pareja, la testigo afirmó que no había presenciado episodios de violencia y que Figueroa “parecía buena persona”. Sin embargo, recordó haberlos visto conversando el día anterior en el quincho. Lo que entonces interpretó como una charla habitual, hoy adquiere otro sentido en el contexto del desenlace.El momento más tenso de la audiencia se produjo hacia el final de su declaración. Visiblemente afectada, Carrazano miró al acusado y lanzó un reproche directo: “Si por un segundo hubiese pensado en sus hijos, esto no hubiese pasado”. Figueroa evitó sostenerle la mirada, se tapó la cara y bajó la cabeza.